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¿Para qué sirven los consultores?
La conspiración del silencio
Ana Victoria Portocarrero Gloria Carrión Fonseca y John Daza
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Un consultor visita una zona agrícola en el norte de Nicaragua y ve un animal que le gusta muchísimo. Se acerca al campesino y le pregunta si este puede venderle la oveja. El campesino le dice que no está a la venta y el consultor le pregunta que si está dispuesto a entregársela, si le dice cuánta tierra tiene y qué produce. El campesino acepta. El consultor saca su computadora del 4x4, un GPS, una antena satelital y comienza a hacer cálculos. A los pocos minutos le dice al campesino la extensión de su propiedad, cuantas vacas tiene, la producción diaria de leche, etc… Al campesino no le queda más que entregarle el animal, pero le pregunta si el consultor está dispuesto a devolvérselo en caso de que descubra cuál es su trabajo. El consultor no vacila en aceptar, en vista de que el campesino no tiene como saber lo que hace. El campesino le dice sin vacilar: Usted es un consultor. Éste se asusta y le pregunta al campesino que cómo lo sabe. Sencillo, le dice el campesino, usted viene donde nadie lo llamó, me dice lo que ya sé y se lleva lo que es mío… y ahora, hágame el favor de devolverme el perro.

¿Cuánto gana un consultor, qué trabajos realiza, cuáles son los beneficios que deja al país?

Intentar conocer la realidad del mercado de consultores en Nicaragua es chocar contra un muro impenetrable. Nadie quiere hablar y no se conocen registros claros sobre los costos de las consultorías y los resultados de las mismas.

“Sí... yo te puedo decir lo que pienso sobre el mercado de consultores en Nicaragua, pero con la condición de que mi nombre no aparezca en el artículo. Sería la manera más vil de perder mi trabajo”, advirtió entre risas una de las personas consultadas a la hora de iniciar este reportaje. Como ella, tres más hicieron la misma petición... ¿qué tienen en común? Las cuatro han trabajado o trabajan en la actualidad en el Gobierno, han hecho consultorías, son figuras públicas y, sobre todo, saben que el costo de hablar sobre este tema es alto, pues tiene que ver con los organismos internacionales. ¿Quién quiere enemistarse con ellos? Nadie.

Para no sumar cuatro personas a la ya inmensa lista de desempleados de Nicaragua, vamos a utilizar seudónimos para nuestros valientes entrevistados, advirtiendo al lector que cualquier similitud con la realidad, no es mera coincidencia.

RAMTÉS, es economista. Trabaja actualmente en el Ministerio de Agricultura (MAGFOR). Ha trabajado en consultorías para organismos internacionales.

REMEDIOS, es politóloga. Ha participado activamente en gobiernos anteriores. Continúa participando en la política nacional. También ha trabajado como consultora.

GREGORIO, es un economista muy reconocido. Trabaja en la actualidad con un equipo de investigadores muy preparados, que realizan consultorías para organismos nacionales e internacionales. También ha trabajado en gobiernos anteriores. Continúa estando activo en la política nacional.

SOFÍA, es socióloga. Trabaja como consultora independiente desde hace más de una década. Ha trabajado en Gobiernos anteriores, aunque en el presente se encuentra totalmente apartada de las esferas oficiales.

Decir, soy consultor hoy en día es un riesgo. Así como hay percepciones sumamente positivas, también las hay contrarias. Los altos salarios, los productos inútiles y las malas prácticas de contratación, son solo algunas de las percepciones que rondan las mentes de muchos.

¿En qué carabela vinieron?

El terremoto de Managua de 1972 no solo cambió la estructura urbanística de la ciudad, sino que trajo consigo variantes en la forma de resolver las cosas de los nicaragüenses. La destrucción de la ciudad generó simpatía en la comunidad internacional, lo que multiplicó los flujos de ayuda extranjera para la reconstrucción de la capital. Este hecho, que parece tan simple, reafirmó en la mente de muchos habitantes la idea de que les debemos casi todo a los donantes y que ellos, por tanto, tienen “acciones” en el país, con las que pueden incidir en el rumbo de la nación. A eso fenómeno se debe, en algún grado, el surgimiento del mercado de las consultorías en Nicaragua. Sin embargo, lo que sucedió después, ya fue harina de otros costal.

Según recuerda Gregorio, a raíz del terremoto se formó un centro de asesoramiento en el INCAE y se contrataron a muchos consultores externos. Asimismo, durante la década de los 80 se continuó observando esta práctica, aunque las consultorías no eran pagadas por la Comunidad Internacional, sino como parte de los apoyos bilaterales que le daban los países a Nicaragua. A partir de 1990 esa práctica se institucionaliza, cuando se empieza a contratar asesores para trabajar con el gobierno en distintas fases. Hoy por hoy, los planes de la nación se valen casi exclusivamente de consultores nacionales e internacionales para su diseño.

“En el caso de los países del tercer mundo, como es el nuestro, el origen de todas o casi todas las novedades sociales, económicas, políticas y culturales, está vinculado a la influencia de factores externos. Yo creo que el trabajo de las consultorías de forma amplia y creciente, se desarrolla como práctica en la medida que se profundizan los llamados ajustes estructurales de la economía, con todo lo que ello implica: Privatización, reducción de los servicios del Estado y, particularmente, con la flexibilización y desregulación laboral, escasamente percibida en Nicaragua”, afirma Sofía.

El negocio del desarrollo

“Inequality in Latin America. Breaking with History?” es el título de un estudio realizado por el Banco Mundial sobre la desigualdad en América Latina. En la presentación del mismo, a inicios de mayo, los consultores contratados por el BM para la realización del estudio anunciaron su más reciente descubrimiento –no tan reciente para los invitados a la presentación-: la desigualdad es un freno para el desarrollo. Escuchar lo evidente causó cierta frustración entre los participantes, sin embargo, cuando la tarde casi moría de aburrimiento, el expositor presentó una matriz en la que, en pocas palabras, aceptaba que la mayor parte de las medidas que han venido siendo impulsadas por los organismos internacionales, como parte de los Programas de Ajuste, no han hecho sino incrementar la desigualdad en América Latina.

Aunque más interesante que lo primero, esto tampoco es una novedad, ni para los nicaragüenses ni para los directivos del Banco. Se conoce, desde hace mucho tiempo, que la puesta en práctica de estos programas ha tenido impactos negativos en muchos campos de la sociedad. Tal y como explica Sofía, estos impactos, incluidas las limitaciones en el desarrollo del capital humano, han intensificado la denominada “ayuda al desarrollo”, como forma de compensar los desequilibrios sociales y ambientales que ellos mismo han generado. De esta forma, se han necesitado capacidades técnicas especializadas para aplicar las medidas que se derivan en el plano económico, institucional y hasta político.

“La presencia de la cooperación y los organismos multilaterales ha necesitado ejércitos de ONG, firmas consultoras internacionales y consultores nativos para asegurar la puesta en marcha de sus políticas de cooperación en los distintos campos, así mismo, supongo que para los gobiernos de países desarrollados, las consultorías son una estrategia importante para enfrentar los índices de desempleo que han aparecido en sus propios países y que aunque algunos tienen 5 por ciento o menos de desempleo, esto les preocupa”, afirma Sofía.

“Yo no creo que lo hagan con la visión de disminuir su desempleo”, sostiene Gregorio, sin embargo, acepta que la contratación de nacionales de los países que facilitan los recursos, permite justifi car ante sus parlamentos que la ayuda también benefi cia al país que la otorga. “Eso sucede mucho con de programas que son controversiales. Por ejemplo, en el programa de ayuda alimentaria, cuando le preguntás a los gobiernos que dan ayuda alimentaria porqué mejor no dan recursos para reactivar la producción de alimentos en Nicaragua, lo que te dicen es que no pueden porque esa ayuda son las reservas que se les van a poner viejas si no las sacan. Igual pasa con el tema de las consultorías, siempre hay un beneficio”.

A caballo regalado…

Eduardo Balcárcel

Se tiene la impresión que son las instituciones multilaterales las que imponen los consultores (extranjeros), y en muchos casos sin tener en cuenta las capacidadesnacionales de ofrecer consultores. ¿Cuál es su opinión?

C i r c u n s p e c t a - mente, Eduardo Balcárcel, representante del Banco Interamericano de Desarrollo en Nicaragua, responde de manera enfática: “El BID no impone consultores y mucho menos que sean extranjeros. A veces sí recomendamos o sugerimos la utilización de algún determinado consultor, porque se conocen sus capacidades o se tienen experiencias con él o ella, sin embargo eso no es muy frecuente. Pero a veces las propias autoridades nacionales piden algún consultor que conocen y que saben que da resultados, entonces el banco es positivo ante este tipo de solicitudes”.

Si el problema se limitara a la imposición o no de los consultores,
quizá el tema no preocuparía a la opinión pública. El problema radica en que los salarios que devengan los consultores internacionales son, por mucho, mayores a los nacionales, y algunos de estos lo pagan todos los nicaragüenses, como parte de su deuda externa. En otras palabras, cada nicaragüense paga con sus impuestos los salarios de una buena cantidad de consultores nacionales e internacionales que el país contrata.

Balcárcel aclara que “buena parte de los recursos de consultoría del BID no son préstamos sino donaciones. El banco administra un fondo (Fondo Multilateral de Inversiones), cuyos recursos van dirigidos básicamente a asesorías y consultorías. Todos estos recursos del fondo son donaciones.”

Sin embargo, muchos de los proyectos que se llevan a cabo, ya sea por donaciones o préstamos, no están adecuados a la realidad nacional y, por ende, fracasan. En este sentido, es valiosa la frase que utiliza Ana Quiróz, de la Coordinadora Civil, de que “a caballo regalado sí se le busca colmillo”, la que destaca una debilidad importante del país, el hecho de que se acepten donaciones y préstamos con los ojos cerrados, sin realizar un análisis más profundo de los benefi cios o prejuicios que los mismos traen.

Nacionales vs Extranjeros
Aunque no todos los consultores ganen lo mismo, es bien sabido que los salarios de estos son sumamente altos. Ramtés explica que quién termina poniendo los precios de las consultorías (salarios), en la mayoría de los casos son los mismos organismos fi nanciadores. “Los salarios más altos los pagan el Banco Mundial y el BID, después la Unión Europea, los países nórdicos y los más bajos los establecen España y el sistema de las naciones unidas: PNUD, FAO, UNESCO, etc.”

Con respecto a los salarios que se pagan a los consultores, Balcárcel explica que el BID debe estar de acuerdo tanto en la contratación como en la remuneración. “Si la remuneración nos parece muy alta, solicitamos que se negocie una más razonable. Procuramos que haya un proceso de selección razonable, que se elija lo mejor de lo que está disponible. En ese sentido tenemos un diálogo permanente con los ejecutores de los proyectos”.

En referencia a los altos salarios, sostiene que el de los consultores extranjeros “son o parecen elevados cuando se les compara con los salarios que pagan los organismos públicos en América Latina, los que generalmente son relativamente bajos, con diferencias entre los países”.

“El consultor trabaja por periodos limitados, es decir, no tienen estabilidad laboral. Muchas veces tiene que dejar un empleo fijo en su país para ir a trabajar como consultor a otro país, dejando familia y teniendo que mantenerse él en el país donde está residiendo y, a la vez, a su familia y su casa en el país de procedencia”, continúa Valcárcel.

Entendiendo que los consultores internacionales cobran más que los nacionales, salta la pregunta de por qué entonces se tiene un especial interés en contratar a extranjeros y no a nicaragüenses. ¿Tiene que ver en realidad con las capacidades o existe en este mercado, al igual que en muchos otros, prácticas irregulares de contratación?

“Lo que pasa es que hay un prejuicio contra los consultores nacionales” afirma Gregorio. “En la medida que el mundo va cambiando, van cambiando también los métodos, técnicas, conocimientos. Existe la percepción de que esas técnicas y conocimientos se van a obtener más actualizados trayendo a alguien de afuera. Muchas veces los contratistas sienten que aunque la persona se haya graduado en una buena universidad del país, aún puede faltarle actualización en algunos conocimientos que se adquieren viviendo en el exterior. Es una reacción natural”.

Para Gregorio, una buena consultoría debería tener una combinación equilibrada de consultores nacionales y extranjeros, dado que los nicaragüenses tienen un mayor conocimiento de la realidad nacional. “Una consultoría, para que sea buena, debe contar con conocimientos no solo técnicos, sino también de la realidad en la que se va aplicar. Cuando se haga esa combinación y se reconozca a las partes de igual a igual, en esa medida la concepción de las consultorías va a cambiar y estoy seguro que servirá de insumo para que los contratantes de esa consultoría le den uso a la misma”.

Sin embargo, Valcárcel sostiene que la percepción que existe de que los organismos internacionales tienen preferencia en la contratación de consultores extranjeros, no es correcta y asegura que buena parte de los consultores son nacionales. Sin embargo, y en esto concuerda con Gregorio, otros consultores son extranjeros, por que se requiere de cierta especialidad que a veces no se encuentra en el país, lo que el mismo denominó como transferencia de “knowhow”.

Balcárcel considera que, aunque es importante que la gente se preocupe
por el tema de los salarios, recalca que en el BID son muy abiertos para escuchar críticas, a la vez que son muy cuidadosos de que las consultorías estén justificadas, que el proceso de selección sea razonable y que la remuneración sea razonable. “No discriminamos entre consultores nacionales y extranjeros”.

Del maletín a la gaveta

Ana Quirós

Remedios, opina que ha existido un abuso en la contratación de “súper técnicos”, que han cobrado muy caro y con resultados escuálidos. ¿En dónde se origina el problema?

Según ella, el problema no es de los consultores sino, en muchos casos, de la falta de visión de los contratistas. “Los buenos consultores, con experiencia en su tema y capacidad propositiva, pueden apoyar a una empresa, institución u organismo a encontrar las mejores opciones para enfrentar un problema, realizar una transformación organizativa, definir políticas y elaborar planes y proyectos, así como encontrar los instrumentos y metodologías más idóneas para sus necesidades. La desventaja reside básicamente en la contratación de un consultor inadecuado. En este sentido, la percepción que existe acerca de los malos trabajos, puede estar más ligada a que los contratistas, en muchas ocasiones, no saben exactamente qué es lo que quieren y para qué lo quieren. En este orden, malos términos de referencia del trabajo que se quiere y falta de priorización de lo que se busca pueden ser factores que afecten el resultado de una consultoría, así que no es infrecuente que los documentos producidos por un consultor no sean debidamente aprovechados por los contratistas”.

Lo anterior sugiere, de algún modo, que existe dentro del sistema de contrataciones, debilidades que permiten que se maneje la contratación de los consultores de manera discrecional, sin garantizar la eficiencia, eficacia y oportunidad de sus trabajos.

Gregorio es más categórico al referirse al tema de las contrataciones. “Hay una mafia en las consultorías, íntimamente ligada a la corrupción institucional”, sostiene. “No hay transparencia, ni exigencia de eficacia, no hay criterios de inclusión, se contrata a alguien para que dé la idea y luego se va, dejando la implementación de la misma en manos del carpintero, al que se califica muy mal. No nos damos cuenta de que muchas veces una buena idea, que tal vez costó miles de dólares, se puede convertir en una catástrofe a la hora que la querés aplicar al contexto nacional. Ese es un no de los grandes problemas, que se sigue viendo esto como una forma de vida, de una clase social, llamada la clase tecnócrata”.

Según Ramtés, los altos costos dentro de este mercado se deben principalmente a que se trata de un mercado tribal y de familias, donde se restringe la competencia regional centroamericana, que podría bajar los costos. Sostiene que, a veces, el término consultor es laxo, ya que el trabajo de consultores es por productos específicos y en el país, muchas veces lo que hay son funcionarios públicos con altos salarios disfrazados de consultores, que se reflejan como gastos de capital y que, en realidad, son gastos corrientes.

A favor o en contra

Quiróz coincide con Ramtés, en que existe la tendencia de complementar los bajos salarios en el sector público por la vía de las consultorías, generando la práctica de la doble planilla. Lo anterior sugiere que existen presupuestos ficticios, puesto que si no se llevaran a cabo los proyectos no se mantendría el nivel salarial de los ministerios.

“Los donantes piden presupuestos con cierto porcentaje de gastos, pero son testigos de las dobles planillas (pagadas con sus donaciones o préstamos), es decir, saben que esos presupuestos son irreales. ¿Será que a los donantes les gusta que les mientan? Lo que en el presupuesto se presenta como gasto de capital es, muchas veces, gasto corriente, lo cual genera una ilusión óptica, puesto que no es inversión sino salario”, explica Quiróz.

Ante esta práctica, Amparo Ballivián, representante residente del Banco Mundial en Nicaragua, en recientes declaraciones a los medios de comunicación, dijo estar de acuerdo con la misma. El problema está en que el instrumento legal que debería regir las contrataciones (Ley de Contrataciones del Estado), deja en manos del organismo financiador la contratación del personal, burlando así las disposiciones legales. (Ver recuadro Ley de Contrataciones del Estado).

Según Quiróz, el problema de la doble planilla aumenta cuando se observa que la distribución de esos sobresueldos no es a cualquier salario, sino a determinados cargos, y que los prestadores de servicios son los que menos remuneración tienen. “De esta manera se crea una mayor distorsión en la escala salarial con lo que se aumenta la brecha salarial”. Ante esto salta la pregunta, ¿están dando los organismos financiadores su visto bueno para el incremento de la desigualdad?

Resultados
El tema de las consultorías no termina aquí. Más allá de grupos de control y percepciones, la problemática toma una dimensión más profunda, por la falta de sistematización y acceso a la información que resulta de las consultorías.

¿De qué sirve contratar estudios y consultorías millonarias si, al final, esta información no se traduce en acciones tangibles y tampoco está accesible al público? Por ejemplo, según Quiróz, cuando se calcula el gasto público de salud per cápita incluye dentro del gasto total lo que el MINSA gasta en consultorías. Sin embargo, ¿cuál es impacto de estos gastos para el ciudadano o ciudadana promedio y en qué sirve para su salud? ¿Dónde se encuentran los resultados de estas investigaciones?

La realidad es que no están en ningún lugar accesible y es como si no existieran.

El acceso a la información es un elemento fundamental para el éxito de una consultoría. Esto permite que los resultados de estudios e investigaciones relevantes para la población estén accesibles al público de modo que puedan ser utilizados como insumos para otras investigaciones o para alimentar y actualizar programas educativos, entre otros. Sin dudas, el acceso a la información también puede convertirse en un mecanismo de auditoría y evaluación en el que el ciudadano y ciudadana común, así como organizaciones de la sociedad civil pueden darle seguimiento al gasto de sus impuestos y a la distribución de recursos en el presupuesto nacional.

Está pendiente en Nicaragua la creación de un banco de información en el que se almacenen y clasifiquen las consultorías y estudios realizados a la fecha, a fin demultiplicar el impacto de éstos en el quehacer nacional.

 

 

¡La Buena Vida!

Luis Durán Downing devengó un salario mensual de 23 mil 500 dólares más 7 mil dólares en gastos de representación, financiado con préstamos de un organismo multilateral, por fungir como Secretario Técnico de la Presidencia y coordinador de la estrategia nacional contra la pobreza entre febrero de 1997 y agosto del 2001.

Un informe de auditoría interna del Banco Central de Nicaragua (BCN) reveló que Durán ganó, en apenas seis meses, 225 mil dólares por trabajar como consultor en el programa de fortalecimiento institucional de la entidad, el cual también fue fi nanciado con un préstamo de 3 millones 450 mil dólares que concedió el BID. De esta cantidad, 1 millón 605 mil 83 dólares fueron a parar a los bolsillos de los consultores individuales, a corto y largo plazo. Cuando Durán realizó esta asesoría era también Secretario Técnico de la Presidencia, lo que terminó de atizar el fuego de la discusión de los salarios en el gobierno, pues devengaba doble salario.

Durante los cuatro años que permaneció en el país, Durán obtuvo, como Secretario Técnico de la Presidencia y asesor del BCN, una suma cercana a 1 millón 900 mil dólares, equivalentes a 475 mildólares al año, 39 mil 583 dólares al mes y un mil 319 dólares al día.


Ley de Contrataciones del Estado

La Ley 323 o Ley de Contrataciones del Estado, aprobada el 2 de diciembre de 1999, establece, entre otras cosas, que el Estado se encuentra obligado a planificar, programar, organizar, desarrollar y supervisar las actividades de contratación de modo que sus necesidades se satisfagan en el tiempo oportuno y en las mejores condiciones de costo y calidad. En este sentido, los procedimientos deben estructurarse, reglamentarse e interpretarse en forma tal que permitan la selección de la oferta más conveniente al interés general, en condiciones cuantificables de celeridad, racionalidad y eficiencia.

En el caso de la contratación de servicios de consultoría, los procedimientos son los mismos, tal y como lo señala el artículo 73 de dicha ley.

Es importante resaltar que dentro de la ley existe una importante excepción, la que textualmente dice:

Artículo 3. Materias excluidas: Las adquisiciones de bienes o servicios que se financien mediante préstamos de Gobiernos, Organizaciones Internacionales, Acuerdos de Cooperación Externa, o que se fundamenten en Tratados, Acuerdos o Convenios Internacionales se regirán por lo que se estipule en los respectivos instrumentos, y cuando estos no establezcan los procedimientos a seguir se regirán por los requisitos procedimientos contemplados en la presente Ley y su Reglamento.

Lo anterior señala que aunque el dinero utilizado para el pago de las consultorías sea parte de un préstamo que se pagará con los impuestos de los nicaragüenses, estos no juegan ningún papel en la toma de decisiones a la hora de contratar los consultores. ¿Tiene esto alguna lógica? Habrá que preguntarle a los que aprueban las leyes en Nicaragua.

A juicio de Gregorio, La Ley de Contrataciones del Estado es el reflejo de una consultoría mal aplicada, que da la impresión de haberse realizado fuera del contexto del país. En este sentido, opina que debería existir una normativa básica que nos permita medir la eficacia de las consultorías contratadas a base de préstamos. “Igual deuda externa es la que contraés para mantener la balanza de pagos, importar bienes o comprar servicios”, afirma.

Por su parte, Remedios afirma que cuando se trata de donaciones, no hay más que sujetarse a los requisitos de la cooperación, sin embargo, cuando se trata de deuda externa, deben imponerse los criterios del país. “Naturalmente que el país debe cumplir con las reglas que imponen los prestamistas, pero hay reglas que no son de los prestamistas sino del interés de algunos funcionarios para operar en su propio beneficio”, sostiene.


 
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