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35 de cada 100 hogares tienen como jefa a una Mujer

Nicaragua hacia los Guinness Record

Sonia Agurto y Alejandra Guido
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Semblanza de una Abuela

 

“En mi patio canta la gallina, porque en mi casa la que manda es mi mujer”, rezan unos versos de una canción popular. Sin embargo, en Nicaragua las mujeres que “mandan”, por lo general, son
aquellas que no tienen a su lado a un compañero o marido. Ellas son conocidas en nuestra sociedad como jefas de hogar,
mujeres solas, madres solteras o mujeres abandonadas, apelativo que pasa inadvertido, sin ser dimensionado en su real valía como es: ser la única responsable de la manutención económica, de la
estabilidad psicológica, de la educación y salud de todas las personas que integran su núcleo familiar.

El rápido crecimiento que han experimentado los hogares que
tienen como jefa a una mujer, llevaría a Nicaragua a concursar en los Guinness Record. Acontecimientos económicos y sociales como la guerra de los años 80, los fuertes flujos migratorios hacia el exterior y la creciente irresponsabilidad paterna, son entre otros, fenómenos que han incidido en que cada año, entre 1995 y el 2003, sean aproximadamente 16,600 hogares los que pasen a tener una mujer al
frente de mismo. Dicho de otra manera, los hogares con jefatura femenina pasaron de 221,082 a 354,553 en este período, lo que significa que pasaron de 27% a 35% del total de hogares nicaragüenses.

La jefatura de las mujeres en las familias muestra diferencias por zona geográfica. A partir de 1995 la jefatura de las mujeres se ha venido incrementando tanto en las zonas urbanas como rurales, no obstante, ésta se hace más evidente en la ciudad debido, entre otros factores, a las fuertes migraciones del campo a la ciudad, así como a factores culturales que aún prevalen y que hacen que la vida de una mujer sola, sea menos difícil en las ciudades que en el campo.

¿Qué características tienen las mujeres jefas de hogar?

Abuelas a la cabeza de hogares extensos


Las cifras encontradas por FIDEG revelan datos novedosos acerca de las mujeres que están a la cabeza de los hogares nicaragüenses. Los datos dan cuenta que el 55.3% de las jefas de hogar son mayores de 50 años, siendo las mayores de 60 años las que tienen un mayor peso dentro de este grupo. El número de mujeres jefas de hogar se incrementa lentamente entre los 19 y 35 años y a partir de entonces, aumenta con mayor rapidez, alcanzando su mayor ocurrencia después de los 60 años.

Las investigaciones de FIDEG también muestran otros datos sobre las características de estas mujeres. Ellas están a la cabeza de hogares con estructuras monoparentales extendidas, lo que significa que tienen bajo su responsabilidad una familia integrada por hijos (42.2%), nietos (29.1%), nueras y yernos (6.4%), padres y suegros (2.3%), otros familiares (7.5%) y no familiares (3.2%), que ven en ellas un punto de apoyo. Como lo deja ver la estructura de parentesco predominante, se está hablando de abuelas que están asumiendo múltiples roles, como lo son el de madre de sus hijas, hijos y nietos, producto muchas veces de los embarazos tempranos de sus hijas, otras veces por la falta de oportunidades laborales de sus hijos e hijas para poder independizarse y, mayormente, debido a que sus hijas o hijos se ven obligados a migrar en busca de oportunidades de empleo, trasladándole a ellas la responsabilidad de su familia.


Abuelas, mujeres mayores que en lugar de estar haciendo las gestiones para una merecida jubilación y emprender el camino para cosechar los frutos sembrados a lo largo de la vida, están asumiendo fuertes responsabilidades como es la manutención y dirección de un hogar. Del total de hogares con jefatura femenina, el 58% son familias monoparentales extendidas, mientras que la familia nuclear es apenas el 10%. Es decir, que la familia nuclear (padre+madre+hijos) es un modelo en extinción, producto de la cruda y cruel realidad económica que enfrenta el país. Es la imagen de familia que solamente se ve a través de anuncios televisivos “Familia Corn Flakes”, donde por la mañana se sientan a la mesa una niña, un niño, el papá y la mamá sirviendo el desayuno, todos radiantes de felicidad y listos para ir a la escuela y al trabajo. Nada más lejano de la realidad de un gran porcentaje de los hogares nicaragüenses que despiertan todos a la vez, hacen fila para el baño y toman lo que pueden para el desayuno.

Las familias monoparentales –madre e hijos- también han corrido la
misma suerte de las familias nucleares y nucleares extendidas. FIDEG muestra que estas familias solamente representan el 9% del total de familias que tienen como jefa a una mujer, lo que indica que la tendencia es el incremento de las familias extendidas, que se unen como una estrategia para poder solventar sus problemas económicos de vivienda, alimentación y cuido de los menores de edad, es decir, en buen nicaragüense, “echarle la vaca” a los momentos de crisis cíclicas que están viviendo.

Trabajando en condiciones de desempleo encubierto

El desempleo abierto, que significa no tener acceso a ningún ingreso ni empleo remunerado o no remunerado, se ha reducido de manera sistemática en los últimos años. ¿Significa esto que Nicaragua es un país en el que todas las personas tienen la oportunidad de entrar al mercado laboral en el momento deseado? ¡De ninguna manera! Las investigaciones de FIDEG muestran que el desempleo abierto es muy reducido y lo que existe es un desempleo encubierto.

¿Qué es el desempleo encubierto? Es rebuscárselas para sobrevivir, es angustia laboral. Si se analiza más a fondo lo que es tener un empleo, se podría decir que ello significa trabajar al menos ocho horas al día, en un empleo permanente y estable, y percibir ingresos que se correspondan con éste.

El tipo de empleo al que accede la mayoría de los y las nicaragüenses tiene las características de subempleo o desempleo encubierto. Este tipo de empleo está estrechamente relacionado con la calidad del empleo: rebusque, sobrevivencia, descalificación e ilegalidad, en resumen, bajos ingresos por llevar a cabo una actividad que generalmente erosiona la dignidad humana, ya que son actividades divorciadas del perfil profesional o técnicas de la persona que las realiza.


El subempleo o desempleo encubierto es un fenómeno que afecta a la
gran mayoría de la PEA nicaragüense, sin embargo, son las mujeres las que muestran mayores porcentajes de afectación. Los datos de FIDEG, para el 2003, permiten observar que el subempleo afecta al 72.3% de la PEA: 68% de los hombres, 78.1% de las mujeres y 74.5% de las jefas de hogar. Los datos permiten afirmar que la economía nicaragüense ha generado empleos, pero no se han creado proporcionalmente más empleos de buena calidad.

Refugiada en el sector informal

Trabajando en comercio y servicios y utilizando su casa de habitación como centro de trabajo.

El subempleo es en Nicaragua uno de los problemas socioeconómicos de mayor impacto y de difícil solución, ya que es en el sector informal donde se cobija buena parte del subempleo y es ahí donde está ubicada la mayor parte de la PEA nicaragüense, en especial las jefas de hogar.

El sector informal ha crecido de manera vertiginosa, dado la evolución de la economía, en donde las oportunidades de empleo en el mercado de trabajo formal se han reducido y, paralelamente, se han profundizado las necesidades más básicas de las familias, dando como resultado que la brecha entre la ocupación del sector formal e informal se ensanche cada día más.

Según las investigaciones de FIDEG,en el 2003 el 78.6% de la PEA desarrollaba actividades informales, mostrando los hombres jefes de hogar un 77.8% y las mujeres jefas de hogar 80.7% de participación en este sector. Es decir, cuando se habla se sector informal se está hablando de un sector que genera la mayoría de los empleos en el mercado laboral. Aun cuando el sector presenta un estado de sobresaturación, se puede predecir que continuará creciendo, debido a la imposibilidad de la economía de absorber la mano de obra disponible, así como la mano de obra que quiere incorporarse por primera vez al mercado de trabajo.

Si bien es cierto el sector informal es una importante fuente de empleo para hombres y mujeres, lo es especialmente para las jefas de hogar, que se muestran omnipresentes en este sector, desempeñándose como vendedoras ambulantes, en tramos en los mercados, en pequeños negocios familiares, en ventas de alimentos de fines de semana, como trabajadoras a domicilio, etc, utilizando la vivienda en un 51.5% para desarrollar las actividades informales.

Jefas de hogar con ingresos de subsistencia

Tener acceso a un ingreso que se corresponda con las capacidades profesionales y técnicas es uno de los mayores problemas que enfrenta la PEA nicaragüense. Las investigaciones de FIDEG arrojan que en el 2003, el ingreso promedio de los hombres era de C$ 1,716.2 y el de las mujeres de C$ 1,143.6. Si bien es cierto que los ingresos de las mujeres está en un 33.4% por debajo del ingreso de los hombres, esta brecha se profundiza entre los y las jefas de hogar. Los mismos datos de FIDEG muestran que los ingresos de las jefas mujeres están en un 39.8% por debajo del ingreso que devengan los hombres que tienen las mismas responsabilidades en su hogar.


Si se analiza el poder adquisitivo de los ingresos promedios de la
población ocupada, se observa que este es precario, fenómeno que se hace más evidente en el caso de las mujeres y, en especial, de las jefas de hogar. En este sentido, los datos de FIDEG muestran que el costo de la Canasta Básica, en julio del 2003 (fecha en que se realizó el estudio), era de C$4,070.73. Con sus ingresos promedios, los jefes hombres que habitan en las ciudades solamente podían acceder al 63.8% de esta canasta, mientras las jefas mujeres veían reducido su poder adquisitivo a 32.7% del total del costo de la canasta básica.

El poder adquisitivo del ingreso promedio rural muestra una reducción signi- ficativa en relación a los ingresos promedios urbanos, no obstante, son las mujeres jefas de hogar las que reflejan un mayor deterioro en su poder adquisitivo, siendo éste del 29.4% del total de la canasta básica, mientras que los jefes hombres tienen acceso a 37.4% de la misma.

¿Cómo gastan el dinero hombres y mujeres?

La diferencia entre los ingresos de los jefes hombres y las jefas mujeres no están relacionados solamente con los montos de sus ingresos promedios, en donde son las jefas mujeres las que están en desventaja. Estas diferencias se desdoblan con mayor crudeza cuando se analiza la forma en que hombres y mujeres que tienen bajo su responsabilidad la dirección de un hogar, gastan sus ingresos.

Las investigaciones de FIDEG al respecto hacen notar que las mujeres destinan la mayor parte de sus ingresos a la supervivencia de su núcleo familiar, es decir, que cada uno de los miembros de su familia tenga garantizado los alimentos diarios, el resto de necesidades básicas, como salud, educación, vestido, calzado, etc, las cubre con el dinero restante.

En contraposición, los jefes hombres, priorizan la alimentación, pero en menores proporciones que las jefas mujeres, y destinan mayores recursos hacia otras necesidades, incluyendo los montos destinados al ahorro y la inversión.

La diferencia en la lógica de gastar el dinero entre hombres y mujeres radica en que cuando una mujer es jefa del hogar, por lo general no tiene otros preceptores de ingreso que le ayuden a “llevar la carga familiar”, y cuando existen estos preceptores los ingresos que aportan son insuficientes para cubrir las necesidades que apremian a la familia. Por su parte, los jefes hombres, por lo general tienen a su lado a una mujer que los apoya con dinero y en la administración del mismo, lo que les permite dirigir ingresos hacia otros rubros, en especial hacia el ahorro y la inversión.

Los estudios de FIDEG muestran de manera clara esta situación. En estesentido, señalan que mientras las mujeres jefas de hogar destinan el 80% de sus ingresos para alimentación y un 5% para inversión y ahorro, los hombres jefes de hogar destinan el 36% para alimentos y el 13% para inversión y ahorro. Estas diferencias son parte de una cultura muy enraizada en América Latina, de ahí la canción universalmente conocida “La Bartola”:

Mira Bartola,
ahí te dejo esos dos pesos,
paga la renta,
el teléfono y la luz.
De lo que sobre
agarrá para tus gastos,
déjame el resto para echarme un ali...

Dicho de otra manera, las mujeres latinoamericanas, al igual que la nicaragüense, son mejores administradoras del
dinero y saben cómo priorizar las necesidades esenciales, reducir los costos a través de estrategias de compra o variar recetas alimenticias con los mismos productos, todo con el objetivo que su familia padezca lo menos posible.

 

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