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Un arma de doble filo

La Migración: Un arma de doble filo

Gloria Carrión
gloria@elobservadoreconomico.com

Cuando Rosa Jiménez emigró a Costa Rica era sólo una joven de 19 años. Con el corazón en la mano, llena de dudas y un par de ilusiones cruzó la frontera. Del otro lado, todo sería mejor. Con su primer trabajo mandaría dinero a los que quedaban atrás, su madre, sus hermanos. La culpa de su partida la tenía la pobreza en la que vivían, fue ésta la que la obligó a salir, a buscar otros horizontes.

La ciudad la deslumbró. La ropa, los carros, las avenidas. Todo olía a nuevo, a desconocido. Encontró trabajo como doméstica en una casa donde trabajaba el doble de lo que ganaba. Eran tres las que ahí trabajaban, ella la única nica. Sus compañeras de trabajo se burlaban a diario de su acento y en las calles Rosa escuchaba a los transeúntes comentar en las esquinas, las plazas... los nicas son una plaga, donde quiera los encontrás, tan desaliñados, tan pobres, tan maleducados. Por ellos el país está como está... A Rosa le dolía algo dentro, pero se aguantaba. Había que darle gracias a Dios porque el dinero seguía llegando a su destino.

Esta no es sólo la historia de Rosa, sino la de miles de mujeres nicaragüenses que a diario cruzan la frontera rumbo a Costa Rica o Estados Unidos, en busca de una vida mejor. La mayoría son mujeres jóvenes, entre 20 y 40 años, originarias de las zonas rurales más pobres del país.

El fenómeno de la migración no es una novedad, muy al contrario, ha sido eje transversal en la historia de la humanidad. Sin embargo, los últimos años han sido testigos de un aumento en los flujos migratorios internacionales, en muchos casos debido a la pobreza, la falta de empleos y oportunidades, los desastresnaturales, los conflictos y la inestabilidad política, la curiosidad y la aventura, entre otros.

Para conocer más a fondo la historia de estas mujeres y el impacto que la migración está teniendo en ellas, sus familias, parejas y comunidades, El Observador Económico conversó con Milagros Barahona quien ha trabajado muy de cerca con mujeres migrantes en proyectos y talleres a nivel nacional, como Coordinadora del Proyecto de Promoción de Empleo Decente para Mujeres Migrantes Laborales Transnacionales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en Managua.

¿Por qué se van?
Cada quien tiene una razón, motivo individual o colectivo que le empujó a irse. Según Milagros Barahona, para las mujeres la migración representa una opción relativamente rápida de conseguir trabajo remunerado que les permita salir de apuros económicos, como deudas de casas o de pequeños negocios que han quebrado. “En términos clásicos, uno puede decir que salir fuera del país es una oportunidad y, además, el ejercicio de una libertad individual, de una decisión personal.”

La mayoría de las mujeres emigran a Costa Rica por su cercanía y facilidad del idioma. Las más osadas y, generalmente, las que tienen mayor nivel educativo, emigran a los Estados Unidos. Sin embargo, para muchas la estadía en estos países no es eterna. En un estudio de la OIT, sobre género y migración, se encontró que las mujeres nicaragüenses trabajan por un período de tres años o el tiempo requerido para hacer un ahorro que les permita después regresar a sus comunidades.

Entre la libertad y la culpa

Milagros Barahona

Las mujeres que deciden emigrar viven muchos dilemas, especialmente las que dejan atrás a hijas e hijos pequeños. “Nosotros hemos encontrado en el contacto con migrantes en Costa Rica que, aunque en términos económicos viven una mejoría que se traduce en una mejoría material de sus hijos, éstas sienten mucha culpa por no estar cerca de sus hijos e hijas, lo cual les causa mucho sufrimiento, además de problemas psicológicos y sociales”, comenta Barahona. La familia en sí sufre mucho como resultado de las largas ausencias, los abusos y peligros que acechan a los y las migrantes.

Sin embargo, también se ha encontrado que la migración aunque es principalmente motivada por razones económicas, muchas veces trae como subproducto el ejercicio de la autonomía por parte de las migrantes. Según Barahona, es así como las jóvenes que salen a trabajar y regresan lo valoran: “En entrevistas, las jóvenes dicen que pueden comprar ropa bonita, salir de noche y conocer una ciudad moderna o relativamente moderna en relación a lo que ellas conocen.”

El impacto de la migración

A medida que los niveles migratorios aumentan, así también lo hace el impacto de éstos en las familias, parejas, y comunidades de las migrantes. Uno de los grandes problemas es el aumento de la irresponsabilidad de los padres, pues “en muchos casos el marido de la migrante no se queda con los hijos, sino que busca alojamiento donde sus padres o se va con otra mujer”, asegura Barahona.

En talleres realizados con hombres que tienen esposas o hermanas en Costa Rica, se encontró que éstos viven la migración con resentimiento y con muchas sospechas sobre el quehacer de sus esposas en el nuevo país. Cualquier comentario o rumor puede suscitar una ruptura. Sin embargo, cuando es el hombre el que ha emigrado, en muchos casos se ha encontrado más comprensión por parte de la mujer.

Las mujeres que emigran viven mucho rechazo y xenofobia por parte de la cultura que las recibe, dada la poca tolerancia que existe en cuanto a color de piel, acento, hábitos y costumbres se refiere. Asimismo, el hecho de que la mayoría de las mujeres que emigran provienen de familias de escasos recursos, produce un mayor choque cultural en las casas donde van a trabajar. De igual manera, agrega Barahona, “las mujeres migrantes están expuestas a un sinnúmero de contrariedades como la ruptura de sus parejas, el aislamiento y el mal de patria. Muchas de estas mujeres con frecuencia no salen los fines de semana ni gastan en ellas mismas por el afán de ahorrar y llevar hasta el último centavo a sus casas o enviarlo en calidad de remesas”.

Pero, no todo el impacto de la migración es negativo para las migrantes. Para Barahona, la migración también está ofreciendo oportunidades laborales y económicas, así como la posibilidad de ganar más y mejor, y de adquirir destrezas que, aunque no calificadas (como manejo de teléfonos y aparatos eléctricos), les sirven para encontrar otros trabajos. De igual forma, el estar en contacto con una cultura y hábitos diferentes, les amplía su visión del mundo y les da nuevos conocimientos sobre salud y educación, lo cual ellas mismas lo identifi- can como un gran beneficio.

Las (ausentes) políticas públicas

La migración ha sido un tema tabú para los gobiernos de paso. Las políticas públicas que atiendan y protejan de manera efectiva a las y los migrantes brillan por su ausencia en políticas de desarrollo y estrategias de reducción de la pobreza a nivel nacional. De acuerdo a Barahona, esta situación es el resultado de que, en los últimos años, la migración laboral se ha visto como una válvula de escape porque descompresiona la demanda de empleos y, además, entran al país grandes flujos de divisas en calidad de remesas. “Tanto para el gobierno como para las familias la migración es una solución y, por eso, nadie lo ve como un problema a tomar en cuenta en el desarrollo de estas políticas”.

Sin embargo, continúa Barahona, si esta situación se mantiene serán las mujeres jóvenes, relativamente más calificadas y más emprendedoras en sus comunidades, las que seguirán saliendo del país, lo cual tendrá un profundo impacto negativo en el posible desarrollo de la zona y en el dinamismo económico que se podría crear. En el documental “Corazón en el retorno”, producido por la OIT(2003), Esperanza Núñez, de La Casa de la Mujer en Rivas, considera que “la migración no debe ser un problema individual o familiar, sino que el estado y la sociedad en general deben intervenir para garantizar la atención y el respeto de los derechos humanos y laborales de las y los migrantes”.

El futuro de la fuerza laboral nicaragüense

¿Es entonces la migración el futuro de la fuerza laboral nacional? El presente, al menos, no parece contradecirlo. Para Milagros Barahona, no existen en este momento esfuerzos, políticas ni estrategias claras que generen tal crecimiento y dinamismo económico capaz de atender tanto la fuerza laboral desempleada como la que a diario ingresa al mercado laboral: “La tendencia de la migración es a mantenerse o incrementarse, por esto es importante que el gobierno y las organizaciones interesadas colaboren en el ordenamiento de este movimiento laboral y en la difusión de los derechos humanos y laborales entre las y los migrantes. Sin embargo, sí considero que algunos esfuerzos de inversión en lugares claves del país podrían retener a la población joven y talvez motivar el regreso de hombres y mujeres que llegan recalificados desde los países donde emigraron”.

En una plaza de San José, Rosa, se pregunta si ese atardecer es el mismo que están viendo ahora su mamá y sus hermanos, del otro lado, de dónde ella viene. Todavía sueña con que algún día sus hijos e hijas terminen este ciclo, que su historia no se repita.

Rivas, la excepción

Por su cercanía a Costa Rica y la difícil situación económica del país, Rivas es uno de los Departamentos con altos flujos migratorios. Sin embargo, es también el primer Departamento que ha hecho esfuerzos por incluir el tema de la migración en estrategias de desarrollo local. En el segundo semestre del año pasado se formó una comisión intersectorial e interinstitucional para discutir el tema de la población migrante, cuyo actual reto es reflexionar sobre cada una de las medidas del Plan Nacional de Desarrollo, como inversiones públicas, extranjeras y privadas, y su impacto en la creación de empleos que retengan a la población joven más calificada. A largo plazo, esta Comisión se plantea la repatriación de la poblaciónmigrante calificada o recalificada en Costa Rica.

 

 

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