1 de April de 2007 - Managua, Nicaragua


FotoAdelmo Sandino

Primera Parte
Tras más de dos décadas y un intento fallido de flotación administrada durante 1992-1993, las autoridades del Banco Central de Costa Rica anunciaron a mediados de octubre del 2006, un cambio definitivo del sistema cambiario hasta entonces aplicado por el país vecino del sur.
La nueva política radica en la leve mutación de un tipo de cambio de mini devaluaciones a un sistema de bandas deslizantes de amplitud inicial moderada, pero creciente en el tiempo; cuyo propósito principal se ha venido planteando como una condición necesaria y previa que permita a mediano plazo migrar a una mayor flexibilidad cambiaria, ejecutar un ancla nominal de expectativas basada en metas de inflación y consecuentemente lograr una política monetaria independiente.
Este nuevo horizonte para la política monetaria de Costa Rica, significa un precedente regional que apunta a una tendencia cada vez más observada en países emergentes: la doble transición sistémica a regímenes cambiarios flexibles y metas de inflación.

Las preguntas que surgen obligadamente y que pretende contestar el presente artículo (en dos partes), son: ¿Qué razones motivaron este cambio en Costa Rica?, ¿Cuáles son los beneficios de la flexibilidad cambiaria y metas de inflación? (1ra parte), ¿Cuáles son las debilidades y fortalezas de nuestro sistema cambiario actual?, ¿Puede Nicaragua seguir la tendencia internacional hacia la flexibilidad? (2da parte). Este análisis no pretende profundizar en cómo funciona el nuevo sistema en Costa Rica .

Razones de cambio del régimen cambiario en Costa Rica



De inicio, la decisión de cambio proviene de la sugerencia que hace la literatura económica al respecto, la cual establece la imposibilidad de lograr simultáneamente un manejo efectivo de los instrumentos de política monetaria bajo apertura de capitales y tipo de cambio fijo (trinidad imposible de Mundell).

Siguiendo esta línea teórica, el BCCR presentó en su acta de sesión 5300-2006, correspondiente al 17 de octubre del año pasado, tres principales motivos para abandonar el sistema de mini devaluaciones: 1. El costo elevado de la intervención en el mercado cambiario, 2. La predictibilidad del tipo de cambio y 3. La poca efectividad de la política monetaria para combatir la inflación.

El BCCR argumentó que el elevado costo forzoso de la intervención que hacía en el mercado cambiario para cumplir con la paridad anual de deslizamiento, fue una de las tres razones que lo llevaron a modificar su régimen cambiario de mini devaluaciones. Según la CEPAL en informe anual “Balance Preliminar de las Economías de América Latina y El Caribe 2006”, el BCCR registró en 2005 gastos de estabilización monetaria por montos próximos a los US$ 331 millones de dólares, equivalentes a 1.7 puntos porcentuales del PIB.

Otra razón inherente fue la predectibilidad que según el BCCR mostró el tipo de cambio, lo cual propició la persistencia de riesgo moral en las decisiones que en materia cambiaria toman los diversos agentes económicos. Este fue sin duda, un elemento que estimuló la dolarización de los depósitos y del crédito, generando riesgos adicionales para el sistema financiero. A julio del 2006 estaba dolarizada un poco más de la mitad (50.6%) de la liquidez total (M3) y del crédito al sector privado (54.8%). Para revertir esta situación, se prevé que con el progreso del nuevo proyecto cambiario, la incertidumbre limitada en el valor futuro de la divisa reducirá la alta dolarización financiera y limitará los ingresos de capitales de corto plazo y su influencia desestabilizadora.

Por otra parte, la existencia de un tipo de cambio siempre creciente y fácilmente predecible, generó inercia inflacionaria y se constituyó por sí mismo en un factor permanente de presión sobre los precios internos. Más aún si tomamos en cuenta que el Banco Central pierde autonomía o control efectivo de la cantidad de dinero en circulación dado su compromiso de mantener el tipo de cambio. Por ejemplo, según Gutiérrez F. en su presentación “Retos de la Política Monetaria y Cambiaria para el corto plazo. Hacia un sistema de cambio más flexible”, desde enero del 2003 hasta julio del 2006, la tasa de inflación interanual en Costa Rica se ubicaba muy por encima del 8%, alcanzando picos de más del 14% un par de meses dentro de este rango de tiempo. A diciembre del año 2006 la inflación cerró con una tasa acumulada interanual de 9.43%, mucho menor a la registrada en el año 2005 de 14.1%, año en el cual se constituyó como la segunda inflación más alta de la región, misma que ha venido sufriendo los embates de la escalada alcista del petróleo.

Estos motivos principales y las condiciones monetario-financieras favorables, que según el BCCR experimenta el país, como un nivel satisfactorio de reservas internacionales, una relativa disciplina fiscal y la estabilidad del sistema financiero (ver tabla No.1), propician el escenario para el cambio gradual y ordenado hacia un régimen de flexibilidad cambiaria, cuyo primer momento es la adopción de bandas deslizantes, constituyéndose como condición previa para alcanzar el objetivo de fondo: converger a las prácticas internacionales que utilizan una ancla nominal de metas de inflación explicita, que permite a su vez un control más efectivo de los instrumentos de política monetaria y con ello menores tasas de inflación.

De conseguir este salto evolutivo, Costa Rica se estaría sumando al amplio número de países en Latinoamérica que mantienen en la actualidad tipos de cambios flexibles: Chile, Colombia, Uruguay (desde el 2002) Brasil, Guyana, Haití, Jamaica, México, Paraguay, Perú, República Dominicana y Surinam (antes de 1998). En Centroamérica, el balance es el siguiente: El Salvador y Panamá (dolarización oficial); Belice (paridad fija); Honduras, Nicaragua y Costa Rica (paridades y bandas móviles); Guatemala (flexible).

Ventajas



Como indica Quezada M, E. en “Una guía rápida para conocer el funcionamiento de la banda cambiaria de Costa Rica.”, tanto la praxis como la tendencia internacional apuntan hacia la polarización entre los países que parecen abandonar los esquemas intermedios y adoptan los extremos de flotación (Chile, México, Brasil, Argentina, Colombia, Guatemala) o de fijación dura como la dolarización (Ecuador, El Salvador), la unión monetaria (países europeos) o la caja de conversión (Hong Kong).

Así mismo, la gama de modalidades cambiarias en la literatura económica presentan también algunas variantes a las ya expuestas, yendo desde la flotación administrada plus hasta la dolarización o cajas de conversión plus, sin obviar las intermedias como BBC (basket-band-crawl), la más parecida al esquema actual aplicado por Costa Rica.

En lo que si parecen estar de acuerdo un sinnúmero de economistas, apoyados en la evidencia internacional, es del beneficio que conlleva tener esquemas cambiarios flexibles en contraposición de los no flexibles. Una de ellas y quizás la más importante para países con las características de Nicaragua, es que, mantener este tipo de sistemas les permite absorber el impacto de shocks negativos, proveniente de la alta volatilidad en los términos de intercambio (TI), puesto que en presencia de un tipo de cambio flexible el ajuste de precios relativos es más rápido y menos costoso (en términos de desempleo), que el que se lograría directamente, si se hiciera a partir de ajuste directo en los precios.

A manera de ejemplo, según datos de la CEPAL (op cit, p.65), Nicaragua en 2006 se ubicó como el país en Latinoamérica que más pérdidas obtuvo en el intercambio comercial, alcanzando una cifra mayor al 8% de su PIB [429.6 millones de dólares] como resultado de la variabilidad en sus términos de intercambio.

Tal y como lo resumen Grandes, M. y Reisen, H. en “Regimenes Cambiarios y desempeño macroeconómico en Argentina, Brasil y México”, en presencia de rigideces [fiscal, institucional, de precios y salarios muy característicos de países como Nicaragua], los sistemas cambiarios más flexibles pueden fomentar el crecimiento, ya que en ellos es posible absorber con más facilidad los efectos de shocks reales, la política monetaria tiene cierta autonomía para adoptar una postura anti-cíclica, y los quebrantazos costos [de crisis cambiaria] del régimen cambiario en condiciones adversas son menos probables que en los de tipo de cambio fijo [o semi-fijo].

Estos autores igualmente nos recuerdan que en circunstancias normales, es clave para el desarrollo de un sector de bienes transables orientado al exterior un tipo de cambio efectivo real que sea estable y competitivo para cosechar los frutos del dinamismo emanado del comercio y, en última instancia, para lograr un crecimiento económico sostenido. Bajo esta premisa se liberalizó el comercio en Nicaragua durante los años 90´s, viéndose favorecidos los montos de importaciones principalmente, como producto de los constantes shocks en los TI y un tipo de cambio con efectos ineficaces en la competitividad externa (ver grafico 1.)

Foto
Otro estudio más reciente y muy vinculante a los beneficios de adopción de un tipo de cambio más flexible y que establece la supremacía de las metas de inflación sobre otras estrategias, tales como las metas monetarias o cambiarias es el de Batini, N y Laxton, D.: “Under What Conditions Can Inflation Targeting Be Adopted? The Experience of Emerging Markets, Central Bank of Chile” Estos autores basados en una encuesta comparativa a 31 bancos centrales de países emergentes, demuestran que los beneficios de la flexibilidad son significativos, ya que los países logran mejoras sustanciales al anclar la inflación y las expectativas inflacionarias, sin que esto se traduzca en efectos desfavorables sobre el PIB real.

Además, con las metas de inflación, las tasas de interés, el tipo de cambio y las reservas internacionales se hacen menos volátiles, y el riesgo de sufrir una crisis monetaria es menor que donde se siguen metas monetarias o cambiarias. De los resultados de la encuesta los autores concluyen que no es necesario que los países cumplan con una serie de restricciones institucionales, técnicas o económicas para poder adoptar con éxito un régimen de metas de inflación, dado que el estudio encontró que ningún país los cumplía al momento de la transición; no significando, sin embargo, que estos no realicen avances significativos y rápidos en el cumplimiento de estos requerimientos.

Sobre esto mismo, Schmidt-Hebbel. K. en “La gran transición de regimenes cambiarios y monetarios en América Latina, Banco Central de Chile””, autor que bautiza el fenómeno como doble transición sistémica de esquemas de tipo de cambio y esquemas monetarios observado en los últimos años en América latina, establece los siguiente pre-requisitos para adoptar metas de inflación: independencia operacional de la autoridad monetaria, la ausencia de conflictos con otras anclas nominales, una política fiscal sostenible, enmarcada en una posición de fortaleza fiscal y la existencia de un sistema financiero saludable, con buena regulación prudencial y supervisión (en la 2da parte de este articulo se abordara este apartado para Nicaragua) .

Finalmente, según el Banco de Guatemala en su publicación del documento “Política Monetaria: Aspectos Teóricos y Evidencia Empírica en un Esquema de Metas Explícitas de Inflación”, este enfoque tiene la ventaja de que aún cuando un país no tenga un adecuado mercado de capitales (caso de Nicaragua) que le permita implementar una política monetaria sustentada en una “Regla de Taylor” [regla del movimiento para la tasa de interés de política monetaria: TPM y que es un medio de transmisión idóneo para la política monetaria], la gestión monetaria puede acompañarse del esquema tradicional de programación financiera, sin que esto merme la efectividad de dicho enfoque, como es el caso actual de practica en Guatemala.

DEFINICIONES



Banda cambiaria: Régimen cambiario en el que el banco central establece un límite superior (techo) y uno inferior (piso) y se compromete a que los tipos de cambio del mercado en el que interviene no los superen. Usualmente, ello lo realiza directamente mediante la venta y la compra de moneda extranjera. Cuatro dimensiones definen una banda cambiaria: composición de la canasta de monedas de referencia, regla preanunciada de devaluación de la paridad central, realineaciones no anunciadas de la paridad central y amplitud de la banda.

_____________________________________

Banda deslizante: Banda cambiaria en la que el techo y el piso varían en el transcurso del tiempo. La pauta de deslizamiento de ambos valores puede ser igual o diferente y generalmente se basan en el diferencial entre la inflación interna y la internacional. Inicialmente el BCCR fijo en 514,78 colones el techo de la banda y en 530,22 colones de la banda (ver abajo represtación grafica).


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