El rol de la Superintendencia en las crisis bancarias

Un análisis técnico de las intervenciones bancarias

Lic. Angel Navarro Deshon/Ex Superintendente de Bancos

Las intervenciones del Interbank en agosto, y a reglón seguido, la del Banco del Café, decretadas por la Superintendencia de Bancos, han sido motivo de los más variados comentarios periodísticos y televisivos; pareciera pues, que hoy ya son “historia pasada y todos duermen en paz”; sin embargo, creo que visto desde un ángulo estrictamente profesional, aún no se han dado respuestas adecuadas y persisten serios cuestionamientos sobre lo sucedido en el Sistema Financiero Nicaragüense, así como alrededor de lo podría esperarse de la Supervisión Bancaria en los próximos años.

Para mí ha sido extremadamente difícil mantener una visión técnica en la interpretación de las acciones de la Superintendencia de Bancos, sobre todo en las dos intervenciones señaladas antes, porque es una institución estatal en cuya creación yo participé, y me habría gustado haber visto su rol en estas intervenciones, no sólo estrictamente apegada a las leyes y normas que rigen su misión, sino, más que todo, con la prudencia técnica que se espera de la Supervisión Bancaria, ayer y hoy, aquí y en cualquier parte del mundo.

Bajo esta perspectiva, y aunque quisiera mantenerme en el plano estrictamente técnico, no puedo dejar de concurrir realísticamente en el juicio de algunos comentaristas serios, al afirmar que en la intervención del Interbank se manifestaron orientaciones que respondían a otras razones más complejas, que fueron tomadas en el verdadero Centro de Decisión del Poder Político, con otros objetivos y motivaciones, y aceptar que la pura autoridad institucional de la Superintendencia de Bancos, fue captada en las apreciaciones más intuitivas del público, como simplemente “instrumentalizada”.

Intereses y definiciones en juego

La Solvencia y la Liquidez de los agentes intermediarios autorizados, son los términos- clave, simples en su semántica, como criterios obvios, que en todo momento deben guiar la acción y propósitos de le Supervisión Bancaria.

Criterios igualmente aplicables, en toda su extensión y amplitud, por igual, a todos a los bancos comerciales, de propiedad privada y pública, en tanto su principal instrumento de operación, sea con mucho, unos recursos captados en limitados sectores del público, en el proceso mismo de la intermediación financiera.

Debemos dejar claro ahora, para salirle adelante a otros interrogantes que no son del caso, que el énfasis de estos conceptos está en que, contrario al origen tributario de la fuente de los medios financieros que utiliza el Estado, la Intermediación Financiera, maneja unos recursos procedentes de sectores del público en su mayor parte, aunque se amplíe en sus servicios, a la sociedad como un todo.

Debemos dejar claro ahora, para salirle adelante a otros interrogantes que no son del caso, que el énfasis de estos conceptos está en que, contrario al origen tributario de la fuente de los medios financieros que utiliza el Estado, la Intermediación Financiera, maneja unos recursos procedentes de sectores del público en su mayor parte, aunque se amplíe en sus servicios, a la sociedad como un todo.

Ello no significa en modo alguno, que me sitúo en una posición neo-liberal, en la que olímpicamente se estuviere olvidando, según algunos, la función crediticia de la banca, de proveer unos recursos para la actividad de la producción, la distribución y el consumo de los bienes económicos por toda la población de un país.

En realidad, en la Intermediación Financiera, por su propia naturaleza masiva y repetitiva, hay un interés público, obligatoriamente regulable, y regulado de forma efectiva por el Estado; se ubica la responsabilidad pública estatal de la función de supervisión, pero no la actividad misma de Intermediación Financiera, que se desarrolla siempre en el ámbito de un sistema de relaciones jurídicas que se enmarcan en el derecho privado.

Regresando a los conceptos básicos que nos ocupan, y si los lectores no están cansados, es bueno aclarar que, en el orden técnico contable, no es tan simple como pareciera, captar a primera vista el “estado de Solvencia de una entidad financiera”; tal “estado”, más bien, se concibe como una deseable situación de un equilibrio real, y no sólo contable, entre el Activo y Pasivo, y su remanente el Capital o Patrimonio.

Contrario sensu, “insolvencia” parece ser una situación perceptible de la pérdida temporal o permanente de tal equilibrio, y como se dice por lo general, y de forma correcta, el Pasivo es manifiestamente mayor que el Activo, y por consiguiente, el Capital o Patrimonio resultante, será a todas luces negativo, bien por un período muy corto, o una tendencia, oculta o presente, irreversible o superable.

Caso Interbank

Lo que no aparece tan evidente para el público y los medios es que difícilmente se puede percibir a simple vista en los balances de las entidades financieras, un estado de Insolvencia Técnica —ni que sea tan obvio— ni reconocer una situación tan deteriorada de sus activos, que nos haga diagnosticar tal estado, que se reflejaría tarde o temprano en la capacidad del banco para atender sus obligaciones monetarias, esto es su Liquidez Real.

Quiero decir con todo esto, y para el caso de evaluar las causas justificantes (oportuna o inoportuna en la intervención del Interbank), que los deteriorados “Grados o Niveles de Solvencia” sólo pudieran haber sido evidentes en ese banco en concreto, como un resultante, a posteriori, de una muy completa revalorización negativa, de sus activos crediticios, voluntaria, o más bien ordenada, por el Ente Supervisor, después de haber requerido formalmente, en un razonable y factible plazo, la creación contable de unas provisiones y el consecuente reajuste en los valores de los activos y del patrimonio; y si fuere el caso, de nuevas y obligatorias aportaciones de capital líquido, si los coeficientes normativos fueran notoriamente afectados, en el proceso de creación de provisiones.

Y bueno es observar que en cualquier entidad bancaria una repentina disminución de los grados de solvencia, debido a las posibles causas antes descritas, no conlleva de inmediato un grado insatisfactorio y perceptible de menor Liquidez, que por sí mismo fuere la consecuencia del percibido deterioro en la solvencia.

La liquidez ordinaria es sólo el resultado neto de un flujo cotidiano, que en lo general, deja un remanente que permanece relativamente invariable, sube o baja según tendencias estacional les, pero nunca de por sí aparece notoria y operativamente insuficiente, en la situación normal de la vida cotidiana.

Toda la sintomatología de un posible deterioro financiero en un banco, percibida o no por la Supervisión Bancaria, sólo es relevante en la medida que afecte o pueda afectar la Solvencia en un plazo considerable, y la falta liquidez en forma inesperada sólo se agrava a la larga por el desequilibrio en un flujo manifiesto en la recuperación de los préstamos.

Reitero que me veo obligado a analizar el problema de las intervenciones, con estas disquisiciones puramente conceptuales, porque, aterrizando un poco en realidades no hemos podido verificar, ni se ha expresado con claridad suficiente, si en el caso del Interbank, y al haber constatado un alto grado de concentración crediticia, por un desproporcionado volumen de préstamos a una sola firma o grupo económico-financiero; si una apropiada a evaluación de tal situación, indicaba a priori que esa cartera, por sí misma, estuviere representando una posible e inmediata amenaza a la solvencia del banco; no supimos nunca si ya se había producido un irreversible grado de estancamiento en el ritmo de recuperación de estos préstamos y otros, con efectos inmanejables sobre la Liquidez Operativa.

Y aunque debamos reconocer como una escandalosa y flagrante violación de las normas prudenciales, ello de por sí puede representar un alto Riesgo de Insolvencia Futura, pero no una situación presente, en la medida en que las reservas patrimoniales creadas o por crearse, cubrirían un riesgo actual o potencial.

Es pertinente preguntarse ahora con ojo de supervisor entrenado, si al analizarse los flujos de recuperación que presentaba la cartera del Interbank (relacionado o no, es irrelevante), a comienzos del año 2000, dio lugar aun inmediato requerimiento a su Administración, de incrementar fuertes montos de provisiones, a contabilizarse casi de inmediato, o en tiempo escalonado en el período contable anual.

No aparece claro, si así lo percibió la Superintendencia en sus primeras inspecciones a Interbank, declaradamente en enero de 2000; y si ordenó entonces la Evaluación Individual y Global de la Cartera, y el monto de provisiones a crear, con cargo al Patrimonio, nunca fue evidenciado y expreso, así como tampoco la percepción de unos efectos contables y reales, en que quedara delatado o no, un grave deterioro del Capital Social, y una cifra del Patrimonio Neto, contablemente negativa.

No lo supimos ni sabemos con certeza y detalles hasta ahora aclarados, porque no se presentaron en la resolución de la Superintendencia y su Consejo Directivo, esas causales y cifras de balance en Interbank, que nos permitieran explicar lo inevitable de la intervención en el momento concreto que se llevó a cabo, y en un escenario, notoriamente escandaloso y de efectos irreversibles, entonces!

Me parece a mí, con el razonamiento simple de un supervisor bancario entrenado, que la muy deteriorada situación del Interbank, debió ser evidente al Superintendente, manifiesto en los reportes de inspección por los competentes funcionarios y analistas de la Superintendencia, muy temprano, en marzo de 2000, y, ciertamente, reflejarse luego en el Boletín que la Superintendencia ofrece como información pública (o en los balances mensuales internos operados en el mismo banco, disponibles siempre a la Superintendencia).

Me consta que en los Informes Públicos de Supervisión de los meses de marzo, abril, mayo y junio de 2000, como observador curioso y habituado, no pude encontrar señales indicativas de un sustancial deterioro de los activos crediticios del Interbank, que delataran una manifiesta tendencia a un evidente estado de insolvencia técnica.

Y siguiendo esta línea de análisis (¡o de carpintería!), dados unos inevitables efectos contables sobre el Patrimonio, convocados los accionistas y funcionarios, orientar de manera perentoria un Aumento de Aportaciones, para pronto restablecer la situación de insuficiencia real de la base de capital y de la liquidez fundamental.

Irregularidades notorias

Luego, estas preguntas y sus adecuadas respuestas son básicas para mi propia perspectiva de supervisión,porque creo que sólo una vez cumplidos los ajustes requeridos, entonces y sólo entonces, cabría diagnosticar la situación real de Solvencia/Insolvencia, y luego ordenar la apropiada desconcentración del crédito, en un razonable proceso de ajuste y de recuperación acelerada, y si era factible, exigir a los deudores, fueran quienes fuesen.

En esta última referencia, dejemos claro, que no estoy tratando de excusar el alto nivel de concentración en la cartera del Interbank, ni que eso no sea un fuerte peligro eventual para la Solvencia de un banco, ante el que la Supervisión no puede ser indiferente.

Lo que trato de decir es que la adecuada y prudente técnica de supervisión bancaria exige siempre una evaluación muy minuciosa de los activos crediticios en general, y respecto a la cartera relacionada en especial, determinar su recuperabilidad en los términos concedidos, para luego de establecer las provisiones requeridas, proceder a su creación contable y conocer sus efectos patrimoniales.

La misma corrección de una cartera muy fuertemente concentrada, requiere un cuidadoso proceso de ajuste, tal como lo contempla las mismas Normas Prudenciales, en el concepto mismo de Plan de Normalización, antes de precipitar los inevitables efectos negativos e irreversibles de una Intervención Formal, públicamente decretada.

La Supervisión Bancaria, dijimos, es esencialmente preventiva, y no le corresponde ser Punitiva, aun en violaciones de la ley con acciones presumible o comprobadamente delictivas.

Mi razonada opinión, es que pudo estarse todavía a tiempo, para ordenar un proceso acelerado de creación de las provisiones requeridas, del aumento del capital, si así fuera el caso, sin que todavía se justificara una intervención que por sí misma y por el solo conocimiento público, iba a crear una fuerte reacción de retiro de depósitos, y ciertamente, en poco tiempo, un verdadero y dramático problema de liquidez, sólo sostenible en última instancia por la autoridad monetaria.

Se puede afirmar, sin aprensión alguna, que no tenía razón de ser o justificación, que se produjera esa grave constelación de poderes en el acto del Superintendente, cediendo, como parece claro ahora, a una presión interesada del titular del Poder Ejecutivo.

Reitero entonces, que para la Superintendencia de Bancos nunca es prudente ni razonable inmiscuir al Poder Ejecutivo en la acción interventora, ni mucho menos, por un anticipable efecto político negativo en unos depositantes inconformes, cubrirse con un compromiso estatal de garantizar sus depósitos.

Las acciones de la Procuraduría Penal, aun con valederas presunciones delictivas en la conducta de directivos y funcionarios de un Banco Privado, podrán quizás tener su propia justificación en una situación de interés público para esta entidad, pero sus métodos procesales nunca se han vinculado, de manera expresa o tácita, con los de la Supervisión Bancaria en las acciones y delicados procedimientos en un Intervención Justificada, quizá.

Y finalmente, los llamados préstamos de liquidez del Banco Central, y eventual asistencia financiera a los bancos del Sistema, están claramente contemplados en su propia Ley de Creación, y por las técnicas de política monetaria, en unas condiciones claramente establecidas.

Pero nunca debiera confundir los motivos y técnicas de Supervisión Bancaria, y las causales que pudieran justificar la Intervención de un banco en un momento determinado, con lo que pudiera ser la Política Económica y Monetaria del Estado, que por otras razones encontrara justificado proteger con los recursos tributarios y/o mediante Deuda Pública, a los depositantes de un banco intervenido.

Fueron entonces, transacciones entre los bancos del Sistema Financiero, para la protección de los depositantes de los bancos intervenidos... fueron libremente propuestas por mí, y aceptadas por otros bancos del Sistema Financiero, sin imposición alguna del Poder Ejecutivo, ni una afirmación pública de garantías explícitas del Banco Central.

Asimismo, en la liquidación posterior y quiebra judicial de los bancos intervenidos, de acuerdo con el procedimiento señalado en la ley, nunca hubo propuestas, pactos o diálogos de las partes afectadas, o del Superintendente, con el titular del Poder Ejecutivo.

Caso del Banco del Café

Respecto al Banco del Café, en lo que se refiere a la justificación que había para una solicitud formal de liquidación legal del Banco del Café, es importante recordar que una larga intervención de hecho, ya venía realizándose desde hacía varios meses, con una sana intención preventiva. no tenemos, por tanto, razones válidas para cuestionar la solicitud formal de liquidación del banco, fundada presumiblemente, en unos “juicios financieros exclusivos del superintendente y sus técnicos”.

Este último caso —constar, que si ya una intervención de hecho había llegado a ciertas conclusiones— es para mí, y para otros técnicos, aceptable creer que el Banco del Café, ya se hubiese sometido a Planes de Normalización, que demostraron no ser factibles de completarse, por lo que se llegó a una situación-límite irreversible.

También debe ser cierto, como insiste el superintendente Sacasa en su comunicado público, que después de una examinada y comprobada mala calidad de unos préstamos muy grandes a partes relacionadas, demandó requerimientos de provisiones, que al aplicarse contablemente, deteriorarían la base de capital, en un grado ya imposible de subsanar por aportaciones nuevas de los propios accionistas del banco.

Pero reitero, que nunca se mencionó el elemento delictivo real o supuesto, como justificante de la intervención y liquidación forzosa del Banco del Café.

Uno no puede menos que pensar, porque lo que con adecuada técnica de supervisión se llevó a cabo en el Banco del Café, bien pudo haber sido —mutatis mutandi— el procedimiento aplicable en un “momento adecuado” en el Interbank.

Obvio es deducir que al fin se vio forzado a dar protección financiera total a los depositantes del Banco del Café, porque, precisamente, se daba el antecedente inmediato, de haberla dado al Interbank.

Conclusiones

Sin desconocer que la fuerte y conocida concentración de cartera en clientes bien conocidos, sin duda vergonzosa en una entidad financiera, no pudiera presentar eventualmente un problema de Solvencia, yo no he vacilado en afirmar, y sostendré siempre este punto doctrinal, que la mera intervención del Interbank, en la forma cómo se anunció e implementó, creó de por sí, el verdadero problema de iliquidez a posteriori, cuyas consecuencias sólo pudieron evitarse, con el simultáneo anuncio de una anormal protección o garantía (?) de los depósitos y pasivos, por el Banco Central de Nicaragua.

Del mismo modo, y precisamente por el mismo antecedente de la protección a los depositantes del Interbank, la liquidación forzosa del Banco del Café no pudo completarse en la forma prevista por la supervisión, sin otorgar la misma a los depositantes de este banco.

Tal es la simple y resumida conclusión de este trabajo, como derivada de la falta de uso de una técnica y procedimientos de supervisión bancaria, que pudieron evitar a tiempo, la escandalosa intervención del Interbank.

Pero desde el punto de vista del Sistema Financiero, no puedo dejar de percibir, como muchos ahora, que se ha desarrollado ya una peligrosa —y no se sabe si irreversible— conciencia pública, de que la estabilidad del Sistema Financiero, ante cualquier crisis real o virtual, sólo podrá detenerse por una explícita garantía de los depositantes por el Gobierno, a través del Banco Central, como en estos dos casos.

Si esto es así, la supervisión bancaria habrá perdido su razón de ser, puesto que el riesgo implícito que caracteriza per se a la intermediación financiera, no sería percibido así, ni por el público depositante ni por los administradores e inversionistas en el negocio financiero.

Correlativamente, los Agentes Intermediarios, bancos y otros, de propiedad pública y de propiedad privada, bajo el amparo de una siempre inminente y consagrada protección estatal de los pasivos financieros, tenderían a no mostrar restricciones en su otorgamiento de préstamos de toda clase.

No dudo que el llamado Seguro de Depósito, en el mejor de los casos es una protección parcial y limitada del deposito bancario, pero no es, ni nunca ha sido un seguro de riesgos calculables, en el sentido actuarial del concepto.

Tal aseguramiento irregular no podría apoyarse en primas parciales calculables dentro de la distribución de riesgos y protegido por sistemas internacionales de reaseguro, como es la esencia de los seguros de vida y daños, que se administran con una prudencial retención de riesgos.

El Seguro de Depósitos, como ha sido en los países más desarrollados financieramente, no será más que un Fondo Financiero, aportado de forma parcial por los depositantes y bancos, y que pronto e inevitablemente se convierte en una última responsabilidad contingente del Estado, integrándose en el Presupuesto Nacional, con incremento sustancial de la carga tributaria.

Tal responsabilidad contingente del Estado... así terminó siendo en Estados Unidos, el Federal Deposit Insurance Corporation y el extinguido y quebrado FDSLIC para el sector de bancos de ahorro, ambos cubiertos hoy en ese país con unos techos presupuestarios anuales.

No puedo decir, al concluir este trabajo, que haya podido sugerir o recomendar soluciones para la búsqueda de la estabilidad del Sistema Financiero y —no ESTARÁ EN MENTE ALGUNA—, se mantenga esa forzada interrelación de la Supervisión Bancaria, con el Poder Político.

Yo sólo creo por ahora, como inevitable convicción de mi propia experiencia como banquero y supervisor, que se deberá volver a reconocer por todos el Elemento de Riesgo —inherente e implícito en toda forma de Intermediación Financiera— del público como proveedor y utilizador de los recursos financieros.

Proteger la Solvencia y Liquidez de los intermediarios, con una mayor y más estricta Supervisión Bancaria, con la mejor utilización de los medios técnicos para percibir, prevenir, y paliar los efectos de las crisis, será el reto para la Superintendencia de Bancos, si su Autonomía llegara a ser recuperable.

Este será el gran reto del futuro próximo.

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