17 de agosto de 2006 - Managua, Nicaragua


FotoAdelmo Sandino

De acuerdo con el economista Stanley Fischer, ex funcionario del FMI, “la tasa de inflación es un indicador de la capacidad general del gobierno para gestionar la economía.” En muchos países del mundo la inflación representa un serio problema para sus ciudadanos y para sus gobernantes, incluso en algunos de ellos es mucho más severo que el desempleo. Así lo vemos con las continuas alzas en las tasas de interés de las grandes economías como Estados Unidos para contrarrestar su calentamiento económico y para enfrentar los altos precios del crudo.

En nuestro país, por el momento la línea divisora se hace más estrecha entre estas dos variables. El alto desempleo es muy relevante, pero la inflación adicional que le inyecta a los precios domésticos la evolución alcista del petróleo, está tomando cada vez mayor terreno en la opinión pública por los altos costos que trae consigo.

La literatura económica nos dice que una inflación alta y errática acarrea altos costos porque deteriora el valor de la moneda nacional, perjudica a los pobres al carecer de activos físicos para proteger el valor real de su riqueza, disminuye el ahorro y la inversión en la economía y ello desemboca en menor crecimiento económico. A manera de ejemplo, si tomamos en cuenta la sumatoria de la tasa de inflación del periodo que va de enero del 2003 hasta abril de 2006, lapso en el cual el precio internacional del petróleo rompe fácilmente la barrera de años atrás de 20 dólares por barril y se ha llegado a cotizar por encima de los 70 dólares, el crecimiento de los precios alcanza casi un 30 por ciento. Es decir, que si usted compró un bien o pagó un servicio que no tiene un comportamiento estacional en el año y cuyo costo fue 100 córdobas en enero del 2003, ahora para comprar ese mismo bien o servicio tendrá que desembolsar por lo menos 30 córdobas más para poder adquirirlo. Otra opción que le queda es no comprarlo, buscar sustitutos de ese bien más barato o consumir menos de otros bienes.

Esta nueva situación lleva a los consumidores y a los productores a considerar su ritmo actual de consumo o producción, dado que sus ingresos o utilidades respectivamente, por lo general se mantienen constantes en el corto plazo. Los productores enfrentan el problema de mejorar al máximo la eficiencia económica de sus empresas o de lo contrario, aumentar los despidos al trasladarse inevitablemente los costos del combustible al precio de sus productos y por ende, experimentar la disminución de sus ventas. El primero es un escenario deseable en el tiempo e incluso beneficioso porque lleva a contrarrestar los altos precios provocados por el petróleo, pero el segundo escenario desembocaría en una disminución del crecimiento económico que al final disminuiría los precios locales.

En nuestra realidad, ya se muestran síntomas de debilitamiento con el crecimiento cada ves menor de la actividad económica (El IMAE general creció en Marzo de este año 3.5 por ciento, 2.4 por ciento menos que en Marzo 2005). Ello conduce a pensar que de prolongarse aún más la tendencia alcista del petróleo, pueda llegar a tener efectos recesivos en la economía.

¿A que tipo de inflación nos enfrentamos?



La inflación es el aumento sostenido en el nivel general de precios y se calcula a partir de la variación de un índice promedio representativo que generalmente es el
Índice de Precios al Consumidor (IPC), el cual recolecta la evolución de los distintos precios de la economía. En la actualidad podemos hablar que en Nicaragua hay una inflación baja, que no ha sobrepasado un dígito al año y ha sido relativamente estable, pero esta mantiene características de inflación galopante porque aún persiste la memoria hiperinflacionaria de décadas atrás, al generarse una alta sustitución de la moneda nacional por el dólar estadounidense. A ello se le viene a sumar el componente inflacionario de los precios del petróleo que se refleja en un aumento, principalmente, en aquellos bienes o servicios que demandan mucho de este insumo para su producción, como son el transporte y la energía.

Es sabido que los incrementos de precios en Nicaragua, no sólo responden al tipo de cambio y a los aumentos salariales. La inflación internacional y dentro de esta los incrementos en los precios del crudo, juegan un papel preponderante a la hora de los cálculos de inflación. Y cuando los precios externos alcanzan niveles considerables la jerga económica los denomina Shocks eternos.

Los últimos estudios del Banco Central de Nicaragua (BCN) concluyen que por cada incremento del 10 por ciento en el precio del petróleo, la inflación local lo hace en 0.7 por ciento (véase el Recuadro 2 del Informe Anual 2005). Esta relación de causalidad, refleja el alto impacto que tienen los vaivenes del precio internacional del petróleo sobre los precios globales del país. Por ejemplo, el BCN estima que el incremento del 30 por ciento que sufrió el precio del petróleo en todo el 2005, fue responsable de 2.1 puntos porcentuales de la inflación de 9.6 por ciento con que finalizó el año pasado la economía; o sea el 22 por ciento de la inflación total (véase grafico No.1). El deslizamiento cambiario de 5 por ciento anual aportó un 52 por ciento y el restante se lo reparte la inflación internacional como también los incrementos en el salario mínimo (26 por ciento).

A la segunda semana de mayo y con datos del BCN en su Coyuntura Económica Semanal No.17, el repunte de inflación de 0.43 por ciento (0.07 por ciento en la misma fecha del 2005) fue originada por alzas en los capítulos transporte y comunicaciones, alimentos y bebidas, conservación de la salud y vivienda, que juntos aportaron el 90 por ciento de la inflación de esa semana. De estos, el que destaca más es el primero ya que el trasporte fue el responsable del 90 por ciento de la inflación del grupo, debido al incremento en su tarifa al igual que en los precios de los combustibles.

Proyección oficial de la inflación: ¿Estrategia política o error de pronóstico?



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Econométricamente se ha demostrado que la tasa de inflación es una variable de fácil predicción ya que sus determinantes estadísticos (media y varianza) son constantes en el tiempo, al menos en el mediano plazo (véase Gámez, 2005a). Esta cualidad estadística de la inflación le permite a cualquier Banco Central pronosticarla eficazmente para implementar su instrumental de política monetaria para ejercer control sobre ella. En el caso de Nicaragua, el objetivo instrumental por excelencia con que cuenta su Banco Central es la acumulación de reservas internacionales, lo cual ha llevado a garantizar el régimen cambiario actual y con ello niveles de inflación cercanas a la tasa de devaluación anual.

Sin embargo, en estos últimos años la tasa de inflación que inicialmente anuncia en los medios de comunicación el BCN, ha estado sujeta de múltiples críticas por economistas independientes que la consideran como poco realista a la coyuntura de los precios del petróleo. Por ejemplo, a enero del 2005 el BCN proyectó un cierre inflación acumulada entre el 5.5 y 7.0 por ciento para ese año. Este rango relativamente bajo se puede explicar por la intención de la autoridad monetaria de reducir el deslizamiento cambiario del 5 al 3 por ciento anual y con ello también la inflación, tal y como aparece en su programa monetario para el 2005 (noviembre 2004.p.2). Sin embargo, la tasa de devaluación anual se mantuvo inalterable y la inflación con que cerró 2005 fue de 9.6 por ciento, 2.6 por ciento más que el techo máximo que le atribuyo el BCN a inicios del año.

Una muy probable explicación para esta subestimación inicial que hace el BCN es que este pretende no crear expectativas inflacionarias adicionales a las que ya existen. Para diciembre de este año el Banco Central pronostica tres posibles escenarios sujetos al precio del petróleo con que cerrarán los incrementos de precios en el país (véase tabla No.1). Llama poderosamente la atención que el Banco Central estima inicialmente, dentro de los supuestos macroeconómicos de su programa monetario 2006, un cierre de inflación de 7.3 por ciento anual, que incorpora un precio de US$ 61.8 por barril; inflación muy por debajo a la que se registró en 2005 cuando los precios promedios del petróleo llegaron a US$ 51.3 por barril, es decir 10 dólares menos.

Recientemente, el BCN cambió su pronóstico de inflación y ahora la espera en el Escenario 1 de la tabla No. 1, aunque la inflación que se registra en abril de este año de 4.80 por ciento ya alcanza un poco más de la mitad (52 por ciento) del techo máximo de ese rango de inflación. Muchos economistas opinan que este año se romperá la barrera de un digito. Incluso algunos de ellos (véase entrevista a Santamaría), calculan que el cierre de inflación 2005 fue mayor a la anunciada oficialmente y que este año podría aumentar.

Un indicador que no toman muy en cuenta los economistas y el mismo BCN al dar este tipo de declaraciones es el de la inflación interanual. Esta a diferencia de la inflación mensual acumulada, refleja el estado de los precios de un mes cualquiera respecto al mismo mes del año anterior, fuera del arranque inflacionario del año (borrón y cuenta nueva) que se empieza a medir desde enero. Este indicador refleja que en Managua ya estamos en un contexto de alta inflación promediando en los primeros 4 meses una tasa de 10.73 (8.39 en 2005.

Lo observado en Centroamérica durante 2005



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En Centroamérica se observó en 2005, que los países del Istmo con mayor y menor inflación fueron, respectivamente, Costa Rica y El Salvador. En segundo lugar está Honduras y le siguen Guatemala y Nicaragua. Esta desigual distribución de la inflación en la región se explica, además de sus diferencias en sus estructuras económicas, por el tipo de medida gubernamental para tratar de reducir el impacto de mayores precios del petróleo en la economía de cada país.

Así, Costa Rica, el país con mayor inflación, permitió que los precios del petróleo se ajustaran automáticamente al precio del combustible. En cambio el restante de países, ejecutaron planes de subsidios al transporte urbano y algunos de ellos, el congelamiento de la tarifa de la energía y agua potable para sectores sensibles (caso de Nicaragua). Honduras, fue el país que más subsidios otorgó en el año, con medidas de contención de precios en el kerosene, gas butano y la gasolina.

Lo común de estas medidas es que todos los países han aplicado planes de ahorro energético en el sector público e impulsan proyectos de energías alternativas como el etanol. De no haber permitido estas contenciones de precios, todos los países hubiesen tenido mayores tasas de inflación, a los niveles quizás de Costa Rica.

La Gran pregunta que surge, es que si este tipo de medidas son sostenibles y si en realidad benefician a la economía en su conjunto, porque nos enfrentamos a un tipo de inflación que tiene no sólo impactos en los precios, sino también en el crecimiento económico. Algunos economistas cobijados por los dos principios fundamentales de su profesión: escasez y eficiencia (véase las entrevistas a José de Jesús Rojas y Róger Cerda), consideran que la única manera de enfrentar el Shock petrolero es ajustar el consumo de la economía - que la tildan de ineficiente por cuanto se derrochan recursos - a la realidad de los precios del petróleo, auque esto signifique una medicina dolorosa para la población.


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