Salvador Ríos, gerente general de Agroexport Internacional, comenzó a trabajar e incursionar en el campo de las exportaciones de no tradicionales en 1990. Según cuenta su historia, al principio no estaban claros de cuál era el producto e iniciaron su experimento exportando espadillos a Costa Rica, donde se reprocesaba y se enviaba a Europa, región donde lo utilizan como ornamental. Sin embargo la experiencia no fue tan buena en este campo y pronto se dieron cuenta que no había éxito en ese negocio.

Más tarde descubrieron que había una demanda insatisfecha por parte de nicaragüenses que residían en el sur de la Florida. Uno de estos productos era la pithaya. Como consecuencia de las restricciones fitosanitarias existentes para exportar fruta fresca, idearon exportar la fruta en forma de pulpa congelada.

El negocio fue creciendo en volumen y en variedad, al punto que introdujeron otros alimentos en forma de pulpa congelada, tales como granadilla, melocotón, maracuyá y tamarindo, convirtiéndose así en la primera empresa en incursionar en Estados Unidos con este tipo de exportaciones. La compañía llegó a exportar entre 5 y 7 mil libras mensuales por la vía aérea, en pequeños paquetes.

En 1996 lograron un contrato ambicioso. Una empresa industrial les solicitaba pulpa de tamarindo en contenedores. La misión ahora consistía en exportar en cubetas semi- industriales de cinco galones, lo cual lo vieron como una gran oportunidad para crecer. Sin embargo, el éxito se acabó tras el tercer embarque.

"En primer lugar tuvimos problemas en el abastecimiento de materia prima y posteriormente con la calidad", relató Ríos.

Su empresa tuvo que recurrir a las plantaciones de tamarindo que crecen en forma espontánea o silvestre en la costa Pacífica, donde la recolección la llevaron a cabo familias campesinas que realizaron un manejo deficiente del producto. El resultado: el último contenedor fue devuelto y tuvieron que hacer un esfuerzo para volver a hacer el envío. "El descalabro que produjo ese embarque nos dejó en bancarrota. Dejamos de exportar en 1998", explicó.

Según Ríos quizás la solución hubiera estado en tratar de fomentar la siembra del tamarindo para así garantizar la calidad y cantidad de materia prima. No obstante el tamarindo empieza a producir en 4 ó 5 años y no existe financiamiento para este tipo de producto.

Según Ríos quizás la solución hubiera estado en tratar de fomentar la siembra del tamarindo para así garantizar la calidad y cantidad de materia prima. No obstante el tamarindo empieza a producir en 4 ó 5 años y no existe financiamiento para este tipo de producto. Por ahora, Ríos trabaja en el mercado interno, no obstante no ha perdido la esperanza y está tratando de establecer una co-inversión con un extranjero interesado en invertir en Nicaragua en el establecimiento de plantaciones de pitahaya.

"Lo que ganamos fue la experiencia y nos quedó el deseo de continuar en la actividad", concluyó Ríos.

 

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