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Las mujeres no son más pobres que los hombres
Sonia Agurto
Aljandra Guido
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Metodologías tradicionales, utilizadas por organismos internacionales, para calcular la pobreza de las poblaciones del planeta (Necesidades Básicas Insatisfechas, Ingresos y Combinado), pusieron en jaque la creencia de que la Pobreza tiene Rostro de Mujer. Si bien es cierto que esta afirmación podía tener las mejores intenciones, a fin de conseguir que los gobiernos y la comunidad internacional pusieran su mirada en las mujeres, lo que se logró fue el reforzamiento de programas asistencialista para el binomio madre-hijo.

El aspecto más negativo de esta visión fue el reforzamiento de concepciones culturales que interpretaban la pobreza de las mujeres como
producto de su fragilidad, falta de educación y poca habilidad para en
el manejo de recursos, es decir, justificaban el planteamiento cultural
que el mejor lugar para la mujer era el ámbito doméstico.

Después de una década de investigaciones
realizadas por FIDEG, los datos confirman que, si se mide la pobreza
utilizando métodos tradicionales, no existen diferencias de género entre hombres y mujeres pobres, sino un empobrecimiento generalizado de la mayoría de la población nicaragüense. Mientras en 1995 la pobreza afectaba al 74% de la población de hombres y mujeres, en el 2003 se ha incrementado en 9.5 puntos porcentuales, afectando al 83.5% de la
población. Sin los datos anteriores son preocupantes, todavía lo es más el
hecho de que la pobreza que se ha incrementado en ese período es la pobreza extrema, que pasó del 45% a porcentajes cercanos al 60%.

Sin embargo, si se hace un análisis según el sexo de la jefatura de los hogares, se encuentran algunas brechas de género que afectan de forma negativa en los hogares jefeados por mujeres.

Pese a que, en 1995, las brechas de pobreza entre los hogares con jefatura masculina y femenina no eran muy pronunciadas, estas se han incrementado en los últimos años.

La pobreza, medida con el método de Necesidades Básicas Insatisfechas
(NBI), refleja que en los hogares con jefatura femenina ésta se ha incrementado, entre 1995 y el 2003, en 2.4 puntos porcentuales, pasando del 68.6% al 71%, mientras que los hogares con jefatura masculina redujeron su pobreza en 3.5 puntos porcentuales.

En el mismo periodo, la pobreza medida por el método de Línea de Pobreza refleja que, en los hogares con jefatura femenina, la pobreza se ha incrementado en 18.6 puntos porcentuales, pasando de 65.6% al 84%, mientras los hogares de los hombres solamente lo hicieron en un 10.2 puntos porcentuales al pasar de 66.8% al 77%.

La mayor pobreza de los hogares que tienen
al frente una mujer se explica porque, por lo general, es la única proveedora y tiene bajo su responsabilidad garantizar comida, estudio, ropa y medicina para sus hijos.

Esto no significa que la totalidad de los hogares con jefatura femenina sean pobres, sino que la pobreza afecta especialmente cuando, en la estructura familiar, los hijos son menores de edad y no pueden apoyar a la generación de ingresos. Bien lo dice el dicharachero: “La carga pesa menos, cuando la cargan dos”.

Y podemos agregar: Pesa aún menos cuando la cargan varios.

 

 
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