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Remesas Familiares

Un pilar invisible

Ana Victoria Portocarrero
victoria@elobservadoreconomico.com

Triste pero cierto. Actualmente las remesas familiares son uno de los pilares de nuestra economía. Sin embargo, y esto es lo más increíble, dentro de nuestra estrategia como país, este pilar es invisible.

Cuando nos propusimos escribir este artículo, hicimos un pequeño listado de las personas o instituciones a las que nos pareció importante entrevistar. Una vez que llegamos al Gobierno, la lista quedó en blanco… ¿quién atiende el tema de las remesas en el ámbito gubernamental? Procedimos a llamar a distintas instituciones gubernamentales con la pregunta anterior, y la respuesta tristemente era la misma: si lo que se busca es análisis, impacto, políticas… si existe alguien… se supo esconder.

La Migración… un fenómeno creciente
El tema de la migración se hace cada vez más visible. El fenómeno es creciente y se debe, entre otras razones, a la falta de oportunidades que Nicaragua brinda a su población.

Los nicaragüenses, en busca de oportunidades, salen de su país como la única opción que les queda. Este desprendimiento de la familia, con propósitos meramente económicos causa una fisura dentro de la sociedad. Es una decisión difícil y dolorosa a la que se enfrentan miles de hogares.

Según datos encontrados en el Segundo Informe de Desarrollo Humano de Centroamérica y Panamá (2002) basado en un estudio de la Comisión Económica de Países de América Latina (CEPAL), para el censo de 1990 el total de emigrantes centroamericanos ascendía a un millón 311 mil 614 personas, aproximadamente. Nicaragua representaba cerca del 15 por ciento de los mismos.

Los destinos migratorios de los nicaragüenses son básicamente Estados Unidos y Costa Rica. Las personas que emigran a Costa Rica poseen en su mayoría un nivel educativo bajo y se insertan en los sectores primario y de servicios. En cambio, los que emigran a Estados Unidos poseen un mejor nivel educativo, con aproximadamente 10 años o más de estudios.

Esta fuga de capital humano es uno de los aspectos más preocupantes de la migración, pues evidencia la poca capacidad que tiene el Estado de proveer oportunidades laborales a los recursos humanos que forma el país. En muchos casos, la formación de tales recursos es costeada por el Estado mismo, por lo que se estaría invirtiendo en la capacitación de personas que no están devolviendo dicha inversión al país, sino solamente la proporción de su ingreso en el exterior que es enviada como remesa.

¿Qué clase de empleos se están generando en el país? Ciertamente, en la mayoría de los casos, aquellos que no requieren una formación mínima y por los cuales las empresas no ofrecen un salario significativo...¿es esto saludable?

Entre algunos de los efectos negativos, que algunos autores identifican en la migración, se encuentra la dependencia económica, el consumo improductivo y la desintegración social. De seguirse produciendo el efecto migratorio y no darse un desarrollo económico en las comunidades de origen, se volverán las mismas cada vez más vulnerables y dependientes.

Sin embargo, es a causa de la migración que estas familias han obtenido ingresos suficientes para satisfacer algunas de sus necesidades básicas, y de esta manera evitar un caos social a causa de la extrema pobreza en la que viven.

La migración no debe ni puede ser, por mucho tiempo, el motor de estas economías, y es evidente la necesidad de una estrategia que permita la inversión productiva de las remesas en las mismas comunidades y que las vuelva, con el tiempo, menos dependientes.

La importancia dentro de la economía
¿Cuánto pesan las remesas dentro de la economía nacional? Depende de quien lo mida, sin embargo, sea quien sea, la importancia es evidente.

Según la CEPAL, en 1999 las remesas ascendían a 800 millones de dólares. Para el presente año, se pronosticaron cifras alrededor de los U$ 1,300 millones.

Existen variantes entre los cálculos oficiales y los que hacen otras instituciones y expertos sobre el monto de las remesas. Así, mientras el Gobierno habla de menos de 400 millones de dólares, expertos como Manuel Orozco estiman que se encuentran por el orden de los U$ 600 millones.

En una economía donde el PIB se situó en U$ 2,520 millones de dólares en el 2002, y presentó exportaciones por el orden de los U$ 580 millones, 400 ó 600 millones de dólares, son cifras relevantes, que demuestran que el país es altamente dependiente de las mismas para mantener, no solo sus reservas internacionales dentro de la balanza de pagos (lo que nos ayuda a mantener los compromisos con el FMI), sino, y más importante, la relativa paz social con la que aún se cuenta en el país .

Como puede apreciarse en el cuadro, según Orozco, en Nicaragua las remesas representan alrededor del 24 por ciento del Producto Interno Bruto y son cuatro por ciento más altas que las exportaciones. Para el Fondo Multilateral de Inversiones del BID, (FOMIN), los pronósticos de envíos de remesas a Latinoamérica, durante la presente década, son que aumenten a un ritmo de 7 a 10 por ciento anual, convirtiéndose en una de las más importantes fuentes de ingreso para Nicaragua y para la región centroamericana. Si sumamos eso a los mínimos índices de crecimiento que presenta el PIB del país, se puede concluir que las remesas son, y sobre todo seguirán siendo, uno de los pilares invisibles de nuestra economía.

¿Cómo anda la Región?
El fenómeno de la migración y las remesas no escapa a la realidad del resto de países centroamericanos. Con excepción de Costa Rica, las remesas juegan un papel fundamental dentro de sus economías.

Según el FOMIN, durante el año 2002, los inmigrantes originarios de América Latina y el Caribe enviaron un estimado de 32 mil millones de dólares a sus países de origen, cantidad que sobrepasa el flujo normal de la ayuda oficial externa para toda la región.

Expertos en el tema incluso afirman que las principales tendencias de integración Centroamérica en la economía global de no están ligadas solamente al comercio, sino también a la inmigración y la mano de obra. Pablo Rodas (2000), hace hincapié en este punto, al mostrar la relación entre integración a la economía global e integración al norte, reflejándose esto en término de los flujos comerciales (manufacturas, productos agrícolas y turismo) y los flujos de factores de producción (migración de ilegales e inversión extranjera).

Lo anterior evidencia la importancia que dentro de las políticas de apertura comercial e integración tienen estos aspectos mencionados. La libre transacción comercial debe implicar, a su vez, la libre disponibilidad de recursos humanos y recursos de capital, dos aspectos que no están teniendo la importancia suficiente dentro de las negociaciones de los distintos tratados de libre comercio que se están llevando a cabo.

Los datos del Banco Mundial (BM) se aproximan a tres mil millones de dólares en remesas hacia Centroamérica durante el año 2000.

Aunque las cifras sean más discretas que las de otros organismos, lo que se destaca en las mismas es que ha habido un aumento de aproximadamente un 80 por ciento con respecto al monto remitido en 1995.

En el ámbito regional, el BM calculó que durante el 2000 las remesas alcanzaron un cinco por ciento del PIB. Sin embargo, existen países en la región cuyo peso es mucho mayor y otros donde la relación no es muy significativa.

¿Para qué se usan las remesas?
La CEPAL, a finales de la década de los ochenta, calculaba que el 85 por ciento de las remesas en Centroamérica se utilizaban para cubrir necesidades de consumo básico, un seis por ciento a salud y educación y un tres por ciento a la adquisición de artículos para el hogar. Veinte años después, los estudios que se han realizado a nivel nacional demuestran que el porcentaje utilizado para cubrir apenas las necesidades alimentarias es aún mayor, lo que deja muy poco margen de ahorro e inversión para las familias.

Aún con el poco porcentaje de las remesas que se invierte o ahorra, el potencial es notable. Tomando en cuenta la cifra discreta de 800 millones de dólares en remesas, a Nicaragua, en el 2003, y un costo de transacción de 9.73 por ciento (cifra tomada del estudio Impacto de la Emigración en la Región del Caribe y de América Central 2000, de Manuel Orozco), aproximadamente 78 millones de dólares se gastan en costos de transacción.

Países vecinos como El Salvador han ideado estrategias por medio de las cuales disminuyen estos costos, a fin de que los mismos sean utilizados para actividades productivas dentro de las comunidades receptoras. Lo anterior causa un importante impacto dentro de las mismas y es un tema en el cual el gobierno no ha tenido ningún interés.

Impactos indirectos... las cuatro T’s de la integración económica
No todo el impacto de la migración se mide por medio de las remesas, el efecto va mucho más allá que el envío de efectivo.
Transferencias de Remesas + Telecomunicaciones + Transporte + Turismo = expansión del comercio y la inversión.

Estas cuatro T se producen gracias a la conectividad entre los inmigrantes y su país de origen.

En el caso del turismo, se produce un efecto importante, y es que un gran porcentaje de los turistas que ingresan a Centroamérica (sobre todo El Salvador y Nicaragua), son salvadoreños y nicaragüenses que residen en el exterior. Según Orozco, en El Salvador, más del treinta por ciento de los turistas que entran al país son salvadoreños residentes en el exterior. El promedio de estadía es de más de dos semanas y gastan unos $50 diarios. Los nicaragüenses, de igual forma, viajan con frecuencia de Miami a Nicaragua y traen consigo bienes de consumo y duraderos.

Dado el flujo de turismo que se experimenta, las líneas aéreas se ven beneficiadas por las cada vez mayores cantidades de centroamericanos que utilizan el transporte aéreo. (ver cuadro 2)
El caso de las telecomunicaciones es similar, puesto que las familias mantienen comunicación de larga distancia, lo que beneficia económicamente a las empresas del ramo. En este campo, dada la creciente demanda, se han hecho inversiones en los sectores de la telefonía celular, Internet y correo electrónico, lo que ha aumentado la eficiencia del servicio y disminuido los costos de la comunicación.
Existe otro efecto interesante que la migración ha provocado, y es lo que se conoce como “comercio nostálgico”. Esto no es otra cosa más que el queso, la cuajadita, las rosquillas, las artesanías que los nicaragüenses residentes en el exterior se llevan cada vez que vienen de visita. Esta demanda de bienes del país de origen es un fenómeno creciente. Sus exportaciones atraen cada vez más a los productores centroamericanos. En el 2001, el valor de este tipo de exportaciones, desde El Salvador, subió a 240 millones de dólares estadounidenses, lo que representa el 10 por ciento del valor total exportado (Orozco 2002).

Estos fenómenos no solo implican un impacto económico dentro en la región, sino que se traduce en los lazos que realmente están integrando tanto a Centroamérica en su conjunto, como a Centroamérica con Estados Unidos y el resto del mundo.

Remesas fuera de la agenda
Es francamente sorprendente que con todas las implicaciones que trae consigo la migración, temas como las causas de la misma, el impacto de las remesas en las comunidades de los emigrantes y en la economía nacional, así como la situación de los derechos humanos de los nicaragüenses que radican fuera del país, no forman parte de la agenda nacional.

Nicaragua depende en gran medida de este flujo de efectivo, que ha paliado la pobreza de muchas familias en el país y tiene efectos económicos importantes. Sin embargo, en la Estrategia Nacional de Desarrollo no existe un capítulo que potencie este importante recurso.

Al parecer, la importancia de este fenómeno ha escapado a los ojos de las autoridades gubernamentales, pero no así a los ojos de otros actores importantes que están viendo en esto una oportunidad para las comunidades y el país en general, tal es el caso de los organismos de microfinanzas, quienes ya están impulsando iniciativas interesantes.

 

El Gobierno ¿qué papel debería jugar?

A juicio de Manuel Orozco, los gobiernos de América Central tiene un rol fundamental en el diseño de políticas que impulsen el potencial de las remesas. Algunas de las áreas donde propone se trabaje son las siguientes:

1. Reducción de los costos
Por medio de la creación de alianzas estratégicas entre las compañías que transfieren dinero y los bancos, y entre los bancos de Centroamérica y norteamericanos (ambos utilizan tecnologías de tarjetas de débito que dependen de los cajeros automáticos); asimismo, mediante la utilización de plataformas informáticas concebidas para la transferencia de dinero; o transferencias desde una cooperativa de crédito a otra cooperativa de crédito, utilizando para ello una red internacional de envío de remesas. Esta última propuesta es la que se está intentando impulsar en Nicaragua.

2. Dotar de servicios bancarios a quienes no los tienen
Es un problema fundamental la limitada capacidad de los bancos para hacer presencia en el territorio. Esto tiene implicaciones importantes pues limita la propensión a ahorrar de las familias, así como la carencia de posibilidades para establecer un historial crediticio y otras ventajas de la banca. Permitiendo un mayor acceso tanto de remitentes como de destinatarios al sistema bancario, se disminuirían los costos de las transferencias, y podrían trazarse estrategias que vinculen las transferencias con opciones bancarias que multipliquen el efecto de las remesas.

3. Inversiones e incentivos para microempresas
Tomando en cuenta que existe un porcentaje de las remesas que se ahorran o se invierten, y que hay personas que tienen capacidad de utilizar su dinero en una actividad empresarial, Orozco propone que tanto el sector privado como los diversos agentes que intervienen en el ámbito del desarrollo se ofrezcan como socios prestamistas a los inversionistas potenciales. Asociando las remesas al microcrédito se crearía un potencial de desarrollo para mejorar los mercados locales.

4. Turismo
Los gobiernos y el sector privado pueden aprovechar e impulsar la afluencia de turistas nacionales, creando políticas que promuevan el trabajo conjunto para proponer ofertas de viajes a sus habitantes para que visiten con más frecuencia a sus países de origen. De igual manera, se debe promover y facilitar la exportación de las mercancías que representan el comercio nostálgico.

5. Las asociaciones de inmigrantes como agentes de desarrollo
Las actividades de las asociaciones de inmigrantes tienen un potencial importante dentro del desarrollo de las comunidades. Un trabajo en conjunto entre los gobiernos y dichas asociaciones puede obtener mejores resultados, tal y como se ha venido dando en países como El Salvador y Méjico.

Facilitando el Desarrollo Comunitario

Gloria Carrión

Ciertamente la diáspora nicaragüense y su profundo impacto en la cultura y la economía de nuestro país crecen día a día vertiginosamente. Por esta razón, tanto economistas, antropólogos como microfinancieras y ONGs ya hablan del posible potencial de las remesas familiares como factor de desarrollo económico local de las comunidades de origen de los migrantes. En Nicaragua, la mayoría de la población migrante proviene de las zonas rurales del país y es en ellas, donde el impacto de las remesas se ha sentido a mayor escala y se observan una variedad de efectos. Pero, ¿cuál es el verdadero potencial de las remesas en caso de existir un modelo de desarrollo económico local? Y ¿cuáles son los desafíos que una propuesta como ésta podría encontrar en Nicaragua?

El potencial de las remesas familiares
Según el estudio realizado por el antropólogo social nicaragüense Ricardo Castellón (2003), las remesas se utilizan mayoritariamente para el consumo de alimentos y podrían también convertirse en mecanismos de financiamiento local. Con ese fin sugiere identificar alternativas organizativas que reduzcan el costo de envío de las remesas, de manera que estos costos fuesen captados y utilizados para ofertar créditos e impulsar el microcrédito rural en el país. Agentes financieros nacionales e internacionales estudian posibilidades orientadas a facilitar el envío de las remesas, ofertar servicios de ahorro e inversión y disminuir los costos de transacción. Aparentemente vislumbran una posible orientación de estos fondos hacia el crédito rural. Sin embargo, el estudio no profundiza sobre quién y cómo se administrarían dichos fondos y se podrían reinvertir en las comunidades con indicadores económicos y sociales claros para medir su impacto.

Otro estudio realizado por el economista Yevgeny Kuznetsov, del Banco Mundial (2002), muestra el uso potencial de las remesas para el desarrollo comunitario. En México, las remesas colectivas han dado excelentes resultados. Se han organizado unas 700 asociaciones formadas tanto por los migrantes como por sus familiares y amigos en las comunidades de origen. Estas funcionan a base de las donaciones de los migrantes, destinadas a la realización de obras e inversiones, como la construcción de escuelas, carreteras, centros de salud y pequeños negocios en las comunidades de sus familiares (Kuznetsov 2002). En Guanajuato, por ejemplo, 2.2 millones de dólares, provenientes de remesas colectivas, recibidas en los últimos cuatro años, se han utilizado para el establecimiento de microempresas y maquiladoras que han aumentado el nivel de empleo de la población así como el de la inversión local. Por otro lado, en Zacatecas, éstas han facilitado la creación de fondos para financiar infraestructura por medio de programas como el 3x1. El cual consiste en que por cada dólar enviado por el migrante, los distintos niveles de gobierno en México (federal, estatal y municipal) invierten tres dólares. Se ha logrado llevar a cabo 400 obras de infraestructura en ocho años (Kuznetsov 2002). Una condición esencial para el logro de estos resultados es que en las zonas rurales de México y de manera particular entre los diversos grupos indígenas que existen en el país, hay una fuerte tradición de solidaridad e identidad comunal. Asimismo, ha habido una interacción muy activa entre los gobiernos locales, las comunidades y sus líderes haciendo posible el impacto de las remesas colectivas en México.

En este panorama, las microfinancieras han comenzado a mostrar interés en intervenir como facilitadores de las transacciones de las remesas. Durante el Seminario “Microfinanzas rurales y remesas en Centro América”, recientemente celebrado en Managua (agosto 2003), se discutieron las diversas iniciativas que han surgido en países como El Salvador, Ecuador y Guatemala, entre otros. En el caso de El Salvador, por ejemplo, la Federación de Asociaciones Cooperativas de Ahorro y Crédito de El Salvador (FEDECACES) tiene como meta que el receptor de remesas se incorpore a la cooperativa y se beneficie de los distintos servicios para transacciones, ahorro, inversión y crédito. FEDECACES ha hecho evidente su compromiso en el mejoramiento de la calidad de vida de las comunidades en las que opera (Morán 2003). A partir de esas experiencias podría experimentarse un rol de las microfinancieras como intermediarios en el envío de remesas y agentes comprometidos con el desarrollo económico y social a nivel local.

¿Esta propuesta es viable en Nicaragua?
Nicaragua se integra al nuevo contexto de la economía global con una frágil economía nacional, un modelo de desarrollo industrial basado en las exportaciones (maquiladoras, agroindustria) y una enorme fuerza de trabajo migrante y sin calificación básica. El gobierno enfrenta la demanda de políticas económicas claras que preparen condiciones para disminuir el posible impacto negativo y aumentar el positivo ante la apertura comercial. En este contexto, se agregaría la necesidad de estudiar una propuesta de desarrollo local a partir del envío de remesas.

Según Castellón (2003), en las comunidades receptoras de remesas se experimenta una fuga del dinero recibido. Las familias receptoras consumen preferiblemente productos e insumos fuera de sus localidades, frecuentemente porque la mayoría de esos productos se ofertan únicamente en las cabeceras departamentales. Este patrón de consumo rompe así un ciclo vital de producción y comercio en el cual los ingresos fugados podrían generar un crecimiento de la economía local. Un desafío sería dar respuesta tanto a la demanda insatisfecha como la oferta limitada en el marco de las economías locales. Ello demandaría la identificación de las necesidades que se pueden satisfacer dentro de las localidades y aquellas que no. Igualmente, la creación o el fortalecimiento de actividades y/o servicios sostenibles con recursos locales.

Un aprovechamiento óptimo de las remesas colectivas, como modelo a seguir en Nicaragua, exigiría como condición necesaria un alto nivel de organización, tanto en el país como en los países receptores de migrantes (mayoritariamente Estados Unidos y Costa Rica) y en los diferentes niveles y ámbitos. En México, han sido las asociaciones de migrantes y sus familiares la respuesta a esta condición. Igualmente, el papel jugado por el gobierno central y local en ese país ha sido vital para asegurar el éxito de esta iniciativa. El gobierno federal ha creado las Oficinas de Atención a Oriundos en el Exterior (OFAOE) quienes se encargan de canalizar el envío de las remesas y su uso productivo; defender los derechos humanos y laborales de los migrantes; darles supervisión legal y ayudarles en procedimientos consulares o en casos de emergencias (Kuznetsov 2002). De ello se deduce que igualmente en nuestro país otra condición esencial es la voluntad política para orquestar una estrategia de desarrollo local a partir del envío de remesas. Ello aseguraría la interacción necesaria entre el gobierno central, las alcaldías municipales y las comunidades de migrantes.

Otro importante desafío para Nicaragua es el de vincular el fenómeno de las remesas familiares con las microfinancieras y explorar la viabilidad de redes crediticias que apuntaran hacia beneficios integrales por un desarrollo humano y local. Actualmente, las microfinancieras ya se han planteado este escenario, sin embargo, dada su naturaleza institucional, posiblemente sea necesario una intervención de las autoridades nacionales y locales que armonice y regule su actuación.

Durante el seminario mencionado se discutió sobre la ausencia de un marco regulatorio de la labor de las microfinancieras y de sus dificultades para atender a los sectores rurales más pobres. Aunque los campesinos pobres representan más del 70% de los productores en el área rural, éstos sólo acceden a un 18% del crédito, que es generalmente atendido por ONG, programas gubernamentales y solamente algunas microfinancieras (Ruiz 2003). Se evidenció la necesidad de contar con una estrategia de desarrollo local claramente establecida; una diversificación de los servicios (ahorro, crédito, envío de remesas, etc.) y una mayor disponibilidad de crédito para los sectores más pobres y, en ese marco, analizar cómo las microfinancieras podrían incidir positivamente en un proceso de desarrollo comunitario a partir del envío de remesas. Sin embargo, las microfinancieras por sí solas no pueden ni deben liderar un proceso de desarrollo económico y social. Ello requiere un esfuerzo conjunto del gobierno y sus instituciones, las alcaldías y ONG locales, junto con las comunidades, para diseñar, organizar, monitorear y evaluar con el efectivo acompañamiento de instituciones financieras especializadas en el marco de una propuesta de desarrollo local sostenible.
Sin duda, los desafíos de una propuesta de desarrollo como ésta se sitúan a distintos niveles en el tejido económico, político y social. La viabilidad de dicha propuesta dependerá, en todo caso, de la relevancia que se le otorgue al tema en una estrategia de desarrollo nacional y de la capacidad institucional, organizativa, política y económica de los principales actores (el gobierno, las comunidades, ONG e instituciones financieras).

Las remesas familiares están indicando un posible camino hacia la reactivación de la economía rural y el desarrollo local en nuestro país. Pero, ¿Es éste el camino a seguir? Y de ser así, ¿Hasta cuándo?

Entrevista con Marcelo Mayorga,Tesorero de Fondo Latinoamericano de Desarrollo

Un paso adelante!
Ana Victoria Portocarrero
victoria@elobservadoreconomico.com

Los sectores involucrados en el tema de la migración y específicamente de las remesas, son varios. Sin embargo, en Nicaragua, las instituciones que han tomado la iniciativa y han dado un paso adelante son las microfinancieras. Sobre este tema, nos hace referencia Marcelo Mayorga, tesorero del Fondo Latinoamericano de Desarrollo (FOLADE), organización que desde hace unos meses ha venido trabajando el tema.

Positiva! Esa sería la expresión de Mayorga durante la entrevista. Sin duda que el trabajo va caminando con pasos seguros... de esto, más desde sus propias palabras.

¿Es viable pensar en un mecanismo de remesas por medio de las Instituciones de Microfinanzas, en Nicaragua?
Nosotros definitivamente pensamos que es un proyecto viable. Estamos impulsando desde hace tres ó cuatro meses un proyecto que tiene dos objetivos principales. El primero es lograr para los emigrantes nicaragüenses la realización de sus remesas a un costo considerablemente más bajo de lo que lo están haciendo ahora. Este objetivo es más a corto plazo. Un objetivo que tendríamos a un plazo un poco más largo, es que las remesas sean invertidas por los beneficiarios en actividades productivas. Nos parece que las instituciones de microfinanzas son las instancias idóneas para lograr esos dos objetivos y para realizar esta labor de captación de las remesas.

¿Existe capacidad actualmente?
Los activos con los que cuentan las instituciones de microfinanzas son prácticamente los activos que se necesitan ya para realizar esta operación. Para realizar una operación de remesas, simplemente se necesita conformar una red, y algunas de las instituciones de mircrofinanzas tienen hasta 30 sucursales, y muchas andan entre las cinco, ocho, diez oficinas. Se necesita cierta capacidad de administración que las instituciones de microfinanzas también la tienen. Por último se necesita un sistema, que ese lo está aportando FOLADE que está impulsando este proyecto, y es un sistema muy sencillo.

FOLADE es una red latinoamericana de instituciones de microfinanzas. Hay alrededor de 35 instituciones de microfinanzas de diferentes países de América Latina afiliadas a FOLADE, entre ellas muchas de Centroamérica. Este proyecto, que estamos impulsando para manejar las remesas entre Costa Rica y Nicaragua, es la primera fase de un proyecto que FOLADE piensa impulsar a un nivel más amplio.
En este momento, la fase en la que estamos es en la conformación de las redes en Costa Rica para captar remesas de los nicaragüenses que emigraron hacia allá, y la constitución de la red en Nicaragua para recibir esas remesas.

¿Cuáles son las siguientes etapas?
A medida que hemos venido conformando la red, hemos venido funcionando pero a un nivel muy bajo. Se ha hecho todavía muy poca propaganda en Costa Rica. Sin embargo, en este momento tenemos contrato firmado con seis instituciones nicaragüenses de microfinanzas, con las que ya se suman en total alrededor de 60 puntos de distribución, que poco a poco los iríamos integrando. El objetivo es llegar a conformar una red de 70-80 puntos de distribución, donde tengamos cubierta la mayor parte de los puntos del territorio nacional, y poder ofrecer esta red a las instituciones cooperativas que van a captar las remesas allá en Costa Rica.

¿Qué otros servicios pueden esperarse más adelante?
Para lograr el objetivo de que las remesas que envían los nicaragüenses sean invertidas en estas zonas productivas, de alguna manera es importante que estas instituciones de microfinanzas puedan dar servicios de ahorro a sus clientes.

Eso no es posible en este momento por el marco legal que rodea a las actividades de microfinanzas. Las instituciones de microfinanzas no están autorizadas para captar ni manejar ahorro del público. En la medida en que ese problema legal se vaya superando, nosotros vamos a buscar como estas remesas sean captadas por las instituciones de microfinanzas, sean depositadas en cuentas de ahorro y eventualmente sean invertidas por los clientes en actividades productivas.

¿Cuál cree usted que puede ser el papel del Estado en esto?
Yo creo que el Estado puede jugar un papel muy importante. En el caso de Costa Rica estamos hablando de alrededor de 600 mil nicaragüenses que han tenido que salir del país, porque Nicaragua no les brinda las oportunidades suficientes, especialmente de trabajo, para poder desarrollarse económica y productivamente.

En ese sentido, el gobierno de turno le corresponde un rol importante en buscar cómo apoyar de alguna manera a esos nicaragüenses para que puedan trasladar estos recursos a sus familiares a costos más bajos. Cualquier apoyo que el gobierno pueda dar a esta actividad por supuesto que es importante.

 

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