Calidad del empleo y movimientos migratorios de la poblacion nicaragüense

Sonia Agurto(sonia@elobservadoreconomico.com)y Alejandra Guido (aguido@alfanumeric.com.ni)

La precariedad, la inseguridad y la incertidumbre son los elementos que caracterizan al mercado laboral nicaragüense. Señales confusas y resultados incoherentes muestran los indicadores con los que tradicionalmente se ha analizado la inserción laboral de la población, según los últimos resultados de las investigaciones que anualmente realiza FIDEG.

Los datos muestran una disminución de la tasa de actividad, sin embargo, cómo justificar una reducción drástica de la población económicamente activa, si la población joven, que es la expresión genuina del potencial de fuerza de trabajo, alcanza porcentajes del 60%, y que se esperaría estuviese presionando por entrar al mercado de trabajo. Asimismo, los datos dan cuenta de una reducción de la tasa de ocupación y del desempleo, sin embargo, cómo interpretar una reducción de la población ocupada, si el desempleo abierto continúa disminuyendo y la pobreza afecta a más de la mitad de la población. Es válido entonces plantear, que para analizar la situación del mercado laboral en Nicaragua se tiene que ir más allá de las mediciones tradicionales y buscar respuestas en otros fenómenos sociales que acontecen calladamente en el país.

Subempleo y migraciones son dos conceptos claves para entender el por qué no ha colapsado la economía de miles de hogares nicaragüenses y por ende, la economía del país. Subempleo significa trabajar largas jornadas y/o jornadas muy cortas y obtener ingresos inferiores al costo de una canasta básica y migración implica dejar el techo familiar y trasladarse a lugares lejanos para poder solventar los problemas económicos.

Tanto el subempleo como la migración son el resultado de una economía que no ha sido capaz de crear suficientes empleos que permitan una inserción plena de la población en el mercado laboral. Por el contrario, emergen con creciente magnitud, formas precarias de inserción laboral que sumergen a sectores mayoritarios a una exclusión no sólo de las ventajas del sistema económico, sino también de los servicios sociales y del bienestar social en general.

Los datos de FIDEG señalan que del total de la población que trabaja, el 41% lo hace en condiciones de subempleo. Las mujeres son el grupo poblacional más afectado por el subempleo. De hecho, el 49% de las mujeres y el 39% de los hombres trabajan bajo estas condiciones. Estudios de FIDEG muestran el drama que experimentan las familias que laboran en el subempleo:

“Mis hijos no trabajan tranquilamente, la situación cada día va más dura, consiguen un rumbito ahora y hasta la semana siguiente consiguen otro. Diario se come, pero no se consigue trabajo a diario. Entonces, uno tiene que ir poco a poco, a como Dios le ayuda”. Estudios de caso de FIDEG.

Por lo general, el concepto de subempleo está estrechamente relacionado con informalidad.

Los cambios en la estructura de empleo se caracterizaron en los noventa por la expansión del sector terciario, principalmente en empleos en servicios de baja productividad. La proporción de empleos informales creció tanto entre hombres como mujeres, pero la informalización creció más rápido entre las mujeres. De hecho, del total de mujeres que trabajan el 75.5% lo hacen en el sector informal, porcentaje que se reduce al 69.5% en el caso de los hombres.

Es válido señalar, que si bien es cierto, la informalidad creció desmesuradamente en el primer quinquenio de los años noventa, también es cierto que en los últimos seis años este sector ha mostrado un estancamiento singular, que lleva a pensar en una saturación del mismo. De esta saturación da cuenta una entrevistada por FIDEG:

“Este es un pueblo pobre y cuando pusieron más ventas mi clientela disminuyó. Aquí solamente me compran los vecinos, porque los otros van donde les queda más cerca porque todos vendemos al mismo precio, y no se puede dar más barato porque pagamos muchos impuestos”. Estudios de caso de FIDEG

Las ramas de la economía generadoras de empleo son esencialmente la agropecuaria, los servicios y el comercio. El cuentapropismo apoyado por la mano de obra familiar y utilizando la vivienda como establecimiento para poner pequeños negocios generadores de ingreso, caracterizan el mercado de trabajo.

Los bajos ingresos son otra forma en que se expresa el subempleo. Los trabajos de las mujeres son más precarios que los de los hombres, y sus ingresos son más bajos. De hecho, los ingresos de las mujeres están en un 27% por debajo del ingreso de los hombres, situación que da cuenta del problema cotidiano que enfrentan miles de mujeres que realizan trabajos en condiciones de extrema precariedad y circunstancialidad, a fin de generar ingresos para alimentar a la familia. Reflejo de esta situación es el siguiente comentario de una entrevistada de FIDEG:

“ Yo saco mi mesa y vendo aquí en mi casa mis cosas de comida. Hago tacos, repochetas, enchiladas, lo que pueda hacer, y gracias a Dios se me vende”.

La población que no logra satisfacer sus necesidades económicas ni aún bajo condiciones de subempleo, busca nichos de empleo en áreas geográficas alejadas. Las corrientes migratorias se han incrementado en los últimos años. Datos de FIDEG muestran que el 35.2% de la PEA se ha movido de sus hogares. De este total, los flujos fuera del país han pasado del 17.9% en 1999 al 25.2% en el año 2001. Las migraciones al exterior, tanto de hombres como de mujeres ha aumentado en el período mencionado. Una persona migrante captada en los estudios de FIDEG expresa sus razones para buscar trabajo más allá de las fronteras:

“Yo salgo a trabajar fuera del país para vivir un poquito mejor. Aquí en Nicaragua realmente no hay trabajo, y si uno va a trabajar lo que gana son 10 córdobas, y 10 córdobas no da para comer, entonces uno tiene que salir lejos para poder sobrevivir”. Estudios de caso de FIDEG

A manera de resumen se pude decir que un porcentaje significativo de los nicaragüenses se encuentra en un alto grado de vulnerabilidad, tanto por la precariedad laboral concretizada en el subempleo como por el desempleo oculto que lleva a miles de personas a buscar nuevos horizontes fuera de sus lugares de origen y llevándoles cada vez más, fuera de las fronteras de Nicaragua. Corolario de lo anterior, es que hoy en día, el mayor rubro de exportación en Nicaragua se denomina mano de obra, capital humano que se fuga en busca de nuevas oportunidades para la familia y que muchas veces se revierte en problemas sociales de considerable magnitud, como es la desintegración de la familia nicaragüense.


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