Meses atrás se celebró la II Cumbre de Naciones Unidas sobre el Desarrollo Social, denominada Copenhague +5, con una “asistencia discreta” de alto nivel. En total 130 países, pero sólo 20 jefes de Estado o Gobierno y 7 Vicepresidentes atendieron la cita celebrada en Ginebra, entre el 26 de junio y el 1 de julio del presente año.

La convocatoria es inferior a la representación de 187 países y 118 Jefes de Estado, Gobernantes o Vicepresidentes, que asistieron en 1995 a la Cumbre Social de las Naciones Unidas en Copenhague.

¿Qué sugiere este fenómeno?, ¿Con qué expectativas asistió Nicaragua? Para responder a estas interrogantes y abrir un espacio a la discusión, El Observador Económico presenta a sus lectores dos puntos de vista provenientes de dos sectores distintos: gobierno y sociedad civil. El primero, un breve ensayo de Milagros Barahona, consultora independiente y el segundo, un extracto del discurso del Vice canciller de la República, Dr. José Adán Guerra.

 

Cambió el discurso pero no la realidad

Milagros Barahona

Milagros BarahonaEl énfasis de la Segunda Cumbre de Naciones Unidas sobre el Desarrollo Social o Copenhague +5, que se celebró en Ginebra, fue la revisión de los avances y/o retrocesos experimentados entre los habitantes del mundo, con respecto a los 10 compromisos que 118 Jefes de Estado hicieron en 1995 en la primera Cumbre sobre el Desarrollo Social.

Los diez compromisos para el Desarrollo Social incluyen llamados a crear un ambiente favorable para el desarrollo social, para la erradicación de la pobreza; la promoción del pleno empleo; de sociedades seguras, estables y justas; la promoción de igualdad de derechos para las mujeres; la promoción de educación como derecho universal y altos estándares de salud para todos/as; consideración especial para apoyar el desarrollo en Africa y en los países menos desarrollados; asegurar que los programas de ajuste estructural incluyan metas de desarrollo; incrementar los recursos disponibles para el desarrollo social; y fortalecer la cooperación internacional, a través de las Naciones Unidas, para promover el desarrollo social.

En el proceso de revisión de los 10 compromisos de Copenhague realizado en Managua, se llegó a la conclusión de que no podemos hablar de avances en desarrollo social en el período de los últimos 5 años, porque aunque indicadores macro económicos como el PIB y la tasa de desempleo presenten tendencias ligeramente positivas, el deterioro de la calidad de vida se acrecienta si revisamos la calidad del empleo, el acceso y la calidad de los servicios básicos de agua, salud y educación.

Concluimos asimismo que el énfasis de la acción ciudadana debe estar alrededor de tres desafíos principales: una estrategia de lucha contra la pobreza que conlleve a un plan de desarrollo sostenible, una participación ciudadana más amplia y efectiva en los procesos de toma de decisiones sobre políticas públicas y; una estrategia para la asignación de recursos nacionales e internacionales que mantenga estricta congruencia con los objetivos de la estrategia de lucha contra la pobreza.

A una conclusión muy similar se llegó en Copenhague, cuando en la Conferencia Solidaridad 2000, como preparación para la de Ginebra, nos juntamos delegados de 9 países de Africa, Asia y Centroamérica; las brechas entre pobres y ricos se ensanchan tanto entre países pobres y países ricos como al interior de los países.

 

Se identificaron cinco áreas de prioridad para el desarrollo social de los países pobres:

  1. la gobernabilidad y la democracia participativa,
  2. la reducción de la pobreza en un marco de equidad mundial,
  3. el empleo como derecho fundamental,
  4. la cancelación de la deuda como un justo comienzo, y
  5. la pandemia del VIH/SIDA como una seria amenaza para el desarrollo.

¿Qué pasó en Ginebra?

Como ilustración de un tono “equilibrado” pero no optimista de la valoración del período, podemos citar frases del discurso en Ginebra del Sr. Juan Somavia, actual Director General de la OIT y quién presidió las sesiones de la Cumbre de 1995 en Copenhague.

“Cinco años más tarde, ¿hasta dónde hemos llegado? Básicamente, las nociones de la Cumbre de Desarrollo Social han permeado el discurso sobre políticas, han tenido alguna influencia en la formulación de políticas y muy poco efecto sobre la implementación de políticas”.

En síntesis, se ha logrado cambiar el discurso pero no la realidad. Muchos optimistas argumentan que el cambio del discurso no sólo en el sistema de Naciones Unidas, sino también en el Banco Mundial, y hasta en el FMI no es poca cosa, que un nuevo discurso a la larga genera impacto en la realidad.

La valoración del cumplimiento de los compromisos de 1995 presentó un panorama mundial deprimente. Entre los temas que suscitaron mucho debate se destacaron la globalización, los programas de ajuste estructural, la deuda externa, los derechos de propiedad intelectual relacionados con el comercio (TRIPS), y la generación de nuevas fuentes de financiamiento para el desarrollo.

La crítica principal se centró alrededor de los efectos negativos de la globalización. Las voces conscientes de la gravedad de la situación, tanto en el Norte como en el Sur, coinciden en señalar que la globalización ha traído beneficios para pocos y más disparidad e injusticia para muchos. Las llamadas “oportunidades” de la globalización se traducen en la realidad en incremento del trabajo no pagado para las mujeres, cambio del trabajo seguro por el trabajo inseguro y precario, pérdida de derechos sociales y económicos, falta de acceso a servicios básicos como agua, salud y educación.

¿Bretton Woods para Todos?

El primer día de la Cumbre sobre Desarrollo Social en Ginebra se distribuyó un documento llamado “Un Mejor Mundo para Todos”, firmado por el Secretario General de las Naciones Unidas, el Secretario General de la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OECD), el Director Ejecutivo del Fondo Monetario Internacional y el Presidente del Banco Mundial. La divulgación de este documento escandalizó a los participantes que provenían de la sociedad civil y prácticamente vació la Cumbre de su significado y de su contenido.

El referido documento presenta siete objetivos para reducir la pobreza del mundo y hacer el mundo “mejor y más seguro”. Estos objetivos son retomados de los compromisos y plataformas de acción emanadas en las últimas conferencias internacionales de la ONU, incluyendo las de Copenhague 1995.

Solidaridad con los países más pobres

Dr.José Adán Guerra

Nuestro país, a lo largo de su historia, ha sido duramente golpeado por terribles desastres que han dejado huellas de destrucción y luto en la familia nicaragüense y han provocado serias consecuencias económicas, políticas e indudablemente sociales. Sin embargo, gracias al espíritu emprendedor de nuestro pueblo y la firme voluntad del Gobierno, hoy podemos afirmar con certeza, que Nicaragua se enrumba por un camino difícil, pero con un objetivo claro: lograr un desarrollo sostenible con justicia y equidad.

Hoy en día estamos llevando a cabo reformas estructurales importantes dirigidas a producir impacto social en la población más desfavorecida y al mismo tiempo, estamos diseñando y ejecutando programas de acompañamiento, que permitan disminuir el impacto que tales medidas pudieran provocar en otros sectores.

Anualmente, desde 1997, nuestra economía ha crecido en 5.4% y el ingreso por habitante también ha aumentado en un 2.3%. La tasa de desempleo abierto se redujo del 16% al 10%. La inflación anual disminuyó del 12% al 7.2% y se redujo el gasto corriente del 36% del Producto Interno Bruto en 1990 a 27.6% en 1999.

Asimismo, se preservó la estabilidad cambiaria, se dinamizó la inversión privada después de casi veinte años de estancamiento y se incrementó considerablemente la inversión pública.

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*Vice Canciller de la República

Luego el documento prosigue a señalar qué se necesitará para alcanzar esas metas, e incluye entre los requisitos la “apertura de los mercados para el comercio, la tecnología y las ideas” y toda la argumentación que sigue bajo ese título se resume en una sola idea: la pobreza es culpa de los pobres. Los pobres no saben aprovechar las enormes oportunidades de la globalización, bajando sus tarifas y otras barreras comerciales, afinando sus sistemas para la libre circulación de importaciones, exportaciones y capital financiero, y la receta continúa como ya la conocemos bien a través de los ESAFs.

No se menciona la apertura de las fronteras para la libre circulación de fuerza laboral, tampoco los subsidios a la producción agrícola, ni las barreras comerciales de los países ricos. Por muy buenas razones se le apodó a este documento “Bretton Woods Para Todos”.

¿Qué significa esto en términos concretos para los países pobres?, ¿Será cierto que el cambio del discurso es una realidad?, ¿Será cierto que la incorporación de las nociones de justicia y de desarrollo social centrado en las personas está permeando las políticas globales de los que rigen la economía mundial? O por el contrario, ¿se está unificando el discurso y la acción alrededor de la idea central de que el mercado debe regir, ordenar y desordenar todos los ámbitos de la vida humana y no humana, sin intervención de los estados nacionales, ni la intervención de instancias con autoridad internacional?

Las personas más optimistas aseveran que hubo resultados de aceptables hasta positivos en esta Cumbre. Primero, no se retrocedió sobre lo comprometido en 1995, aunque no se logró acordar fechas específicas para el cumplimiento de varios de los compromisos, como el de la asignación del 0.7% del PNB de los países ricos para la ayuda oficial del desarrollo, o el 20/20 para el desarrollo social.

Luego, se lograron pequeños avances tales como la decisión de estudiar la viabilidad de los impuestos sobre transacciones financieras (como el Tobin Tax); el acuerdo de respetar y promover la Declaración de los Principios Fundamentales y Derechos Laborales de la OIT; asegurar transparencia tanto de parte de los gobiernos como de los IFIS; compromiso de encontrar soluciones duraderas a la deuda externa de los países pobres; compromiso de fortalecer la lucha contra el VIH/SIDA.

Después de esta experiencia surge la pregunta: ¿Qué significado pueden tener estas conferencias de Naciones Unidas para la Sociedad Civil de nuestros países?

La sociedad civil ha influido en algunas de las iniciativas que lograron ser aprobadas.

Sin embargo, en la década pasada se ha observado la tendencia hacia una división del trabajo entre la ONU y los organismos financieros internacionales. Mientras la primera se responsabiliza de establecer estándares internacionales para el desarrollo y contribuye a una concepción y un lenguaje más integral, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, los Bancos de desarrollo regionales, la Organización Mundial de Comercio (OMC) y la Organización Económica para el Desarrollo (OECD), cuyas juntas directivas están controladas por los países ricos, tienen cada vez más voz, voto y recursos para definir con criterios favorables a los capitales transnacionales las estrategias específicas para alcanzar metas identificadas como deseables y necesarias para reducir la pobreza.

Las organizaciones de la sociedad civil están obligadas a mantenerse inmersas en ese dilema de utilizar los foros internacionales sobre temáticas globales, como el Desarrollo Social, o específicas, como el medio ambiente o el comercio internacional, para arrancar algunas ventajas, para revertir procesos de deterioro de la calidad de vida en cada país y al mismo tiempo mantener una denuncia contra la retórica de acuerdos y convenios internacionales y/o la poca voluntad política y compromiso moral por parte de los que toman las decisiones que afectan a los pueblos tanto internacional como nacionalmente.

Por las tendencias observadas en los últimos años, si queremos invertir energías con mayor efectividad, y lograr alguna incidencia con respecto a los destinos del país, parece ser que la prioridad debe estar puesta en aquellas reuniones internacionales realizadas por los organismos financieros internacionales o de carácter económico, concretamente el FMI, el BM, la Organización Mundial de Comercio, y el BID, ya que son las que tienen más peso en la configuración de regulaciones y normas que rigen el proceso de globalización.

Nuestra tarea inmediata es mantener acciones nacionales y centroamericanas para un estricto seguimiento a los Acuerdos de Estocolmo de 1999 y asegurarnos de que esos acuerdos que son muy congruentes con los compromisos de la Cumbre de Desarrollo Social se incorporen al proceso de elaboración de la Estrategia de Lucha Contra la Pobreza, y al proceso de calificación para la Iniciativa HIPC.

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