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Consuelo Mora

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Crónica viajera desde el Parque Morazán, en San José, Costa Rica
Nicas en busca del “sueño tico”

La falta de alternativas económicas en Nicaragua continuará siendo el factor para que muchos nicaragüenses se trasladen a trabajar a Costa Rica, en busca del “sueño costarricense”. Mientras tanto, en el vecino país se discute públicamente una nueva legislación migratoria, que a todas luces es desfavorables a los migrantes.

Esta crónica viajera, escrita por Consuelo Mora, nació días después de los lamentables sucesos ocurridos enel Banco Nacional de Monteverde, el 8 de marzo pasado, protagonizados pordelincuentes de origen nicaragüense y que, lamentablemente, agravaron los sentimientos xenofóbicos que algunos costarricenses sustentan contra los migrantes nicaragüenses residentes en el vecino país.

4 p.m. San José, Costa Rica.

Don Luis

El parque Morazán atrapa acentos confundidos, las palabras sin la “S” al final, hombres sentados en círculo, secos porel tiempo. De vez en
cuando una mujer grita que vende nacatamales,otra, enchiladas y por allá está otra, con una bolsa apretada contrael cuerpo que anuncia algo inaudible. No dejan de mirar detrás de la espalda, al cielo, a los lados, temiendo que llega la guardia costarricense a decomisarles la venta.

Los grupos masculinos se relajan, lo único que cargan es un libro, una revista o un cigarro. Unos dicen que no son nicas, a pesar del acento matagalpino y otros suben la voz cuando dicen que sí son.

Don Luis, sentado con los brazos en el borde del respaldar de una banca fría, no quiere contestar nada. De pronto toma fuerzas y dice: “Hay mucha gente que cuando vienen a hacerles preguntas, sacan a relucir el nacionalismo, eso es tontería.”

Tiene 54 años, expresa su desprecio hacia los periodistas abiertamente y poco a poco, relaja la dureza de su rostro “No se puede ocultar el sol con un dedo, no se puede decir que allá se está muy bien si se sabe que Nicaragua ocupa el segundo lugar a nivel latinoamericano de pobreza”, dice. Se reacomoda en la banca, acerca su mochila para decir con la primera sonrisa que no padece del “mal de Patria”.

Nueva ley migratoria amenazante
El parque Morazán está empacado en aire anónimo, individual y nómada. Es el mismo aire que se respira en el consulado de Costa Rica en Nicaragua, en las fronteras de ambos países y algunos focos de San José, sobre todo donde hay vendedores ambulantes, grupos de empleadas domésticas, vigilantes y obreros: nicas, ensu mayoría. Cada cual carga su historia, sus razones y alguna broma entre manos, de ésas que rompen la rutina.

Costa Rica se ha regido bajo la misma ley de migración desde los años 80. Según el investigador Eduardo Baumeister, autor de varios documentos sobre la migración nicaragüense, desde los 90 hasta la fecha el número de nicas en Costa Rica se ha duplicado y sigue en aumento.

Ahora, en medio de las discusiones de una nueva ley de migración, el tema deja de limitarse a las noticias de allanamientos en La Carpio y pláticas entre organizaciones no gubernamentales. La migración se ve en macro.

Según reportes periodísticos, la nueva Ley podría afectar gravemente a los nicaragüenses asentados en el país del sur. Organizaciones de la iglesia católica en Costa Rica y otros organismos que trabajan con migrantes, se han opuesto a ciertos puntos de la nueva ley de migración, porque criminaliza a los migrantes ilegales, además, no existen planes de ubicación y atención para las familias de los migrantes ilegales, se sanciona no sólo a los coyotes sino también a cualquier persona que le dé alojamiento a alguien sin papeles.

Además de la falta de incorporación de la ley a tratados internacionales, otro punto que se critica de la ley de migración deja en manos de la policía la decisión de deportar a un migrante sin papeles, si seencuentra a 50 kilómetros de la frontera, sin la mediación de otra persona. Sin embargo, el Ministro de Defensa de CostaRica, Rogelio Ramos, dice que la Policía siempre ha tomado este tipo de decisiones y que el proyecto jurídico debe aprobarse lo más pronto posible.

Mejores ingresos
“Yo soy costeño pero estoy aquí, últimamente he pensado en sacar mi pasaporte, vender lo que tengo y adiós Nicaragua”, dice Elroy Benley, artesano que vende su trabajo en la frontera de Costa Rica. “Toda esa gente que está allá” dice, señalando todo el movimiento fronterizo, “todos, los que hacen hamacas, los que limpian el piso, los que montan las cargas, son nicaragüenses”.

Elroy

Las instalaciones fronterizas costarricenses, en Peñas Blancas, son las mismas desde hace décadas. Los espacios reducidos, las filas largas, el calor y las personas moviéndose de un lugar a otro en una mezcla de voces, hacen que el tiempo corra lentamente. Elroy no pasa desapercibido: Amarra manila de colores a la parte trasera de los
vehículos y cubre lapiceros con ésta, formando nombres o figuras. No para de hablar un segundo, con lo que atraenuevos clientes posibles, que observan si lo que él está haciendo es un performance teatral o si está tejiendo un objeto extraño.

“Me puedo ganar hasta mis trescientos córdobas al día elaborando artesanías, que mejor que 20 córdobas al día, como me ofrece la aduana. Ellos me necesitan porque hablo otro idioma, pero con ese salario apenas puedo pagar el pasaje de ida y vuelta todos los días. En Nicaragua, solamente de agua y luz tengo que pagar 70 dólares al mes y no me da resultado si gano 30 dólares”, explica Elroy, mientras sigue trabajando.

“La aduana nica no nos deja vender a aquel lado, nosotros venimos aquí y el tico sí nos deja”, comenta. “Dicen que quieren hacer una sola frontera, pero nosotros tenemos que andar como criminales en el lado tico, saltándonos los muros, de nada sirve la cédula de identidad”.

En ese instante, se acerca un guardia de seguridad que saluda a Elroy con acento tico muy marcado y retoma la conversación, riendo. “Es que ésa es la estrategia de los nicas, quieren sacar a todo mundo del país, entonces hacen ese tipo de cosas”. El comentario es celebrado por los vendedores nicaragüenses que lograron escucharlo.

A pesar de ser las remesas las que mantienen a Nicaragua, el aporte de los migrantes nicaragüenses a la economía tica es considerable, afirma Baumeister, sin embargo, aún no se han hecho estudios en esta área. Datos de la Red Nicaragüense de la Sociedad Civil para las migraciones, estima que hay un aproximado de 400 mil nicas en Costa Rica.

Solidaridad y apoyo
En nuestro país se han formado redes de ayuda e información a migrantes, la mayoría de las organizaciones están conformadas en la Red Nicaragüense de la Sociedad Civilpara las migraciones, conformada por organizaciones como SENDEROS, Catholic Relief Service, ASTRADOMES, entre otras. Últimamente estas organizaciones sehan concentrado en la defensa de los derechos de los migrantes dentro de Nicaragua.

Nicaragua tiene un centro de retención donde son enviados todos los migrantes sin papeles durante tres meses, antes de ser deportados. Mientras se exigen abiertamente mejores derechos para los migrantes nicaragüenses en otros países, Nicaragua no reconsidera sus leyes internas. “No hay porqué negarlo, el gobierno aquí ayuda”, dice don Luis,refiriéndose al gobierno tico. “Hay acceso a salud”.

Martha Cranshaw, representante de la Red Nicaragüense de la Sociedad Civil para las Migraciones, comenta que el gobierno no se enfoca en las migraciones en ningún aspecto del Plan Nacional de Desarrollo. Este grupo de organizaciones que se encuentran en ambos países inciden a nivel local y en grupos pequeños y no de manera directa en las políticas de los gobiernos.

El “poder” de los papeles
“He tenido malas experiencias, hay jefes que le deducen a uno el seguro social y no lo reportan”, comenta enojado don Luis, quien está en Costa Rica desde 1989. “Los que atienden en el seguro social a veces se ponen en un plan, que no echan de ver que sus sueldos se lo están ganando de lo que nosotros cotizamos”.

“Los ticos me preguntan que si aquí estoy mejor, yo les digo que en la
época del general Somoza nosotrosvivíamos mejor o igual porque yo no tenía que hacer fila”, cuenta don Luis, quien estuvo preso desde1979 hasta 1982. Dice queél pensaba volvercuando las cosas mejoraran, “pero veo que va para largo, entonces no sé”, comenta sonriendo.

“Nunca he tenido ninguna clase de agresión más que la verbal aquí”, cuenta María Auxiliadora Martínez, vendedora ambulante que vive en Costa Rica desde hace ocho años. “Desde que vine, procuré estar legal, saqué mi cédula durante el gobierno de Miguel Ángel Rodríguez. En esa época se nos dio esa facilidad, porque ahora yo creo que ni con un abogado podés sacar la cédula. Uno sin documentos aquí no es nada”.

Maria Auxiliadora no estaba trabajando ese día, algo muy extraño entre las mujeres que frecuentan este parque. “Es ilegal vender aquí, entonces yo prefiero salir de San José para sobrevivir”, cuenta.“A veces logro mandar 50 dólares al mes a mi casa, depende de lo que venda” dice, mientras mira la cámara con inquietud. “No, no quiero fotos”, dice.

El anonimato se hace más evidente mientras cae la noche y las prostitutas comienzan a llegar al parque costarricense, cita obligada de los nicaragüenses migrantes. Algunas personas aún venden comida, otros se dispersan y se abrigan, mientras varios caminan hacia sus trabajos nocturnos. Se rompen los límites delparque, las personas salen y sus acentos se mezclan en la multitud de rostros multicolores.

 
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