28 de mayo de 2007 - Managua, Nicaragua


FotoRoberto Fonseca

CHICHIGALPA, Chinandega

Flor de Caña, sin lugar a dudas, se ha venido consolidando como la marca nicaragüense con mayor proyección en el mercado mundial. Sus rones envejecidos se exportan y venden en más de 40 países del mundo y han conquistado más de 70 medallas, entre ellos, en el certamen más famoso de la industria licorera mundial: el International Wine and Spirits Competition (IWSC), de Londres.

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Son las 11:30 de la mañana y Pedro Uriarte, del equipo de catación de Compañía Licorera de Nicaragua, entra a paso acelerado al amplio local de la Sala de Control de Calidad. En el lugar donde abundan botellas, equipos de medición y copas, flota con suavidad el olor característico del alcohol.
Uriarte, ex jugador de béisbol, se detiene frente al mueble donde han colocado dos copas de vidrio, con muestras de Flor de Caña “Etiqueta Negra” y de Ron Plata Azul. Toma primero la copa con la muestra del “Etiqueta Negra”, la mece con delicadeza y se la lleva a la nariz, para someterla a la prueba de aroma. Segundos después se lleva la copa a la boca, ingiere un pequeño sorbo y lo somete a la prueba de degustación.
-- “Excelente”, dice y sonríe satisfecho.

Desde hace casi 30 años, Uriarte es el catador oficial de Compañía Licorera de Nicaragua, pero no es el único. El encabeza un selecto grupo de personas, que le dan el visto bueno a las muestras de rones envejecidos de Flor de Caña y de aguardiente. Una vez que pasan la prueba sensorial, se procede a la producción y al embotellamiento de la línea de rones y aguardientes.

La incorporación de Pedro Uriarte a esta industria licorera es peculiar. Originario de Granada, llegó a Chichigalpa para jugar béisbol (el deporte rey en Nicaragua), primero en la liga amateur y luego en la semi-profesional, como miembro del equipo de pelota Flor de Caña.

Después de esa etapa deportiva, se quedó residiendo en el municipio chinandegano, trabajando en la planta de Flor de Caña, donde se le entrenó y capacitó para desempeñar el cargo que hoy ostenta, ser miembro del equipo de catación oficial. Una labor que cumple con la rigurosidad de un cronómetro, tres veces al día, alejado del cigarrillo y del licor, para no afectar sus dones de catador.

Catedrales de roble blanco



En la bodega número 18, de envejecimiento, se experimenta una sensación de pequeñez. Ante los ojos se levantan centenares de barriles de roble blanco, colocados todos en paletas de nueve barriles (tres de frente por tres de fondo) y; en columnas de seis paletas de alto. De 54 barriles en total. Al verlos de abajo hacia arriba, dan la impresión de ser enormes paredes frontales o laterales, que sostienen edificios de cuatro ó cinco pisos de altura.

“Son columnas bien fijas, seguras, diseñadas para soportar temblores o erupciones”, afirma orgulloso Bayardo Dávila, Supervisor de Embarrilado y Envejecimiento. “Nunca hemos sufrido un accidente”, insiste.

Un verdadero reto, ya que Compañía Licorera Nacional está ubicada en el Occidente del país, donde se asienta casi media docena de los volcanes más activos de la cadena volcánica nacional, entre ellos, el San Cristóbal, el pico más alto en Nicaragua, con 1,745 metros de altura. Sus erupciones son célebres, desde las crónicas de Oviedo, en 1520, y está ubicado precisamente a pocos kilómetros de Chichigalpa.
En el amplio complejo industrial de Compañía Licorera, hay varias bodegas de envejecimiento, las cuales miden cien metros de largo y cincuenta metros de ancho. Cada una tiene un costo de casi US$ 3 millones y alberga a miles y miles de barriles de roble blanco.

Disponen de un efectivo sistema de aislamiento térmico, que contribuye a mantener una temperatura ambiente entre 27 y 30 grados centígrados, mientras afuera se acerca a los 40 grados centígrados. Con este sistema, han logrado reducir la merma del contenido de alcohol de los barriles a 5% ó 6%, una cifra muy baja con respecto al promedio de la industria licorera mundial.

Cada barril de roble blanco, colocado en estas catedrales-bodegas, proviene de Kentucky, Estados Unidos. Los compran a empresas que se dedican a producir y envejecer vinos. Cada barril tiene 32 duelas y ni un solo clavo, para evitar que afecte el contenido de alcohol envejecido. Los arman con una máquina “resocadora”, empleando una presión de 2,500 libras, y luego los someten a pruebas de agua y de aire. Si no hay fuga, los rellenan con 200 litros de alcohol envejecido de 95 grados.
“Usamos barriles de roble blanco porque es la única madera especializada, que otorga todas las características del Flor de Caña, para dar el color apropiado, el sabor, los taninos, el bouquet”, explica Dávila.
Foto

Una vez armados y sometidos a pruebas, los barriles son rellenados de alcohol envejecido. Es la labor de un grupo de trabajadores experimentados, a quienes llaman “barrileros” o “toneleros”.
A cada barril de roble blanco, después de rellenarlo, le colocan en la tapa la información básica: fecha de rellenado, tipo de alcohol utilizado. Un mes después, los revisan superficialmente para corroborar que no hay fuga y, luego, lo trasladan a una de las bodegas. Así da paso al proceso de envejecimiento lento, al natural, que distingue a la familia de rones de Flor de Caña.

A la conquista del extranjero



El Gerente de Producción, Ingeniero Simón Pereira, se declara un fanático de la línea Centenario de Flor de Caña, que salió al mercado nacional e internacional en 1997, en presentación de 12 años de añejamiento, para celebrar un siglo de fundación de la Compañía Licorera de Nicaragua.

“Yo soy tomador de Centenario”, comentó con una sonrisa pícara, al preguntarle sobre su ron favorito. La línea Centenario es actualmente la más emblemática, la más exclusiva, con rones añejados lentamente por 12, 15 y 18 años. El más joven de esta línea –con apenas tres años en el mercado—es el Centenario Gold, de 18 años de envejecimiento.

Ese ron ha sido un verdadero éxito de marketing. Nació oficialmente en mayo del 2004 y catorce meses después ganó la “Medalla de Oro” y la distinción de “Mejor de su Clase” –doble reconocimiento—en el evento International Wine and Spirits Competition (IWSC), de Londres, el más famoso de la industria licorera mundial.

Posteriormente, en abril del 2006, en el evento San Francisco World Spirits Competition, volvió a ganar doble “Medalla de Oro”, la distinción más alta entre los participantes.
Para Pereira, Gerente de Producción, estos galardones y premios son evidencias de que van por el camino correcto de la excelencia. “La clave del éxito está en una mezcla de factores, pero sobre todo, en saber claramente hacia dónde marcha la compañía (un plan estratégico empresarial), en seguirnos superando día a día más allá de la excelencia (mejoramiento continuo), y finalmente, en conocer a nuestros clientes y adelantarnos al mercado”, indicó.

A finales de los años 50, Flor de Caña sorprendió al mercado nacional con el ron “Etiqueta Negra” (Black Label), de cinco años de envejecimiento. Posteriormente con el Flor de Caña Oro (4 años), el Extra Seco (4 años); y a inicios de los años 90, con el Gran Reserva (7 años). Posteriormente llegó la familia de Centenario, de 12, 15 y 18 años.

Actualmente, el 60 por ciento de la producción de Flor de Caña se destina al mercado local y el 40 por ciento para exportación, sin embargo el plan estratégico empresarial apunta a dar un giro de 180 grados, y voltear esos números. Es decir, seguir avanzando en el proceso de transformarse en una empresa de cara al mercado externo.

“Estamos centrados en conquistar los mercados externos, en seguir aumentando nuestra presencia en los mercados internacionales. No hay ningún producto centroamericano, similar al nuestro, con esa presencia masiva, como Flor de Caña”, reiteró orgulloso.

Las naves de conquista



En la bodega número 3 de Productos Terminados, exclusiva para exportación, el calor es abrasador. Es casi mediodía y la temperatura ambiente ronda los 40 grados centígrados. Erick Rocha, un joven de baja estatura, está a cargo de esta amplia bodega, donde se almacenan las “naves” que conquistan los mercados externos.

“Aquí tenemos productos terminados para todos los países, Canadá, Estados Unidos, Centroamérica, América del Sur y Europa”, refiere Rocha.
En otra área de la Compañía Licorera están las bodegas para el mercado local. Rocha indica que son tres y ahí se almacenan miles y miles de cajas, para satisfacer la pasión de los nicaragüenses por el ron.

Orgullo por certificaciones



A lo largo y ancho de las instalaciones de la Compañía Licorera de Nicaragua, por donde uno se va desplazando, se observan carteles que destacan la Misión y la Visión de la empresa, además rótulos con recomendaciones o puntualizando normas de higiene y seguridad.

Son parte del compromiso empresarial con la Certificación ISO-9001, que obtuvo a finales de los años 90. Por ello, los ejecutivos aseguran que fue la primera empresa productora de ron en el mundo, en obtener dicha certificación, extendida además por la prestigiosa firma británica Lloyd´s Register Quality Assurance (LRQA).

Asimismo, refieren que fue la primera empresa en Nicaragua certificarse en ISO-14001, como complemento en el compromiso para la gestión ambiental. Adicionalmente, todos sus productos son elaborados bajo procesos certificados en HACCP para seguridad alimentaria y Kosher para cumplir con las normas alimentarias hebreas.

En el ámbito nacional, asimismo, Compañía Licorera de Nicaragua ha sido merecedora de una serie de reconocimientos, entre éstos, el Premio Nacional a la Calidad, otorgado por el Ministerio de Fomento, Industria y Comercio de Nicaragua en cinco ocasiones consecutivas; y el Reconocimiento como Empresa Líder en Seguridad y Salud Laboral, otorgado por el Ministerio del Trabajo, en ocho ocasiones consecutivas.

“Alrededor de este tipo de industrias, hay un mito, una creencia popular de que prevalecen los procesos de fabricación artesanales, pero la realidad es completamente distinta, aquí todos los procesos se llevan a cabo con tecnología y maquinaria de punta. Lo único artesanal sigue siendo el embarrilado y el rellenado”, concluyó el Gerente de Producción.

RECUADRO 1

Marca nació en 1937



• El origen del ron nicaragüense se remonta a 1890, cuando Compañía Licorera de Nicaragua empezó a producir rones jóvenes, para que los propietarios del ingenio San Antonio celebraran el final de la zafra azucarera.
• En 1937 nació oficialmente la marca Flor de Caña, dando inicio a la producción comercial de rones añejados.
• Trece años después, en 1950, Casa Pellas, se convirtió en la primera distribuidora de productos Flor de Caña.
• En 1959 se registró la primera exportación de Flor de Caña a Costa Rica, El Salvador, Guatemala y Venezuela. Coincidió con la salida al mercado del Flor de Caña “Etiqueta Negra”, de cinco años de añejamiento.

RECUADRO 2

Los 5 mercados principales



En el año 2006, según cifras preliminares del MIFIC, Nicaragua exportó US$ 8.3 millones en el rubro de rones. Los cinco mercados principales son:

(en miles de dólares)
Estados Unidos 1,089
Chile 1,058
C. Rica 1,031
México 1,020
España 1,005

Fuente: MIFIC

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