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Pablo Antonio Cuadra Miranda

“Hemos hecho la diferencia”

Carlos Salinas Maldonado

Paulo Coelho escribe en su novela El Alquimista que “es justamente la posibilidad de realizar un sueño lo que torna la vida interesante”. De esta manera, el pastor Santiago, personaje principal de la novela, siguió todas las “señales” que le dio el destino para alcanzar su “Leyenda Personal” y descubrir el tesoro que vio en sus sueños.

De cierta manera esto es lo que le ocurrió al empresario Pablo Antonio Cuadra Miranda y a su hermano Edgar. Ambos se encontraban viviendo y trabajando en el exilio en los Estados Unidos, durante la década de los años ochenta, cuando decidieron poner en marcha un nuevo proyecto, es decir, realizar el sueño de trabajar por cuenta propia.

“Cuando quieres alguna cosa, todo el Universo conspira para que realices tus deseos”, escribe Coelho.

Fue en 1986 cuando los hermanos Cuadra Miranda comenzaron a trabajar para hacer realidad su proyecto. Ahora, 17 años después, el empresario Pablo Antonio Cuadra Miranda nos cuenta su experiencia. Nos reunimos con él en su oficina ubicada en el nuevo centro de Managua, donde además se encuentran las instalaciones de la empresa que fundó junto a su hermano Edgar: Datatex.

Cuadra Miranda rompe totalmente con la nueva moda seguida por los ejecutivos nicaragüenses. No usa saco y corbata ni zapatos italianos de cuero, sino unos pantalones de mezclilla azules gastados por el uso, tenis blancos y una camiseta blanca con iniciales en la parte superior derecha: PAC.

Según Cuadra, la idea de fundar su propia empresa surgió de la inquietud que tenía de trabajar por cuenta propia. En 1986 tenía cuatro años de vivir en la ciudad de Miami como exiliado y dos años de trabajar como gerente de producción en una compañía dedicada a la fabricación de ropa deportiva.

“En ese tiempo le propuse a mi hermano que se viniera a Miami para que trabajáramos juntos”, recuerda. Edgar Cuadra vivía en Texas, donde trabajaba como ingeniero electrónico.

“Combinamos nuestras experiencias, yo en producción y mi hermano en electrónica. Así comenzamos a trabajar en el ensamble de equipos para el área de textiles, yo en la parte de diseño de software y mi hermano consiguiendo las partes”, explica Cuadra.

Los inicios
Cuando comenzaron, los hermanos Cuadra lo hicieron con un capital inicial de 10 mil dólares, con los cuales compraron “un carro para que mi hermano pudiera moverse, una impresora, una computadora y para poder amortiguar otros gastos”, recuerda.

Sin embargo, los problemas económicos se convirtieron en el principal obstáculo para los nuevos empresarios, quienes al poco tiempo se vieron afectados por una crisis. “Usábamos el dinero para comer, para los gastos de electricidad y gasolina, muy pronto estuvimos en una situación donde nos vimos sin capital de trabajo y llegamos a vender la única computadora que teníamos para poder pagar las cuentas”, dice Cuadra.

“El primer año fue bastante sacrificado, trabajábamos más de doce horas diarias, estabamos sin capital de trabajo y hacíamos menos del salario mínimo”.

Pero estos contratiempos, suficientes para desanimar a cualquiera, no los desalentaron y siguieron trabajando, hasta que un día llegó la respuesta esperada. “Desarrollamos un programa para la industria textil, el programa lo vendíamos a 500 dólares, cantidad insuficiente para cubrir los gastos. Fue cuando se nos ocurrió obtener más beneficios con la reproducción, comercialización y distribución del paquete completo”, explica Cuadra.

El programa fue innovador porque, según recuerda, se estaban comenzando a integrar las computadoras en los procesos de producción de productos textiles.

El resultado fue sorprendente. En los primeros cuatro años la empresa había logrado un lugar importante en el mercado, proveyendo de los programas y equipo de computación a las empresas textiles que ya sumaban más de cien.

Retorno a la patria
A inicios de la década de los noventa, Nicaragua era un país con muchos problemas. Había una guerra interna que aún no terminaba y una transición democrática corroída por el odio, la desilusión y el atraso económico.

En este contexto, realizar inversiones era una verdadera aventura, pues nadie estaba seguro de que su iniciativa tuviera éxito. Sin embargo, los hermanos Cuadra Miranda decidieron regresar y probar suerte.

En efecto, con la apertura democrática de los años noventa, Edgar Cuadra viene a Nicaragua y abre una sucursal de la empresa.
“Operaba desde su casa en Altamira. Puso mesas en su garaje, contrató a dos técnicos en electrónica y comenzó a hacer trabajos de mantenimiento de computadoras”, recuerda su hermano Pablo.
Cuatro meses después de su hermano, Pablo Antonio Cuadra también regresó. Lo que vio lo decepcionó. “Nicaragua estaba en el suelo, había una devaluación cada hora, todo se pagaba en chanchero. Cuando comenzamos a pintar el primer local que tuvimos, los pocos carros que pasaban se extrañaban de que se pintara un muro, porque había años que no sucedía. Estaba todo colapsado”, dice Cuadra.

En ese nuevo entorno los hermanos comenzaron a trabajar. Un elemento positivo les ayudó desde el principio: una competencia débil, deficiente en el área tecnológica, y poco competitiva. Ellos, que habían desarrollado un ritmo de trabajo inspirado en la competitividad norteamericana, comenzaron a trabajar con entusiasmo y fuerza, brindando nuevos servicios y productos innovadores a precios más bajos.

Ahora, más de una década después de ingresar en el país, Datatex es la principal empresa de computación de Nicaragua. Tiene presencia en todo el territorio nacional, cuenta con más de 100 empleados altamente calificados y registra ventas por más de cinco millones de dólares anuales.

Pablo Antonio Cuadra Miranda atribuye este éxito en la fórmula que han desarrollado para trabajar. Según él, para lograr éxito es necesario tener siempre una visión de futuro, trabajar ajustados a los gastos, potencializar el elemento humano, clave para cualquier empresa, y trabajar siempre en equipo.

“Nuestro norte es trabajar en función del cliente, con capacidad y determinación, lo que nos ha permitido obtener una amplia captación de mercado”, explica Cuadra.

Tuve una relación cercana con mi abuelo

Desde el principio de este trabajo el lector habrá relacionado a este exitoso empresario nicaragüense con uno de los mayores representantes de la poesía del país, el desaparecido poeta Pablo Antonio Cuadra. Efectivamente, el PAC empresario es nieto del PAC poeta.

“Tuve una relación cercana con mi abuelo, hubo un tiempo en que viví en su casa. De él he heredado muchas influencias morales y compromisos con la sociedad, es un patrón a seguir”, recuerda Cuadra y agrega que con su abuelo “discutía situaciones económicas y políticas del país, realizábamos tertulias familiares y él era el centro de la reunión”.

Pablo Antonio Cuadra nieto, el empresario de 43 años, acepta que no heredó de su abuelo la pasión por la literatura. Sin embargo, esta pasión dio un brinco y fue heredada por su hijo, PAC IV, como él lo llama, quien escribe poesía “que le gustaba a mi abuelo”.

Cuando habla de su familia, Cuadra lo hace con mucho orgullo. Está casado con su segunda esposa, Geraldine Richardson, con quien tiene una hija de seis meses llamada Paula.

Además, Cuadra tiene dos hijos de su primer matrimonio, Pablo Antonio Cuadra, de 14 años, y Andrea Paola, de 12 años. Dice que sus dos hijos están entre los mejores alumnos del colegio Americano.


 

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