24 de junio de 2011 - Managua, Nicaragua


FotoGilda Sánchez, Tania Díaz

Nicaragua es un país de mujeres jóvenes con una larga expectativa de vida. Esta afirmación la confirman las proyecciones de la población hasta 2050 realizadas por el INIDE, las cuales indican que en 2011 el 49.5% de los nicaragüenses son mujeres y la mitad tenía 22.61 años de edad o menos en 2010. Según estos datos la mujer promedio que vive en el quinquenio 2010-2015 tiene una esperanza de vida de 77.7 años (6.2 años superior a la de los hombres). Sin embargo, durante mucho tiempo, el rol de la mujer y su importancia social y económica no ha sido claro.

Nicaragua y su familia



Para el 2010 las mujeres eran jefas del 31% de los hogares, si bien este porcentaje ha disminuido 5 puntos porcentuales respecto a 2006, sigue siendo significativo. Esta situación se observa en mayor proporción en las áreas urbanas, representando el 40.9% de los hogares que eran jefeados por mujeres, mientras que solo el 17.8% de los hogares rurales son encabezados por mujeres.

Estas mujeres mantienen sus hogares mediante el empleo por cuenta propia (63.1%) y se insertan principalmente en el sector terciario de la economía (FIDEG, 2011)
La edad de estas jefas oscila entre los 35 y los 54 años de edad y en menor proporción entre 55 y 74 años de edad. Lo que indica que ellas asumen la jefatura del hogar cuando son madres de uno o más hijos -debido a que la edad promedio de fecundación es a los 26.55 años y el promedio de hijos tenidos es de 2.55 hijos ( INIDE, 2007). La mayoría de las jefas de hogar están solas, ya que el 71% de ellas en 2010 estaban viudas, separadas o divorciadas y 4% solteras (FIDEG, 2010).

En 2006 los hogares jefeados por mujeres eran más pobres que los jefeados por hombres. Sin embargo, en el 2010 se mostro un cambio, según la encuesta de medición de la pobreza realizada por FIDEG, indica que la incidencia de la pobreza en la mujer ha pasado de 52.9% en 2005 a 43.6% en 2010. Además ellas están más cerca de la línea de pobreza extrema que ellos, su índice de profundidad es de 14.4 para los hombres es 14.9. Por otro lado, es mayor el porcentaje de hogares jefeados por mujeres conectados a la red de energía eléctrica (89%) que el de hombres (72.1%) mientras que el porcentaje de hogares que no accede a agua potable es menor (11.3% contra 19%).

Según el estudio Mujeres cimiento económico familiar realizado por FIDEG entre 1998 y 2006, las mujeres tienen formas de participar y niveles de poder distintos en las decisiones familiares y aun personales en dependencia de si ellas son las jefas del hogar (u otra mujer) o si es un hombre (conyugue u otro familiar). Cuando la mujer es parte de un hogar cuyo jefe es hombre no tienen mucho poder de decisión fuera de actividades cotidianas (en más del 50%) o sobre la educación de los hijos (más del 60%). Aunque la investigación señala que a lo largo del tiempo, ha aumentado su poder de decisión en asuntos personales (como cuándo ir al médico y cuándo tomar anticonceptivos).

Mientras que en los hogares jefeados por mujeres las decisiones se toman más democráticamente: “Con mi marido tenemos buena comunicación y con ellos (hijos) también” afirma la Sra. Evelia del Socorro Urbina jefa de su hogar. En estos hogares las jefas asumen la mayor parte de las decisiones y más del 60% de las relacionadas con los recursos económicos de la familia (FIDEG, 2007), Reyna Rivas Osejo también jefa de hogar comenta: “Tengo gran poder de decisión por el dinero que aporto” .

La mujer realiza una “doble jornada de trabajo” como efecto de su alta participación en el “trabajo reproductivo”, es decir, todas las labores domésticas. Un ejemplo de esto es Rosa Argentina Huriel Ruiz: “Trabajo medio tiempo como doméstica (…) y en la tarde realizo las labores de la casa. Me levanto a las cinco de la mañana, a hacer el desayuno, alistar a las niñas que van a clases, luego me voy a trabajar y a la una de la tarde inicio con las labores de la casa (…) me acuesto como a las once de la noche. Dedico al trabajo en el hogar aproximadamente 13 horas diario”.

En 2006 las labores domésticas eran realizadas en un 81.9% por las mujeres y solo 18.1% por los hombres . Las mujeres dedicaban un promedio de 10 horas al día (3 horas para los hombres) a este trabajo y 8 horas al trabajo productivo, lo que suma una jornada de 18 horas diarias (FIDEG, 2007). Lo cual incide en su desgaste físico y emocional prematuro, ya que no tiene horas de ocio, debido a que las dedica al trabajo doméstico y pierde dos horas de sueño para poder dar abasto con su tiempo.

Nicaragua es estudiante


Foto

Según resultados de la Encuesta de Hogares para Medir La Pobreza, realizada por FIDEG en el 2010, la mujer promedio completaba 5.8 años de estudio, superando a los hombres en 0.5 años, ventaja mayor a la presentada por las mujeres del resto del Latinoamérica que superan a los hombres en 0.25 años de estudio (BID, 2010). Además, el porcentaje de mujeres analfabetas (16.8%) es relativamente menor al de los hombres (17.2%) en 2010.

También la tasa de matrícula de las mujeres es superior a la de los hombres en todos los niveles académicos; sin embargo, esta proporción es aún muy baja, ya que solo el 54.5% de las jóvenes se matriculó en secundaria y 18.6% en la universidad (FIDEG, 2010). Las bajas tasas de matrícula se pueden relacionar con el abandono de la escuela por razones económicas. En 2006 el 11.1% de las niñas entre 7 y 14 años dejó de estudiar por esta razón, contrario a lo que ocurre en el resto de Latinoamérica donde son más vulnerables los niños (FIDEG, 2007; BID, 2010).

Por lo cual en algunos casos las mujeres se ven obligadas a trabajar para pagar sus estudios: “El año después de que salí de quinto año no pude estudiar porque pensé que en las otras universidades no me podían aceptar porque no podía pagar los estudios (…) Me ofrecieron trabajar (donde trabaja actualmente) y me alegré porque podría estar en la universidad” (Maura Marina Solís Cardoza).

Otro factor que incide en el nivel académico de las mujeres es tener hijos o casarse muy jóvenes, esta causa es común en Latinoamérica donde la tasa de fecundidad adolescente es de 72 de cada mil nacidos vivos, superior al promedio mundial (51 por cada mil nacimientos) (BID, 2010). Tal es el caso de la Sra. Evelia del Socorro Urbina, quien alcanzó tercer año de secundaria: “Empecé a trabajar como doméstica y cuidando niños desde la edad de 13 años, para poder estudiar porque mis padres fueron muy pobres. Pero cuando me casé dejé de estudiar” .

Nicaragua es trabajadora



Las tasas de actividad de las mujeres de diferentes edades es menor a la de los hombres, la mayor tasa de actividad (70.9%) femenina corresponde a quienes tienen entre 35 y 44 años de edad, lo cual coincide con las edades de las mujeres que son jefas de hogar. Esto a su vez corresponde a la tendencia regional de que el desempleo es mayor en las mujeres jóvenes (17.6%), en Nicaragua estas mujeres tienen una tasa de desempleo 50% más elevada que las demás (BID y BM, 2010).

La participación de las mujeres en el mercado laboral ha mejorado. Según los datos de FIDEG, en 2010 el 49% (50% para América Latina) de la PEA estaba constituida por mujeres (3.1 puntos porcentuales más que en 2006). De la PEA ocupada el 33.9% se desempeña en comercio, restaurantes y hoteles y 29.7% en servicio comunal, social y personal. En 2010 el desempleo fue de 2.8% (3.1% para los hombres) que es inferior al 6.3% que promedia Latinoamérica (BID, 2010).

Sin embargo, el aumento del empleo no ha implicado una mejora en su calidad. Aunque el subempleo ha disminuido de 74.5% en 2006 a 58.3% en 2010, su incidencia en la ocupación es elevada. Además el 78.4% (58% para Latinoamérica ) de las mujeres trabaja informalmente (5.1 puntos porcentuales más que los hombres) debido a que el 43.4% son autogeneradoras de empleo y un 19.1% son trabajadoras no remuneradas que apoyan los negocios familiares como estrategia para mejorar el ingreso percibido de los mismos.

Este fue el caso de la Sra. Piedad Blandón Rodríguez: “Me jubilaron por invalidez a los 42 años. Sin embargo, aunque era pensionada trabaja en mi casa, ayudaba como secretaria que era parte normal de lo que yo hacía en la casa y además me encargaba de todos los pagos del lugar donde yo trabajaba, que era propio, de mi esposo. Pero en sí, no me ponía un sueldo, sino que distribuía el dinero en las necesidades que salieran” . Esto explica que un 50.5% de las mujeres trabaje en su casa o finca y que solo un 18.1% de las ocupadas trabaje en el taller, fábrica u oficina (FIDEG, 2007).

Un estudio realizado por FIDEG en 2007 revela que en 2006 las mujeres ganaban 18% menos que los hombres muy en línea con las diferencias a nivel latinoamericano. Esta brecha está relacionada con la formalidad del empleo. Las mujeres con un empleo formal perciben un ingreso solo 2% inferior al de los hombres. En cambio, las mujeres que se emplean en el sector informal reciben un ingreso 20% inferior al de los hombres.

En este estudio se aplicó la Metodología de Oaxaca y Blinder para el mercado laboral nicaragüense encontrándose que la mujer es víctima de discriminación, ya que se estima que recibe un ingreso 38% inferior al de un hombre por el mismo trabajo. Esta brecha se explica solo en un 8.8% por diferencias en sus capacidades profesionales y 91.2% por el hecho de ser mujer.

Ante esta situación algunas mujeres optan por emigrar, la mayoría de ellas (95%) dentro del país . La razón fundamental para emigrar es la falta de trabajo (74.2%). Sin embargo, los empleos que consiguen son de baja calidad, generalmente se desempeñan como: doméstica, comerciante y obrero no agropecuario. Empleos que no son acordes a su capacitación, ya que el 65% de ellas es al menos bachillera; pero que los aceptan porque han dejado hijos en su lugar de origen (50% de los y las emigrantes dejó un hijo) y deben enviarles dinero para su manutención (FIDEG, 2007).

Nicaragua también es mujer



La participación de la mujer en la economía y en la sociedad ha venido aumentando a lo largo del tiempo, o al menos haciéndose más visible. Han tomado el lugar de jefas de hogar y tomadoras de decisiones; sin embargo, no responde a un reconocimiento social o un cambio de mentalidad en la organización de la familia, sino a una alternativa de sobrevivencia cuando las mujeres solas tienen que mantener a sus hijos y demás familiares cercanos.

La mujer sigue desempeñando un doble rol en la sociedad, debido a que es la que realiza la mayoría de las actividades domésticas y además su participación en la PEA ha aumentado hasta llegar a representar la mitad de la misma. Aunque está en desventaja con el hombre, ya que ella obtiene empleos informales generados por ella misma o como trabajadora no remunerada que le reportan un ingreso inferior al de los hombres. No obstante, quienes logran insertarse en el mercado formal de trabajo, se ocupan en condiciones de relativa igualdad respecto a sus pares masculinos, por lo cual debe incentivarse este tipo de empleo.


Arriba     Imprimir     Enviar a un amigo     Comentar

Comentarios

Comentar
Nombre: *
Email: *
Comentarios: *
Verificación: *





 

  Blogs | El Observador (ver más)
Ante la cotidiana realidad de ser pobres
Gilda Charlotte Sánchez Padilla
Doble Motivo para Celebrar!!!
Juan Ignacio Martínez
¿Centellas de luz al final del túnel?
Alejandro Martínez Cuenca, PhD



Lo más escrito


Lo más leido Lo más comentado Lo más enviado