Casi parecida a la estrofa del tango que inmortalizó el zorzal criollo Carlos Gardel, el sector privado nicaragüense liderado por el COSEP, celebró su segunda convención nacional, el 27 de agosto del año 2000.

En 1974, cuando se celebró la primera convención, acto que constituyo un hito histórico nacional, el sector privado por primera vez y en público reclamó con fuerza a los gobernantes, que vorazmente estaban aumentando sus fortunas a través de la presión Estado-Partido- Ejército, poniéndole freno y temor a la actividad empresarial de Nicaragua. Para esa fecha el país se encontraba con mucho vigor y solvencia económica. Éramos un país de economía in crescendo con mucho liderazgo y competitividad en los sectores productivos primarios y secundarios. El sector privado, en ese momento, tenía mucha confianza en sí mismo, y se atrevió a reclamar una porción sustancial de las decisiones políticas y económicas del país.

Los gobernantes que se beneficiaban de la crema generada por la vigorosidad económica existente en el país, estaban actuando sin visión ni futuro y sin sentido de nación, no vieron las posibilidades del cambio pacífico, y se endurecieron, porque además percibieron —y muy tempranamente— que el claro reclamo del sector privado, estaba peligrosamente infiltrado de conceptos sociales que conllevaban ideologías diferentes del “quítate tú para ponerme yo”, caudillista, prevaleciente en América Latina: eran los sutiles destellos de orientación hacia el capitalismo estatal, prevaleciente en muchas partes de Europa, Asia y África.

En consecuencia, el primer encuentro celebrado en 1974 fue el encendido de una mecha que progresivamente fue quemando etapas que generaron los cambios dramáticos de los años ochenta.

Hoy, 25 años mas tarde, el sector privado se encuentra en una situación política más abierta, no hay Ejercito-Estado-Partido, hay libertad de prensa, no hay mucha polarización ideológica, aunque sí partidaria; sin embargo, el sector privado se encuentra en una situación económica más débil, especialmente por la baja de los precios de los productos de exportación, situación que hace más difícil el pago de la deuda externa y más patente la asimetría de los términos de intercambio económico. El aparato productivo actual está muy deteriorado, menos sólido y sin el optimismo boyante de los años 70. El sistema bancario actual es más pequeño, menos capitalizado y tendiente a cometer errores de juicio que lo hacen más vulnerable a las pirañas que navegan por esta agua, y afectado por la cultura del “no pago”. El sector productivo no ha logrado mejorar aún su visión a largo plazo, y la aplicación de la energía en los cambios impostergables que la globabilidad mundial exige en la tecnología, producción y productividad, sostenibilidad y competitividad a nivel de otros países, aun los centroamericanos que se encuentran compitiendo con mejores productos que los nuestros; faltando también, más aún, el gran motor de la economía, que fue la agroindustria del algodón.

Previo a la reunión del Día del Empresario, el 27 de mayo, las autoridades de COSEP se movieron en los puntos geográficos claves del país, auscultando a los productores y comerciantes, quienes más que sugerencias constructivas hacia el futuro tenían quejas y lamentos acerca de la situación económica, política y social de sus regiones. Por tanto, el diagnóstico inicial que se llevó a la reunión del 27 de agosto estaba coloreada por estas motivaciones, y presentándose el dilema permanente que siempre se tiene que dar, entre COSEP: Productor y Actor Económico, y el de ser eso y una fuerza política, para promover los cambios que propicien la transparencia económica, y corten lo más posible la corrupción político-económica.

En suma, el día de la Segunda Convención del Sector Privado se percibieron dos discursos distintos: uno presentando por las autoridades de COSEP que demandaron reglas limpias del juego, cambios de timón, reducción de impuestos, creación de bancos de fomento para productores campesinos y otros; y, por su parte, el Presidente de la Republica, que presentó su versión de “Obras y no Palabras” y su voluntad política de implementar las partes medulares que resultasen como fruto de ese intercambio el día de la Segunda Convención del Sector Privado.

A nuestro juicio, el evento en si dio pie a la búsqueda de la respuesta que necesitamos en el mundo competitivo sin barreras, que ocurrirá en el próximo milenio. Es necesario continuar ahondando la búsqueda del cambio verdadero que necesitamos para generar inversiones extranjeras, creación de trabajos productivos y permanentes y el espíritu de forjar los planes de nación: ideas que se encuentran muy incipientemente presentadas por algunos nicaragüenses, emprendedores y soñadores, que quieren entre otras cosas, además de cambiar Nicaragua, ser partícipes del cambio generacional del liderazgo que se necesita urgentemente en Nicaragua.

En resumen, la Segunda Convención del Sector Privado es un primer paso que se debe cultivar con sistematicidad, si queremos el cambio económico en este país, con los consiguientes beneficios sociales que inhiban explosiones sociales que tanto daño nos han hecho en el pasado.

Incitamos y exhortamos a todos los hombres de empresas de Nicaragua desde los más chiquitos hasta los más grandes, a que busquen unidos la solución y la implementación de planes: que nos puedan dar la salida a la dependencia de las remesas familiares, la falta de tecnología, producción y productividad, la baja de los precios internacionales de nuestros rubros de producción primaria, la búsqueda de un país con empleos cada día mejores y más beneficiosos para todos. Complementando estos planes con programas educativos que constituyan la llave del cambio hacia lo mejor para Nicaragua.

 

 

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