19 de abril de 2007 - Managua, Nicaragua


FotoSonia Agurto y Alejandra Guido


La población económicamente activa que vive de un salario se vio menguada en Nicaragua desde inicio de los años noventa, cuando se implementaron políticas económicas de ajuste estructural, que perseguían “achicar” el aparato estatal, que se erguía en ese momento como el principal empleador.

Asimismo, con la apertura comercial que se inició en esa misma década, miles de pequeñas industrias fracasaron al no poder competir con la avalancha de productos que entraron al país con bajos precios.
Todas estas personas expulsadas del sector formal de la economía, buscaron alternativas de vida en el sector informal, con el propósito de abrir sus propios empleos, muchos perduraron con sus pequeñas empresas y muchos otros sucumbieron frente a la saturación de este sector, que en determinado momento creció a tal punto que se decía que en “Nicaragua habían más vendedores que compradores”, de hecho, en este sector se generan más del 70% de los empleos en el país.

Actualmente, en la estructura de la población económicamente activa, los asalariados representan el 40.7%; los que trabajan por cuenta propia son el 32.3%; los familiares que apoyan en sus negocios a los cuenta-propistas y que no reciben remuneración son el 23.9% y; los patrones el 3.1%, según los resultados de las investigaciones laborales del FIDEG.

Dichas investigaciones muestran que la posición de la PEA frente al trabajo denota brechas de género. Mientras los hombres se destacan como asalariados, las mujeres lo hacen como cuenta-propistas, es decir, que mientras un porcentaje considerable de hombres tiene un salario asegurado, contrariamente, otro porcentaje considerable de mujeres tienen que rebuscar sus ingresos en pequeños negocios familiares que ellas mismas manejan. Ciertamente, los hombres que trabajan como asalariados representan el 45.4% de la PEA, porcentaje que se reduce en las mujeres al 34.7%.

Sector privado de pequeñas empresas: principales empleadores



El 83.3% de las personas que trabajan como asalariadas, lo hacen en el sector privado, seguido de un 10.9% que labora en el sector estatal. Los empleos que provienen de los gobiernos municipales (2%) y zonas francas (3.7%), aunque no menos importantes, aún son relativamente pocos. Sin embargo, hay que destacar que las mujeres tienen mayor presencia que los hombres en las zonas francas (6% versus 2.3%) y en el Estado (18.4% versus 6.3%).

Hay que subrayar que este sector privado que está empleando a más del 80% de la PEA, son pequeñas empresas cuyo tamaño oscila entre 1 y 5 trabajadores. Justamente, estas pequeñas empresas emplean al 53.6% de la PEA. En el otro extremo se encuentran las empresas grandes --con más de 50 trabajadores—las que generan empleo al 12.8% de la PEA.

Estos datos de tanta relevancia deben ser considerados al momento de definir políticas públicas para la generación de empleos. Si bien es cierto, es importante estimular la inversión de grandes empresas nacionales y extranjeras, no menos importante es incentivar a estas pequeñas empresas nacionales que están jugando un rol importante en la generación de empleos y que por dos décadas han servido como el motor que dinamiza la economía, amortigua la crisis económica y por lo tanto, es un factor estabilizador que abona a que se alcance la estabilidad macroeconómica sin llegar a una explosión social.
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Asalariados copan el sector servicio



El sector de servicios genera el 64.2% de los empleos en que se ubica la PEA asalariada, insertándose en este sector en mayores porcentajes las mujeres (74%) que los hombres (58.3%). Hay que hacer énfasis que el sector industrial y el agropecuario emplean respectivamente alrededor del 15% de la PEA, sin embargo, mientras en el sector industria hombres y mujeres se emplean en proporciones similares, en el sector agropecuario destaca sobremanera la presencia de los hombres (22.3%) en relación a las mujeres (3.7%).

Más del 50% de la PEA asalariada tiene de permanecer en sus empleos al menos 3 años, lo que expresa cierta movilidad de la misma. En el otro extremo se encuentran los que tienen un trabajo más estable con 10 años y más, este grupo es del 20.8%, siendo estas cifras semejantes para hombres y mujeres.
En la Tabla 1, se puede apreciar con mayor detalle las características de la inserción laboral de la PEA asalariada que se ha comentado anteriormente.

Persisten la brechas de género en los salarios



Las investigaciones de FIDEG siempre han mostrado la inequidad existente en los ingresos de hombres y mujeres, y los ingresos de la PEA asalariada no es la excepción a esta problemática. Las mujeres perciben salarios que están en un 27.68% por debajo de los ingresos que perciben los hombres, ensanchándose ésta en el sector privado y reduciéndose drásticamente en las zonas francas.

Otro dato importante a evidenciar en la inserción laboral de la PEA asalariada son las horas promedio que se trabaja en los diferentes sectores. Mientras en el Estado se trabajan menos horas en promedio a la semana (39 horas), en las zonas francas éstas se intensifican, llegado a 55 horas promedio a la semana, comportamiento que no se rige por el Código Laboral que manda a trabajar 48 horas a la semana.

Legalidad precaria en los empleos asalariados



El hecho de que más del 50% de la PEA asalariada se encuentre empleada en pequeñas empresas, da como resultado una informalización en la legalidad de la contratación de los y las asalariadas. Consecuentemente, las investigaciones de FIDEG dan cuenta que el 63.4% de la PEA asalariada es contratada en forma “verbal” y solamente el 36.6% aduce tener un contrato formal.
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Se observa que a medida que las empresas se muestran más grandes, los contratos por escrito tienen un mayor peso, inversamente, en la medida que las empresas son más pequeñas los contratos verbales adquieren un mayor porcentaje.

Hay que poner de relieve que si bien es cierto lo que predomina en la inserción laboral de la PEA asalariada son los contratos verbales, también es cierto que las personas asalariadas perciben que esta forma de contratación les proporciona estabilidad laboral. De hecho, el 77% adujo que su trabajo es por “tiempo indefinido”, percepción que es compartida en similares proporciones por los y las asalariadas que laboran tanto en empresas grandes como pequeñas.

Esta informalización en la inserción laboral de la PEA asalariada, se hace nuevamente evidente en que solamente el 34.5% se encuentra cotizando para el seguro social y por lo tanto, tiene acceso al mismo. En el otro extremo se encuentra el 64.7% de la PEA que expresó que no cotiza al seguro social, situación que los coloca en una situación de indefensión cuando aparecen las enfermedades, accidentes y la llegada de la vejez, donde no existe una pensión que les garantice que al menos tendrán un ingreso para solventar algunas necesidades básicas.

La precariedad en que trabaja la PEA asalariada es un claro reflejo de la flexibilización laboral que se ha generalizado desde que desapareció el “trabajo para toda la vida”, y lo que impera son los trabajos que no garantizan permanencia y por lo tanto, median relaciones laborales donde priva la inseguridad y la falta de compromiso formal del empleador hacia el empleado.EOE


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