¿Es preferible
la OMC a un TLC?

Juan I. Martínez *

   

El 2005 nos deja, entre muchos sabores dulces y amargos, la certeza de que Nicaragua, para bien o para mal, está tan internacionalizada hoy como jamás lo ha estado en su historia.

El año cierra con la reunión de la Organización Mundial de Comercio en Hong Kong, como el último evento internacional importante. El Observador Económico, aprovechando los debates sobre el tema en los que ha participado a lo largo del año, le dedica una parte de su edición 163 al tema del Comercio internacional y Desarrollo.

Multilateralismo o Bilateralismo:
¿el menos malvado de los demonios?

La presión por integración se hace acompañar de demandas por la creación de sistemas de reglas y normas para administrar un mundo más interdependiente. Estos sistemas pueden resultar de dos tipos de acuerdos:

En el ámbito de comercio internacional, las negociaciones que se realizan en la OMC son de carácter multilateral, al participar en sus discusiones 148 estados. Este mecanismo pluralista tiene la ventaja de que cualquier preferencia que se le otorgue a cualquier país en términos de beneficios comerciales, se le tiene que otorgar a todas las otras naciones por igual: cada país, o grupo de países, negocia con todos los demás para establecer un marco de reglas del juego que se apliquen por parejo, las que se logran por medio del consenso para el cual cada país tiene un voto.
Los acuerdos bilaterales y regionales son de naturaleza preferencial. Los tratados de libre comercio como el CAFTA y bloques regionales como el NAFTA y Mercosur, son de este tipo discriminatorio, en el sentido de que las preferencias que se le otorgan a la otra parte son exclusivas para ésta, aunque siempre bajo la obligación de compatibilidad con el marco comercial ya establecido en la OMC.

Esta última vía ha ganado fuerza en los últimos años y es actualmente el mecanismo comercial más popular utilizado para concretar acuerdos Norte-Sur, por parte de las potencias económicas, EEUU y la Unión Europea en particular (Actualmente hay casi 300 acuerdos comerciales bilaterales en todo el mundo).

¿Por qué? Algunos críticos atribuyen este movimiento hacia el preferencialismo bilateral a las dificultades de negociación que se dan en un escenario tan pluralista como la OMC: el fracaso de las reuniones ministeriales de la OMC en Seattle en 1999, y en Cancún en el 2002, son claros ejemplos de esas dificultades.

Una negociación preferencial es además efectivamente más rápida que una multilateral: llegar al acuerdo del CAFTA tardó la mitad del tiempo de lo que ha tardado la ronda de negociaciones de Doha en la OMC.

En síntesis, podría ser que una mesa tan grande como la de la OMC es demasiado democrática, o será porque de Norte a Sur- o sea, de rico a pobre- ¿los asuntos se resuelven más fácil y las cosas se imponen con menor objeción?. Además, aunque lo que se busca es lo mismo, las negociaciones bilaterales atraen mucha menos controversia y oposición que cada reunión de la OMC.

Los críticos también enfatizan que las negociaciones multilaterales tienden a producir poco impacto efectivo, principalmente porque se enfocan en la negociación de aranceles consolidados, y se excluyen de la agenda temas de naturaleza no comercial.

En los acuerdos preferenciales y particularmente en los bilaterales, por su lado, se establece un cronograma estricto de liberalización de mercados y se incluyen temas no comerciales, promoviendo compromisos más profundos y estableciendo reglas específicas del juego para implementarse en el menor tiempo posible.

¿Qué podría ser mejor (o menos malo) para Nicaragua?

El libre comercio Caftiano con EEUU no es la esperanza única para Nicaragua. Nuestro país participa en la OMC desde 1995 y las negociaciones en ella le dan la oportunidad de compartir posiciones y debatir junto a muchos de los países que están en posiciones similares, y que pretenden objetivos de desarrollo parecidos, bajo las mismas limitaciones, exigiendo tratos más justos y equilibrados por parte de las grandes economías.

Una nación como la nuestra, o cualquier país comparado, podría unirse a un bando, o grupo, donde se consoliden posiciones que puedan garantizar el mayor beneficio y menor perjuicio para los que les resulta difícil hacer que sus voces se escuchen alto.

Es provechoso, sobre todo, cuando se participa en una negociación como la de Doha, cuyo principal objetivo es el desarrollo (aunque sea nada más retóricamente), y en la que se discuten temas sensibles para Nicaragua, como los mecanismos de comercio agrícola a nivel mundial.

Un campo de juego como la OMC, sin embargo, también implica mucho más. Todos quieren que los otros den, pero pocos estás dispuestos a dar. Las batallas más difíciles se libran en este campo y es posible que posiciones como las que puedan acarrear nuestros países se vean eclipsadas por discusiones mayores entre jugadores más fuertes - como el asunto de los subsidios agrícolas entre EEUU y la UE.

Aún así, la participación de Nicaragua en las rondas y negociaciones de la OMC es tan importante, y posiblemente más, que las negociaciones bilaterales, porque se negocia el acceso a todos los mercados del mundo, y de todo el mundo, a nuestros mercados.
Pedro de Motta Veiga, especialista brasileiro en el tema comercial, enfatiza que la liberalización (comercial, de la que se supone depende el futuro de nuestro país) no genera automáticamente desarrollo o elevación de los patrones económicos y sociales, es un medio y no un fin en sí mismo. Una aseveración que tenemos que tomar en cuenta los que estamos frente a las mesas de negociaciones, y los que estamos detrás de ellos respaldándolos o criticándolos.

Es necesario que se continúe reconociendo el fundamental papel que juegan las negociaciones comerciales para el futuro económico de nuestro país, sin obviar el hecho de que cualquier acuerdo, por más exitoso que se considere en teoría, en la práctica es un fracaso si las condiciones domésticas no son las propicias, y la preparación que se tenga para los cambios que el acuerdo provoque, no es la adecuada.

Es una obligación y una responsabilidad de nuestro país participar en los foros de la OMC, pero lo es también atender a las demandas de los sectores que tienen más en juego ante estos acuerdos, e incorporarlas en la agenda que determine la posición de nuestro país ante el resto del mundo. El Observador Económico, presentando posiciones como la Declaración de Managua, tiene la esperanza de que en esta ocasión, las decepciones sean menores.

* Subdirector de El Observador Económico.