Tradicionalmente, los gobiernos, y el de Nicaragua no es una excepción, se han enfrentado al problema de la pobreza aplicando programas de alivio por medio de redes de seguridad social, que tienen como objetivo ofrecer un paliativo para las personas sin recursos. Sin embargo, está demostrado que dichos programas, en el mejor de los casos, ofrecen un apoyo temporal, pero no atacan las causas de la pobreza.

La pobreza, tanto en Nicaragua como en muchos de los países de América Latina, es un problema estructural causado por la manera como opera el sistema económico en su conjunto. En ese contexto, el inicio de la reducción acelerada de la pobreza, además de ser un proceso de muchos años, requiere de voluntad de la sociedad y del gobierno para modificar el entorno económico institucional y político en que se vive.

Un entorno donde existen grandes desigualdades en oportunidades y en donde priva el desaliento, la desconfianza, la corrupción y la falta de compromiso con la institucionalidad y del respeto a las leyes, hace que la pobreza se mantenga y se acreciente, a pesar de que las cifras monetarias y financieras del país continúen apareciendo como muy positivas.

La estabilidad financiera y monetaria sólo es una condición necesaria

La estabilidad monetaria, cambiaria y financiera es una condición necesaria pero nunca SUFICIENTE como para esperar que por ella o con ella, se reducirá la pobreza. Un plan serio de lucha contra la pobreza cruza por realizar los cambios estructurales que permitan modificar los patrones de comportamiento, que alimentan la desigualdad en la sociedad. La desigualdad en el acceso a los recursos, desigualdad en el acceso a los servicios, desigualdad en la distribución de los activos que generan los ingresos, como es el capital humano, que es determinante de los niveles de comodidad o pobreza de los hogares.

La realidad es que somos el país más pobre de América Central y el segundo más pobre de América Latina. Nuestro Producto Interno Bruto es escasamente el 48% del Producto Interno Bruto promedio del resto de nuestros países vecinos.

Los estudios sobre la pobreza son contundentes en confirmar, que una parte importante de la pobreza se asocia precisamente con los niveles de educación que logran alcanzar los individuos en esa sociedad. En un reciente estudio titulado: “La Pobreza en la América Latina”, elaborado por Orazio Atanasio y Miguel Szekely, publicado en septiembre de 1999, se señala que en promedio, 28.6% de la pobreza se eliminaría en América Latina de no haber diferencias educativas. Mientras, en Nicaragua, 15.6% de la pobreza se eliminaría de no haber esas diferencias.

Tener mayor o menor grado de escolaridad y estudio es un determinante importante del nivel de pobreza, más que el vivir en zonas rurales, o estar empleados en los sectores de baja productividad, o vivir en un hogar cuyo jefe es mujer, o cuyo jefe es relativamente joven o viejo.

La educación tiene un alto rendimiento económico y facilita la convivencia pacífica en una sociedad

Se ha llegado a constatar que además de los inmensos beneficios colaterales que se logran por la Educación en las áreas de salud, cultura, participación ciudadana, medioambiente, y salud reproductiva, entre otras, que en promedio, para una persona con educación primaria, ésta logra aumentar en un 40% sus ingresos por el hecho de tener ese nivel educativo, versus lo que ella recibiría si no contara con algún nivel de escolaridad.

La persona con primaria completa produce en promedio un ingreso para su hogar que es un 55% más que si esa persona no tuviera ninguna educación. El ingreso de la persona con secundaria incompleta es de 71% mayor y 99% mayor, si la persona tiene secundaria completa.

Pero donde los resultados son más elocuentes es en la educación superior, donde observamos que una persona con estudios superiores en promedio tiene ingresos que son hasta un 147% mayores, que los que pudiera percibir esa persona sin ningún estudio. Este hecho nos permite construir el vínculo: “ educación superior y reducción de la pobreza”.

Pero, además, en una extensa investigación que hemos realizado en FIDEG, sobre las condiciones de vida de 870 hogares urbanos en tres ciudades de Nicaragua, a lo largo de siete años de darle seguimiento anualmente a los mismos hogares; pudimos verificar que la probabilidad que un hogar salga de la pobreza en Nicaragua será mucho mayor entre más alto sea su nivel de estudio universitario, y menor será el chance de que ese hogar pase a la pobreza en tanto más estudios universitarios tengan los miembros de esos hogares. Por tanto, el nivel educativo, y en particular la educación superior es un “ESCUDO” fundamental en la lucha contra la pobreza, y debe concebirse como uno de los componentes más importantes de una estrategia que busque reducir la pobreza para Nicaragua.

La contradicción con el concepto exclusivista

Con todos los resultados que sobre los estudios de pobreza hemos encontrado, se puede afirmar que no es válido el argumento que en los últimos años se ha escuchado en innumerables discusiones, con algunas autoridades de gobierno, y de los organismos internacionales, quienes han pretendido que los países en desarrollo concentren sus esfuerzos en cubrir déficit educativos en los primeros niveles de enseñanza y que, por lo tanto, mientras tengan analfabetos niños fuera de la educación primaria, no se deberían destinar presupuestos apreciables a la educación superior.

Este argumento es refutable cuando el centro de la discusión es la lucha contra la pobreza. Pobreza en que se encuentran un 70% de los pobladores nicaragüenses. Pobreza que tiene muchos ángulos y dimensiones que se reflejan de diferente formas y comportamientos en la sociedad.

Miles de los pobladores pobres habitan en hogares de jefes jóvenes —hombres y mujeres— con muchos dependientes, y sin educación de ninguna especie. Los hijos y dependientes de estos hogares están pobres porque sus padres están pobres, porque el hogar está pobre, y si bien los niños pudieran asistir a la escuela, su retorno diario al hogar es el retorno al enfrentamiento con su propia pobreza: que le abruma, desalienta y martiriza, y lo sella con la marca del desánimo.

En cambio, si hubiese conciencia de esa dimensión de la pobreza que hemos descrito antes, y existiese conciencia de que la pobreza no es un concepto etéreo, sino que tiene rostros y humanidad, deberían entonces existir políticas públicas que agresivamente propicien que el jefe del hogar pueda aumentar los años de su educación formal. Eso reduciría el riesgo de permanecer en la pobreza , y al así lograrlo, se facilitaría la salida de la pobreza del jefe del hogar, y esto abriría mejores posibilidades al resto de su unidad familiar para también superar la pobreza.

En ese contexto, no hay lugar para una argumentación exclusivista de la educación primaria y secundaria, o de la educación superior, como las que con tanta facilidad algunos sectores encasillan esta discusión. La realidad es que, la educación primaria, secundaria y superior no puede concebirse como vasos incomunicados, y la asignación de recursos para los distintos subsistemas tiene que estar en función de este íntimo enlace que tienen los tres niveles de educación para la lucha contra la pobreza.

La pobreza no sólo es por falta de educación

Pero no es mi intención dejar la impresión de que con educación sólo podremos reducir la pobreza en nuestro país. Como ya expliqué, la pobreza tiene una dimensión estructural, y ello requiere de acciones que modifiquen el funcionamiento del actual modelo de sociedad. Pero para ello hay que construir el consenso sobre el tipo de modelo de Nación que queremos.

La realidad es que somos el país más pobre de América Central y el segundo más pobre de América Latina. Nuestro Producto Interno Bruto es escasamente el 48% del Producto Interno Bruto promedio del resto de nuestros países vecinos.

La magnitud del reto que tenemos por delante es extraordinaria. Si la meta de la sociedad fuese lograr bajar el nivel de pobreza a un máximo del 20% de la población, significaría que el Producto Interno Bruto por habitante tendría que crecer a razón de un 9% anual en los próximos 20 años, para lo cual el producto nacional del país tendría que crecer a casi un 12 % anual en ese mismo período.

Si Nicaragua tuviera los niveles de producción que Costa Rica actualmente tiene, la pobreza en este país continuaría ubicándose, en el orden de un 44% de la población, lo cual sería un nivel menor del 70% actual, pero todavía más alta que el 23% que reporta la misma Costa Rica hoy. Cabe entonces preguntarnos: si la pobreza no sólo es falta de producción y falta de adecuados niveles de escolaridad de la población, ¿qué más se requiere para reducirla?

La respuesta está en romper con la desigualdad, para lo cual como condición necesaria se requiere la reafirmación de la institucionalidad de la democracia. La eliminación de la corrupción, la creación de mayores niveles de confianza en el país, y el fomento de la autoestima y superación que se necesita introducir en la cultura de nuestros conciudadanos. De manera que la sociedad en su conjunto, dé el salto cualitativo de potenciarse para emprender iniciativas nuevas, que ayuden a incrementar la producción nacional y los ingresos que se llevan a sus hogares los nicaragüenses. Esto es un proceso que toma muchos años, pero ya no puede continuarse aplazando.

Para darnos cuenta de cuán inaplazable es esta situación, basta con observar que aunque el porcentaje de pobres entre 1993 y 1998 se haya mantenido casi igual, según las encuestas del Banco Mundial y del gobierno, en términos absolutos, el número de pobres se ha aumentado en más de 860 mil personas durante el mismo período, para casi alcanzar un nivel de 3.5 millones de pobres en todo el país.

La Educación como medio para superar la pobreza no es sólo un requerimiento, es parte de la Utopía a la cual no debemos renunciar para alcanzar el progreso, la equidad y sostenibilidad de Nuestra Nación.

Los retos

La magnitud del reto que tenemos por delante es extraordinaria. Si la meta de la sociedad fuese lograr bajar el nivel de pobreza a un máximo del 20% de la población, significaría que el Producto Interno Bruto por habitante tendría que crecer a razón de un 9% anual en los próximos 20 años, para lo cual el producto nacional del país tendría que crecer a casi un 12 % anual en ese mismo período.

Esa meta será difícil de alcanzar sin que exista un plan de Nación, que es el primer paso que las nuevas autoridades que resulten electas en las próximas elecciones, obligatoriamente tendrán que dar. Ese plan de Nación requerirá del compromiso de todos los sectores de la vida nacional, y ello permitirá crear el entorno de estabilidad y de continuidad en el largo plazo, que facilite el desarrollo de políticas conducentes a romper las desigualdades y modificar el funcionamiento del actual modelo.

Finalmente

Hay profundos y rápidos cambios que la sociedad de nuestros días está experimentando, la globabalización de la economía, la influencia de esa globalización no sólo en las finanzas, sino también sobre nuestros acervos culturales; nuevas situaciones que se crean por la revolución informática y científico-tecnológica, y ello introduce nuevas contradicciones a la educación superior contemporánea. Por tanto, la tarea no sólo es aumentar cuantitativamente los números de cuántos nicaragüenses más acceden a la educación superior, sino también cómo ésta logra su modernidad y mejora la calidad de esa educación.

En ese contexto, y a manera de precisar algunos puntos:

A) Hay la necesidad de reducir la distancia entre lo que se enseña y las necesidades reales de la sociedad.

B) Hay que equilibrar entre los graduados que produce el sistema universitario y la estructura ocupacional, para evitar el creciente problema del desempleo y subempleo del diplomado.

C) El extraordinario crecimiento y la complejidad cada vez mayor del conocimiento contemporáneo y su carácter interdisciplinario, imponen nuevas oportunidades y también limitaciones.

D) La necesidad de modernizar los métodos de enseñanza para hacer frente a los nuevos requerimientos y a las características que asume el quehacer científico de nuestros días

E) El lugar del estudiante en la vida universitaria. Los estudiantes deben percibir los contenidos de sus estudios como algo inmediatamente útil para su mundo real, o como algo que tiene importancia social por su valor económico o por su valor para la comunidad.

F) La apertura de los sistemas formales de educación superior, mediante la introducción de sistemas abiertos o de educación a distancia.

G) Las relaciones de la educación con el sector productivo y empresarial.

La realidad es que las respuestas que se ensayan para solucionar estos problemas y otros están cambiando el rostro de la educación superior en muchas partes del mundo. Están surgiendo nuevos conceptos, nuevas instituciones, diferentes estructuras académicas y métodos de enseñanza que rompen los esquemas hasta ahora conocidos. Es importante que todos estos cambios no sólo los asuman las autoridades universitarias, sino también el estudiantado.

La EDUCACIÓN como medio para superar la pobreza no es sólo un requerimiento, es parte de la Utopía a la cual no debemos renunciar para alcanzar el progreso, la equidad y sostenibilidad de Nuestra Nación.

 


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