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La Deuda Interna de Nicaragua

Un pasito pa´lante,
un pasito pa´tras

Ana Victoria Portocarrero
victoria@elobservadoreconomico.com

De la deuda externa ya se habló bastante. El tema ha ocupado nuestras pantallas, radios, periódicos y revistas por un largo período. Alcanzar el punto de culminación de la HIPC será importante para el país, en cuanto se condonará el 80 por ciento de la deuda externa. Sin embargo, en solo unos años, Nicaragua igualó en deuda interna la misma cantidad que nos están condonando de deuda externa. Esa cantidad que no se pagará externamente, tiene que pagarse interna-
mente, a causa de una deuda cuyo origen es para muchos ilegal.

De Bonos, Ceni’s y demás papelitos

Años atrás, cuando se presentaba un problema de falta de liquidez, el Gobierno daba una orden y en pocos minutos el Banco Central echaba a andar su “maquinita de hacer dinero”. Nicaragua llegó a tener tasas de inflación escandalosas. Hoy en día la maquinita no es el primer recurso, sin embargo, se ha hecho uso de mecanismos igual de peligrosos, la emisión de títulos valores. Nos salvamos de la inflación, pero estamos endeudados.

Según el economista Néstor Avendaño, al 31 de diciembre de 2002 la deuda pública interna rondaba los US$ 4,122.4 millones. De estos, una parte se debe al sector privado y otra al sector público, una parte es herencia y otra buena parte es deuda nueva. ¿Qué comprende la Deu-
da Interna?

Como se observa en el gráfico 1, la mayor proporción de la deuda interna se la debe el Gobierno al Banco Central de Nicaragua, es decir, es una deuda al sector público. El 36 por ciento es una deuda del Gobierno y el Banco Central con el sector privado del país, la cual está básicamente dividida entre Bonos de Pago por Indemnización y otros títulos valores utilizados con diferentes propósitos.

Un acuerdo afortunado
Uno de los principales problemas de la deuda interna, es que un porcentaje importante de la misma estaba dispuesta a vencerse a partir del año 2004. Lo anterior implicaría que básicamente se ten-
drían que utilizar los ingresos tributarios del Gobierno para pago de deuda. Es decir, que de no llegarse a un acuerdo el Gobierno debería de destinar sus ingresos al pago de la misma o, de no hacerse así,
declararse incapaz de cancelarla.

Tal y como expresa Luis Rivas, Asesor Económico del Ministro de Hacienda, la situación anterior pudo evitarse debido a que uno de los principales acreedores del Gobierno, la banca privada, acordó en conjunto con las autoridades monetarias suavizar el pago de la deuda mediante un alargamiento de los plazos y una disminución de las tasas de interés.

“Lo que se ha venido haciendo son dos cosas. Por un lado, se ha utilizado la política de colocación de títulos, es decir, la política de subastas que está determinada por el mercado, y por otro lado, se ha hecho una negociación directa con los tenedores de esos títulos que se originaron en la crisis bancaria.” En cuanto a la política de colocación de títulos, Rivas explica que el Banco Central tiene dos opciones cuando los títulos vencen. Puede pagarlos o recolocar los títulos. Se conjuga la política de colocaciones y redenciones con el propósito de colocar menos títulos de los que se redimen, a fin de ir disminuyendo la deuda de manera gradual.

En cuanto a la negociación del Gobierno con la banca privada, lo que se logró fue que los títulos que poseían (300 millones de dólares a vencerse en 2004) fueran recolocados a un plazo mayor (10 años) y a una tasa de interés inferior (8.3 por ciento).

“Lo que se trató fue de hablar con los bancos y decirles que los vencimientos se concentraban mucho en el año 2004 y que los pagos de intereses por tanto, en el presupuesto de gastos corrientes del PGR, serían muy elevados. Les expresamos que lo más conveniente para mantener la credibilidad del sistema y para la política fiscal es que pudiéramos extender esos plazos y que pudiéramos tomar como referencia tasas de interés de las colocaciones que se estaban haciendo ahora, y no las que se habían utilizado hace dos años en momentos de tensión en el sistema bancario. Este refinanciamiento era de mutuo interés, tanto para los tenedores de títulos, porque reduce el riesgo al no estar concentrado todo en los mismos años, como para el Gobierno, pues da un alivio en el flujo de caja, que son los intereses
y el servicio que hay que pagar de esta deuda”.

Limitando la maquinita

Haber llegado a un acuerdo con la banca privada fue un acierto importante por parte del Gobierno, pues de lo contrario
la situación hubiera sido prácticamente insoluble, pero el paso más importante en materia de deuda pública ha sido la aprobación
de la Ley de Endeudamiento Público, misma que limita el endeudamiento no solo externo sino interno del país. Esta Ley tiene como objetivo principal no solo limitar el endeudamiento público, a fin de no caer en la tentación de echar a andar la maquinita... sino también crear mecanismos mediante los cuales las deudas adquiridas
por el Gobierno formen parte de un programa ordenado, que esté de acuerdo con los planes de la nación, y no siga rescatando
quiebras fraudulentas.

La ley es definitivamente, un pasito pa’ lante, esperemos no le siga el pasito pa’ tras.

 

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