24 de April de 2006 - Managua, Nicaragua


Frydda Sandoval López y Nadine Lacayo

Las elecciones regionales a celebrarse el próximo cinco de marzo en la Costa Caribe de Nicaragua colocan nuevamente a esta región en el primer plano de la agenda política, económica y social de Nicaragua. Como ya se conoce y se detalla en el último Informe de Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) el panorama de la Costa Caribe de Nicaragua sigue siendo desalentador.

La región presenta los niveles de pobreza más altos del país, actividades económicas de baja productividad y consecuentemente bajos rendimientos. Los factores que lo explican son complejos, históricos, culturales, entre otras, pero en nuestra mirada se capta la existencia de una débil infraestructura vial, dispersión de las actividades productiva y carencia de un modelo tecnológico apropiado, que responda a las condiciones agro climáticas propias de una región de trópico húmedo, con una fuerte vocación forestal, población escasa y dispersa, entre otros factores.

No obstante, el Caribe representa la región con mayores índices de recursos naturales de Nicaragua (Cerca del 70%) y en la actualidad contribuye con el 42 por ciento de la producción pesquera, el 30 por ciento de la silvicultura y el 21 por ciento de la pecuaria según el mismo informe. Pero en términos globales, su contribución económica al Producto Interno Bruto (PIB) de Nicaragua se estimada apenas en un 6 por ciento.

En las visiones más modernas para atacar la pobreza, las sociedades y el mundo, le acreditan a las empresas un rol importante. Aunque existan núcleos o potenciales conglomerados económicos en el Caribe, como el sector minero, pesquero y forestal principalmente, estas actividades y particularmente las que se mueven dentro de la economía formal como empresas o corporaciones, no pueden estar al margen de los desafíos que presenta la región en los distintos campos del desarrollo.

Aunque la vieja época de los enclaves en Nicaragua ya pasó, aún existen vestigios de la misma que se expresa en el divorcio casi total que tiene la empresa que opera en el Caribe con la comunidad y la empresa que “es de Managua u opera desde Managua”.

En las condiciones del Caribe, el rol social de la empresa es un asunto no solo de competitividad empresarial que de por sí la logra con la mano de obra barata y las licitaciones para la explotación de los recursos naturales, muchas veces a precio de guate mojado. El componente ético de la Responsabilidad Social Empresarial es la columna vertebral de este concepto, pero es más importante aún en zonas en que a la par de la ocurrencia de procesos económicos altamente lucrativos, subsisten comunidades con población multiétnica en condiciones de extrema marginalidad y pobreza, igual o peor que en la época del enclave.

El desarrollo socioeconómico de la Costa Caribe, ya no puede ser asumido solo como una responsabilidad de las autoridades gubernamentales y algunas ONG que actúan con un enfoque fundamentalmente “social” (gobierno central, gobiernos regionales y municipales), sino ser tratada por todos los actores económicos y sociales con un enfoque económico. Se necesitan desarrollar empresas en la Costa del Caribe, que contribuyan a su desarrollo, a su crecimiento y que por lo tanto puedan jugar un rol activo en los retos que esta región presenta. En este conjunto, los sectores empresariales que existen en la región (empresas locales) y las empresas de Managua que operan en el Caribe, tienen un importante papel que desempeñar en las responsabilidades del desarrollo de la Región. Las empresas tienen que voltear la mirada no solo hacia el potencial del Caribe en materia de la explotación y manejo de los recursos naturales, incluido el turismo creciente, sino hacia su entorno, hacia la gente, hacia la comunidad y su cultura.

Si se comprende que el ejercicio de la Responsabilidad Social Empresarial, en primer lugar consiste en la adopción de políticas y acciones que le dan valor agregado a la sociedad y a la empresa misma, en la actual coyuntura electoral, cabe preguntarse ¿Cual será la contribución de las escasas pero importantes empresas que operan en esta región al desarrollo del Caribe? Sin lugar a equivocarme, la repuesta más sencilla es el empleo y eso está bien, puesto que con más empleos se generan ingresos. Sin embargo por la naturaleza de la Región, no es posible que toda la población acceda a un empleo, sin referirme a las diversidades culturales que privan y que hacen de los modelos y conceptos propios del Pacífico algo muy relativo o en el peor de los casos, cosas improbables.

La aplicación de una política de Responsabilidad Social Empresarial en el Caribe, para que cumpla su cometido, habrá que considerar especialmente la dimensión externa de este concepto. Esto es, dos cosas: 1) las necesidades de la comunidad circundante y, 2) el cuido de los recursos naturales. Los indicadores de responsabilidad social empresarial, en la dimensión externa son claves en las cuestiones de la Costa del Caribe. Estos se refieren a la inversión de capital social y económico en el entorno, a las relaciones de cooperación mutua con la comunidad, a la protección del medio ambiente, al respeto de la cultura propia, a no "managuizar" al Caribe. Para ese efecto, las empresas deben considerar el siguiente menú de necesidades:

 Continúan los desastres antrópicos en los recursos naturales
 La gente y sus comunidades se encuentran en un alto grado de pobreza, marginación y discriminación
 Las condiciones de la mayoría de las comunidades se caracterizan por la insuficiencia de los bienes básicos de subsistencia
 La mayor parte de la población no cuenta con los servicios sociales básicos como vivienda, alimentos, salud, educación, agua potable y saneamiento, energía eléctrica y vías de comunicación .
 El incremento del costo de la vida, escasez de empleo, empleos con baja remuneración, entre otros.
 El alto costo del transporte terrestre, aéreo y acuático de los bienes y artículos de consumo trasladados desde el Pacifico hacia el caribe, acentúa el flagelo del hambre.
 Carreteras y caminos en mal estado, destruidos e intransitables en su totalidad, y además, los puentes y otras formas de comunicación se encuentran deteriorados.

Esto y más, para el plano de un ejercicio de la Responsabilidad Social de las empresas en la dimensión externa, tienen suficiente para extraer una agenda con la que contribuyan de forma comprometida.

Es de sobra conocido que en donde no existe un adecuado clima de gobernabilidad, es difícil, por no decir imposible que se ejerza la actividad económica con eficiencia. Pero en las actuales agendas que se debaten frente al contexto electoral, conviene que todos los actores incluyan el tema del rol de las empresas en el desarrollo de la Región.

En este sentido, el rol del sector privado no debe ser visto sólo como fuente de empleos, sino también como promotor en la mejora de la calidad de vida de la población y particular esmero en la protección y el adecuado uso de los recursos naturales. Las empresas privadas involucradas en el aprovechamiento y explotación de los recursos naturales de la Costa Caribe (bosques, zona marino-costera, ríos, suelo, minas) deben asumir una mayor responsabilidad en este aspecto.

En otro orden es clave apuntar que en la economía global, es esencial el acceso a mercados de exportación. En este sentido, la Costa del Caribe debe guardar un mayor celo respecto a las empresas del Pacífico que venden los productos regionales en el exterior. Esto quiere decir, que los actores locales, deben incrementar su control sobre las industrias que obtienen su materia prima de los recursos de la Región, para que los beneficios económicos directos sean compartidos.

Pero una economía de exportación necesita infraestructura, en especial carreteras y muelles. No obstante se conoce que las empresas de fuera de la región realizan contratos que debieran hacerlos las empresas locales. Así los beneficios de empresas de Managua que hacen uso de los recursos del Caribe, normalmente se quedan en la capital.


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