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Las mujeres del marañon

Entre el coraje
y la ilusión

Gloria Carrión
gloria@elobservadoreconomico.com

En medio de una tierra árida y un sol que parece secar toda expresión
de vida a su paso, nace una semilla que para la cooperativa de mujeres COOPEMUS de Somotillo es sinónimo de esperanza, vida y superación: la semilla del marañón.

“La verdad es que esta cooperativa es un capricho, un amor que tenemos de estar aquí porque estamos organizadas y nos sentimos apoyadas. Juntas podemos hacer muchas cosas, por eso es que yo estoy aquí”, afi rma Liduvina Lozano con la sonrisa a fl or de piel, una de las más antiguas socias de la cooperativa.

Coopemus o Cooperativa de Mujeres de Somotillo nació como una iniciativa del Centro para la Promoción, la Investigación y el Desarrollo Rural y Social (CIPRES), en Somotillo, en el año 1995, pero al poco tiempo de creada, las socias fundadoras tomaron las riendas. Hoy, Leoncia Castillo y Delmita Quintero ocupan cargos de presidenta y vicepresidenta respectivamente. Ambas, líderes natas desplegaron sus conocimientos sobre el proceso de producción de la semilla del marañón y la historia y manejo de la cooperativa.

Desde sus inicios Coopemus fue concebida como una cooperativa de mujeres, un aspecto que para sus socias representa una gran ventaja. Delmita asegura, entre risas: “La ventaja es que nosotras como mujeres somos más cumplidas y responsables que el varón”..

De Somotillo a España

Leoncia Castillo

En el 2003, las socias de Coopemus decidieron tomar un nuevo desafío que ha dado muy buenos resultados: exportar bolsas de semilla de marañón a España, en pequeñas cantidades. El Cipres hizo el contacto inicial con el comprador, Espanica, y facilita el transporte de semilla de
marañón a ese país.

Según Castillo, se exportan alrededor de tres mil 500 bolsitas de tres onzas anualmente y reciben un dólar por cada bolsa que envían. Esto les permite casi duplicar la ganancia, puesto que en Nicaragua la misma bolsa tiene un valor de diez córdobas. Coopemus exporta a España desde hace tres ó cuatro años, y aunque las cantidades todavía no son signifi cativas, el mercado español tiene un gran potencial.

En mayo y agosto del año 2003, toda la producción fue enviada a España y para este año se espera hacer lo mismo.

Repartiendo las ganancias

Las remuneraciones económicas que las socias reciben de la cooperativa apenas cubren las necesidades básicas. Generalmente, reciben un salario de 300 córdobas al mes. El dinero obtenido en las ventas se usa en el pago de los salarios y como insumo en la compra de materia prima. Aunque el salario bajo, representa un ingreso fijo que les ayuda a subsistir. Para muchas, esta opción laboral es mucho mejor que el trabajo de doméstica en otras ciudades del país, ya que viven en su comunidad y están cerca de sus hijas e hijos.

Calidad de vida

Para las mujeres de Coopemus esta experiencia ha transformado y aumentado su calidad de vida, aseguró Delmita Quintero: “Sí, la cooperativa ha cambiado mi vida. Después del huracán Mitch desplegaron sus conocimientos sobre el desde hace tres ó cuatro años, y aunque do mi vida. Después del huracán Mitch nosotros recibimos una gran ayuda como vacas, gallinas y una casita que es donde ahora vivo. Eso es un gran provecho que yo agradezco y más por eso uno le ha criado amor a la cooperativa. Ahora la vida es de otro modo, yo antes que no tomaba mi leche y ahora la tomo. Aunque ganemos poco ahí estamos sosteniditas.”

A través del Cipres, las socias de Coopemus también han recibido varias capacitaciones: “Del Cipres recibimos ayuda de los técnicos que nos han dado talleres de capacitación, género, autoestima, y contabilidad. También tuvimos un taller con una gente de El Salvador sobre comercialización y abono orgánico. El abono ya lo implementamos en la finca y nos ha dado resultado pero el problema es el terreno que es tan árido, es puro talpetate”.

Mirando al futuro

Las mujeres de Coopemus tienen mucho de qué estar satisfechas, pero como ellas mismas dicen, “hay que seguir luchando y viendo hacia el futuro”. Y eso es lo que están haciendo. Coopemus está trabajando para obtener un código de barra que les permita entrar en los supermercados nacionales y ofrecer sus bolsas de semilla de marañón para el consumo local. Según Castillo, esto aumentaría las ventas y abriría más mercados.

Dentro de los planes a corto plazo de Coopemus, está también el ser autosufi cientes en la obtención de la materia prima. Por esto, han plantado 12 manzanas de marañón en una fi nca de su propiedad que este año estará dando sus frutos. Su meta a futuro es llegar a acopiar 300 quintales al año.

Desde el Cipres, en conjunto con Oxfam Gran Bretaña, se han estado planteando también solicitudes a la Unión Europa para desarrollar aún más las capacidades productivas, no sólo de las mujeres, sino de todos los productores de semilla de marañón en la región. Se pretende así mejorar las condiciones productivas de las plantas de acopio y procesamiento de la semilla para una mejor y mayor comercialización. Asimismo, se desarrolló junto con el INIEP un plan de educación integral que se está llevando a cabo para alfabetizar y aumentar el nivel educativo de las socias.

La experiencia de Coopemus ha sido fructífera gracias a una mezcla de valentía, ganas de superación por parte de sus socias y el apoyo que Cipres les ha brindado, pero para María López Padilla, de 45 años, esto ha sido porque, “gracias a Dios, nosotras hemos puesto interés en salir adelante y educar a nuestros hijos. Hemos tenido buenas experiencias aquí con capacitaciones de género y autoestima. Pero hay que seguir trabajando y saliendo adelante.”

Siguiéndole la pista a la semilla

El marañón se origina en la zona comprendida entre México y Brasil y es una fruta con una parte carnosa y una nuez. De la nuez se extrae una almendra o semilla muy rica en aceite y proteínas. Para conocer más a fondo el proceso de la semilla, Delmita Quintero fue poco a poco hilvanando los distintos pasos de esta meticulosa producción: “Las semillas primero se acopian y se limpian, luego pasan a un proceso de cinco días de asoleo. Después del asoleo, pasan a bodega donde se ponen en un container para llevarlas a hornear. Normalmente horneamos 10 quintales pero vamos pesando y horneando de 20 en 20 libras hasta completar la cantidad. Una vez que las pasamos por aceite y por horno, las quebramos. Quebramos la semilla de la nuez. Cada compañera toma la cantidad de semillas para quebrar según su capacidad.”

Pero, ahí no acaba este proceso, ya que “la semilla vuelve a pasar por otro horno en el cual se le saca la cascarilla. En el horno metemos ocho libras de semilla en 12 ó 14 cazuelejas. Después nos ponemos gabachas, gorros, boquillas y ahí no hablamos, sólo nos ponemos en labor de la semilla. Una vez completado eso, la volvemos a pasar por el horno para secarla y llevarla a bodega de empaque. Antes de empacarlas se desinfectan y se meten en bolsitas de tres onzas. Una vez que estas bolsitas se sellan, se empacan en bolsones y ya están listas para comercializarse.”

Las bolsitas de marañón tienen distintos sabores a gusto del cliente: dulce, picante, salado, y natural.

C o o p e m u s compraba la materia prima en otras cooperativas, por lo que decidieron empezar
una plantación de árboles de marañón en una fi nca a ocho km de Somotillo que es propiedad de la cooperativa. Este año sacarán su primera cosecha.

Mensualmente, la cooperativa produce 10 quintales de semilla de marañón.

 

 

 


 

 

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