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A pesar del peso en el ámbito productivo y económico, estas
pequeñas empresarias son ignoradas por las políticas públicas
Mujeres cooperadas vencen
la tentación de emigrar
Consuelo Mora Benard
Enviada Especial
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María Artola y Aracelly Medina (en el extremo derecho de la foto) junto a otras dos cooperadas

Las mujeres, según proyecciones de población del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC), podrían sumar un poco más de la mitad de los nicaragüenses, con un total de 2.7 millones. Para el año 2050, de acuerdo a las tasas de natalidad, el universo femenino podría llegar a sumar 5 millones.

Sin embargo, este enorme peso poblacional de la mujer nicaragüense no se refleja en el acceso a créditos, capacitación técnica, a títulos de propiedad. Las investigaciones anuales del FIDEG, al respecto, muestran que el acceso a estas condiciones y recursos tienen rostro masculino y no femenino.

Con motivo del Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo, El Observador Económico hizo un amplio reportaje con mujeres productoras, artesanales y cooperadas –generalmente invisibilizadas por los grandes Medios de Comunicación—para conocer su experiencia laboral y productiva, recoger testimonios sobre cómo se están preparando o se quieren preparar para enfrentar la ola de la globalización y, sobre todo, a qué acciones, programas o recursos aspiran. Sus historias y expectativas están aquí, son voces que provienen de sitios verdaderamente alejados del país.

Marisol Herrera, originaria de Somoto, cabecera departamental de Nueva Segovia, acababa de retornar de Costa Rica, donde trabajaba para ganar más dinero y enviarlo a su familia.

“Mucha gente pasa aquí vendiendo rosquillas a 20 pesos al día. ¿Usted sabe lo que es ganar 20 pesos al día?”, comenta con preocupación.

Los hornos de rosquillas, más que un instrumento de trabajo, parecen un elemento más del paisaje de Somoto. Los árboles se levantan entre el piso agrietado del verano, las casas, dispersas, tienen talleres de rosquillas de distintos tamaños, cada uno con su horno. En muchas de las casas toda la familia se involucra para producir rosquillas, que venden a nivel local.

Un grupo de mujeres, entre las que está Marisol Herrera, han conformado aquí la cooperativa “Primero de noviembre” y tienen ocho años de existencia. Aquí están organizadas mujeres productoras de varias disciplinas, desde artesanas de las rosquillas hasta agricultoras.

Aracely Medina, secretaria de la cooperativa, aseguró que el mayor problema de las mujeres rosquilleras en Somoto no son los créditos, a pesar de que la cooperativa no tiene fondos para hacerlos. En su opinión, el principal problema son las obligaciones y requisitos impuestos por el mercado y sus capacidades para cumplir con éstos.

“Si quiero vender en otros mercados fuera de Somoto, como en Managua, mi producto debe llevar etiqueta, tengo que ir al MINSA de Managua a gestionarla. Ahí le cobran hasta 3 mil pesos a uno y de dónde voy a sacar esa suma”, comentó.

María Artola es la presidenta de la organización. Antes pertenecían a la Unión de Agricultores y Ganaderos, UNAG y
comenzaron a trabajar con el programa
Campesino a Campesino, a través del cual
aprendieron de cultivos orgánicos. María
espera que puedan exportar en un futuro.

“En el 98 nos dieron un crédito, que fue bien administrado. Como trabajábamos con la UNAG, cuando se murió la presidenta de la UNAG, nos robaron todo. Esta cooperativa ahora no tiene nada”, se lamentó.

Aracely, la secretaria de la cooperativa, señaló que a veces hay ofertas de financiamiento, pero en ese caso, el problema son los altos intereses. Por tanto, espera que en algún momento bajen y se les ponga a su disposición, para abrir nuevos mercados fuera de Somoto, viajando a otras ciudades dentro y fuera de Nicaragua.

Artesanas de Ducuale Grande
En un lugar donde el polvo parece llover lentamente para fusionarse con el suelo arcilloso, la gente no suele caminar tan lento como se cree. Las casas, con ecos cotidianos de la radio o de la comida en el fuego, parecen también hacer un esfuerzo por escapar de ese tono terracota que lo invade todo, a excepción de una casa, de donde cuelga un rotulito pintoresco “Taller de Cerámica Ducuale Grande”.

 

Para ellas, el colectivo femenino de artesanas más conocido y de mayor trayectoria en el municipio de Ducuale Grande, Condega, el suelo es la materia prima en bruto, de donde luego producen verdaderas obras de arte hechas a mano, gracias al talento y la creatividad desarrollada en los últimos quince años.

“A través de la Casa de Cultura (de Condega, Estelí) logramos comenzar a trabajar. Lo que pasa es que a nosotras nos gustaba trabajar el barro de manera rústica, pero teníamos que vender las piezas más barato. Emma Centeno, la encargada de Cultura nos motivó para que nos organizáramos e hiciéramos piezas con mejores acabados”, relató Asunción Córdoba, sin perder la concentración en la ollita de barro que pule.

“Eso fue hace 15 años y no teníamos cómo iniciar, sólo queríamos trabajar, entonces Pao Valverde, un español que trabajaba el barro, nos capacitó para hacer mejores acabados y procesar el barro para después trabajarlo. En ese momento, iniciamos 16, ahora sólo quedamos nueve, íbamos a ferias en Managua, a comercializar nuestro producto”, agrega.

Con el apoyo del cooperante español, aprendieron a ampliar su obra y dedicarse no sólo a la artesanía utilitaria, sino también decorativa. Para ello, han aprendido técnicas para mejorar la calidad de los productos. Así han logrado darse a conocer y ahora sus obras se comercializan en Estelí, Managua y Matagalpa, incluyendo Galerías de Arte. Sin embargo, aspiran a seguir capacitándose, a seguir mejorando su producto, a volverlo más exportable, para acceder al mercado externo que paga mejor.

“Nunca se termina de aprender” dice Asunción, levantando las cejas. “Queremos aprender cómo formar otras clases de piezas, diseños, que se mejoren las ventas, sobre todo que exista un mercado que compre nuestras artesanías”.

La conversación se desarrolla en la sede de la cooperativa de mujeres artesanas de Ducuale, ubicada en ese municipio de Condega, a 185 kilómetros de Managua, sobre la Carretera Panamericana. En su sede, ellas producen la artesanía decorativa y utilitaria y ahí mismo la comercializan.

Distribuidas por toda la casa, en cada pasillo iluminado por la luz de las cuatro de la tarde, trabajan absortas en la elaboración de piezas cóncavas, pequeñas, con personalidad propia. La casa, construida por ellas mismas con la ayuda financiera de los Países Bajos, encierra cuartos donde se levantan estantes con artesanías estilo precolombino, que con luces cada vez más tenues se vuelven figuras fantasmagóricas.

“La construimos nosotras mismas, elaboramos hasta las tejas. Pasamos jalando agua del río, poniendo ladrillos y al final la terminamos” comenta, dejando un lapso largo de silencio mientras sigue trabajando.

Cooperadas de Jinotega

Para estar en Jinotega a las ocho de la mañana, se debe tomar un bus a las 2 AM, luego esperar a que no se vaya el bus de la tarde, porque no hay manera de regresar el mismo día. Eso es lo que deben tener presentes las productoras del Cuá para poder llegar a la cooperativa Las Brumas. A ellas no parece darles demasiado temor las historias de secuestros y muertes que se oyen con frecuencia en esos lugares.

“Sembramos maíz, frijoles, plátanos, quequisque, yuca, café. En esta cooperativa hemos conseguido préstamos para cerdos, gallinas, vacas. Antes pertenecíamos a la UNAG, pero tuvimos muchos problemas”, dijo Antonia Centeno, que viajó desde El Cuá con sus dos nietos y su marido hasta la cooperativa.

Haydée Rodríguez, presidenta de la cooperativa, señaló que los problemas con
la UNAG surgieron cuando los dirigentes comenzaron a quejarse por la presencia de las mujeres ahí, porque las tierras no estaban a nombre de ellas. Sin embargo, lograron mudarse y construir una sede aparte de la UNAG.

El programa de alfabetización se abrió hace 3 años, y en él han concluido sus estudios doce mujeres por año. Alba Rosa Flores, presidenta de la cooperativa Donald Mulder, en El Cuá y también miembro de la cooperativa las Brumas, ha estado alfabetizando junto a Trina González y además trabajando con medicina natural, sin dejar atrás sus siembros de granos básicos. A pesar de no estar comercializando sus productos de medicina natural, no descarta la idea de hacerlo en el futuro.

Una de las mayores preocupaciones de Adelaida Aguilar es la falta de mercado para sus hortalizas orgánicas. Tiene 26 años, es mamá de 4 niños y es propietaria de 6 manzanas y media, en las que cultiva sólo productos orgánicos.

En el futuro, estas productoras están de acuerdo en convertirse en empresarias. Los intermediarios se quedan con gran parte de las ganancias de sus productos, por lo que esperan poder comercializar directamente sus cultivos, sus lácteos y el ganado.

“Antes, no me querían dar crédito a mi porque decían que solamente a los hombres”, señaló Antonia Centeno. “Ahora hay créditos destinados sobre todo a mujeres. Ese es un avance”.

Tejedoras y artesanas de Matagalpa

En el taller de la cooperativa La Malinche, en la comunidad El Zapote, departamento de Matagalpa, los sonidos son absorbidos por las telas dispersas en el lugar. Los hilos multicolores llaman la mirada a todas partes: de tonos cálidos a fríos, combinados con cuero.

Las mujeres indígenas que conforman esta cooperativa artesanal, dedican horas extensas del día a hilar, unir, cortar a mano, para producir desde billeteras hasta mochilas, fajas, llaveros, cigarreras.

“El problema es que no hay mercado dónde distribuirlos. Además, no tenemos capital para invertir y hacer crecer el taller, ganamos muy poco al mes”, explicó Valentina Maldonado, presidenta de la cooperativa.

A pesar de todas las dificultades que atraviesan en el ámbito del “mercado libre”, sus productos artesanales en cuero son distribuidos a otras partes del país: en Matagalpa, León y en Managua, entre otros.

Productoras de Rivas
Las puertas y ventanas se abren, el calor sube, la cantidad de decibeles y todo aquí ocurre fuera, a diferencia del norte de Nicaragua. Hay algunas cosas que se hacen más evidentes y apresuradas, una de ellas es la migración.

Ana Luisa Rodríguez, productora de Sapoá, es un ejemplo clarísimo de los resultados de la migración laboral que lleva a miles de conciudadanos a buscar futuro en Costa Rica y otros países centroamericanos. Ella cuida de sus nietos y bisnietos, porque sus hijas emigraron hace algunos años a Costa Rica en busca de más recursos para sobrevivir.

La UNAG de Rivas agrupa a 1,200 productoras de esta localidad. Además de producir granos básicos, algunas se dedican también a la ganadería, con el apoyo de Elizabeth Chavarría, asesora técnica. Ella opina que las mujeres debería tener más acceso a crédito.

“Por lo general, la mujer pide un crédito, lo quiere para crear un huerto familiar, sembrar un área de tomates y chiltomas, o tal vez necesita mejorar el sistema de riegos. Los hombres tienen más posibilidades de trabajar en el campo, entonces pueden conseguirse un arado y unos bueyes y se va, mientras que la mujer no, tiene que estar en la casa, viendo a los niños y cocinando. Nosotros lo que queremos es que la misma mujer, aunque esté en su casa, trabaje en algo que le genere ingresos, ya sea criando cerdos, gallinas”, apuntó.

“Es necesario comenzar a trabajar con semilla criolla, la semilla mejorada no funciona. Muchas veces se cree que todo se resuelve recurriendo a créditos, pero no”, añadió Chavarría, la asesora técnica, mientras coloca el casco de su moto en la mesa.

Guillermina Morales, presidenta de la organización, organiza un curso de formación de promotoras agrícolas, que durará dos años. Con esto, esperan resolver varios problemas relacionados con la comercialización de sus productos.

ONU: Inmigrantes suman 175 millones de personas
  • Víctimas fáciles de explotación
    por su condición de ilegales
Dica Sitoni*

PORTO ALEGRE, Brasil, (IPS)

- Millones de personas atraviesan las fronteras cada año en busca de medios para sobrevivir. La ONU estimó que hay casi 175 millones de inmigrantes en todo el mundo, de los cuales dos millones son brasileños.

Más de 600 personas procedentes de 35 países se reunieron a fines de enero, para analizar el fenómeno en el Foro Mundial de las Migraciones, en el marco del Foro Social Mundial que se celebra en Porto Alegre, Brasil, bajo la consigna “Travesías en el de$orden global”.

La reunión emitió un documento elevado al Foro Social Mundial y que apunta causas, consecuencias y algunas alternativas, como la constitución de una “ciudadanía planetaria”.

Asimismo, se coincidió con el cálculo de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), según la cual los índices migratorios sólo se estabilizarán en torno del año 2050.

Hasta que eso ocurra, según los expertos, será necesaria un profundo análisis del efecto de la globalización respecto de las migraciones y que deje en evidencia los mecanismos de control externo e interno que desconocen los derechos humanos de los inmigrantes legales o clandestinos y le asignan un estatus de delincuente o indeseado.

Es necesario, sobre todo, establecer normas éticas que permitan la solución de cuestiones complejas.

“Es preciso crear urgentemente la ‘ciudadanía universal’, que garantice los derechos de estos hombres y mujeres discriminados en los lugares que eligieron para vivir”, propuso Dom Luiz Demétrio Valentini, presidente del católico Servicio Pastoral de los Migrantes, una de las organizaciones promotoras del Foro de las Migraciones.

Para Helion Povoa Neto, del Núcleo Interdisciplinario de Estudios Migratorios con sede en Rio de Janeiro, estos ciudadanos, discriminados y humillados, acaban siendo víctimas fáciles de la explotación.

Cuando viven en la clandestinidad, los inmigrantes son los trabajadores ideales para una economía que ignora sus derechos, presa fácil de traficantes y de explotadores de trabajo esclavos. Silenciados políticamente, son ciudadanos con las manos atadas.

En Brasil, por ejemplo, fueron liberados desde 1995 unos 13,000 trabajadores esclavos. De 1,200 haciendas rurales inspeccionadas, 300 apelaban a esclavos.

Para Dom Valentini, los inmigrantes deben organizarse y concientizar al mundo de que, en realidad, constituyen uno de los principales elementos de desarrollo del proceso de globalización.

“No podemos ver las migraciones como un fenómeno negativo. Las migraciones involucran a pueblos y a personas portadoras de un gran potencial transformador”, sostuvo el activista católico.

Pero tal reconocimiento y valorización no se traduce aún en mejoras de la calidad de vida.

Millones de inmigrantes esperan en todo el mundo soluciones para sus problemas y respeto para sus derechos, en particular los relativos a políticas públicas.

“En algunos países, ese asunto ha sido discutido y solucionado. En Brasil, tanto el debate como las prácticas concretas aún son incipientes”, dijo Wendeluce Bison, experta en Políticas Públicas del Ministerio de Planificación brasileño.

El presidente del Movimiento de los Trabajadores Agrícolas Sin Tierra (MST), Joao Pedro Stédile, criticó en el Foro al gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, pero recordó que los cambios dependerán también de la unión de las organizaciones sociales.

“Si no lo hacemos en los próximos dos años, el gobierno de Lula estará condenado al fracaso y la situación de los históricamente discriminados se agravará”, sostuvo el líder campesino.

* Colabora de IPS/TerraViva


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