En Septiembre de 1996, la Sociedad Civil junto a una mayoría de los partidos políticos participantes de la contienda electoral de ese año y las iglesias católicas y evangélicas,  suscribieron el “Compromiso de Nicaragua con una Agenda Mínima Nacional”, bajo los auspicios de la entonces Vicepresidenta de la República, Sra. Julia Mena, del Delegado de Su Eminencia Cardenal Miguel Obando y Bravo, Monseñor Silvio Fonseca, y del suscrito, en su carácter de Presidente de FIDEG. Este compromiso fue rechazado por la Alianza Liberal y al favorecerle el voto en esas eleccionesa esa organización política, consecuentemente éste esfuerzo pasó a las gavetas de las bibliotecas. Hace escasamente dos meses, en el Editorial del Observador Económico, se analizaba el comportamiento de la estabilidad macroeconómica del país, a la luz de la pérdida de reservas internacionales que venía enfrentando Nicaragua desde inicios del año 2000. Pero también nos referíamos a otros hechos preocupantes que se comenzaban a vislumbrar en el panorama productivo y político del país. Por tanto, se señalaba que tal vez era el momento de retomar un serio esfuerzo de diálogo entre todos los actores nacionales, antes que el ambiente se calentase por razones electorales. Es evidente hoy, sin embargo, que para que este Acuerdo tenga posibilidad de ser creíble para la población, es necesario que sea la sociedad civil, expresada en organizaciones de sectores productivos, periodísticos, laborales,universidades, ONG’s, gremios y sectores religiosos, los llamados a convocarlo. El gobierno y los partidos políticos deben integrarse al mismo, junto al resto de actores de esta sociedad. Se trata de buscar un Acuerdo Nacional cuyos ejes centrales deberían no sólo ser los aspectos económicos y sociales que con amplitud también cubrió el esfuerzo de 1996, y la propuesta del INDE recientemente hecha pública, sino también los aspectos políticos e institucionales, incluido un inmediato plan de lucha contra la corrupción; ya que todos ellos son parte medular de la calidad de crisis que enfrenta la Nación. Tan importante para la gobernabilidad es que los sectores productivos tengan programas de asistencia para reactivarse, como también lo es que exista un acuerdo básico de lucha contra la corrupción. De igual manera, tan importante es la lucha contra la pobreza que implica modificar el modelo de funcionamiento del actual sistema económico, como lo es el que haya un afianzamiento de la democracia, con un proceso de elecciones municipales y nacionales que se realiza sin exclusiones de ninguna especie. Asimismo, que las instituciones del Estado trabajen con independencia, en particular el Poder Electoral y el Consejo de la Contraloría. Una vez más la bola está en la cancha de la Sociedad Nicaragüense. Dependerá de la madurez de todos, encontrarle el rostro de Nación que queremos para Nicaragua.

 

 

 

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