Vivimos en una economía mundial, una nueva economía alimentada por la innovación y la tecnología, la difusión de los mercados y el advenimiento de las economías de mercado en surgimiento. Estos cambios encierran un potencial y una oportunidad incalculables para todas nuestras economías. Pero sabemos que también llevan consigo retos importantes. Especialmente en el sector financiero, la integración y la tecnología pueden dar nueva vida a vicios viejos: ya se trate del deseo de una compañía de evadir los impuestos que debe; el deseo de un criminal de lavar las ganancias que deja su crimen; o la disposición de un funcionario corrupto a torcer o romper las reglas. En un mundo más integrado, todo esto le plantea una grave amenaza a nuestras economías y nuestros pueblos —porque socava el buen gobierno y la transparencia en instituciones de las que dependerán, de modo creciente, el desarrollo y el crecimiento económicos. Y esas amenazas no proceden sólo de las actividades que tienen lugar dentro de nuestras fronteras. A medida que aumenta la interdependencia, cada país es tan vulnerable al crimen financiero como el eslabón más débil de la cadena. En ese sentido son “villanos” públicos mundiales del mismo modo que la degradación ambiental y el terrorismo. No están restringidos por las fronteras nacionales, y tampoco deben estarlo nuestras soluciones. Por todas estas razones, es justo e importante que los ministros de finanzas de esta región deberían aprovechar esta oportunidad para comprometer a nuestros países con esfuerzos nacionales y regionales para combatir estos problemas. Así como la guerra es demasiado importante para dejársela a los generales, en una nueva economía mundial el reto de superar la corrupción y el crimen financiero es demasiado importante para dejárselo exclusivamente a las agencias de ejecución de la ley. Permítanme considerar muy brevemente cada una de estas amenazas al buen gobierno y la transparencia en nuestra región y nuestros esfuerzos para combatirlas, inclusive el paso de avance muy importante que los países de esta región dan hoy en la guerra contra el lavado de dinero internacional.

I. Evasión impositiva y refugios impositivos

En un sistema financiero mundial más integrado, las jurisdicciones en el extranjero se han vuelto mucho más accesibles, y se ha ampliado el alcance del abuso y la evasión impositivos. Esto presiona los sistemas tributarios nacionales, en especial en las economías más grandes; distorsiona la economía y el sistema financiero en las jurisdicciones donde hay quien se beneficia de estas prácticas, al alentar la falta de transparencia y una cultura de engaño, y amenaza con socavar la confianza pública de la que depende el cumplimiento de las normas en todas nuestras economías. Por todas estas razones, en Estados Unidos hemos prestado atención prioritaria a combatir la evasión y el incumplimiento de las obligaciones impositivas: — A través de un mayor intercambio de información entre autoridades impositivas nacionales, incluidas las de esta región. — Mediante la promoción, en diferentes organizaciones internacionales, incluida la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), de medidas para abordar las preocupaciones causadas por prácticas no transparentes, tales como el secreto bancario estricto, y abordar también la competencia impositiva dañina. — A través del examen de nuestras propias leyes para determinar qué cambios se requieren para evitar la explotación de los refugios impositivos por contribuyentes de Estados Unidos. Varios otros países trabajan dentro de lineamientos similares. Mucho nos complace que, con estas reuniones, la Comisión Hemisférica sobre Asuntos Financieros nos proporcionará una fuerza adicional para la acción internacional en relación con este asunto. En especial acojo complacido el llamamiento propuesto para que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Banco Mundial y los países miembros realicen mayores esfuerzos con el fin de apoyar las jurisdicciones que buscan reducir las diseconomías externas regionales y mundiales que pudieran crear sus regímenes financieros. Estados Unidos y la comunidad internacional han reconocido y deben seguir reconociendo y respondiendo al hecho de que los países más pequeños pueden ser afectados directamente por estos esfuerzos, en especial cuando previamente han obtenido beneficios considerables del financiamiento fuera en el extranjero.

II. Corrupción

La corrupción obstaculiza el desarrollo al erosionar la confianza en las instituciones públicas. Distorsiona las decisiones de política macroeconómica, monetaria y financiera, lo que afecta adversamente los ingresos públicos, desalienta la inversión privada, orienta de manera errónea el gasto del sector público y daña la credibilidad de los gobiernos al socavar la confianza tanto de los contribuyentes como de los inversionistas privados. En todas estas formas la corrupción afecta directa y adversamente la misión primordial de los ministerios de finanzas y economía, aunque tradicionalmente no se hayan considerado a sí mismos integrantes de la línea frontal al combatirla. Esta percepción va cambiando de una manera creciente y también más apropiada. Si hemos aprendido algo de los eventos que han ocurrido en diferentes economías de mercado en surgimiento en el transcurso de la última década, es que no hay mejor antídoto contra la corrupción que el mercado y las medidas que tomen los gobiernos para permitir que el mercado funcione. Por ejemplo: — Los procedimientos financieros no transparentes, las reglamentaciones excesivas y los funcionarios públicos no capacitados apropiadamente o mal retribuidos crean, todos ellos, incentivos al soborno y el fraude. De la misma forma, abordar estos problemas reduce en gran medida su alcance. — La falta de competencia en el sector financiero y el soborno de quienes tienen a su cargo y supervisan las normas financieras afectan de manera adversa la distribución del capital privado, permiten que florezca el lavado de dinero, al igual que aumentan la vulnerabilidad del sistema financiero a las crisis. Si se maneja apropiadamente, la liberalización financiera puede, por lo tanto, combatir la corrupción y el lavado de dinero, al igual que promover el crecimiento y la confianza financiera.

Acojo complacido el nuevo impulso que la Comisión Hemisférica sobre Asuntos Financieros le da a este problema, incluido nuestro llamado en pro de esfuerzos fortalecidos de las instituciones financieras internacionales, en especial en lo que toca a asistir a los funcionarios fiscales nacionales en cuanto a encontrar las formas apropiadas para promover la integridad y abordar la corrupción en la administración fiscal, presupuestaria, aduanera, de adquisiciones gubernamentales y de normas financieras. Al seguir adelante, debemos trabajar para apoyar los mismos objetivos en nuestros propios países - en especial a través de una puesta en vigor más efectiva de los objetivos de la Convención Interamericana Contra la Corrupción, con el fin de que este hemisferio actúe de acuerdo con los esfuerzos contra la corrupción de la OCDE y el Consejo de Europa. En este contexto, creo que un mecanismo de seguimiento de la OEA para realizar un examen multilateral y mutuo, así como una evaluación del progreso en cuanto a la puesta en vigor de esos objetivos, puede y debe desempeñar un papel útil para hacer que este hemisferio actúe de acuerdo con los esfuerzos de la OCDE y el Consejo de Europa contra la corrupción.

III. Lavado de dinero: un enemigo a vencer

El lavado de dinero es importante por dos razones. Primero, porque es el fluido vital de los criminales y provee los medios mediante los cuales se los puede capturar; segundo, porque afecta nuestras instituciones financieras y, si no se lo controla, erosiona la confianza pública en su integridad. Abordar esta amenaza que consta de muchos estratos es un reto de política nacional. El año pasado, el presidente Clinton publicó la primera Estrategia Nacional de Estados Unidos contra el Lavado de Dinero, amplio conjunto de acciones concretas que tomamos para hacer frente al problema, algunas de las cuales estaban incluidas en nuestra Ley contra el Lavado de Dinero de 1999, que se sometió a la aprobación del Congreso el otoño pasado.

Si se aprueba, esta legislación haría que por primera vez se convirtiera en delito lavar dinero proveniente de la corrupción oficial en el extranjero. También convertiría en delito el contrabando de cantidades de dinero en efectivo mayores de 10.000 dólares y proporcionaría a nuestros oficiales policíacos nuevas herramientas para ir tras del mayor sistema de lavado de dinero que se conoce en el hemisferio: el mercado negro de cambios del peso colombiano. Como lo destaca el último ejemplo, se trata de un reto de cooperación tanto regional como internacional. Por ello es tan importante desarrollar y ampliar las labores del Grupo de Trabajo de Acción Financiera (GTAF) y de su equivalente regional en el Caribe, el Grupo de Trabajo Caribeño de Acción Financiera (GCTAF). Por eso recibimos con tanto agrado la creación en América del Sur de la contraparte del GTAF y el GCTAF. Los foros internacionales como el GTAF y el GCTAF hacen recomendaciones respecto a medidas especificas que los gobiernos pueden tomar para ayudar a proteger sus sistemas financieros del dinero sucio y evitar que éste se mueva a través de las fronteras internacionales con propósitos criminales. Lo que es igualmente importante, estas instituciones proveen mecanismos, tales como los programas de Autoevaluación y Evaluación Mutua, con el fin de asegurar que los gobiernos miembros de las mismas pongan en vigor de manera eficaz tales recomendaciones. Como lo indiqué al inicio de mi discurso, quienes están involucrados en los delitos financieros obtienen una ventaja máxima de la integración internacional, y lo mismo deben hacer los gobiernos que quieren detenerlos. Necesitamos ampliar la comunidad de naciones que suscriben esta clase de medidas protectoras, si es que deseamos que las mismas sean en verdad eficaces. En ese sentido, el nuevo GTAF de Sudamérica es una idea cuya hora ha llegado. Los países no pueden ganar la guerra contra el crimen financiero internacional por sí solos. Con la creación de un GTAF caribeño y, ahora, de un GTAF sudamericano, no tendrán que hacer solos esta tarea. Lo que importa es que cada nación actúe rápidamente para cumplir el compromiso que van a contraer aquí: convertirse en miembros de estas instituciones y trabajar para implantar soluciones eficaces y verdaderamente cooperativas.

 

 

 

©2000 Fundación internacional para el desafío económico global


 

* Palabras pronunciadas en la Reunión Anual de la Comisión de Asuntos Financieros Hemisféricos, celebrada en Cancún, México.