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La cuota de las mujeres migrantes

Las dos caras de las migraciones

Sonia Agurto Vilchez y María Alejandra Guido

 

Las migraciones son un fenómeno acontecido a lo largo de la historia. En algunos momentos estos desplazamientos humanos se intensificaron como los que se dieron hasta la segunda guerra mundial y que contribuyeron al progreso de las naciones que recibían a estos grandes contingentes de mano de obra. Es decir, que a través del tiempo los seres humanos siempre se han movilizado de un lugar a otro, guiados por diversos objetivos como es la búsqueda de nuevos mercados de trabajo, mejorar su calidad de vida, o simplemente para superarse como individuo o como núcleo familiar.

En la actualidad, producto del desarrollo económico desigual del sistema económico mundial, países como Nicaragua con una economía que no logra despegar, que se encuentra incapacitada para absorber la mano de obra que quiere insertarse en el mercado de trabajo y con un alto porcentaje de su población viviendo en niveles de pobreza extrema, ha generado fuertes corrientes migratorias al interior y hacia fuera del país. Sin embargo, contrario a los flujos migratorios del siglo pasado, los actuales migrantes no encuentran acogida en los países receptores para facilitarles su inserción laboral y social, por el contrario, son discriminados y explotados, aprovechándose de su condición de status ilegal en que se encuentran la mayoría de ellos.

En Nicaragua el fenómeno migratorio tiene múltiples caras, no obstante en este artículo se aborda dos de ellas, una positiva y una negativa.

Remesas: La cara positiva de la migración
A pesar de que los salarios de las personas migrantes son por lo general bajos, éstos logran ahorrar para enviar dinero a sus familiares y allegados a sus países de origen. En Nicaragua, un estudio de CEPAL estimó que en 1999 el monto de dinero producto de las remesas alcanzó las cifra de 800 millones de dólares ese año, lo que se ha constituido en una fuente significativa de divisas para el país.

Estudios de FIDEG muestran que el promedio de dólares enviados como remesas al país es de aproximadamente U$145 dólares. Los hombres están enviando cantidades mayores (U$174) que las mujeres (U$114). Sin embargo, el monto de remesas promedio se diferencia según tramos de edades.

Es importante destacar que las personas jóvenes son las que están enviando los mayores montos de dinero (U$188), seguido por los adultos jóvenes (U$139). No obstante, al interior de las personas jóvenes, las mujeres (U$218) están enviando montos mayores que los hombres (U$171). La destacada participación de las mujeres jóvenes en el envío de remesas podría atribuirse a un aprendizaje social que éstas reciben desde pequeñas y que las induce a desarrollar un nivel de responsabilidad sobre las necesidades de su familia. Por ello, cuando salen de sus casas tienen muy presente la imagen de las carencias que viven los familiares que quedaron atrás, a expensas de lo que ellas enviarán para poder sobrevivir.

Fuga de capital humano: La cara negativa de la migración

Las corrientes migratorias en Nicaragua se han ido incrementado en los últimos años. La falta de empleo y de oportunidades sociales hacen que hombres y mujeres se movilicen de sus lugares de origen. De hecho, datos de FIDEG muestran que esta movilidad se da tanto al interior como al exterior del país. Los datos reflejan que el 27.3% de la PEA de los hogares estudiados experimentó algún movimiento.
Del total de personas que se movieron de sus hogares el 82.8% lo hizo a otras zonas de Nicaragua y el 17.2% se fue del país, mostrando los hombres (19.1%) un poco más de movilidad que las mujeres (15.3%). La mitad de estas personas salieron del país en los últimos dos años, lo que significa que la crisis económica se ha tornada más severa para muchos hogares, que pierden la esperanza de encontrar opciones en Nicaragua.

¿Quiénes se van del país?

El 57% de las personas migrantes salieron de las zonas urbanas y el 43% de las zonas rurales. El mayor contingente (42%) de personas lo constituyen los jóvenes entre 15 y 24 años, seguido por los adultos jóvenes (39.4%) en el tramo de edades de 25 y 44 años. Los niños y adultos mayores presentan menores proporciones entre la población que migra. Aún cuando son las personas jóvenes las que están saliendo en mayor cantidad del país, son los hombres de este tramo de edad los que muestran mayores porcentajes (44.6%) que las mujeres (38.9%). Se puede afirmar que Nicaragua está perdiendo a su juventud, al potencial humano que representa el futuro económico, social y cultural para desarrollar el país. Los jóvenes se ven forzados a abandonar su patria al no encontrar alternativas de vida que llenen sus expectativas económicas y de desarrollo personal, aunque en esta búsqueda solamente encuentren muchas violaciones a sus derechos humanos.

Las corrientes migratorias no solamente están constituidas por personas de bajo nivel educativo, sino por contingentes de personas que olvidándose de su nivel académico traspasan las fronteras para ir al encuentro de oportunidades que les generen ingresos y mejorar el nivel de vida su familia. El 53.5% alcanzó algún grado de primaria; 29.6% alcanzó la secundaria; 5.1% la universidad; y 2.8% alguna carrera técnica.

Diversas son las ocupaciones que desempeñaban las personas antes de salir del país. El grupo mayoritario está compuesto por estudiantes (33.5%) y desempleados (13.9%), es decir, por dos grupos de población que son los que mas presionan por entrar al mercado de trabajo y que, al no encontrar respuesta, se van del país. Estos datos ayudan a entender el por qué las cifras de desempleo abierto que reportan las estadísticas son muy bajas y similares a países desarrollados, solamente que las razones son completamente opuestas. La de Nicaragua porque la población económicamente activa se está yendo y en los países desarrollados porque las PEA tiene acceso a pleno empleo.

La ocupación que desempeñaban las personas migrantes antes de abandonar el país reflejan algunas diferencias según sexo. Las mujeres eran mayoritariamente estudiantes (37.4%); siguiéndole las amas de casa (15.2%); desempleadas (13.9%); y maestras y secretarias (12.7%). Los hombres que estudiaban eran el 30%; los obreros agropecuarios (15%); siguiéndole los desempleados (13.9%; trabajadores de la construcción y productores agropecuarios (13.4%).
Es llamativo la salida de mujeres amas de casa, las cuales eran parte de la población inactiva y que seguramente, debido a la crisis que enfrenta el país, quisieron entrar al mercado de trabajo y no encontraron oportunidades, por lo tanto, tuvieron que buscar empleo fuera de Nicaragua. Asimismo, estudiantes, maestras y secretarias van a tocar otras puertas, aunque sea en trabajos sin ninguna calificación, donde puedan poner en práctica sus habilidades y conocimientos. Los relacionados a los migrantes hombres dan cuenta que muchos trabajaban en el sector agropecuario, sea como productores o como obreros, y debido a la situación de estancamiento y falta de reactivación de dicho sector, se trasladan a países vecinos donde seguramente se insertan en trabajos afines a sus habilidades.

A manera de conclusión, se puede decir que las personas migrantes se ven violentadas en sus derechos humanos al no recibir en su país de origen respuesta para solventar sus necesidades más esenciales como es el derecho al trabajo. El “mal de patria”, la humillación constante, el esconder su nacionalidad, el ser agredidos y violentados son, entre otros, los problemas que enfrentan los y las nicaragüenses que no encuentran salida a su situación económica en Nicaragua. Es urgente ver las dos caras de las migraciones y no quedarse con el discurso de lo bien que hacen las remesas al país, sino también analizar el lado negativo de éstas, es decir, relevar las consecuencias de lo que implica para miles de nicaragüenses dejar sus familias y salir a enfrentar situaciones inciertas en lugares lejanos.



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