6 de July de 2007 - Managua, Nicaragua


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Entrevista con Alvaro Ríos Roca, Secretario Ejecutivo de la Organización Latinoamericana de Energía, OLADE



Los países de la región, que son importadores netos de petróleo, como es el caso de Nicaragua, deben volver la vista hacia la importación de gas natural, ya que “con la actual estructura de precios del petróleo de 35 a 40 dólares el barril, el gas natural venezolano puede llegar a Nicaragua y a Centroamérica a un precio muy competitivo, promoviendo las plantas de ciclo combinado”, señaló Alvaro Ríos Roca, Secretario Ejecutivo de la OLADE, durante una entrevista exclusiva con El Observador Económico.

Ríos Roca, también ex Ministro de Hidrocarburos de Bolivia, realizó una apresurada gira de trabajo por Centroamérica, que incluyó una visita oficial por Nicaragua, por unas pocas horas. En las oficinas del ahora Ministerio de Energía y Minas, recibió a esta revista especializada, para conversar larga y profundamente sobre la situación energética, los retos futuros y los pasos a dar.

¿Como se percibe la situación energética de Nicaragua desde la OLADE?
Nosotros entendemos que las crisis energéticas no escapan de la realidad que se está viviendo en toda Latinoamérica. No es una condición propia de Nicaragua, las crisis energéticas las estamos viendo en Costa Rica, República Dominicana, Chile, Uruguay, Ecuador… En este momento son 14 ó 15 países de la región los que están pasando por una crisis energética de alguna u otra forma.

Los países sufren estas crisis fundamentalmente por una razón, y es que por un buen tiempo se ha dejado de un lado la planificación energética, lo cual nos lleva a energéticos más caros y a que tengamos que racionar.

Pero a Nicaragua parece afectarle mucho más…
Nicaragua no está aislada, y no es que acá se haya hecho todo mal para terminar en esta situación. Es una cosa que está pasando a nivel regional. La causa fundamental es la falta de planificación a largo plazo, y la falta de una planificación regional.

A corto plazo se pueden importar generadores para paliar la crisis, pero son muy costosos. Hay que fomentar las inversiones ya sean públicas o privadas y para ello debe de haber una legislación oportuna.

La planificación energética fue un descuido en el momento de las reformas energéticas en la región. Se pensó que la empresa privada resolvería el problema del abastecimiento energético, pero es responsabilidad del Estado asumir la seguridad y la estabilidad energética a largo plazo.
Por eso es que vemos a Europa, con sus países unidos a través de la Agencia Internacional de Energía, haciendo planificación y buscando fuentes de suministro 25 años adelantados.

¿Que está haciendo la OLADE para cumplir con su mandato en Centroamérica?
Centroamérica nos puede dar un ejemplo de lo que es la integración energética mediante una normativa y un marco jurídico que es el SIEPAC. Aunque éste es un proceso que viene avanzando lentamente, creemos que es lo mejor que tiene Latinoamérica y el Caribe en función de un entendimiento de interconexión y un intercambio eléctrico.
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Pero también estamos discutiendo con los ministros de los distintos países de la región, acerca de cuáles son las soluciones de largo plazo. En la OLADE hemos visto que una de estas soluciones es la opción gas natural. Hay varios países vecinos, como Venezuela, que tienen una de las reservas más importantes de gas natural. Creemos que es vital que a este esfuerzo de electricidad [promovido en el SIEPAC] se sume el esfuerzo del gas Natural.

La solución: gas natural



Mencionaba la necesidad de explorar alternativas como el gas natural. ¿Cuál es el futuro de esta fuente en la región?
El gas natural tiene unas ventajas comparativas enormes. Es una combustión térmica y algunos países vecinos lo tienen (Venezuela) y es una de las reservas más grandes del mundo, y muy bien puede considerársele como un proveedor no sólo para Colombia y los demás países vecinos, sino a nivel de Centroamérica, fomentando la integración energética.

Con la actual estructura de precios del petróleo de 35 a 40 dólares el barril, en un escenario bajo, entonces el gas natural venezolano puede llegar a Nicaragua y a Centroamérica a un precio muy competitivo, promoviendo las plantas de ciclo combinado.

¿Y el gas natural es más eficiente que las fuentes más comunes?
Las plantas de ciclo combinado tienen una eficiencia del 60%, son muy limpias en la combustión, es fácil conseguir financiamiento para ellas y son plantas que van a sustituir la inversión que se hace en generadores térmicos a base de fuel o bunker oil, combustibles muy sucios y muy caros.

Paralelamente, el gas natural puede generar todo un desarrollo de la industria, fomentando aire acondicionado o calefacción en donde se necesite. También es un sustituto para los vehículos.
Hemos visto que a partir del gasoducto Bolivia-Brasil, se han desarrollado en Brasil 1.4 millones de vehículos basados en gas natural en menos de 8 ó 9 años. Este es muy competitivo frente a la gasolina, siempre y cuando se le trabaje.

Pero el gas natural no es un tema nuevo. El desarrollo energético de EE.UU. y Europa desde hace más de una década ha dependido mucho del gas natural. ¿Por qué al menos en Centroamérica se está proponiendo hasta ahora retomar el tema del gas natural?
Centroamérica está en un punto en que tiene que, primero, fortalecer los esfuerzo políticos para promover el gas natural, por ejemplo, responder a cómo y de dónde se trae el gas natural, por ejemplo.
El gas natural tiene una característica muy importante: su alto costo de transporte, es difícil transportarlo. A medida que las distancias sean más largas, es más costoso llevarlo. Pero el escenario de los combustibles es claro, el crecimiento de China e India no nos permitirán tener precios de 10 ó 15 dólares por barril de petróleo. Un precio por barril menor a 40 dólares es casi impensable en un mediano o largo plazo.

Con esos precios, el traer gas natural se hace viable, cubriendo el costo de transporte, y traerlo de Sudamérica, al mismo tiempo que se beneficia la región con los ahorros que se pueden lograr.

En estos tiempos se hace énfasis en fomentar la estabilidad energética basándola en tres pilares: la eficiencia en costos, la independencia energética y la eficiencia ambiental. El gas natural pareciese cubrir la primera y la tercera de las condiciones. Pero, ¿qué pasa con la independencia energética?, ¿está Centroamérica destinada a ser siempre dependiente energéticamente?
Lo importante acá es elaborar un marco jurídico y una normativa que permita darle la confianza al que va a comprar y al que va vender o suministrar. Por eso el SIEPAC se considera exitoso, porque es un marco jurídico donde nadie va a poder escapar a esas reglas.

De esa misma manera habrá que crear un marco jurídico para el gas natural en Centroamérica. Fomentando la integración a través de gasoductos se generan áreas de inversión a lo largo de los gasoductos, se instalan centros reproductivos que pueden mejorar la productividad del gas natural.
En la nueva realidad, dada la situación climática también, y la eficiencia que prometen las plantas de ciclo combinado y los otros usos que puede dársele al gas natural, Centroamérica es una de las pocas regiones en el mundo que no utiliza gas natural y se tiene que promover: Centroamérica debe apostarle al gas natural en el mediano y largo plazo.

Hace 20 ó 25 años, cuando se discutía el gasoducto Bolivia-Brasil todos decían que era una utopía. Pero tenemos que soñar para lograr. Hay que soñar con integrar Sudamérica con Centroamérica con nuestras reservas gasíferas abundantes, las cuales sino tendrán que irse a otras partes de planeta.

¿Qué está haciendo la OLADE para lograr esto?
Estamos tratando de crear consenso entre los ministros de que hay que apostarle al gas natural, una vez exista esta voluntad y este entendimiento de que no es una solución de mañana mismo. Es una apuesta de mediano y largo plazo. Con voluntad política se construyen los marcos jurídicos, se hacen los estudios y se hacen las inversiones. Ojalá que acá a 5 años podamos ver el gas natural en Centroamérica. Si no lo pensamos ahora, estamos postergando decisiones importantes.

Regresando a Nicaragua, algunos críticos de la actual estrategia energética de corto plazo, argumentan que inevitablemente provocaría iguales o mayores desajustes a mediano y largo plazo, pues aspira a aumentar la dependencia del petróleo, por ejemplo, a través de los acuerdos con Venezuela. ¿Como ve usted éstas como soluciones inmediatas?, ¿Cómo se deben de complementar para evitar eso que los críticos advierten?

Para nosotros la energía más cara es la que no existe. El que Venezuela haya podido apoyar en momentos de crisis para restaurar esa energía que sí debe de haber aunque cara, lo vemos altamente positivo.

Todos los países latinoamericanos están resolviendo sus crisis con altos costos. Pero lo que se tiene que tener es una visión de largo plazo y ojalá que las buenas relaciones entre Nicaragua y Venezuela puedan promover esta visión, basándose por ejemplo en el gas natural. Algo que aisladamente Nicaragua no podrá lograr.

Aunque LA tiene un gran potencial para las energías alternativas, sus altos precios y las prioridades de carácter social limitan la capacidad de inversión. ¿Cuál es el futuro de este rubro en la región?, ¿Podremos montarnos en el vagón trasero de Europa?
Las alternativas son una solución de diversificación energética muy importante para los países que importan petróleo y sus derivados porque pueden trabajar en el segmento transporte y hacer una legislación que fomente inversiones productivas pequeñas, en cooperativas agrícolas y empresarios que puedan trabajar con el agro en terrenos que no afecten la seguridad alimentaria, fomentando la producción de biodiesel o etanol, dependiendo de las prioridades de cada país.

Sin embargo debemos verlos como un complemento de los combustibles fósiles, que van a seguir siendo hasta el 2030, por lo menos, la fuente más importante de energía ocupando el 75% de la matriz energética a nivel mundial. Centroamérica no va a escapar esa realidad.

Los biocombustibles vienen a ser una pequeña diversificación que fomenten la generación de empleo, la producción agrícola, deteniendo también la fuga de divisas. Según un estudio de OLADE sobre los biocombustibles, únicamente alrededor del 3.5% de la energía primaria en el 2018 va a ser suministrado por biocombustibles.

Creo que hay que trabajar en este esfuerzo, diseñando legislaciones para atraer inversión pública y privada para que sea un complemento, pues promueve grandes beneficios, especialmente para países importadores netos de petróleo.

¿Y, en la generación eléctrica, qué pasa con la eólica, hidroeléctrica?
El problema con la hidroeléctrica es que si bien podemos construir muchas presas, de repente la naturaleza nos maldice con pocas lluvias. Si bien hay que desarrollar más proyectos hidroeléctricos, hay que complementar eso con proyectos termoeléctricos para balancear las temporadas secas. Para esto es muy importante dejar de depender del diesel y del búnker.

Países como Brasil, que tienen un 78% de su matriz basada en hidroelectricidad, un día pecaron porque se les secaron los embalses, cayendo en una aguda crisis energética que les obligó a recurrir al gas boliviano. El avance hidro-térmico tiene que lograrse.

Nicaragua, como República Dominicana y otros países de la región, ha reportado conflictos entre el Estado y los privados en el ámbito de la energía, por ejemplo, con Unión Fenosa. Se dice que la tendencia en L.A es hacia el fortalecimiento del suministros energético estatal.

En América Latina se han parado los procesos de privatización energética y esto es una tendencia para los próximos 15 ó 20 años. No conozco a un solo país que esté privatizando como hace 10 años.
Por otro lado, vemos una tendencia en Argentina, Venezuela, Bolivia, Ecuador...a fortalecer las empresas estatales. y ¿por qué?, porque si vamos a tener capitales privados, las empresas estatales tienen que ser competitivas, eficientes, basadas en una gestión administrativa propia, alejadas lo más posible de la política como tal.

Esto no significa que no vayan a venir inversiones...es necesario seguir atrayéndolas. Pero al mismo tiempo la región ha decidido mantener sus empresas estatales y para ello se tienen que hacer sostenibles.

La OLADE ha tenido mucho que ver en este proceso…
Si, en la OLADE se está trabajando un proyecto llamado "Transformación de empresas estatales", en vista de que la región, por situaciones sociales y políticas, ha decidido no continuar privatizando.

¿Cuál sigue siendo el reto más grande para Latinoamérica en el sector energético?
El reto más grande de Latinoamérica es en qué momento le va a apostar a la tecnología. Creo que ésa es su gran deficiencia, mirando al largo plazo. Seguimos en las materias primas, en las maquilas...no le apostamos a la tecnología. Esto es algo que debe verse no sólo en el campo energético, sino en todos los ámbitos.

RECUADRO

Sobre OLADE



Ante la necesidad de enfrentar adecuadamente la crisis energética de los años 70, se inició en la región un intenso proceso de movilización política que culminó el 2 de noviembre de 1973 con la suscripción del Convenio de Lima, para la constitución de la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE), que ha sido ratificado por 26 países de América Latina y el Caribe.

La OLADE tiene como misión funcionar como la organización política y de apoyo técnico, mediante la cual sus Estados Miembros realizan esfuerzos comunes para la integración y el desarrollo del mercado energético regional.


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