Café: entre la crisis y las oportunidades

René Mendoza V. / Investigador de Nitlapan - UCA

1. Crisis: ¿Para quiénes?
La paradoja de hoy en día es que el café se ha convertido en un gran negocio mundial al mismo tiempo que en la peor pesadilla de los países productores. Unos venden hasta en cinco dólares la taza de café, mientras otros reciben menos del 1% de ese valor por producirlo.

El gran negocio del café está en el comercio, cuyos márgenes siguen subiendo tanto en los países del primer mundo como en el sur. Los precios del café en los supermercados varían poquísimo, mientras los precios internacionales del café verde enfrentan su peor caída.

Lo anterior significa que la estructura del mercado mundial del café es oligopsónica (pocos actores por el lado de la demanda pero con fuerte control sobre el mercado final y, en consecuencia, en las relaciones con los actores que están del lado de la oferta). El efecto de esto es que los precios resultan muy bajos para la oferta y exageradas ganancias por el lado de la demanda.

¿Quienes ganan y quienes pierden con la crisis? Los ganadores son empresas como Nestlé que, según el Times of India Online, del 24 de febrero 2000, informó haber aumentado sus ganancias un 20%; y Starbucks, una gran cadena de bares de café en Estados Unidos, que aseguró haber aumentado sus ganancias en un 41%, también según el Times of India Online del 27 de febrero.

Lo mismo ocurre en países como Nicaragua, donde el café para el consumo nacional proviene mayormente de café de segunda y tercera calidad (incluso es importado un café de peor calidad) y aún así sus precios finales en los supermercados no han variado por los bajos precios del café verde.

Los perdedores son mayormente los actores ubicados detrás de las fincas cafetaleras: dueños y trabajadores.

2. ¿Cuáles son las causas?

Primero, la noción de competencia funciona para los países productores del café, no así para las transnacionales que controlan el comercio y tostado del café. De esta manera, la explicación tradicional sugiere que los precios caen por la sobreoferta de producción, lo que en realidad es un resultado de la desintegración en la coordinación del lado de la oferta (p.ej. capacidad de los gobiernos de fijar cuotas).

Segundo, el fomento de las exportaciones como la salvación para el desarrollo de los países del sur, propugnado y financiado por el Banco Mundial a través de los programas ESAF, siguiendo los preceptos de la teoría neoliberal, tienen sus frutos y sus efectos perversos. Por ejemplo la superproducción de Vietnam ha sido financiado por el mismo Banco Mundial.

Tercero, en las últimas décadas se ha experimentado “la revolución de los estantes”, donde la economía es dirigida desde el comercio, espacio en el que se capta más valor agregado en forma creciente. Esta revolución incluye el modo de vender el producto, la publicidad y la innovación de las marcas (brand name y mark) controladas actualmente por no más de cinco transnacionales.

Finalmente, existe un tipo de “máquina social”, donde los costos rebotan y caen sobre los productores (y consumidores) del café. Mencionemos solo dos razones: 1) hay una cultura de secretividad: p.ej. compañías como Nestlé o empresas nacionales le tienen pavor a proveer información sobre sus negocios, temen que los consumidores se den cuenta de la composición del producto (calidad) y de las prácticas sociales injustas. 2) Las relaciones sociales despóticas que perjudican más a los actores con menos recursos, menos saber y menos capacidad negociadora. Esta maquinaria social hace que, aun cuando aumenten los precios, no accedan a ella.

3. Las debilidades de las soluciones dadas a la crisis del café

A pesar de la actual crisis del café (verde), países como Nicaragua y Honduras siguen apostando a ese café (verde), no a la caficultura ni a mejorar el comercio del café.

Veamos:

Los programas de asistencia técnica por parte del gobierno, de las ONG y de las agencias de cooperación siguen empeñados en creer que un aumento de productividad del rubro es la salida a la crisis del café.

Los programas de financiamiento rural, sean de ONG o banca privada, en el mejor de los casos suelen financiar al café (la planta), no a la caficultura ni a las fases del tostado y empacado del café de cara a diversificar la oferta de tipos de café en el mercado.

Las políticas de liberalización comercial y el fomento de las exportaciones son diseñados de cara a producir y exportar más café (verde). Son políticas impulsadas por el Banco Mundial en el ámbito internacional, a sabiendas de que la sobreoferta seguirá afectando los precios.

Las opciones y sus límites

Ciertamente, esta apuesta a la finca (cafetalera) guarda aun espacios: 1) los costos de producción de los pequeños productores cafetaleros son bajos, por lo que existen márgenes para seguir con el café incluso en períodos con precios bajos como los actuales; 2) la posibilidad de incentivar la producción de café orgánico que tiene bajos costos y mejor precio; 3) la introducción de otros cultivos como modo de diversificación productiva 4) si el contexto internacional sobre la venta de los servicios ambientales mejorara en el marco del acuerdo de Tokyo, podrían existir posibilidades de venta de servicios ambientales, que en el caso del café combinado con otros rubros, según los expertos, tiene alta capacidad de fijar carbono.

¿Cuáles son los límites de estas opciones? La opción 1 es básicamente de subsistencia; la 2 es una posibilidad, tiene un mercado creciente, pero el cambio tecnológico es lento y por lo tanto baja productividad y bajos ingresos por hectárea; la opción 3 es similar a la opción 1, sin embargo, podría tener mayores perspectivas si las leyes forestales permitiesen que los árboles maderables de las fincas cafetaleras sean comercializadas libremente por los productores; la opción 4 está aun en veremos y podría tener un gran impacto en el largo plazo.

Otra solución de esta ruta ha sido el exportar café tostado. Los obstáculos son evidentes: las tarifas arancelarias y no arancelarias fueron creadas para evitar esos intentos; el dominio de los importadores es muy fuerte, así como su incidencia en las políticas de sus países; el control del mercado en los países del norte por parte de grandes compañías; la guerra de las marcas donde los “principiantes” están prácticamente fuera de la carrera por conquistar el mercado. Con todos estos retos, Colombia y Brasil lo intentaron vez tras vez sin mayor suerte.

De lo anterior, las opciones mencionadas expresan una filosofía de “más de lo mismo”. Es un empeño mantenido desde hace más de un siglo cuando se inició la siembra del grano de oro. Es la ruta de commodities (“café es café”).

La trampa de la “cultura de lotería”

¿Por qué los países de la región se aferran a esa ruta de “café es café”? Una de las razones, la presión financiera de organismos como el Banco Mundial para seguir apostando en la exportación de productos primarios, ya fue mencionado. Otras razones: 1) persiste la fe en las ventajas comparativas estáticas (importancia del área, volumen y mano de obra barata); 2) existe una “cultura de lotería” en los actores del país, de creer que un día los precios “serán buenos y entonces me desquitaré las pérdidas”, aunque el café es un tipo cobweb, con un ciclo de precios altos (expansión de cultivos) y bajos (sobreoferta y posterior reducción de la oferta), pero con nuevos factores estructurales, como el hecho de Vietnam, y el aumento del control oligopsónico por el lado de la demanda; 3) la creencia de que la productividad del café solo se da en la finca, que la calidad del café se determina en la calidad del suelo, su ubicación en las alturas y en su manejo, que “estos son mis bueyes y con estos voy a arar”.

El problema es que esos “bueyes” solo son vistos en el nivel de la finca, no en una perspectiva de cadena ni en el marco de las ventajas comparativas dinámicas. Esa es la trampa que no deja ver el mundo actual. Los tiempos de generar desarrollo y acumular capital desde el ángulo de la finca prácticamente ya pasaron. Ningún inversionista serio que quiera hacer capital con el café en el país va a comprar fincas cafetaleras; lo más probable es que entre estableciendo empresas comerciales, luego puede que obtenga beneficios de café como estrategia de acopio y obtención de calidad del café. Lo paradójico es que países como Nicaragua siguen apostando al café pegado a las fincas.

4. ¿Cómo apostar al café? Propuesta inicial

Para que una tortilla no se queme, hay que voltearla. Nicaragua no abandonará al café, pero debe abandonar esa “cultura de lotería” y esa práctica de hacer (producir café) antes de pensar (entender la demanda del mercado). Es necesario pensar desde el mercado, tanto las fincas cafetaleras y el procesamiento del café, como la producción de calidades y diferenciaciones del producto. Pensar el cómo crear una capacidad institucional con mecanismos propios de aprendizaje permanente para enrumbar al país en el marco de la nueva competitividad.

Definiendo identidades de café

Café es más que café. En cada país y región productora del café hay un contexto relativamente similar -estructura legal, ventajas comparativas, economías de escala, etc-. ¿Qué la hace diferente? Lo distintivo tiene que ver con su forma, sabor, imagen, carácter y origen, tiene que ver con su identidad. Hoy por hoy, el tipo de café vendido por Nicaragua no tiene identidad, es un café que llega a los países consumidores mezclado con robusta, con café proveniente de decenas de otros países. De esta manera los consumidores no saben si es café nicaragüense, mucho menos si es de las alturas de San Juan del Río Coco.

Algunas de las identidades

El café comercializado vía mercado alternativo (p.ej. FairTrade, Equal Exchange y Max Havelaar) es presentado con dos identidades: café expresando un “trato justo” a los productores y café ostentando cierta mejoría en la calidad del producto.
Costa Rica vende otras identidades: p.ej. un café revelando una zona pobre a la vez que ecológico.

Café Selva Negra vende dos mensajes: un producto de calidad a la vez que una historia y un lugar turístico del país, añadiéndole atractivos adicionales.

Otros cafés guardan su identidad por sus componentes: café orgánico, café fino, café de sombra, café de altura o café campesino.

A través de la construcción de identidades se vende un concepto social, una noción ecológica, una idea de turismo, una ilusión, cultura, historia o algún nuevo atributo del café. De esta manera, los consumidores toman una taza de café absorbiendo en realidad la identidad comprada o comprometiéndose con ella.

Por otra parte, también hay otro abanico de posibilidades para vender café como un insumo de otro producto: café con leche, café chocolate, café sorbete, café helado y café en cafeterías. Aunque estos subproductos no tienen una identidad construida, como las mencionadas arriba, constituyen diferentes expresiones de responder a la demanda de los consumidores y de conquistar el mercado (creación del gusto).

Procedimiento de comercializar identidades y subproductos

La lógica de estudiar la agroecología del país para producir el tipo de calidades de café, es una racionalidad que asume que la demanda es determinada por la oferta. Lo contrario es más cierto en nuestros días: discernir el tipo de productos que el mercado requiere, experimentar y luego organizar la producción y acopio de lo demandado, y en ese marco ver el indicador agroecológico. En esta dinámica, la calidad de un producto, por ejemplo, es un concepto social: lo que se vende es ideología (sentido positivo de la palabra) no un resultado técnico (aunque en la calidad del producto tenga que ver la calidad del suelo, la altura y manejo del cafeto); se comercializa un producto social.

Bajo este paraguas, algunos principios y pasos a tomarse en cuenta son: Primero, tener una noción de mercado abierto para superar la dualidad mercado local/exportación, producir café pensando en el mercado (los consumidores), no creyendo que el producto es para un intermediario o para la empresa beneficio de café.

Segundo, la lógica de entrar por el mercado significa preguntarse: ¿Qué productos requiere el mercado? ¿Dónde venderlo? Sobre la base de ir identificando productos y construyendo identidades se puede ir organizando la economía del café con el principio de que la cuestión es ganar y ganar teniendo mercado.

Tercero, al disponerse de la demanda (tipo, tamaño, forma, atributo e identidad exigida) con la temporalidad y cantidad requerida, se puede organizar la oferta según zonas y organizaciones de productores, sin obviar que: i) una sobreoferta lleva a la caída de los precios o a mayor exigencia en calidad; ii) una baja oferta acarrea riesgos de perder mercado. Observemos que la organización de la oferta se da cuando se entra por – y se conquista el - mercado. La situación actual de los productores de café (y de los países productores) es que no conquistan el mercado, solo se dedican a esperar precios fijados en la Bolsa de New York, por lo que sus intentos de organizar la oferta del café sufre limitaciones estructurales.

Cuarto, los mecanismos para viabilizar la conquista del mercado pueden variar. Se puede negociar con canales de comercialización relativamente pequeñas (p.ej. marcas norteamericanas), establecer alianzas como el caso entre Esperanza Coffee Group y Cooperative Business International, perteneciendo a la cadena del mercado alternativo o vía otras modalidades institucionales.

Quinto, conquistar cualquier mercado significa ante todo desarrollar marcas. La generación de ganancias reales está en el éxito de posicionar un producto en el mercado, construir su imagen (marca) y su concepto. En el país, por ejemplo, hay más de una docena de marcas. Café Soluble es una marca masiva que promociona varios productos de café (Presto, Café Toro, Presto Espreso, etc) y controla alrededor del 85% del mercado local. Una de sus estrategias claves es el producir marcas. Aparte de Café Soluble, hay más de una docena de marcas en el país, significando esto una incipiente pero creciente segmentación del mercado local. Sin embargo, aun no hay mucho espacio para producir marcas con un contenido cualitativo del producto (proteínas o relación social). Notemos: el modo cómo se definan esas marcas tiene implicancias en obtener más mercado, usar uno u otro tipo de publicidad y por lo tanto diseñar de un modo u otro la organización del producto.

Finalmente, la paradoja: en la medida que se desarrollen nuevos productos-identidades-marcas, se fomentan nuevas formas (espacios) de participación de los actores económicos de la cadena del café. La calidad, por ejemplo, es tarea de todos; entonces, cuando se trata de producir para un nicho de mercado, se trata de corresponderle con determinada calidad y cantidad precisa de negociaciones entre diversos actores. ¿Cómo llevarlo a efecto?

Identificar el qué es importante; construir el cómo es fundamental. La diferenciación del producto tiene que ver con el carácter de las empresas, sus relaciones, su modo de organización y su institucionalidad.


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