Encuesta del Observador Económico

Puestos de Distribución

 

 
Ante el inicio de las negociaciones del TLC con Estados Unidos

Consejo de Defensa de la Institucionalidad (CDI)*, Costa Rica


Necesidad de participación

Hoy se inicia una etapa importante en la vida política del país, con el lanzamiento de las negociaciones de un tratado de libre comercio entre Centroamérica y los Estados Unidos.

Como nunca, los más diversos sectores de la sociedad sienten la necesidad de participar de estas negociaciones, por la trascendencia que tiene para el futuro del país, y para eso cuentan con la palabra del presidente de la República, don Abel Pacheco, de que habrá espacio para la participación de todos los sectores interesados.

Es necesario crear las condiciones para que podamos acompañar todo el proceso de negociaciones, para que podamos participar con todos los antecedentes del caso en las manos. Del mismo modo, se debe crear los mecanismos para que esa voz sea escuchada y atendida en todo lo pertinente. De otro modo, esa participación carecería de sentido.

Libre comercio

¿Queremos decirle al país? que no venimos aquí a hablar en contra del libre comercio. Venimos a proponer las condiciones indispensables para que ese libre comercio sea posible. En las condiciones actuales, acentuadas por las normas vigentes de libre comercio, los países en desarrollo se ven cada vez más excluidos y marginados de ese comercio. El resultado de esa tendencia es que más de dos tercios del comercio mundial está en manos de empresas transnacionales y la mitad de ese comercio se da entre filiales de esas empresas. De mantenerse y agravarse estas condiciones, tendremos una participación cada vez más insignificante en el comercio internacional, como ha venido ocurriendo al consagrarse las normas vigentes en materia de comercio internacional, con el consecuente empobrecimiento de nuestras naciones. Hay que revertir esta tendencia, debemos trabajar para promover un comercio en condiciones de mayor igualdad, del que todos podamos beneficiarnos. Eso requiere fortalecer nuestras empresas, no debilitarlas.

Necesidad de negociar

La negociación de un tratado de libre comercio entre los países centroamericanos y los Estados Unidos es una buena ocasión para discutir esas condiciones y negociar otras, que aseguren a nuestros países el espacio que necesitan en el comercio mundial. Negociar implica revisar normas vigentes y no simplemente aceptar y reproducir aquí lo ya negociado en otros ámbitos; ni, mucho menos, ahondar en tendencias ya rechazadas en el ámbito internacional por su contenido peligroso para nuestras economías, particularmente en materia de inversiones y movimiento de capitales.

Hay suficientes antecedentes para que podamos analizar hoy qué funciona y qué no funciona en los acuerdos de libre comercio vigentes y saber así qué debemos negociar, de acuerdo con los intereses de nuestros países.

Los resultados del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, conocido como NAFTA, probablemente muy similar al que se negociará aquí, nos indica que, en México, ni se produjo un mayor crecimiento de la economía, ni se crearon los empleos prometidos, ni en calidad ni en cantidad, que hoy más del 60 por ciento de los trabajadores no cuentan con garantías sociales o han sido empujados al sector informal de la economía, y que la apertura de mercado, tal como se negoció, terminó por liquidar al productor agrícola mexicano y a desnacionalizar la industria del país.

Más de la mitad de las exportaciones de México son hoy producto de la maquila, casi toda ella de capital extranjero y con muy escaso valor agregado nacional. Algo similar ya pasa aquí, aun antes de la negociación de este tratado. No nos parece conveniente avanzar por ese camino. En Costa Rica, la maquila da empleo a unas 33 mil personas, en las zonas francas. Para eso cuentan con exoneraciones de todo tipo. Sin embargo, solo el café emplea a más de 80 mil campesinos y nuestros productores no solo no cuentan con esas facilidades, sino que se enfrentan a las dramáticas consecuencias de las condiciones del mercado sobre los precios.

El tratado debería negociar fórmulas que abran a esos cafetaleros el mercado norteamericano y no que termine de liquidarlos, a cambio de una ilusoria “reconversión productiva”. ¿Por qué no exigimos una cuota para nuestro café en el mercado norteamericano, a cambio de los beneficios que obtienen sus empresarios en nuestros mercados? ¿No es eso razonable para todos?Si se destruye el mercado interno y se cierran los espacios para nuestros productores en el extranjero, lo que ocurrirá es que más gente será desplazada al sector informal y a la pobreza. El tratado no debe contribuir a eso.

Una alternativa

Nos parece indispensable fortalecer la empresa nacional, la privada y la pública.

Para decirlo en otras palabras, no tiene sentido intercambiar arroz costarricense por arroz norteamericano, abriendo los mercados de forma simétrica, aunque lo hagamos a plazos más favorables para nosotros. Nuestro productor agrícola se ve amenazado por una producción ampliamente subsidiada y por la colocación en el mercado nacional de excedentes norteamericanos a precio de nada.

En cambio, y pese a que en Estados Unidos se vende en el mercado el arroz al doble del precio nacional, nuestra producción no puede entrar allá, por motivos de toda índole. Nos parece que el tratado debe abrir espacios para los productores nacionales con un criterio de eficiencia bien entendido y que tome en cuenta, al fijar los costos de producción, todos los factores que entran en juego en este cálculo. Eso ayudaría a fortalecer la producción nacional y a abrir nuevos mercados a nuestros productores, en vez de destruirlos y arrojarlos fuera del mercado.Las relaciones comerciales actuales entre Centroamérica y los Estados Unidos ya son ampliamente favorable para los norteamericanos.

Las exportaciones de Centroamérica a Estados Unidos pasaron de 7,214 millones de dólares, en 1997, a 8,734 millones, en el 2001. En cambio, nuestras importaciones pasaron de 8.865 millones de dólares, en 1997, a 11,680 millones, en el 2001, pese a la vigencia de aranceles cero, desde hace una década, para el ingreso de casi todos nuestros productos al mercado norteamericano.Ahora aspiran ellos a recibir mayores beneficios, que un tratado como el que se va a negociar no nos otorgaría.

Por eso es que insistimos en la necesidad de que ese tratado asegure el ingreso de nuestros productos agropecuarios al mercado norteamericano, a cambio de los beneficios que ellos obtienen aquí con otro tipo de productos, algunos agrícolas pero, sobre todo, industriales.

En este tema, la fijación de contingentes a las exportaciones o de plazos de desgravación más amplios para los productos que importamos se han mostrado inútiles para proteger al productor nacional, como podemos aprender de la experiencia mexicana. Hoy, en ese país, los productores agrícolas están protestando en las calles, exigiendo renegociar el NAFTA.

Del mismo modo hay que defender nuestra agroindustria. En Estados Unidos, una finca lechera puede ser diez o doce veces mayor que las nuestras. ¿Qué pretenden? Que para hacernos competitivos reduzcamos nuestros miles de pequeños productores a 40?

¡No! Lo inteligente para todos, en esta materia, es consolidar nuestro mercado interno y abrir el externo a nuestros productores, lo que tiene sentido en estas ngociaciones, dada la disparidad en el tamaño de los mercados centroamericanos y norteamericano. El sector lechero, que representa ocho por ciento del PIB agropecuario, paga mucho más impuesto que la maquila, además de dar trabajo a miles de costarricenses y centroamericanos y lejos de debiltarlo con una apertura inconveniente, deberíamos reforzarlo con la concesión de nuevos mercados para que puedan colocar su producción. De ese modo se estaría reconociendo la disparidad entre nuestras economías y adoptando las medidas pertinentes para garantizarnos una mayor participación en el comercio internacional.

Nuevamente, la ventaja de ellos está en otras áreas. El tratado no debe devastar nuestro mercado, ni nuestras empresas, sino abrirles espacios en el mercado de los Estados Unidos.Un criterio similar debe consolidar y ampliar las perspectivas de la agroindustria, como la del pollo, carne de res, cerdos, embutidos, para citar solo algunos ejemplos.

En cuanto a las empresas públicas, ¿qué ventajas ofrece para Centroamérica la apertura de nuestros mercados, como el de telecomunicaciones, energía o banca, todas áreas particularmente sensibles de la economía, en la que se requiere una política que considere cuidadosamente todos los elementos de interés nacional? La apertura en esos sectores termina por consolidar la oferta de servicios a sectores reducidos de la población y a marginar a los demás, sin garantizar la calidad de los servicios a toda la población.

La única forma de obtener ventajas del proceso de globalización es mediante la participación de empresas nacionales en los mercados externos. ¿Por qué no consolidar el ICE (Instituto Costarricense de Electricidad), la banca nacional, los seguros, de modo que puedan competir en el exterior, en vez de ceder nuestro mercado, de por sí demasiado reducido para este tipo de competencia, a las multinacionales extranjeras, conociendo, además, las consecuencias que ese tipo de apertura ha tenido en naciones vecinas, por ejemplo, en materia de precios y de empleos?

En todos los ámbitos del tratado se debe negociar con inteligencia, de acuerdo con los intereses nacionales. Eso incluye las negociaciones en materia como las ventas en el sector público, propiedad intelectual, productos transgénicos, solución de controversias, etc.

Todas las normas del tratado deben estar orientadas a proteger las garantías sociales, los derechos laborales y ambientales, con sanciones para quienes incumplan y tribunales nacionales para su evaluación. En nuestro criterio, los tratados vigentes no contemplan garantías suficientes en estas materias, lo que debería ser revisado en las actuales negociaciones.

Interés de todos

Un tratado de libre comercio como este afectará la vida de todos los ciudadanos, hombres y mujeres, trabajadores y empresarios, y debe crearse un espacio para que todos puedan decir su palabra, orientada a una negociación que abra nuevas perspectivas de desarrollo para el país y de una mayor participación en el comercio internacional para toda Centroamérica.Como nunca, tenemos que buscar a nuestros hermanos centroamericanos para avanzar en este camino. Para eso, se necesita un país cohesionado, seguro de su propio camino.

Por eso nos dirigimos a la nación, para decir lo que pensamos y proponer alternativas que nos permitan caminar juntos ante este nuevo desafío a que nos enfrentamos.

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