Alejandro Martínez CuencaEn nuestra última sesión del Consejo Editorial de El OBSERVADOR ECONÓMICO, discutimos con los representantes de los organismos internacionales, FMI, BID y el Banco Mundial, la situación de crisis en que se había sometido al Sistema Financiero, a raíz del último episodio de liquidación del Banco del Café, cuando el gobierno pretendió no reconocer la totalidad de los depósitos a los ahorrantes de ese banco.

En mi criterio, con ese anuncio el gobierno abrió una fisura muy grave en la credibilidad del público hacia el sistema financiero, y desató la crisis de credibilidad más seria de los últimos 10 años. Por tanto, era inevitable que el gobierno tuviera que rectificar y reconocer la totalidad de los depósitos, ya que de lo contrario, se estaba poniendo en riesgo el resquebrajamiento del sistema. Rectificar entonces resultaba barato, comparado al costo que hubiese traído la continuación del pánico en los depositantes de todo el sistema financiero. Lo bueno ha sido que se rectificó, y que además, los organismos han expresado que esa rectificación no afecta el proceso de inclusión de Nicaragua en el HIPC.

Ahora el sistema financiero nicaragüense tiene que reconstruir su propia credibilidad, y esta tarea comienza con la responsabilidad de la Superintendencia de Bancos quien tiene que vigilar con extrema acusidad el comportamiento de los bancos. Se requiere además, de una legislación bancaria que establezca de manera inequívoca la garantía de los depósitos de todos los ahorrantes del país, sin que esa decisión quede a la discreción del Presidente de la República . Se trabaja además, en afianzar el compromiso de los receptores de créditos , en utilizar correctamente esos recursos, para que puedan honrar sus compromisos de pagos; ya que la sanidad de los bancos no solo depende de la honradez con la que el banquero administra los recursos del depositante, sino también depende, del uso que se haga de esos recursos por parte del usuario de créditos que provienen de los bancos. Esto por tanto, se convierte en una tarea de muchos. Y todos tienen derechos pero también obligaciones que deben ejercerse, para lograr reconstruir esa confianza que hoy ha quedado bastante herida.

El país necesita contar con un sistema financiero responsable, dinámico y facilitador del desarrollo de nuestro país. Para que eso suceda es necesario que el sistema se consolide, y la pieza mágica de esa consolidación es la confianza. Confianza del publico en primer lugar de que su dinero esta bien resguardado, confianza en los banqueros en que estos asumen con honestidad la administración de los recursos del público, confianza en las leyes, y confianza en que las autoridades no volverán a tomar jamás medidas apresuradas sobre los recursos de los depositantes, sin antes ofrecerle al mismo público los medios de información para ayudarle a orientarse sobre el estado de salud de los diversos bancos del sistema.

Hay comportamientos además, que se tienen que cambiar, ya que estos atentan contra la confianza, entre ellos la práctica desleal al uso de información privilegiada. Los ciudadanos tienen temor a compartir información porque desconfían de que las personas que reciben esas informaciones la utilizan en contra del mismo interés del ciudadano. Esto no solo se aplica al funcionario públicos sino también al banquero, al asesor, al empresario etc. Por ello, hay que imponer la cultura del respeto al derecho ajeno, en lo que acceso a información privilegiada se refiere, y esto será una importante contribución a la transparencia en las relaciones con terceros, lo cual contribuye también para ir desarrollado una sociedad más informada. Pero donde hay que iniciar por cultivar la Confianza. Como quien cultiva una rosa.

 

 

 

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