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Libre Comercio y Género:¿Por dónde comenzar?

Ana Victoria Portocarrero
victoria@elobservadoreconomico.com
María Rosa Renzi

Al hablar de Tratados de Libre Comercio, las personas tienden
a centrarse en los aspectos meramente comerciales. Esto, aunque tiene lógica, no es lo más pertinente, puesto que el comercio es un sistema que se da entre las personas para crear algún tipo de bienestar en ellas, es decir, al final, es en las personas y su bienestar en lo que debería
centrarse el tema.

¿Qué pasa con las negociaciones de los acuerdos comerciales en la actualidad?

Ciertamente, tanto ganadores como perdedores están poniendo el mayor énfasis, si no es que todo el énfasis, en el intercambiocomercial, o lo que se conocecomo “acceso a mercados”. Sin embargo, ¿dónde quedan los temas ambiental, labora o el tema de género? Si se les otorgó algún papel, el mismo es muy reducido.

El impacto en las mujeres

Para nadie es noticia nueva que, en una competencia, el que gana es el más fuerte, dado que esta competencia seestá dando en condiciones desiguales. Lo mismo pasa en los Tratados de Libre Comercio. Productores subsidiados contraproductores que a duras penas acceden a un crédito. ¿Quién gana? Es decir, tanto entre los países como dentro de los países, son las mayorías más desprotegidas las que llevan las de perder. ¿Es este el caso de las mujeres? Lastimosamente sí.

La experiencia internacional en temas de comercio ha demostrado que las mujeres han estado entre quienes han perdido. En el estudio “Exigibilidad de las mujeres del Cono Sur frente a la liberalización comercial”, de Isabel Castrillo, Alma Espino, Coral Pey y María de la Luz Trautmann, equipo de la Alianza Chilena por un Comercio Justo, Ético y Responsable (ACJR) y la Red Internacional de Género y Comercio (RIGC), se encuentra que, aunque las consecuencias de los procesos de liberalización comercial corren para ambos sexos, los efectos de los mismos son diferentes, especialmente para las mujeres, pues son los eslabones más débiles de las cadenas productivas y, por tanto, acceden a trabajos más mal pagados y precarios que los hombres.

De acuerdo a datos obtenidos de la Revista Punto Final (www.puntofinal.cl), los estudios del PNUD del año 1995 (informe de Desarrollo Humano) valoran que después de varios años de iniciados los procesos de apertura comercial, solo un tercio del trabajo de la mujer obtiene remuneración. Es decir, el impacto de
la apertura de las fronteras en el ámbito comercial, lejos de traer mejoría a la situación de las mujeres, ha mermado aún más sus condiciones. El mismo organismo estima que el aporte de todas las
actividades económicas no pagadas, más la subvaloración de las actividades remuneradas que efectúan las mujeres, es de alrededor de once billones de dólares mundialmente.

La investigación identifica la desregulación, mayor flexibilidad y empleo precario que han traído consigo las actuales políticas económicas y comerciales, como una de las razones que acrecientan la discriminación. El proceso ha sido evaluado como profundizador de las condiciones de inequidad y exclusión existentes, en grado mayor hacia las mujeres, aunque afectando también a los hombres. “En definitiva, los TLC no generan mayor bienestar ni calidad de vida, ni tienden hacia el desarrollo. Nuestro flujo comercial está basado en una profunda sobreexplotación de las personas y de los recursos naturales, en la que las mujeres estamos particularmente afectadas”, afirma Coral Pey.

La investigación también rescata un elemento ventajoso dentro del modelo de liberalización comercial, y es que se han incorporado más mujeres al mundo del trabajo remunerado, debido en parte, a que las mismas están asumiendo los costos extras en salud, educación y otros servicios públicos que antes cubría el estado. Sin embargo, dado que en la actualidad la mayoría de los hogares requieren al menos dos salarios para vivir, la integración de las mujeres al trabajo fuera de la casa se vuelve una obligación, por lo que cualquier trabajo es aceptado.

La experiencia nacional

Según Maria Rosa Renzi, asesora económica en el PNUD, para poder realmente medir el impacto que ha tenido y seguirá teniendo el proceso de apertura comercial en las mujeres nicaragüenses, se debe empezar por conocer dónde están las mismas, pues asegura que de no conocer dónde están y qué posición ocupan dentro de las distintas actividades de la economía, es muy difícil dar elementos a quienes
tienen que tomar decisiones o formular políticas públicas para atender los requerimientos y los vacíos que presenta esa población.

“En términos generales, las mujeres son sujetos
activos y protagonistas del funcionamiento de la economía, pero la invisibilización en las grandes estadísticas nacionales hace que no tengan en correspondencia acceso a recursos, capacitación y asistencia técnica, de manera que su producción se vuelva más competitiva y les permita salir más rápidamente del círculo de la pobreza. Toda esta exclusión lleva a que en la medida en que se aplican las grandes políticas y, concretamente, los procesos de apertura, no estamos identificando a quien están golpeando o beneficiando estos procesos”, afirma Renzi.

Por esta razón, UNIFEM y el PNUD iniciaron, en el año 2003, un trabajo investigativo en el que se pretende conocer más en profundidad dónde están las mujeres y dónde están los hombres en la economía nicaragüense, para que a partir de ahí se pueda tener una radiografía más clara de cuáles son los elementos que están provo cando segregaciones en el mercado laboral. El estudio contiene un perfil económico con perspectiva de género de cada uno
de los países de la región centroamericana, incluyendo Panamá. Renzi explica que la idea es concluir la primera fase con un estudio regional que de cuenta de dónde están las mujeres, pero que también de cuenta de los vacíos de información que existen para poder profundizar en el análisis. “Lo que estamos haciendo es un estudio de algunos sectores productivos, que se denominan clusters o conglomerados, a los cuales están apostando los países para esta nueva inserción en el contexto de la globalización. En el caso de Nicaragua, hemos trabajado en lácteos, madera muebles en la zona norte y quequisque en la zona de Nueva Guinea”.

Algunos hallazgos importantes

Parte de los primeros hallazgos del estudio confirman que, a lo largo de las cadenas de producción estudiadas, existe una clara división de tareas que ubica a las mujeres, por lo general, en eslabones de la cadena menos importantes y que reciben una parte menor de los beneficios que generan.

A su vez, se observa que son actividades que se catalogan como de carácter eminentemente femenino, sin que exista una correspondencia entre las condiciones físicas laborales y los salarios e ingresos que reciben las mujeres.

Sin embargo, Renzi explica que los estudios indican también, que hay excepciones. “De golpe encontramos una mujer que sí maneja un aserrío, lo que indica que las mujeres sí tienen la habilidad de formar parte en la cadena de producción de eslabones que históricamente han sido ocupados por hombres, pero que lo que
hace falta es el apoyo técnico. Lo que es claro de observar en el país, es que la participación de las mujeres en las distintas actividades económicas se da en condiciones muy precarias, básicamente vinculada a la falta de habilidades técnicas, así como a las barreras de carácter sicológico y subjetivo que las mujeres enfrentan para tener un mejor posicionamiento en el mercado laboral”.

La Propuesta es...

Lo que se pretende con este esfuerzo es que el documento le sirva
a los gobiernos, y en particular a los Institutos de la Mujer, para que los datos obtenidos puedan dar lugar a una agenda de trabajo que tenga distintas vertientes, nacionales y regionales. Según Renzi, lo ideal es que del estudio se deriven estrategias de incidencia nacional desde el movimiento social, así como desde el Instituto de la Mujer con otras instituciones del Estado, a fin de que se trabaje en alianzas para profundizar algunas prioridades en las líneas estratégicas claves. A su vez, a nivel regional, los países deberán posicionarse sobre temas que tengan en común, tales como la discriminación salarial que sufren las mujeres.

Renzi explica que “para llegar a eso se requiere hacer mucho trabajo de sensibilización, capacitación, educación, y siento que no solo con este programa sino con otras iniciativas que ya están en curso, el Gobierno ya está haciéndolo”.

La respuesta parece sencilla y el punto de partida debieran ser las personas. Lo complicado es llevar esto a la práctica. Tal y como lo dijo Pey, “en vez de partir del comercio, partimos por la exigencia de respeto a los derechos económicos, sociales y culturales de las personas. Y desde ahí planteamos que cualquier tipo de transacción, convenio o proceso económico y comercial debe garantizar no sólo los derechos civiles y políticos, sino también el derecho al trabajo, a la participación, a la igualdad de oportunidades, a una mayor educación”.

 

Generando Cerebros

Uno de los aspectos más interesantes de la investigación que está realizando el PNUD es que mantiene una alianza estratégica con las universidades, tal como explica Maria Rosa
Renzi:

“Cuando empezamos este programa regional con UNIFEM decidimos hacer una alianza de carácter estratégico
con las universidades, porque sentimos que las universidades tienen un papel fundamental en estos nuevos tiempos.

Esta más que demostrado por investigaciones realizadas por organismos como el Banco Mundial, el BID, el nuevo sistema de Naciones Unidas, que para el crecimiento y desarrollo de nuestros países ya la educación primaria no es suficiente, sino que es necesaria la secundaria y obviamente la universidad, sin depreciar la importancia que tiene la educación técnica.

El trabajar con las universidades, que implica meter esta mirada de género desde el desarrollo de los currículos educativos y la formación, nos permitiría ir abriendo las puertas también a que todas aquellas personas que tienen que hacer tesis, pudieran hacerlas con esta nueva mirada, de manera que ese proceso de formación de profesionales y el desarrollo de investigaciones podrían ser de mucha utilidad ya no para un proyecto sino para el país en general.

Eso es sostenible, las universidades perduran, los programas pueden mejorarse, es un generador de cerebros, de nuevas idas y de iniciativas. Es una alianza que puede ir cambiando las mentalidades y la actitud, y hacer más eficiente el trabajo de las universidades con el resto de la sociedad. Es decir, cuanto mejor que una tesis realmente sea útil y sirva a la sociedad ya sea en el ámbito local o nacional”.

 

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