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¿Es esto desarrollo?
En busca de un nuevo paradigma

Ana Victoria Portocarrero Lacayo

victoria@elobservadoreconomico.com
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Los niños ricos viajan como el dinero, en autos blindados. No conocen, más que de vista su ciudad. Tienen prohibido ese vasto infierno que
acecha su minúsculo cielo privado. Más allá de las fronteras, se extiende una región del terror donde la gente es mucha, fea, sucia y envidiosa.
En plena era de la globalización, los niños ya no pertenecen a ningún
lugar, pero los que menos lugar tienen son los que más cosas tienen: ellos crecen sin raíces, despojados de identidad cultural, y sin más sentido social que la certeza de que la realidad es un peligro.”
“Eduardo Galeano”.

De acuerdo a Antonio de Mello, Jesuita hindú, la libertad se alcanza en la medida que necesitemos menos cosas del mundo, cosas que, para la mayor parte de la humanidad, son de todas formas inaccesibles. Sin embargo, a lo largo de la historia, el crecimiento económico se ha convertido en la meta final de los gobiernos, pretendiendo con esto dar respuesta a las necesidades de la población. El mundo está dividido entre países desarrollados o en vías de desarrollo, desarrollo que ha sido medido básicamente por ingresos y lo que esos ingresos permiten consumir. Esta visión sesgada y reducida del ser humano, donde se limita a un consumidor de las novedades del mercado, se encuentra en crisis. Y es que aun con mayores ingresos, los niños están presos... ¿se encuentran viviendo en un mundo desarrollado, o habrá que sumar a esta palabra otras acepciones?

La crisis del concepto

La cuestión del “desarrollo”, surgida al final de la segunda guerra mundial,
ha sufrido muchos cambios al día de hoy. Amartya Sen, Premio Nóbel de Economía, señala que dichos cambios se deben, parcialmente, a las “experiencias de desarrollo” en el mundo de la posguerra. Así pues, Alemania y Japón, emergiendo como nuevos líderes económicos mundiales; Europa y Norteamérica con crecimientos económicos sin precedentes, unidos a aumentos del desempleo; el surgimiento en Europa del “estado de bienestar”, mejorando considerablemente la calidad de vida de los ciudadanos; la rápida expansión económica de algunos países de América Latina, sin que disminuyeran las tasas de pobreza; son solo algunos de los fenómenos que produjeron enseñanzas que enriquecieron el concepto. Así pues, la teoría del desarrollo ha venido evolucionando, en respuesta a la evidencia empírica sobre todo.

El modelo de desarrollo que ha primado hasta una data reciente, se sustenta en el “modelo de crecimiento”, donde debe sacrificarse el consumo presente para acumular capital. Este enfoque, en el que las medidas de distribución de la riqueza son vistas como obstáculos si se utilizan en las etapas tempranas del desarrollo, sostiene que los beneficios del crecimiento llegarán a todos por igual en su debido momento, a través del efecto de la filtración. La desigualdad que reina en América Latina actualmente, convirtiendo a la región en la más desigual del mundo, son una prueba de que los beneficios no se filtran por sí solos. Concepciones más integrales, en las que se reconoce la interrelación existente entre la mejora del bienestar social y el estímulo de la capacidad productiva, han empezado a enriquecerse de otros componentes, intentando dar respuesta a las nuevas búsquedas de la humanidad
sobre estos aspectos.

Libertad: fin y medio

En “Freedom as Development” o “Libertad como Desarrollo”, Amartya Sen, propone que el desarrollo puede concebirse como un proceso de expansión de las libertades reales de que disfrutan los individuos. “Si en último término, el objetivo (del desarrollo) fuera propagar la libertad del hombre para vivir una existencia digna, entonces el papel del crecimiento económico consistiría en proporcionar mayores oportunidades en esta dirección y debería integrarse en una comprensión más básica del proceso de desarrollo”. En este sentido, sostiene que la ampliación de la capacidad del ser humano cobra una importancia directa e indirecta para conseguir el desarrollo. De forma indirecta, permite estimular la productividad, elevar el crecimiento económico, ampliar las prioridades del desarrollo, y contribuir a controlar razonablemente el cambio demográfico; y de forma directa, afecta el ámbito de las libertades humanas, el bienestar social y la calidad de vida. Es decir, que el logro de avances sociales ligados al aumento de las capacidades humanas, debe considerarse como parte del desarrollo, porque genera un presente más agradable, y a su vez estimula la productividad y el crecimiento económico.

Para Sen, el crecimiento del PNB o las rentas personales puede ser un medio muy importante para expandir las libertades de los miembros de la sociedad,sin embargo, no debe concebirse como el único. El crecimiento económico se convierte, pues, en un medio y no en el fin del desarrollo. En “Libertad como Desarrollo” se señala que lo que exige el desarrollo es la eliminación de las fuentes de privación de libertad, entre las que figuran la pobreza y la tiranía, la escasez de oportunidades económicas y las privaciones sociales sistemáticas, el abandono de los servicios públicos y la intolerancia o el exceso de intervención de los Estados represivos. Siguiendo esta lógica, un Plan de Desarrollo real debe tener como variables importantes, no solo el crecimiento económico, sino los mecanismos de distribución de la riqueza, el aumento de la población en la toma de decisiones de los factores que le conciernen y la eficiencia de los servicios públicos, entre otras.

Tal y como señala Sen, las libertades económicas son fundamentales y, para esto, son maestros los mercados. Sin embargo, enfatiza que eso no excluye de ninguna manera el papel de la ayuda social, la legislación o la intervención del Estado, cuando estas puedan enriquecer la vida humana.

Instituciones: actores indispensables

“¿Cómo explicamos la persistencia de la pobreza en medio de la
abundancia? Si conocemos las fuentes de la abundancia, ¿por qué los países pobres no se limitan a adoptar las políticas que contribuyen a ella?... Debemos crear incentivos para que las personas inviertan en una tecnología más eficiente, tengan una mejor preparación y organicen mercados eficientes. Estos incentivos se encarnan en las instituciones.”
Douglass C. North, 2000 Douglass North, Premio Nóbel de Economía, señala que uno de los elementos principales para lograr un verdadero desarrollo, son las instituciones sociales.Esta nueva corriente llamada neo institucionalismo económico, ha venido ganando importante reconocimiento. Esta teoría intenta dar respuesta a la pregunta:

¿Qué hace que la actividad de los mercados resulte rentable y posible para unos y no para otros?

North señala que los costos de transacción, que surgen por la falta de información adecuada y los problemas en los derechos de propiedad, limitan las oportunidades de mercado; así como los obstáculos al ingreso de nuevos participantes. Por otro lado, lo que aumenta las oportunidades son las instituciones que multiplican la rentabilidad de los intercambios de mercado, reducen los riesgos e incrementan la eficiencia. El Banco Mundial (2001) señala que la existencia de instituciones débiles perjudica más a los pobres que a las clases medias y altas. “La corrupción es un impuesto particularmente regresivo, ya que los pobres son los más castigados por la obligación de pagar sobornos o cuotas, por mínimas que sean, cuando desean servicios públicos”.

Dentro de las funciones que las instituciones cumplen, se encuentra resolver los problemas de información sobre los mercados, sus bienes y participantes; definir y hacer observar los derechos de propiedad y los contratos, determinando quien consigue qué cosas y en qué momento; e intensificar o reducir la competencia de los mercados. El economista propone que para lograr instituciones eficaces, debe identificarse qué tipo de institución se necesita, antes de dar por supuesto que una estructura preestablecida es la que debe impulsarse. Preguntas como: ¿Carecen los banqueros de información sobre la solvencia de los posibles prestatarios? ¿Tienen los agricultores que trabajan la tierra derechos que puedan hacer valer? ¿Hay un monopolio en el sector de la infraestructura que impide el acceso de nuevos participantes? ¿Las empresas no realizan investigaciones de alta rentabilidad porque carecen de salvaguardias sobre la propiedad intelectual?, son relevantes para su diseño.

Keefer y Shirley (2000) señalan cuatro posibles combinaciones entre calidad de las políticas macroeconómicas y la calidad de las instituciones, remarcando con esto la importancia de una institucionalidad sana, sobre políticas económicas eficientes. De acuerdo a los resultados de los análisis realizados, la combinación de baja calidad institucional y malas políticas macroeconómicas genera un círculo vicioso de bajo crecimiento real per cápita; en tanto que la combinación de buenas políticas económicas y alta calidad institucional, genera un círculo virtuoso de alto crecimiento real per cápita. Lo más relevante del análisis es que países con una combinación de alta calidad institucional y de- ficientes políticas económicas presentan un crecimiento real per capita dos veces mayor que el de los países cuya combinación es de buenas políticas económicas pero deficiente calidad institucional”. Un hallazgo sumamente ilustrativo de lo que han sido las prioridades en la mayor parte de Latinoamérica, y sus resultados de crecimiento.

Capital Social, el complemento de la fórmula

Al analizar los procesos de desarrollo, debe hacerse un énfasis fundamental en las dinámicas poblacionales. Las personas se asocian para hacer negocios, para compartir conocimientos, para convivir en un área geográfica. De los lazos que existan entre estas personas en los distintos niveles en que se mueven, depende en gran medida la eficacia de muchas iniciativas de desarrollo. Estas dinámicas han sido estudiadas por muchos economistas y las han identificado con el término de capital social.

Según Woolcok (2001), el capital social debe entenderse como las normas y redes que facilitan la acción colectiva. “La idea básica de capital social, señala el economista, es que la familia, los amigos y socios de una persona constituyen un activo de suma importancia, al que puede recurrir en momentos de crisis, disfrutar como un fin en sí mismo y, también, utilizar para obtener ganancias materiales. Lo dicho respecto de los individuos también vale para los grupos. En efecto, aquellas comunidades que cuentan con un abanico diverso de redes sociales y asociaciones
cívicas se encuentran en mucho mejor pie para enfrentar la pobreza y vulnerabilidad, solucionar conflictos y aprovechar nuevas oportunidades”.

De acuerdo al concepto, se identi- fican tres dimensiones de capital social: “Bonding” que se refiere al capital social afectivo que se encuentra en las relaciones de solidaridad y apoyo mutuo de los miembros de las familias, amistades y vecinos; “Bridging” referido a relaciones de personas de diferentes grupos que comparten características demográficas; y Linking, cuya dimensión es vertical, donde se vinculan las personas u organizaciones con las instancias del poder político y económico.

Estas dimensiones se encuentran presentes de diversas maneras en distintas comunidades. Woolcok señala que los pobres cuentan más con lazos del tipo “bonding”, donde lo que existe es una vasta red de solidaridad. Los mismos carecen del tipo de capital social más extensivo, o “bridging”, que es el que más utilizan los que no son pobres para superarse, y es el que tiende puentes entre grupos disímiles. Finalmente, el papel del Estado es fundamental, en tanto trastoca todos los niveles. De esta manera, un Estado débil y corrupto impacta toda la estructura social de forma negativa, como sucede al contrario, cuando el Estado respeta las libertades cívicas, el estado de derecho, los contratos, las promesas y se resiste a la corrupción.

Integrando las visiones

René Olate describe en “Un Modelo Analítico de Intervención en Gerencia Social: integrando los enfoques de las Capacidades, el Capital Social y las Instituciones en el ámbito Local”, documento de trabajo del BID-INDES 2004, la interrelación que existe entre estas tres conceptualizaciones sobre el desarrollo, y su importancia para la intervención pública. De acuerdo a Olate, los tres enfoques poseen múltiples posibilidades de complementación, y por tanto, mayores posibilidades potenciales de lograr desarrollo cuando son analizados en conjunto y en ámbitos locales.

El mismo señala que dicha interrelación está asociada a los distintos niveles en que acciona el ciudadano. “El desarrollo y la construcción de capacidades es un proceso en el ámbito individual que se potencia o limita desde las relaciones sociales o capital social, y este a su vez, es entendido en un contexto institucional... Las capacidades se enfocan desde una perspectiva individual-grupal, el capital social desde una perspectiva grupal-comunitaria, y las instituciones desde una perspectiva comunitaria- societal”, plantea.

“Cuando teníamos todas las respuestas nos cambiaron todas las preguntas”, se lee en un muro de Quito. Esta frase encierra la voz de la humanidad, que busca en esta nueva coyuntura mundial, la respuesta a las nuevas preguntas que la experiencia ha dejado abiertas.
Sin dudas que esta manera integral de visualizar el desarrollo, tomando al ser humano como el centro, el objetivo, y el actor principal de su propio progreso, es esperanzadora. La realidad está definiendo, cada vez con mayor fuerza, cuales son los caminos que ya no deben seguirse... Los nuevos están aún en diseño... La duda que asalta es, ¿están los hacedores de políticas mundiales escuchando atentos el mensaje que la humanidad está dando?

 
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