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Evidencia de las desigualdades

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Sonia Agurto Vílchez y Alejandra Guido Cajina*

Por largas décadas las mujeres han estado incorporadas en el mercado laboral: en el café, el algodón, en el tabaco, en la industria y agroindustria, en el comercio y los servicios. Sin embargo, también por largas décadas esta participación permaneció oculta, debido a los esquemas culturales imperantes que relegaban a la mujer en el ámbito doméstico, sin reconocer su aporte ni registrarlo en las estadísticas, situación que contribuyó a su exclusión de los beneficios del desarrollo económico y social. No obstante, el trabajo de la mujer ha comenzado a ser reconocido por su masiva incorporación al mercado de trabajo en las últimas décadas, así como por la persistencia de grupos de mujeres y ONGs que han realizado esfuerzos para lograr que la sociedad y las estadísticas reconozcan su trabajo.

La tasa de participación
La tasa global de participación, que es el indicador más visible que muestra cuál es la oferta y la disponibilidad de fuerza de trabajo existente en el país, muestra que las mujeres están participando en el mercado laboral, sin embargo su participación aún está muy distante a la de los hombres, producto del subregistro que aún persiste en los sistemas de información, que no reconocen como trabajo actividades que realizan las mujeres para generar ingresos o alimentos para el hogar. De hecho, mientras la tasa de participación de las mujeres es del 40.8%, la de los hombres es de 63.5%, brecha que seguramente se reducirá en la medida en que se avance en la desconstrucción de esquemas culturales que reducen el trabajo a concepciones netamente mercantilistas.

Tasa de ocupación, desempleo y subempleo
Otra de las desigualdades que enfrentan las mujeres en el mercado laboral, en relación a los hombres, se traduce en una tasa menor de ocupación y en un mayor subempleo. Para el año 2002, los estudios de FIDEG indican que los hombres ocupados constituyeron el 59.7% y las mujeres el 38.3%, mientras el subempleo afectaba al 41.9% de los hombres y al 53.1% de las mujeres.

De estas cifras surge una pregunta, ¿por qué las mujeres sufren más intensamente de subempleo? Los estudios de FIDEG han mostrado que las mujeres, al quedar desempleadas, realizan cualquier actividad que les permita generar ingresos, sin importarles que estas actividades no correspondan a su nivel educativo ni a sus expectativas de vida. Contrariamente, los hombres están dispuestos a esperar para encontrar un empleo que llene o se acerque a su calificación y a sus expectativas.

Se puede decir entonces que la socialización de género recibida por las mujeres desde muy pequeñas, de “darse y sacrificarse” por los demás, acuñado por todas las actividades que aprende a realizar en el hogar, le permite realizar estas actividades domésticas en la esfera productiva y, de esta manera, generar ingresos. Procesar alimentos para la venta, ofertar su mano de obra para actividades domésticas o realizar cualquier actividad de comercialización, son entre otras, algunas de las muchas actividades que realizan miles de mujeres que de esa manera están garantizando la sobrevivencia de la familia. Este trabajo para la sobrevivencia las lleva a trabajar hasta 16 horas diarias, ya que ocho horas no son suficientes para generar el ingreso necesario para el sustento familiar.

El desempleo abierto no ha cumplido la función de mecanismo de ajuste del mercado laboral, ya que año con año este indicador ha mostrado una disminución continua. De hecho, entre 1995 y el año 2002 el desempleo disminuyó en los hombres del 9.2% al 6% y en las mujeres del 16.3% al 6%. Como las cifras lo reflejan, los niveles de desempleo abierto en nuestro país se aproximan a los que presentan países con una mayor bonanza económica que Nicaragua. La explicación radica en que las personas que pierden su empleo o aquellas que demandan entrar por primera vez al mercado de trabajo, al no encontrar fuentes de empleo, no se resignan a permanecer en el desempleo, sino que se las ingenian para realizar cualquier tipo de actividad que les genere algún ingreso, generalmente en el sector informal, y de esta manera solventar las necesidades económicas de sus familias. Al igual que el subempleo, las migraciones masivas de miles de nicaragüenses hacia otros países, también han jugado un papel de ajuste en el mercado de trabajo, quienes buscan alternativas de empleo fuera de las fronteras de su país.

Ubicación por Sector Económico
El sector informal continúa siendo la única alternativa para hombres y mujeres que no logran insertarse en sectores más modernos y dinámicos de la economía. En el año 2002, del total de personas que desarrollaban una actividad económica, el 77.1% lo hacía en el sector informal.

La participación de hombres y mujeres muestra diferencias en este sector. Los hombres tienen una participación de 76.5% por cada 100 que trabaja y las mujeres de 77.9%. Este sector se ha convertido en un refugio para la sobrevivencia de las familias nicaragüenses, y en especial de las mujeres, en la medida que este sector está proporcionando la mayoría de los empleos a la población trabajadora. Es decir, que es el sector informal donde la mayoría de la PEA ocupada de hombres y, en especial de mujeres, encuentran una alternativa para generar ingresos y garantizar las necesidades esenciales de sus miembros.

Brechas Salariales
Para dar cuenta de otras desigualdades entre hombres y mujeres, es indispensable abordar el tema de los ingresos. Las mujeres perciben menores ingresos que los hombres sin importar el sector en que trabaje o la actividad que desempeñe. Las diferencias salariales más marcadas se dan entre hombres y mujeres que trabajan en el sector comercio y servicios, siendo en estos sectores donde la mujer tiene una mayor presencia. El ingreso de las mujeres en estos dos sectores se encuentra en un poco más del 40% por debajo de los ingresos que perciben los hombres.

El sector informal es otro sector donde las mujeres se localizan mayoritariamente y donde las brechas de ingreso se evidencia con muchas desigualdades en detrimento de las mujeres. De hecho, los ingresos de las mujeres se encuentran en un 31.9% por debajo de los ingresos de los hombres.

Limitado acceso a la tierra y al crédito
A pesar que las mujeres están siendo sujetos activos del desarrollo del país, son pocos los recursos a los que tienen acceso. A pesar de los esfuerzos emprendidos por el Estado y por organizaciones gremiales para favorecer a las mujeres con un pedazo de tierra, los datos de FIDEG reflejan que del total de la tierra titulada, las mujeres solamente tienen acceso al 19% de la misma.

En el acceso al crédito, las mujeres enfrentan las mismas desigualdades que en el acceso a la tierra. La brecha en el monto de crédito promedio que reciben las mujeres es significativo y se encuentra en un 69% por debajo del monto promedio que reciben los hombres. Esta situación de desigualdad se refleja en la distribución de la masa total de crédito, donde las mujeres reciben el 23.6%, mientras los hombres se llevan el 76.4% del total de crédito distribuido.

A manera de conclusión se puede afirmar, que mientras el trabajo de las mujeres no sea reconocido y valorado por los gobiernos, por los privados y por la sociedad en su conjunto, pueden pasar 100 años más, y las brechas y desigualdades de género estarán presentes. La incorporación de las mujeres nicaragüenses al mercado laboral en condiciones de igualdad con el hombre, constituye un factor fundamental para lograr el desarrollo del país, así como, una reivindicación histórica de justicia social.

De hecho, las desigualdades que se dan entre hombres y mujeres producto de los valores y prácticas discriminatorias presentes aún en la sociedad nicaragüense, son brechas que frenan el desarrollo de Nicaragua. La llave para romper estos esquemas, es estructurar otra visión de MUJER, es decir, ver a la Mujer, no solamente como Ama de Casa, sino como un agente que genera riqueza para el país, que envía remesas desde el exterior, que sostiene su hogar, que trabaja la tierra, en fin, reconocer que la Mujer al igual que al Hombre son agentes activos del desarrollo de Nicaragua.

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