4 de mayo de 2007 - Managua, Nicaragua


FotoAdelmo Sandino

El Vicepresidente del Banco Central de Chile, en un reciente estudio, al hacer referencia a los sistemas de ancla de inflación como el nuestro, apuntó lo siguiente: “Cuando la política monetaria se define por un tipo de cambio o por agregados monetarios, el monitoreo es muy fácil. Basta ver si el tipo de cambio está en el nivel deseado o si los agregados monetarios evolucionan de acuerdo con los anuncios, para evaluar el cumplimiento de los objetivos de política monetaria. Sin embargo, las anclas cambiarias y monetarias se usan cada vez menos, pues son menos eficientes para conducir la política monetaria”. (De Gregorio, J: 2006)

Este planteamiento que representa un amplio consenso en la comunidad internacional de economistas, es objeto de poca discusión en Nicaragua. De hecho, en Latinoamérica, es uno de los pocos países, incluyendo a Honduras y Bolivia, que aún posee un tipo de cambio semi-fijo y a partir de éste el diseño de una política monetaria, cuya operatividad va quedando en el pasado.
Y no es de extrañar que estos países aún compartan un régimen cambiario en común, puesto que los mismos se vieron en décadas atrás afectados por episodios hiperinflacionarios que provocaron la pérdida de confianza de sus monedas respectivas, como también, debido en parte a la aplicación de fuertes programas de estabilización económica antiinflacionistas por parte de las autoridades, con satisfactorios éxitos posteriores.

En el caso especifico de Nicaragua, se aplicó la fijación del tipo de cambio luego que se identificara que la fuente del aumento repentino de los precios se debía a la alta volatilidad con que se fijaba a finales de los 80.

En enero de este año, se cumplieron 14 años de mantener un tipo de cambio que se devalúa diariamente. Esta regla que nació con el objetivo de anclar las altas expectativas inflacionarias, significó un duro castigo a la excesiva discrecionalidad y descontrol del BCN por atentar contra su rol fundamental: la estabilidad de la moneda.

De igual manera, el otro gran objetivo se centró en promover y proteger un tipo de cambio real competitivo, haciendo frente a una aguda restricción de recursos externos y un elevadísimo desempleo. Sin embargo, las condiciones económicas han cambiado y el segundo objetivo tiende a desvanecerse, en cambio el primero parece estar provocando más costos que beneficios.

Los hechos relevantes de la historia reciente de nuestro tipo de cambio comenzaron en enero de 1993, luego de sufrir la moneda nacional una fuerte devaluación del 20 por ciento, y diseñarse una política cambiaria de deslizamiento diario (crawling peg), que acumularía un 5 por ciento adicional de deslizamiento en el resto del año. En 1994 la tasa de devaluación acumulada aumentó a 12%, la cual se mantendría hasta julio de 1999 cuando se redujo a 9 por ciento y luego al 6 por ciento en noviembre de ese mismo año, como respuesta a las mejores condiciones macroeconómicas que dieron paso al nuevo ajuste.

Sin embargo, el programa de reducción de la tasa de deslizamiento se detuvo por el creciente déficit fiscal de inicios del año 2000 y por la posterior quiebra de bancos, manteniéndose la última tasa vigente. No fue sino hasta el año 2004, cuando se reanudó la tendencia a la reducción del deslizamiento al reducirse en 5 por ciento hasta el día de hoy. Si bien en el año 2005 hubo una intención de reducción que ubicaría la tasa de deslizamiento en 3 por ciento anual (ver Programa Monetario 2005), la creciente presión de los precios internacionales del petróleo impidieron el nuevo ajuste.

Estos escenarios de reducción asumieron como objetivo efectivo reducir la tasa anual de inflación, mostrando cierta eficiencia en la política. A pesar de ello, este mecanismo está lejos de ser el más eficiente por los costos que arrastra. Prácticamente, las mismas razones que llevaron al Banco Central de Costa Rica (BCCR) a dar un paso evolutivo en su política cambiaria y monetaria, son las mismas que el Banco Central de Nicaragua (BCN) enfrenta en la actualidad.

Aunque el BCN no registra en forma desagregada los ingresos y gastos de la intervención monetaria que permita el cálculo sencillo de las ganancias o pérdidas cambiarias provenientes de su intervención en el mercado cambiario, las pérdidas cuasi-fiscales del panorama monetario (pérdidas cambiarias y activos no generadores de intereses) nos acercan a dicho costo. En el 2006 las pérdidas cuasi-fiscales suman US$ 23.1 millones, el equivalente al 0.4 % del PIB de ese año. Desde el 2002 hasta 2005, este saldo se mantuvo en promedio en US$ 53.4 millones.

Otro gran costo lo representa la dolarización de facto en la economía nicaragüense. La misma se presenta como un problema estructural, cuya profundización se ha acentuado con la permanencia del actual régimen cambiario, al indexarse al dólar americano automáticamente los precios domésticos. No sólo los depósitos y el crédito bancario se han dolarizado en gran medida (65.6% y 83.6% al 2006, respectivamente según cifras del BCN), sino también casi todos los servicios públicos y demás contratos en la economía que presentan una cláusula de mantenimiento de valor (a excepción del salario en córdobas).

Los efectos dinámicos de este problema que se presenta como un fenómeno espontáneo en respuesta a la protección que se hacen los agentes económicos en periodos de inestabilidad económica, provoca que algunos países que han logrado salir satisfactoriamente de los períodos de crisis, a través de sus programas de estabilización, tiendan a perpetuarlo debido a que los agentes económicos no vuelven a confiar totalmente en su moneda, aunque los bancos centrales hayan ganado reputación y credibilidad, al reducir y combatir la inflación.

Conocido como efecto de sustitución de activos o monedas, el tratamiento de este problema ha dividido a la crítica de economistas independientes nacionales en distintos momentos, entre quienes sugieren la dolarización oficial (N. Avendaño y J. L. Medal) como la única salida o quienes respaldan un fortalecimiento de la moneda nacional (A. Martínez Cuenca y R. Cerda). En concordancia con estas posiciones divergentes, la teoría y la experiencia internacional refieren que hasta el momento existen sólo dos caminos en tales circunstancias (hipótesis de las dos esquinas de Eichengreen y Fischer): escoger entre un tipo de cambio flexible o un esquema de abandono de la moneda nacional.

Sin embargo, hay quienes piensan que el actual régimen ha contribuido al estatus quo de relativa estabilidad macroeconómica, al anclar efectivamente la inflación o al menos hacerla predecible y hasta cierto grado manejable. Y si bien es cierto, que ha habido una importante reducción de la tasa de deslizamiento anual y ello ha llevado a una menor tasa de inflación, por el alto grado de pass-through (traspaso) del movimiento del tipo de cambio al nivel general de precios lo cual es visto como una debilidad en estudios internacionales, comparativamente y exceptuando el Shock petrolero en los precios domésticos, las tasas anuales de inflación alcanzadas por Nicaragua distan mucho de otras economías, particularmente la de su principal socio comercial EE.UU., lo que ha generado continuas apreciaciones importantes del tipo de cambio real, resultando en una pérdida de competitividad externa al tornarse más costosos en términos de dólares las exportaciones nacionales.

Otro inconveniente importe de nuestro régimen cambiario se asocia con la operatividad de la política monetaria. En un estudio de O. Gámez (2004) publicado en el Boletín Trimestral Vol. VI, No. 3 del BCN, donde estima el coeficiente de compensación para Nicaragua, corrobora econométricamente que los posibles intentos por parte del BCN de afectar la base monetaria mediante variaciones inducidas en el activo interno neto, serán infructíferos puesto que estos cambios son compensados por variaciones exactamente de igual magnitud en las reservas internacionales netas. Esto significa que el BCN no puede llevar a cabo una política monetaria anticíclica.

Obstáculos para la flexibilización



De acuerdo con Karacadag, C et al (2004) en su estudio “De un tipo de cambio fijo a uno flotante: No hay que temer”, muchos países son reacios a dejar que sus monedas floten por temor a una volatilidad cambiaria excesiva — inquietud central en países en que los balances son vulnerables al riesgo cambiario y en los que el ajustes del tipo de cambio repercuten con fuerza en la inflación— y a la pérdida de control de las expectativas inflacionarias (caso de Nicaragua).
Tomando en cuenta lo anterior, ¿existen restricciones reales en Nicaragua que impiden un cambio de régimen cambiario? Además de una macroeconomía más frágil como un bajo nivel de reservas internacionales respecto a la base monetaria, una abultada deuda del BCN, un déficit fiscal crónico y carente de reglas de superávit estructural; además, un mercado de capitales naciente, Nicaragua presenta algunas características documentadas por la literatura que no recomiendan un cambio de régimen si antes no se cumplen por lo menos estas dos etapas.

Primera Etapa
1. Otorgar Independencia al Banco Central
Es bien sabido que la mayor debilidad institucional del BCN es no contar con una verdadera independencia política, que le permita eludir presiones del gobierno o del sector privado. Aunque su ley orgánica (Ley No. 317) establece - incorrectamente - que es un ente descentralizado del Estado, el BCN presenta características que le impiden alcanzar el estatus máxime de independencia que pudiera gozar. Una de ellas, y poca cuestionada, es el relevo sucesivo y casi fiel del presidente y de los directivos del banco en sincronía con los cambios de gobiernos en los últimos años (ver el arto. 15 de la ley).

Una muestra de la debilidad institucional del BCN lo encontramos en un estudio citado por Rodríguez (2006): Anotaciones teóricas y prácticas acerca de la política monetaria en Nicaragua. Banco Central de Nicaragua. Documento de Trabajo No. 1, junio), en el que se calculó el grado de independencia (índice de Cukierman) de bancos centrales de América Latina antes y después de reformas a la ley de los mismos, y se determinó que el BCN sufrió un retroceso institucional luego de su reforma en 1999 e, incluso, se muestra por debajo del puntaje promedio al compararlo con el resto de bancos centrales. Esto, sin duda le resta credibilidad y llega a representar un obstáculo para el mejor funcionamiento de su política monetaria.

2. Mejorar la capacidad para pronosticar la inflación y la transparencia de la Política Monetaria (accountability)
Ya sea por factores exógenos o no, es bastante raro que el pronóstico de inflación del BCN resulte muy cercano a la inflación realmente observada. Para evitar esta situación muchos bancos centrales poseen o están trabajando en un modelo macroeconómico a escala de la economía con fines del mejoramiento predictivo de la institución; tal es el caso del BCCR que realiza desde el 2002 una encuesta trimestral de expectativas de inflación (y de otras variables incluyendo el tipo de cambio) con el objetivo de recoger información valiosa al respecto e incluirlas en un modelo general de la economía.

A la vez, es necesario profundizar y ampliar la práctica de brindar información al público de manera oportuna, específicamente al referido Arto. 20. de la ley 317, que establece que las resoluciones de carácter general del Consejo Directivo, en el campo de su competencia, deberán ser publicadas en cualquier medio escrito de comunicación de circulación nacional o en La Gaceta, Diario Oficial.
Además, es necesario institucionalizar en tiempo y forma los anuncios que hace el BCN frecuentemente con el público del monitoreo de la actividad económica y decisiones de política, tal y como las presentaciones de la Reserva Federal de EE.UU. cuando anuncia su decisión de tasa de interés.

3. Crear Sistemas de Información sobre el Riesgo Cambiario y recopilar más información sobre la evolución de Balanza de Pagos.
En Costa Rica se trabaja en una normativa que permitirá la operación de instrumentos de cobertura del riesgo cambiario, lo cual requiere un seguimiento oportuno del mismo por el banco central.
Por otro lado, es importante agilizar los esfuerzos que hace el BCN para presentar los resultados de la creación y continuidad de las series estadísticas trimestrales en las cuentas nacionales, cuya publicación se planificó al segundo trimestre del 2006 y aun no se hacen conocer al público de forma oficial.

Segunda Etapa

1. Generar un cierto grado de Flexibilidad Cambiaria (sistema intermedio como bandas de amplitud creciente) para estimular el mercado de divisas y permitir que se desarrollen otros ámbitos operativos
En Costa Rica se ha diseñado la siguiente estrategia: flexibilidad (como medio para un mejor control monetario-inflacionario); gradualidad (oportunidad para que los agentes económicos adapten sus decisiones respectivas ante variaciones del dólar en el corto plazo); y transparencia (estrechamiento entre la comunicación que brinda el Banco al el público, a fin de enterarlo de los propósitos de las acciones que realiza como antesala del esquema de Metas de Inflación).

Así mismo, el BCCR ha venido realizando esfuerzos por mejorar la normativa, la operación y la plataforma tecnológica, para un funcionamiento del mercado cambiario más concordante con un régimen de mayor flexibilidad. Por ejemplo la introducción de un margen cambiario, el establecimiento para las operaciones cambiarias de contado, el servicio Monex como plataforma electrónica de negociación de divisas, etc.

2. La Política de Intervención podrá formularse una vez aceptada la mayor flexibilidad cambiaria por parte del mercado
La recomendación óptima de política, sin embargo, es que las intervenciones no sean sistemáticas y lo menos frecuente. Sin embargo, es comprensible que en los primeros momentos de la transición (al adoptar un esquema intermedio o su flexibilización total o parcial), el Banco Central intervenga para evitar volatilidad en el tipo de cambio.
Ante estas etapas, se recomienda generalizadamente que al abandonar el tipo de cambio vigente se haga de forma ordenada, lo que implica efectuar preparativos (que incluyen reformas institucionales e información al publico de cómo operaria un tipo de cambio diferente) como también actuar en el momento oportuno (mayor fortaleza macroeconómica y condiciones externas favorables) y contar con un sólido marco de política económica.

¿Es prioridad el régimen cambiario al actual gobierno?


Los antecedentes de Nicaragua apuntan a una perdurable política cambiaria basada en el sistema de mini devaluaciones. Incluso, todo indica que se mantendrá por más tiempo, según lo presentado por el BCN a inicios de año en ocasión de la presentación de la nueva junta directiva: “Bajo el régimen cambiario actual, la política monetaria se orientará a continuar garantizando la estabilidad de la moneda y su libre convertibilidad, a través de niveles adecuados de reservas internacionales” (BCN (2007).

Y si bien es cierto que ha habido una importante reducción en la tasa de deslizamiento anual y ello ha llevado a una menor tasa de inflación, aún no se vislumbran concretamente cambios importantes en dicho régimen, el cual no sólo ha demostrado crear inercia inflacionaria por el alto grado de indexación de precios relativos al dólar, sino también poner de manos atadas a las autoridades monetarias en su razón de ser de su política: la estabilidad de precios, lo cual significa alcanzar una inflación baja y estacionaria y que no hemos observado hasta ahora.

El mayor compromiso y/o reto de política monetaria de la actual administración es el fortalecimiento de la moneda nacional. La reivindicación del hiper desajuste económico de los 80 está en el manejo sensato de la política monetaria-cambiaria, su modernización y lo que ello implica. El gran reto está en generar la suficiente credibilidad que los agentes económicos y la aprobación que el FMI necesitan pudiera dar al gobierno actual, si intenta trastocar lo que por el momento ha sido la solución al control inflacionario.

No obstante, los actuales niveles de inflación en el país son inviables, puesto que la evidencia empírica moderna sugiere que incluso altas tasas de un dígito de inflación representan una restricción importante para el desarrollo económico. Por lo tanto, urge una revisión de nuestro rudimentario objetivo intermedio de política “antiinflacionista”. Por lo que respecta, la salida más conveniente según se propone en este artículo es la flexibilización, como también el diseño y aplicación de otra ancla de expectativas de precios.


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