Ignorada por muchos, apreciada por otros y dramáticamente criticada en la pasada reunión ministerial en Seattle, la Organización Mundial del Comercio (OMC) inició el milenio con una serie de cuestionamientos acerca de su futuro. Salubristas, agricultores, pescadores y hasta sindicalistas de grandes transnacionales se reunieron en Seattle con el objetivo de parar la agenda del milenio que se definiría en esta reunión. Agenda en la que se decidiría el futuro de las negociaciones comerciales en el nuevo milenio y que abarcara las áreas más diversas relacionadas con comercio y medio ambiente; comercio e inversión; comercio y política de competencia; transparencia de compras gubernamentales y comercio electrónico, entre muchos otros. “La OMC es una organización que no tiene ningún guardián. Está basada en el secreto. No es representativa y no actúa en forma democrática... soy salubrista, me interesa proteger la vida y preservar la vida en la tierra, y al igual que muchos otros diversos representantes de organizaciones no gubernamentales, descubrimos que si no hacemos algo sobre lo que sucede en la OMC, todos vamos a estar afectados... la gente estaba ofendida de cómo un grupo reducido de personas estaba tomando esas decisiones”, comentó María Hamlin Zúñiga, quien trabaja en Nicaragua para el Consejo Internacional de la Salud para los Pueblos, y quien participara en esta reunión en Seattle como representante de una organización no gubernamental.

¿Desastre o bendición del cielo?

Mientras para algunos la reunión en Seattle fue calificada como un fracaso, para otros, “Seattle fue una bendición del cielo”. De esta forma, que dó claramente reflejada la diversidad de posiciones que existen alrededor de la OMC, a las que forzosamente se ha llegado debido a muchos de los procedimientos internos y medidas que se siguen en esta organización. De acuerdo con Robert Vastine, presidente de la Coalición de Servicios Industriales en Estados Unidos e invitado a la 23 Conferencia sobre Comercio, Inversión y Desarrollo en Miami, ésta fue la primera vez que el movimiento laboral se unió al movimiento ambientalista con un mismo mensaje: “La OMC es un sistema para el beneficio único de las grandes corporaciones transnacionales, y trabaja para el detrimento de todo lo demás en el planeta”. Seattle marcó un alto en el camino y creó una interrogante sobre la forma en que los eventos se han venido desarrollando en los últimos 50 años. Lo que se observó en Seattle fue un sinnúmero de contradicciones, ataques, demandas y posiciones encontradas entre los países participantes: una brecha latente entre el mundo desarrollado y el mundo en desarrollo que no se ha logrado cerrar.

Llamadas de alerta

De acuerdo con Hamlin, la OMC ha seguido una tendencia a servir principalmente los intereses de las grandes corporaciones transnacionales y los países poderosos, y tiene el poder de afectar todo lo que tiene que ver con comercio: “Podemos estar hablando de agricultura, de farmacéuticos, de tecnologías de punta, no importa, ellos tienen el poder de tomar decisiones sobre las reglas que gobiernan el comercio, por ende es peligroso para los países pobres”, insistió Hamlin. Con el intento fallido de promover el acuerdo multilateral de inversiones (MAI), se hubiera logrado, por ejemplo, que compañías transnacionales de tabaco llevaran a las cortes internacionales a países como Nicaragua, por tener leyes que prohiben el uso del tabaco en lugares públicos. De manera que podrían hacer una demanda por las ganancias no recibidas producto de esta ley, explicó Hamlin.

Contradicciones y más contradicciones

Henry Gill, director de comunicaciones para Caribbean Regional Negotiating Machinery y líder de proyectos de comercio de CARICOM, y Robert Vastine, analizaron un sinnúmero de contradicciones que se presentaron en Seattle. Contradicciones analizadas desde dos distintos puntos de vista. Vastine observó contradicciones principalmente desde el lado de los activistas, opuestos a la forma en que se maneja la OMC. Activistas que, según él, también se benefician de la globalización y del movimiento del comercio global. “Algunos de ellos aparecían con zapatos tenis Nike hechos en Tailandia, y muchos de ellos toman café de Colombia”, señaló Vastine. Además, según él, las políticas económicas de los activistas han sido contradictorias con sus metas. “Quieren un medio ambiente limpio, pero, ¿están dispuestos a aceptar que ello conllevaría mayores niveles de pobreza?, se preguntó, argumentando con esto que la propuesta de algunos de cortar el comercio internacional mediante sanciones, sólo conllevaría a afectar más los estándares de vida de los pobres. Gill, por su parte, analizaba las contradicciones en el seno mismo de la OMC, organización en la cual, tres cuartas partes de la membresía está representada por los países en desarrollo, sin embargo, los procedimientos empleados conducen a una exclusión para algunos: “Así como proclamamos que más y más países son democráticos en el mundo, no lo vemos en la OMC”. La otra contradicción fundamental es que el comercio se ha convertido en el objetivo central: “Hemos puesto todo en un segundo plano”, comentó Gill: “...nuestra economía, nuestro país y nuestra gente”, refiriéndose a muchos de los delegados que participaron en la reunión en Seattle, representando a los diferentes países. De acuerdo con Gill, el fracaso de no estar de acuerdo en la declaración de Seattle fue el resultado esperado y necesario de las contradicciones dentro del sistema de la OMC. “Queremos una institución que ponga las reglas del sistema. Sin embargo, no significa que no se pueda criticar, que no queramos mejorarla y renovarla... hay que ver lo que se ha creado y ver cómo se reformará, a la vez que la agenda de negociación deber ser reevaluada debido a la diversidad de temas que están haciéndose, forzosamente, ligados al tema del comercio”.

Hora de inclinar la balanza

Diversos estudios de la UNCTAD y de la CEPAL han apuntado a la necesidad de corregir el impacto socialmente desestabilizador de la globalización, reconocer las demandas legítimas en cuanto a derecho al trabajo y protección del medio ambiente, y evitar que se interpongan nuevos obstáculos a una integración más equilibrada de los países en desarrollo, y de los de América Latina y el Caribe, a los mercados mundiales; tarea que en gran parte deberá estar en manos de la OMC. “El futuro programa de trabajo de la OMC debe definirse desde el punto de vista de los países en desarrollo, con el propósito de corregir los desequilibrios del pasado”, se lee en un informe de la CEPAL. Desde la primera Conferencia Ministerial celebrada en Singapur, y apoyándose en la experiencia de los negociadores en la Ronda Uruguay, la UNCTAD también ha impulsado la definición de una agenda positiva para los países en desarrollo. La CEPAL, por su parte, ha promovido estudios y reuniones de expertos para aportar elementos analíticos que ayuden a los países de la región a formular propuestas coherentes con vistas a mejorar sus condiciones de acceso a los mercados de bienes y servicios, así como a recuperar la flexibilidad adecuada para el diseño y manejo de sus políticas de transformación.

Señales de cambio

Para Gill, el acuerdo dentro de la OMC nunca será el mismo tras la reunión en Seattle, así como la forma en que los negocios se desarrollarán y los intereses de todos los participantes, inclusive de las economías pequeñas, sean tomados en cuenta. Otros ven los hechos de Seattle como una oportunidad que permitirá poder avanzar en otros importantes acuerdos internacionales. Un ejemplo, según Hamlin, será la convención sobre la Biodiversidad, convención en la que se decidirán una serie de importantes aspectos que pudieron haber sido destruidos por la OMC. Otro gran éxito tras la reunión en Seattle, agregó, es que logró unir a muchos diversos sectores que no habían trabajado juntos antes. Por ejemplo, se observó a sindicalistas y agricultores trabajando juntos. “Nos interesa buscar la forma de democratizar las decisiones que se toman sobre el comercio, y tanto los representantes de los países pobres como de los países ricos tienen derecho de expresarse, que no sea secreto, que sea verdaderamente consensuado y que tomen en cuenta las opiniones de los países pobres. Lo que pasó en Seattle es que los mismos delegados de los países pobres se dieron cuenta de que están sujetos a un grupo pequeño y limitado, y totalmente controlado por las grandes transnacionales”, valoró Hamlin. A pesar de las grandes contradicciones y los cambios que se aproximan, en un aspecto sí hay coincidencia por parte de los diferentes grupos que han comenzado a cuestionarse el papel de la OMC. “La OMC debe cambiar...”, se dijo en un importante foro económico reciente realizado en Miami: “...Pero esto no significa que el libre comercio está muriendo. Más bien significa que el libre comercio ha madurado hasta el punto de reconocer que puede y debe estar en conciliación con los otros valores humanos básicos”.

Ficha descriptiva de la Organización Mundial de Comercio (OMC)

Sede: Ginebra (Suiza)

Establecida: el 1. de enero de 1995

Creada: por las negociaciones de la Ronda Uruguay Miembros: 135 países (hasta noviembre de 1999)

Presupuesto: 122 millones de francos suizos (1999)

Personal de la Secretaría: 500 personas

Director General: Mike Moore

¿Qué es la OMC?

La Organización Mundial del Comercio (OMC) es el único órgano internacional que se ocupa de las normas que rigen el comercio entre los países. Nació el 1º de enero de 1995, pero su sistema de comercio tiene casi medio siglo de existencia. Desde 1948, el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) ha establecido las reglas del sistema. Fue creada con el objetivo de aumentar la liberalización de la economía global. Desde un principio trabajaba con el comercio de bienes, pero ahora también trabaja con servicios, inversiones y propiedad intelectual, entre otros. Actualmente, su núcleo está constituido por los Acuerdos de la OMC, que son las reglas jurídicas fundamentales del comercio internacional y las políticas comerciales. Los Acuerdos tienen tres objetivos principales: ayudar a que las corrientes comerciales circulen con la máxima libertad posible, alcanzar gradualmente una mayor liberalización mediante negociaciones, y establecer un mecanismo imparcial de solución de diferencias.

Los grandes temas pendientes Agricultura:

Durante la Ronda de Uruguay se acordó que la agricultura sería uno de los temas de las nuevas negociaciones. La Unión Europea no está interesada en bajar las tarifas y cuotas de importación ni los subsidios de exportaciones. Estados Unidos, junto con otros países, están tratando de crear más liberalización. Algunos países en vías de desarrollo ganarían de una mayor liberalización de la agricultura porque son capaces de exportar hacia países desarrollados y mejorar sus posiciones en el mercado mundial. Otros, los países que importan alimentos, perderían por precios más elevados en el mercado mundial. Por eso se ha propuesto que ciertos países que importan alimentos podrían recibir una compensación por la elevación de precios, pero no se ha implementado todavía.

Propiedad intelectual:

El acuerdo TRIP (Trade Related Intellectual Property Rights —propiedades intelectuales relacionados con el comercio) dentro de la OMC es uno de varios acuerdos internacionales sobre las propiedades intelectuales. Para países en vías de desarrollo, podría traer serias consecuencias, ya que en general tiende a beneficiar a las grandes corporaciones transnacionales. Un tema en especial es la patente a la vida, donde países en vías de desarrollo y campesinos en estos países perderían si el acceso a la propiedad intelectual incrementa. Una consecuencia posible es que los campesinos no tendrán el derecho de producir semillas o que tendrán que pagar franquicias al sembrar una variedad protegida, al vender el excedente de su cosecha, al exportar parte de su cosecha, al donar o regalar parte de su cosecha, al intercambiar o importar semillas. Además, no tendrán derecho a almacenar semillas para el próximo ciclo agrícola.

Reglas a las inversiones: Durante la Reunión Ministerial en Singapore en 1995, los países desarrollados deseaban iniciar negociaciones sobre un acuerdo de inversiones con un enfoque mucho más amplio que lo que ya existía (los llamados TRIM–Trade Related Investment Measures). Los países en vías de desarrollo lo negaron y las inversiones siguen siendo un tema de gran debate. Los países del OECD han tratado de crear el MAI (Multilateral Agreement on Investment –acuerdo multilateral de inversiones) con el propósito de proteger inversiones extranjeras directas de regulaciones gubernamentales. Al final no se logró un acuerdo, pero hay temores en los países en vías de desarrollo que las negociaciones de la próxima ronda tendrá como resultado un acuerdo similar.

La liberalización de comercio:Las reglas de los derechos de los trabajadores y estándares ambientales directamente relacionados con la OMC se han convertido en un tema importante, sobre todo al introducir el tema de desarrollo sostenible. La Unión Europea es uno de los actores principales en la lucha por introducir estos temas. Estados Unidos trataba de evitarlos, de manera especial antes de Seattle. Tras las acciones de protesta en Seattle, el presidente Clinton propuso la creación de una comisión de la OMC, sobre derechos ambientales y laborales. Algunos vieron esta posición de Clinton como una señal de claros intereses políticos frente a un período electoral próximo. Pero lo cierto es que muchos miembros de los países en vías de desarrollo temen que el apoyo de Clinton a esta comisión de la OMC pueda significar sanciones a los países que permiten el trabajo infantil o la polución ambiental, llevando, por tanto, a un proteccionismo disfrazado. Estados Unidos podría, por ejemplo, prohibir importaciones de países pobres, aduciendo que éstos explotan a los niños o violan otras normas laborales o ambientales. Es por esto que muchos de los países en vías de desarrollo ven estos temas como nuevas formas de protección por parte de los países desarrollados.

La posición de las ONG

Aproximadamente 1,500 organizaciones no gubernamentales se reunieron en Seattle, para enfocar las consecuencias negativas que los acuerdos de la OMC tienen sobre los países en vías de desarrollo. Algunas de estas organizaciones ven a la OMC como un instrumento de los países ricos en su deseo de gobernar la economía global y prevén que la estructura de poder de la OMC impide que la organización podría trabajar en una forma positiva por el desarrollo sostenible. Otras ONG, en cambio, ven en la OMC una posibilidad de poner reglas que contribuyan al desarrollo sostenible de las naciones. Reglas justas que den derechos no sólo a los grandes y poderosos, sino también a los pequeños y débiles.

 

 

 

 

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