Lo que las estadísticas no logran medir sobre la pobreza

Sonia Agurto(sonia@elobservadoreconomico.com)y Alejandra Guido (aguido@alfanumeric.com.ni)

Cifras van, cifras vienen cuando se hace referencia al número de nicaragüenses que vive y padece la pobreza. Hay quienes plantean que casi la totalidad de la población es pobre; otros afirman que la pobreza afecta al 70% y los más optimistas destacan que menos de la mitad de la población es pobre y que éste número se ha reducido en los últimos años, por lo cual auguran tiempos mejores para la población y atribuyen éxitos a los programas gubernamentales dirigidos a reducir la pobreza. Sin embargo, qué significa ser pobre o no ser pobre, es decir, de qué depende estar a un lado o al otro lado de la línea que separa y divide a las personas en necesitados y no necesitados, mendigos y acaudalados, no pudientes y pudientes, en fin, en pobres y ricos?.

Dos son las metodologías más generalizadas a través de las cuales se mide la pobreza en nuestros países: la de necesidades básicas insatisfechas, que toma como parámetros variables más estructurales (vivienda, servicios básicos, educación), y el de línea de pobreza que toma en cuenta variables de tipo más coyuntural (ingreso y consumo). No obstante, estas mediciones tradicionales, generalmente adolecen de muestras tipo panel (seguimiento en el tiempo a los mismos hogares) y de estudios a mayor profundidad, por lo que no logran medir y captar los cambios que acontecen en la vida cotidiana de las personas. La pobreza o no pobreza no es un fenómeno estático, sino que es dinámico y cambiante.

Más aún, en sociedades como la nuestra que no han logrado despegar hacia un desarrollo económico, social y político sostenido, lo único que priva es el cortoplacismo, y los cambios que acontecen en la vida de las personas son sumamente bruscos, lo que llena de incertidumbre a la gran mayoría de la población que siente que su futuro es extremadamente incierto y condicionado por factores fortuitos: estar o no estar relacionado a esferas de poder para tener acceso a un empleo; el grado de salud o de enfermedad de los miembros del hogar; factores climáticos adversos o no adversos, tener o no tener acceso a remesas del exterior, etc.

A fin de captar el dinamismo que experimentan los hogares, en FIDEG se viene implementando por más de una década, metodologías panel que han permitido captar cómo muchos hogares pasan de un año a otro, de la pobreza a la no pobreza o viceversa. Para entender este fenómeno, FIDEG realizó estudios de mayor profundidad en aquellos hogares que presentaban situaciones cambiantes en sus condiciones de vida en un tiempo relativamente corto. Los hallazgos fueron elocuentes, en la medida que las cifras encontraron vida y se pasó de la frialdad de un porcentaje estadístico a un rostro humano de la pobreza.

Se evidenció en los testimonios de las personas entrevistadas, la lucha cotidiana que enfrentan para preservar una vida digna. Veamos lo que respondieron dos hogares cuando se les preguntó sobre cuáles fueron los acontecimientos que habían ocurrido en sus vidas, para que las estadísticas los ubicaran de un año para otro, de personas no pobres, a personas en situación de pobreza:

Los gastos en salud fueron determinantes para esta familia. “Una hija se enfermó, estuvo siete días en el hospital, gasté dinero en suero, sangre, medicamentos, comida, transporte para ir al hospital, y además todo ese tiempo la pulpería estuvo cerrada. Gracias a Dios mi hija está bien, pero esa enfermedad nos descontroló mucho económicamente, ya que nos gastamos los ahorros y las ganancias. Todo lo que se iba a invertir en la pulpería se fue en la enfermedad de mi hija. Ahora estamos comenzando de nuevo y llenos de deudas”. Entrevistas de FIDEG.

Los cambios climatológicos afectaron la vida de este hogar rural. “Para nosotros los campesinos, un buen invierno es una bendición y un mal invierno es nuestra desgracia. Hace dos inviernos nos fue bien, había pastos para las vacas, ordeñábamos y vendíamos la leche. Ese año hubo suficiente comida para nosotros y para las gallinas y cerdos. Vendimos nuestros productos. Pero el año pasado el invierno fue malo, y se nos vino la desgracia encima, para comer hemos vendido los granitos que dejamos para nosotros”. Entrevistas de FIDEG.

Contrariamente, otros hogares habían mejorado sustancialmente su situación y según las mediciones estadísticas habían logrado superar la pobreza. Qué había acontecido en sus hogares para experimentar estos cambios. Los estudios mostraron lo siguiente:

Las remesas enviadas por familiares del exterior son un elemento determinante para el caso siguiente: “Cuando ustedes hicieron la encuesta el año pasado vivíamos 11 personas, ahora que regresan solamente hay siete. Se fueron cinco de mis hijos a trabajar fuera del país y los que se quedaron están trabajando con sueldos miserables solamente para darse la oportunidad de seguir estudiando. Sencillamente no hemos tenido más oportunidades de trabajo ni de ayuda del gobierno, sino que para mejorar nuestra situación, una parte de la familia se ha sacrificado al irse lejos para enviar dinero y que los que quedamos podamos vivir mejor”. Entrevistas de FIDEG. Hogar de pobre a no pobre.

El acceso a crédito y el trabajo familiar mejoró la vida de esta familia. “El año pasado, cuando ustedes vinieron a hacernos las preguntas que nos hacen todos los años, nosotros estábamos bien. Habíamos sacado un préstamo de C$4,000 córdobas y lo invertimos en una panadería familiar. Además mi mamá salía a vender ropa usada a la montaña y con eso arreglamos nuestra casa y hasta le hicimos un muro muy bonito. Además, tenemos un hermano en Miami que nos envía U$100 dólares al mes para que nos ayudemos. Nos iba bien, hasta hace un mes que mi mamá murió y todo el ahorro que teníamos lo gastamos, nos fuimos para abajo, seguramente que en la otra encuesta que ustedes nos hagan, vamos a salir otra vez como pobres”.

Entrevistas de FIDEG. Hogar de pobre a no pobre (seguramente el año que viene pasará de no pobre a pobre).
Los datos anteriores permiten afirmar, que estar a un lado o a otro de la línea de pobreza, no es una situación permanente, ni de largo plazo, ni siquiera algo que muchas veces se pueda prever o controlar. Como dice el refrán, la pobreza no desaparece solamente cambia de lugar, es decir, pasa de un hogar a otro, las personas viven en constante zozobra sobre su situación económica y casi nunca tienen certeza de cuanto tiempo se pueden mantener o salir de determinada situación.

Reducir las desigualdades económicas y sociales pasa por políticas que permitan a las grandes mayorías de la población acceso a empleo, a servicios de salud, educación, tierra, crédito, asistencia técnica, etc, sin esto, todos los esfuerzos por reducir este flagelo, estarán visibles solamente en las estadísticas construidas a través de métodos tradicionales, más no en un cambio positivo en la calidad de vida de los y las nicaragüenses.


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