28 de mayo de 2006 - Managua, Nicaragua


FotoJuan Ramón Roque

Con el objetivo de profundizar el debate social, que ha promovido la publicación y divulgación del Informe de Desarrollo Humano 2005: ¿Nicaragua asume su diversidad?, formulado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), El Observador Económico busca aportar al diálogo crítico, profundizando en temas claves de esa región nicaragüense tan importante y misteriosa como es la Costa Caribe.

En esta edición, se publica esta investigación socioeconómica, que se basa en un pequeño caso de estudio sobre la actividad pesquera en la RAAN, tomando en cuenta lo industrial y lo artesanal de Puerto Cabezas, pero fundamentalmente la actividad pesquera que se desarrolla en el ámbito comunitario y, que a veces no es fácilmente estimable porque su dinámica escapa a los agregados nacionales.

Por otra parte, se habla ahora de aglomerados o conglomerados (cluster), en el PND y en los planes departamentales o regionales. Entre ellos, el de la pesca. Pero, más allá de la discusión de conceptos de “conglomerados” o en definitiva únicamente la representación gráfica de “cadenas de valor” sin la confianza y la solidaridad que implica un capital social a través de la integración de los diferentes niveles y etapas de la producción, nuestro trabajo va dirigido a rescatar qué es lo que sucede en la comunidad y cómo se vive hoy en día esta actividad. A partir del siguiente caso de estudio, pretendemos dar nuestro punto de vista.

Según la definición del IDH 2005 de las Regiones Autónomas de la Costa Caribe, la actividad pesquera artesanal está conformada fundamentalmente por todos los pescadores individuales, asalariados y organizados en pequeñas asociaciones comunitarias.

En las comunidades costeras, la actividad pesquera se organiza en torno a las mismas estructuras e instituciones con que están compuestas las comunidades. Es decir, casi exclusivamente en torno a la familia nuclear o a la familia extendida, ya que son éstas las unidades productivas propias de las comunidades.

La comunidad de Krukira se ubica a 16 kilómetros de Puerto Cabezas, a orillas de la laguna costera de Krukira, con una abertura hacia el mar Caribe. Su extensión territorial es de 35 mil hectáreas. Las tierras son de uso colectivo, con la libertad de que cada quien dentro de la comunidad pueda ocuparlas como prefiera. La comunidad de Krukira nace unos 300 años atrás, según lo que atestiguan sus habitantes. Los primeros pobladores provenían de una comunidad vecina llamada Pájara y actualmente los descendientes de las familias fundadoras siguen habitando en la comunidad.

Krukira tiene la peculiaridad de estar partida en dos sectores a partir de una zanja. Esta zanja cruza la comunidad hasta la laguna y la divide en Krukira Alta y Krukira Baja. Sin embargo, esta división no es sólo física, sino también una división social y cultural al interno de la comunidad.

En Krukira Baja se encuentran los pobladores originarios, de origen caribises o caribes, con características afrodescendientes, mientras que Krukira Alta tiene una formación más reciente, mayoritariamente miskita. Tradicionalmente sólo los habitantes de Krukira Baja se dedicaban a la pesca, pero con la expansión de la comercialización de los productos pesqueros, toda la comunidad ha convertido esta actividad en su principal medio de sobrevivencia.

Los pescadores son mayoritariamente individuales y en menor escala son parte de pequeñas empresas familiares. Esto explica, por lo menos parcialmente, porqué las asociaciones comunitarias o las cooperativas representan casos tan marginales. La razón se aduce principalmente a factores socio-culturales, por los cuales las actividades económicas en las comunidades están estrechamente vinculadas: por un lado, con las relaciones de parentesco y por otro lado, con una división del trabajo por género al interior de la misma unidad familiar. En efecto, la percepción de la gente de las comunidades es que trabajar en cooperativa no funciona, sino que “sólo en familia se puede.”

El peso comunal de la pesca



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En Krukira viven aproximadamente 200 familias y al menos, una de las personas que habitan en el hogar, se dedica a la pesca. En las familias existe una fuerte división del trabajo por género y por edades. Los hombres jefes de familia salen a la pesca, los jóvenes ayudan en los trabajos agrícolas y las mujeres además de sus quehaceres del hogar, generalmente asumen las otras partes de la actividad de la pesca como el acopio y la venta. La comunidad, valga señalar, también cuenta con 25 acopiadoras que son pequeñas empresas familiares.

La mayoría de las familias pescan dentro de la laguna, ya que muy pocas de ellas tienen los recursos necesarios para la pesca en mar abierto y en particular, para la captura de la langosta, que es mucho más remunerativa.

Según un miembro del consejo de ancianos de la comunidad, en promedio, cada familia logra reunir mensualmente entre 280 – 300 libras de productos provenientes del mar, que son depositadas en las acopiadoras, pues éstas se encargan de comercializarlas con las empresas exportadoras que se encuentran en Bilwi (casco urbano de Puerto Cabezas). Si hiciéramos un pequeño ejercicio de multiplicación, nos daríamos cuenta que solo esta comunidad de 200 familias aporta mensualmente entre 56,000 – 60,000 libras de productos provenientes del mar y entre 672,000 – 72,000 libras anuales de productos provenientes del mar.

Si bien, no nos atrevemos a cuantificar monetariamente lo que significa en ingresos para la comunidad, ya que está en dependencia de qué producto se extraiga y cuál sea su precio de mercado (además que la percepción de los dirigentes de la comunidad es que están siendo explotados por los empresarios), no se puede obviar el gran aporte que esta comunidad pesquera brinda al sector y la economía regional. Y atención, ésta solamente es una comunidad de las 18 contempladas en el litoral pesquero de la RAAN y de las 44 comunidades de la zona marino – costera del Caribe nicaragüense.

Los pescadores entrevistados de Krukira, aseguran que el recurso pesquero está en disminución. Sin embargo, ninguno de ellos ha denunciado el uso depredador de estos recursos naturales. Se desconocen las razones, podría interpretarse que en Krukira no hay un pensamiento interiorizado en sus pobladores de preservar los recursos pesqueros, lo cual es paradójico por su origen indígena. No obstante, podría concluirse que el patrón de desarrollo de las actuales generaciones no está en función de la sostenibilidad de los recursos o bien que carecen de una visión intergeneracional, ya que se encuentran despreocupados por encontrar otra alternativa a la actividad pesquera y así, dejar oportunidades y riquezas a las futuras generaciones.

Es indudable que ha venido cambiando la mentalidad y la visión del desarrollo en dicha comunidad, puesto que las necesidades se han incrementado y con ellas, la dependencia por el mercado y de los bienes de consumo que no pueden autoproducirse. No obstante, hay que apuntar que existen valores culturales ancestrales, que podrían servir de freno contra la sobre-explotación de los recursos pesqueros. Por ejemplo, las leyendas miskitas cuentan que existen espíritus malvados cuyas funciones sirven como frenos y reguladores para evitar la explotación de los recursos naturales. Sin embargo, el arraigo a esos valores se diluye en la medida que las aspiraciones de los jóvenes cambian con cada época y cada generación.

Hoy en día, las expectativas de los pobladores han crecido y se han modificado de tal manera, que el simple acceso a la escuela ya no les resulta suficiente. Los jóvenes desean seguir estudiando hasta niveles más avanzados, aspiran a mayores competencias técnicas y con acceder al mercado de consumo. Si para lograr esto, necesitan extraer más recursos de la naturaleza, pues se hace, porque no se quieren seguir sintiendo alejados del progreso y porque de algún lado deben salir los recursos. Las necesidades van cambiando y con ellas las formas para llegar a satisfacerlas. El problema surge porque no existe ninguna alternativa viable que pueda reemplazar la pesca. Además, que esta actividad depende muy fuertemente del mercado internacional y de las políticas que aplican las empresas exportadoras.

Los pescadores artesanales no conocen ninguna manera para influir ni ser determinantes en el mercado. Esto también se debe a las estructuras y formas organizativas mismas de los pescadores artesanales y comunitarios, que a pesar de ser un gran número de pequeños productores no han logrado organizarse y juntar las fuerzas y sus intereses para obtener beneficios comunes, tanto en términos de los retornos monetarios como en términos de un manejo más consciente y sostenible de este recurso común que es la pesca.

Un personaje singular ligado a la pesca



Es interesante resumir brevemente la historia de la pesca en dicha comunidad, ya que el gran impulso hacia la comercialización de la pesca en Krukira se debió a la presencia de Kiodo Cristóbal, un jefe de familia que tuvo una amplia visión empresarial y de desarrollo. El señor Cristóbal, originario de Krukira Baja, fue cambiando la forma y la organización de la pesca.

Trabajó duramente y con un gran espíritu empresarial y de mejoría de su nivel de vida. Fue el primero en adquirir un vehículo motorizado que usaba para vender los productos de la pesca en Bilwi y la familia del Sr. Cristóbal es la propietaria de los buses que diariamente comunican a la comunidad con Bilwi, la cabecera municipal de Puerto Cabezas.

Esto indica que ha venido cambiando en la comunidad la visión inicial del desarrollo, puesto que cada generación tiene su propia visión y hoy, los habitantes de Krukira la han centrado en torno a la actividad pesquera.

Según los dirigentes comunales, toda la comunidad vive casi exclusivamente de la pesca. El comercio es mínimo, las pequeñas pulperías se cuentan en los dedos de la mano y; la agricultura se ha vuelto simplemente una actividad complementaria a la pesca (las siembras de yuca y arroz se destinan exclusivamente al autoconsumo). Sin embargo, esta actividad de autoconsumo todavía se encuentra organizada según su forma tradicional, es decir, sigue vigente el sistema “pana-pana” - o “mano a mano”, en que las familias de la comunidad se ayudan mutuamente en las labores agrícolas, se reparten el trabajo y, a su vez, los frutos de dichas labores.

Pesca artesanal vs. Pesca industrial



De cada diez productos del mar, exportados por Nicaragua, cinco provienen de las Regiones Autónomas del Caribe, de acuerdo a los resultados y las estimaciones contenidas en el Indice de Desarrollo Humano Nicaragua 2005, dedicado a la Costa Caribe nicaragüense.

Según el IDH 2005, las exportaciones de productos del mar provenientes de las regiones autónomas resultan con un valor de exportación más alto que las provenientes del Pacífico, en promedio 50 millones de dólares en el período comprendido de 1999 al 2003.

En el IDH 2005, el desarrollo económico de las regiones autónomas ha sido identificado y caracterizado en zonas de desarrollo productivo. En la zona marino-costera se identifica la actividad pesquera como el principal motor económico de desarrollo. Por tanto, la pesca representa una actividad clave para las poblaciones, ya que las dos mayores ciudades (Puerto Cabezas y Bluefields) son fundamentalmente portuarias y basan sus economías en la pesca industrial y artesanal, por lo que todas las comunidades costeras viven de esto.

El sector de Pesca Artesanal lo conforman todos los pescadores individuales, asalariados y organizados en pequeñas asociaciones y cooperativas de pescadores y acopiadoras artesanales. Según datos de las autoridades del gobierno regional autónomo de la RAAN, a diciembre del 2005, el número de personas empleadas directamente en el sector artesanal de extracción duplica al número de personas empleadas en el sector industrial de extracción. Y es que cuando se habla de industria pesquera en la RAAN, se refiere particularmente a dos actividades productivas que son diferenciadas: por un lado, la industria de extracción propiamente dicha y por otro lado, la industria del procesamiento y la comercialización integrados.
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De la industria de extracción, la flota industrial está dedicada exclusivamente a la captura del camarón y la langosta, e incidentalmente al caracol, las escamas y otros crustáceos (cangrejos, jaibas, entre otros). La flota industrial con mayor autonomía provee en un 100% la materia prima para la industria de procesamiento, formando así un importante eslabón en la cadena de valor de la actividad pesquera. El grueso de la flota la conforman 25 embarcaciones, propiedad de 10 empresas de armadores.

Para las poblaciones marino-costeras, podrían mencionarse tres como sus fuentes principales de ingreso, entre ellas: la pesca que es la principal fuente de ingresos y de trabajo. Por otro lado, las remesas de aquellos caribeños que se embarcan en cruceros y navíos para trabajar en ellos durante largos períodos de tiempo y por último, la presencia de actividades ilícitas como el narcotráfico.
Para el año 2004, el último dato recogido por la Administración Nacional de la Pesca (ADPESCA) sobre las personas que trabajan del mar, entre pesca industrial y artesanal, es decir, los empleos directos que se generan en esta actividad para la región del Caribe señala en total a 10,642 personas, divididas así: 2,543 en la pesca industrial y 8,099 en la pesca artesanal.

Mientras que por empleos indirectos señala en actividades de servicio 600 y en comercio, acopio y reparación se mantiene otro estimado de 600.

Las cifras indican un crecimiento en el empleo directo de la extracción con 991 empleos nuevos. La distribución de los mismos es de 702 en la pesca industrial y 289 en la pesca artesanal. Esto puede que se explique por un incremento en la producción de la extracción y la necesidad de una mayor cantidad de buzos o pescadores para realizar esta labor.

No obstante, son muchos los empleos generados más por la pesca artesanal en comparación con la pesca industrial, quizás porque esta actividad sigue respondiendo a las estructuras socio-culturales de la Costa Caribe, es decir que la gente vive en comunidades y por lo tanto, su forma de pescar responde a este estilo de vida a través de la pesca artesanal.

También por otro lado, las empresas exportadoras prefieren no cargar con ciertos costos que son asumidos por los mismos pescadores artesanales, que a fin de cuentas, tienen que vender sus productos a las mismas empresas. La ganancia de la empresa resulta en ahorrarse las distintas etapas del proceso de la actividad de pesca y limitarse a acopiar el producto.

El aporte comunitario: Un gran vacío



Algo muy importante dentro del IDH2005 es que reconoce que dentro de los puntos pendientes en ese capítulo productivo, es el de “producir y disponer de un conocimiento más profundo, completo y objetivo del rol que juega la economía comunitaria para el bienestar de la sociedad costeña y la economía nacional.”

Este reconocimiento se debe a que uno de los resultados más llamativos y que sobresale en el estudio es que las economías comunitarias en la Costa Caribe son relativamente más dinámicas que la pesca artesanal e industrial, durante el período evaluado (2000 – 2003) tal y como refleja la gráfica siguiente:

La estimación fue hecha tomando como año base 1994, con el único fin de no tomar en cuenta las distorsiones ocasionadas por las fluctuaciones de precios. Solamente en el año 2001, estuvo por debajo de la pesca industrial, pero siempre por encima de la pesca artesanal. Esto podría sugerir que hacen falta avances en la industrialización de la pesca, dado que ésta se sustenta más bien con la pesca artesanal y con la pesca comunal, que a fin de cuentas lo que produce esta última es lo que el mercado internacional rechaza y que sin embargo muchas veces tiene un volumen superior.

Según el IDH2005 es debido a que “lo que se reporta como pesca comunal corresponde a la producción capturada por las comunidades y rechazada por ADPESCA, ya que las tallas no son las requeridas para su comercialización externa. Por tanto, la producción comunal se vende en el mercado local”.
Los buzos entrevistados, por su parte, dicen que esto no necesariamente es así, es decir, las empresas también suelen aceptar los “rechazos” pagados a un menor precio.

Aún cuando los productos no son transables en el exterior, lo que hay que tomar en cuenta es que la comercialización y la distribución del producto continúan teniendo un cierto impacto económico en las comunidades. Este resultado ha marcado la pauta para dejar entrever que es necesario un análisis más profundo y detallado sobre el aporte de las comunidades a la economía regional y a su vez, nacional.

Conglomerados: ¿Modelo aplicable en el Caribe?



El IDH2005 se propuso investigar, ¿hasta qué punto las regiones autónomas han desarrollado sistemas productivos sostenibles, capaces de generar excedentes que les permitan sostener y mejorar la institucionalidad autonómica y su relación con los actores económicos?

En Diciembre del año pasado, autoridades de la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN) presentaron su propuesta de “Conglomerados productivos de la RAAN”, el cual según sus exponentes, indicaron que “era un esfuerzo por vincular el Plan Nacional de Desarrollo con el Plan Regional”. Precisamente, a través de la integración de los aspectos básicos y fundamentales para la implementación de los conglomerados productivos.

La implementación de dicha estrategia es aún un punto de discusión y convergencia por no tener la claridad necesaria que si la definición de esta política pública nacional es un “disfraz” o verdaderamente responde a los intereses étnicos de la Costa Caribe. En palabras de la Dra. Mirna Cunningham:

“...las regiones tienen un Plan de Desarrollo aprobado en el 2004 […] sin embargo, necesitan que estos elementos puedan calzar dentro de la Estrategia del Plan Nacional de Desarrollo, el cual es un Plan que no ve a la Costa como una zona de alta productividad y por lo tanto no es de su interés, no ve a la Costa como una zona que efectivamente pueda contribuir a desarrollar sus conglomerados productivos priorizados, y por lo tanto, no es de alta productividad.

Además, ve a la Costa como una zona muy conflictiva, por el hecho de estar demandando descentralización y autonomía, que complican la situación puesto que hay que estar lidiando con esos intereses étnicos incomprensibles para el Gobierno Central. Entonces, ¿cómo lograr que este Plan Regional de Desarrollo pueda calzar con la propuesta del Gobierno Central, cuando este último prioriza la propiedad privada y aquí (RAAN y RAAS) prevalece la propiedad colectiva? Lo que quiero decir es que hay elementos de fondo y si no se ponen de acuerdo con la propuesta regional y la propuesta del gobierno central, no hay posibilidades de articularse […]” Revista El Observador Económico. Edición 165. Febrero del 2006.

[Con la colaboración de Giovanna Guglielmi]


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