1 de mayo de 2007 - Managua, Nicaragua


FotoSonia Agurto y Alejandra Guido

Los cuentapropistas son hombres y mujeres que abren sus propios negocios, los administran ellos mismos y echan mano de sus familiares cuando los necesitan. En Nicaragua este grupo representa el 32.3% de la PEA ocupada, teniendo las mujeres una mayor participación que los hombres ((36.6% vs. 28.8%).

Los cuentapropistas generalmente se ubican en el sector informal de la economía, a excepción de aquellos que tienen empresas con trabajadores contratados o son profesionales que trabajan por su cuenta, especialmente en el sector servicios como abogados, dentistas, médicos, consultores, etc.

Los cuentapropistas hombres desarrollan sus actividades mayormente en el sector agropecuario y de servicios; mientras las mujeres lo hacen principalmente en el sector comercio y servicios.

Un dato revelador de los cuentapropistas es la precariedad de sus negocios, vista desde el número de personas que participan en éstos, según los resultados de las diversas investigaciones de campo y encuestas del FIDEG. En efecto, el 73.3% son negocios donde trabajan 1 y 2 personas, cifra que se eleva en el caso de las mujeres al 78.8% y se reduce en los hombres al 67.8%. En el otro extremo, los negocios donde trabajan más de 11 personas tienden a no ser muy representativos del universo en estudio, con cifras menores al 1%.

La lucha diaria por preservar los negocios que generan ingresos para que la familia sobreviva, es uno de los objetivos de los cuentapropistas. En este sentido, los datos de FIDEG indican que un porcentaje cercano al 50% de los cuentapropistas, han logrado mantener sus negocios por un período de 10 años y más.

Por otro lado, los datos que han surgido en las investigaciones, también dan cuenta del surgimiento de nuevos cuentapropistas que abrieron sus negocios en el último año (11.4%), siendo las mujeres más que los hombres ((15.6% vs. 7.1%), las que están entrando al mercado de trabajo y abriendo nuevos negocios.

Los ingresos promedios que perciben los cuentapropistas producto de las ganancias que les generan sus negocios son de C$ 2,408.2 córdobas al mes. Este ingreso es mayor en los hombres (C$ 3,315.1) que en las mujeres (C$ 1,788.3), relación que coloca los ingresos de las mujeres en un 46.1% por debajo de los ingresos de los hombres. Las brechas de ingresos entre los negocios de los hombres y las mujeres se presentan más desiguales en los negocios ubicados en el sector servicio y comercio, paradójicamente, es en estos dos sectores donde se ubican mayormente los negocios de las mujeres.

En la tabla 1 se puede observar con más detalle algunas de las características de los negocios de los cuentapropistas nicaragüenses, basándonos en los resultados de las investigaciones de FIDEG.
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Los “malabarismos” de los cuentapropistas



Ser cuentapropista significa no solamente ser dueño de un pequeño negocio que genera ganancias para el diario vivir, sino que significa desdoblarse en diversas actividades, fenómeno que en el lenguaje académico se denomina “flexibilización laboral” y en el lenguaje cotidiano se conoce como “rebusque”. En este sentido, las investigaciones de FIDEG encontraron que del total de cuentapropistas, el 36% realiza dos actividades, es decir que tiene dos negocios; otro 36% lleva a cabo tres actividades; un 18% desarrolla 4 actividades; el 7% efectúa 5 actividades y; un 3% lleva a cabo 6 actividades.

Estos datos permiten afirmar que los negocios de los cuentapropistas son excesivamente precarios, es decir, que no pueden sobrevivir realizando una sola actividad o teniendo un solo negocio. Los cuentapropistas combinan diversas actividades como lavar y planchar ropa ajena, vender refrescos, hacer tortillas, vender hielo, frijoles cocidos, acarreo, venta de productos varios, etc.

La gráfica 1 ilustra la cantidad de cuentapropistas que combinan diversas actividades para generar ingresos.

Cómo se la “rebuscan” las mujeres



Las pulperías destacan tanto en las zonas urbanas como rurales, como el principal negocio que las mujeres abren para generar ingresos. El lavar y planchar ropa ajena es la segunda actividad mencionada por las mujeres como fuente de ingreso. Llama la atención que esta actividad, que puede ser catalogada como muy urbana, tiene un peso significativo en las zonas rurales.

Los negocios de costureras, tortillerías, cafetín, venta de helados, venta de ropa, y compra y venta de productos varios, son entre otras las actividades que fueron mencionadas como negocios por un mayor porcentaje de cuentapropistas del campo y la ciudad.
Asimismo fueron mencionadas otras 42 actividades o negocios que no alcanzaron porcentajes significativos, pero que las cuentapropistas combinan empujadas por la precariedad de éstas y solamente desdoblándose en diversas actividades pueden lograr el dinero necesario para su diario vivir, es decir, para generar ingresos que les permitan salir adelante con su familia.

Las mujeres profesionales que se desempeñan en sus carreras como cuentapropistas son el 1.9% y habitan en los sectores urbanos del país.

La tabla 2 muestra algunas de estas actividades

Los negocios de los hombres se definen más de acuerdo a las zonas geográficas donde viven los cuentapropistas. Efectivamente, en las zonas rurales destacan las actividades agropecuarias como la producción de maíz, frijoles, crianza de ganado y cultivo de café, etc. Mientras en las zonas urbanas las actividades más sobresalientes son las de albañiles, taxeros, carpinteros, acarreo, compra y venta de productos varios, electricistas, entre otros.

Los hombres profesionales que se desempeñan en sus carreras como cuentapropistas alcanzan porcentajes del 5.4% a nivel de las ciudades y 1.9% en las áreas rurales.

La tabla 3 evidencia la diversidad de actividades y negocios de los cuentapropistas hombres.
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Los datos encontrados en las investigaciones de FIDEG, sobre el amplio universo de los cuentapropistas hombres y mujeres, dan pautas para afirmar, que este sector que representa el 32.3% de la PEA, trabaja en condiciones precarias, en negocios de sobrevivencia y con ingresos bajos, especialmente las mujeres, cuyos negocios son por lo general una prolongación del trabajo doméstico que realizan en sus hogares.

Aunado a esta situación, los cuentapropistas adolecen de toda protección social como es el seguro médico, subsidios, vacaciones y treceavo mes, lo que significa que este sector no tiene asegurada una pensión de jubilación básica para su retiro en la vejez y, como afirman ellos y ellas mismas, “el día que no trabajamos, ese día no comemos”.


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