Especial Café de Nicaragua
En busca del diamante perdido

Kattya Sedó

kattya@elobservadoreconomico.com


Más allá de las profundidades de las montañas en Matagalpa, Jinotega o Las Segovias, se rumora que existe un gran diamante. Un diamante llamado café, que ha enriquecido a grandes compañías alrededor del mundo, pero también humillado y empobrecido a muchas familias nicaragüenses.

Según un estudio elaborado por organismos, productores y obreros agrícolas del café de Nicaragua, financiado por Oxfam Internacional, las pérdidas para la economía del país en el presente año, como resultado de la crisis, podrían rondar los 95.9 millones de dólares; casi dos meses de las exportaciones totales realizadas en 2001. Asimismo, el documento agrega que la cosecha del ciclo 2002/2003 podría ser drásticamente menor a las anteriores, reduciéndose en un 67 por ciento con respecto a la cosecha 2000/2001. Además se estima que las exportaciones de café podrían caer a 50 millones de dólares, 92 millones de dólares por debajo del promedio de las exportaciones de este producto en los últimos cinco años.

Las cifras oficiales, por su parte, señalan una pérdida de 85,000 empleos desde el año 2001 a septiembre del 2002.

Los precios internacionales cayeron drásticamente hasta llegar a su mínimo histórico de 41.17 dólares el quintal, en septiembre 2001. Mientras tanto, cada una de las 1,120 tazas que se obtienen de un quintal, se vendían a los consumidores en un café en Copenhague, Dinamarca, a dos dólares o más por taza.

El negocio redondo

Según el documento “Pobreza en tu Taza”, de Oxfam Internacional, hace diez años los países exportadores recibían una tercera parte del valor del café en el mercado y, hoy día, reciben menos del diez por ciento. Las cuatro grandes tostadoras (Kraft, Nestlé, Procter & Gamble y Sara Lee), tienen como mínimo una marca de café que genera ventas anuales de más de mil millones de dólares y, junto con el gigante Tchibo, compañía alemana, compran casi la mitad de los granos de café de todo el mundo. Según el documento de Oxfam, la industria del café está inmersa en un proceso radical de cambio. Hasta 1989 el café se comercializaba en un mercado regulado en el que los gobiernos jugaban un papel activo, fijando los niveles de producción y cuotas de exportación, donde el precio se mantenía dentro de una banda de precios entre 1,20 dólares por libra, hasta 1,40 dólares por libra. Sin embargo los desacuerdos de los gobiernos firmantes del Acuerdo Internacional del Café, así como el abandono del Acuerdo por parte de Estados Unidos en 1989, lo convirtieron en un sistema de libre mercado en el que cualquiera puede participar y en el que el mercado determina el precio. Según Oxfam, estos cambios han conducido a que las grandes compañías cafeteras puedan comprar la materia prima a precios muy bajos.


Más que un commodity

Desde 1989 los precios del café se determinan en dos grandes mercados de futuros: el de Londres y el de Nueva York. El mercado de Londres es el punto de referencia para la variedad del café robusta, cultivado principalmente en Africa, Vietnam y Brasil. El mercado de Nueva York es referencia para la variedad arábica, que se cultiva principalmente en América Latina. Desde que el modelo del mercado regulado fracasó en 1989, los precios han venido fluctuando y se ven afectados por una gran cantidad de factores. (Ver artículo sobre la Bolsa). Esta fluctuación de los precios ha conducido a que en muchas ocasiones los productores ni siquiera puedan cubrir los costos de producción, que superan los 55 dólares por quintal.

Según María Vásquez, consultora de la Liga de Cooperativas de los Estados Unidos (CLUSA-Nicaragua), una de las soluciones para nuestros países es que el café se deje de vender como un commodity o materia prima, sin un valor agregado. “Mi sueño es que el café se convierta en un producto. Y eso es lo que tenemos que hacer en este país. Un producto con valor agregado que podamos exportar tostado y molido, listo para procesarse. Hasta ahora se tienen las técnicas de proceso en este país, para tostar y moler con los estándares exigidos en los países consumidores. El reto es luchar por obtener un nicho de mercado, aunque sea pequeño”, comenta Vásquez. CLUSA ha implementado un programa con 292 caficultores en la zona norte del país que ha tenido un gran éxito (ver artículo sobre CLUSA).

Las nuevas tendencias

Mientras tanto, las tendencias en el consumo a nivel mundial muestran nuevos rumbos. En Dinamarca, por ejemplo, tercer consumidor de café en el mundo después de Finlandia y Suecia, se consumen aproximadamente 20 millones de tazas de café al día, esto significa que, en promedio, cada danés ingiere aproximadamente cuatro tazas de café diariamente o diez kilos de café al año.

Según un estudio realizado en ese país, publicado por Mellem-folkeligt Samvirke, si bien se ha mostrado un decrecimiento en el consumo de café, especialmente por parte de la población joven, las tendencias muestran dos direcciones. Una parte de la población prefiere la vía rápida, café instantáneo y barato, mientras que otra parte prefiere café de calidad en diferentes sabores y presentaciones, y están dispuestos a pagar un mayor precio.

Según el estudio de Oxfam el interés por los cafés especiales muestra un tendencia creciente. Muchos vendedores ahora distinguen los cafés destacando el país de origen o ponen énfasis en las características particulares del café, mostrando un compromiso con el cultivo ecológico (que cuida del ambiente), café cultivado bajo sombra, o de comercio justo (preocupado por las condiciones económicas y sociales de los productores y trabajadores). Esto ha provocado una tendencia creciente en el consumo de este tipo de café, ya que, mientras el crecimiento global del consumo de café fue de 1,5 por ciento en 2001, las ventas de café de comercio justo crecieron un 12 por ciento.

Quienes más se han encargado de impulsar este mercado no han sido las grandes compañías tostadoras tradicionales, sino las cafeterías. Así, por ejemplo, Starbucks, una de las mayores cadenas de cafeterías en Estados Unidos, ha declarado su intención de comprar todo su café a agricultores que cumplan las nuevas directrices sociales y medioambientales.

Por su parte, los agricultores que pueden vender sus productos en estos mercados obtienen unos precios muy superiores a los precios internacionales. En Nicaragua, la Asociación de Cafés Especiales de Nicaragua (ACEN) se ha preocupado por impulsar el desarrollo de cafés especiales, de acuerdo con Miguel Gómez, presidente honorario y fundador de ACEN, Nicaragua cuenta con la posibilidad de producir este tipo de cafés, aunque esto requiera de una mayor conciencia por parte de los productores nacionales. (Ver artículo con Miguel Gómez)


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