3 de enero de 2003 - Managua, Nicaragua


FotoKattya Sedó

La agricultura en Centroamérica está en crisis. Más de la mitad de la población de Centroamérica vive en zonas rurales y de estos, cerca del 80 por ciento depende de la agricultura. Y por si fuera poco, el problema aumenta cuando se analizan las cifras de pobreza, donde “los agricultores tienden a ser los más pobres de entre los pobres”.

Mientras tanto, en el otro extremo del mundo se encuentran los agricultores de la mayoría de los países desarrollados. En países como Francia, Dinamarca y Australia, los hogares agrícolas o rurales reciben un ingreso de entre el 50 y el 100 por ciento mayor al hogar promedio nacional. Estos son sólo algunos de los resultados que se constatan en un estudio realizado por Luis Figueroa, investigador del Instituto Centroamericano de Administración de Empresas (INCAE), y Víctor Umaña, consultor del Centro Latinoamericano para la Competitividad y el Desarrollo Sostenible (CLACDS).

El calvario que enfrenta la actividad agrícola en Centroamérica se presenta complejo y las estaciones no parecen terminar. “La actual crisis de la agricultura en Centroamérica no es coyuntural ni transitoria, sino evidentemente estructural y de largo plazo”, afirman Figueroa y Umaña, en su estudio sobre los “retos de la política comercial y de la agricultura en Centroamérica”.

Muchas cruces



De acuerdo con Figueroa y Umaña, son varios los factores, tanto internos como externos, que han originado esta crisis. Entre los factores internos se encuentran las estrategias nacionales de desarrollo, donde la modernización de la agricultura no ha sido una prioridad; las estrategias de las empresas con énfasis en productos de bajo valor agregado; la estructura productiva en la que predominan los pequeños agricultores con poca coordinación horizontal, así como las debilidades institucionales y limitaciones fiscales, entre otros factores. Dentro de los factores externos destacan el crecimiento en la oferta agrícola internacional, la volatilidad de los mercados internacionales, la concentración de la producción y el comercio mundial, así como los efectos de la política agrícola y comercial de terceros países.

El rezago productivo

Foto


A juicio de los investigadores, sin embargo, la principal causa de la crisis tiene que ver con productividad y no con distorsiones al comercio. Aseguran que las políticas de apoyo productivo hacia el sector no han logrado reducir las brechas de esta productividad. “La región se ha quedado atrás de las grandes mejoras experimentadas en sistemas agroindustriales en otras partes del mundo, en especial en países desarrollados”.

En este sentido demuestran como si bien en Centroamérica ha aumentado la productividad agrícola, su incremento ha sido a tasas muy inferiores que las de los países desarrollados.
“Las brechas reales de competitividad son mucho más grandes en la agricultura, que en la industria o en los servicios. En agricultura, las diferencias de valor agregado por trabajador, entre Centroamérica y países desarrollados, son de hasta 50 a uno, en desventaja, pero en manufactura esa diferencia es sólo de 10 a uno”.

La bala perdida



Otro de los grandes problemas de la actividad agrícola, que tiene que ver con la política agrícola y comercial de terceros países, es a juicio del economista Alberto Trejos, una especie de “bala perdida”, según se señala en esta investigación. Trejos es el actual ministro de Comercio Exterior en Costa Rica. Estas medidas de política incluyen restricciones de acceso a mercados, subsidios a la producción y a la exportación, así como barreras no arancelarias, medidas que aunque sí distorsionan grandemente el mercado y tienen grandes efectos sobre los precios internacionales. Su objetivo deliberado no es perjudicar a los países en desarrollo, sino que su diseño se basa en objetivos internos.

Sin embargo, el estudio señala que el problema para nuestros países en vías de desarrollo es detener el impacto de esta bala, ya que responden a fuertes presiones internas en los países desarrollados. Según aseguran, por ahora, todo indica que fuertes reducciones en los subsidios de estos países solo se darán en el muy largo plazo.

Aranceles: las piedras del zapato



Las medidas de restricción de acceso a mercados a través de aranceles ha sido la forma de protección más importante utilizada en Centroamérica y el resto de Latinoamérica. En general, estas medidas tienen un bajo costo fiscal y su administración es rápida y sencilla.

Sin embargo, según señalan los autores, estas medidas que constituyen la principal distorsión de los mercados agrícolas internacionales, tienen sus días contados. La tendencia mundial es hacia la reducción de aranceles y medidas similares.

Además, los autores demuestran que los aranceles estimulan, de manera artificial, la asignación de recursos hacia actividades protegidas, además de que se distribuye regresivamente entre los productores y los consumidores (se benefician menos lo que menos tienen).

A juicio de Figueroa y Umaña, la región ha descuidado otros instrumentos de política comercial de creciente importancia dentro del comercio agrícola internacional, tales como medidas sanitarias y fitosanitarias, combate a prácticas de comercio desleal y normas técnicas, así como temas relacionados con la propiedad intelectual, entre otros. Además, aseguran que la política comercial ha estado desvinculada de la política agrícola.

En busca de soluciones



Es larga la lista de acciones a tomar en cuenta, y que se señalan en este estudio, para salvar a los miles de agricultores en Centroamérica. Según los investigadores, urge invertir más y mejor en esta actividad para que tenga éxito.

Advierten que en Centroamérica se necesita una política comercial multidimensional y más integrada a la estrategia de desarrollo y a la política general de los países.

Aseguran que, aún cuando existen altas distorsiones en los mercados internacionales, la batalla no está necesariamente perdida, pero será necesario invertir en medidas como capacitación, investigación y desarrollo, promoción y mercadeo conocidas como ayudas de “caja verde” en la Organización Mundial del Comercio (OMC), que son consideradas poco distorsionantes al comercio y que han mostrado éxito en otros países.

Finalmente afirman que los países también deben volcar sus ojos hacia la búsqueda de otras actividades, además de la agricultura, como ecoturismo, agroturismo, manufactura y artesanías.
“Si a la agricultura en Centroamérica le va muy mal, cerca de la mitad de la PEA (Población Económicamente Activa) rural va a tener que buscar otra opción de trabajo; y si le va muy bien, igualmente cerca de la mitad de la PEA rural va a tener que buscar otro camino”, concluye el estudio.

Para una lectura completa del estudio se puede consultar en www.incae.ac.cr

La agricultura y el TLC



El tema de la agricultura es uno de los de mayor discusión y preocupación cuando se habla del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, negociaciones que arrancaron con el inicio del año 2003.

Nicaragua es el país que está a la cabeza en Centroamérica en cuanto a la importancia de la agricultura dentro del Producto Interno Bruto (PIB), ya que representa un 32 por ciento de este. Atrás le siguen Guatemala (23 por ciento), Honduras (16 por ciento), Costa Rica (11 por ciento) y El Salvador (10 por ciento).

A juicio de Eduardo Montiel, profesor del Instituto Centroamericano de Administración de Empresas (INCAE), es justamente por esta importancia de la agricultura en Nicaragua que se debe prestar mayor atención a la política agrícola, incluso más que países como El Salvador y Costa Rica que actualmente llevan la batuta en las negociaciones del Tratado.

Montiel se mostró preocupado por la actual estructura arancelaria para algunos productos que se pueden exportar a Estados Unidos. Así por ejemplo, en el caso de los vegetales frescos, actualmente, se registra un 11 por ciento de arancel, si se exporta alguna preparación ya sube al doce y, si se exporta como jugo, sube al 25 por ciento, de manera que entre más se añade valor, el arancel básicamente sube. “Esto no tiene ninguna lógica. Ese es el tipo de cosas que, como país, debemos ponerle enorme atención en la negociación”, comentaba Montiel en un seminario taller de discusión sobre la política agrícola en Centroamérica, realizada en el INCAE a finales de noviembre.

A juicio de Lawrence Pratt, director adjunto del CLACDS, Nicaragua tendrá que realizar una serie de balances entre los diferentes sectores del área agrícola que no tendrán problemas y aquellos que sí los tendrán.

“Diferentes industrias tienen situaciones completamente distintas, unas de las otras. Una política global de comercio agrícola no funciona, porque tiene ciertos productos que son más sensibles que otros. Existen algunos productos que no tienen distorsiones en los Estados Unidos, tales como ornamentales, muchas hortalizas y muchas frutas. Pero en productos como el arroz, el azúcar, el maíz, la leche y la carne bovina, hay potencial para conflicto. Los negociadores van a tener que trabajar duro para encontrar algunas soluciones, pero no hay que confundir soluciones de corto plazo con soluciones de largo plazo”, advirtió.

“En muchos casos, la solución a largo plazo consiste en invertir en la productividad o cambiar a otros productos y encontrar mercados de más alto valor agregado o comenzar a agregar más valor para poder encontrar salidas”, asegura Pratt.

¿Sabía usted qué?



• Más de la mitad de la población de Centroamérica vive en las zonas rurales y cerca del 80 por ciento de ellos dependen de la agricultura.

• En Estados Unidos, por cada dólar generado en su agricultura hay 50 dólares que se generaron en otros sectores. En Nicaragua, por cada dólar producido en agricultura sólo hay dos dólares producidos en otros sectores.

• Durante la década de los noventa, el incremento en el valor agregado por trabajado agrícola en Centroamérica fue de entre 200 dólares o menos, en países como Honduras, El Salvador y Guatemala, mientras que en los países de Europa Occidental fue de entre 10,000 y 25,000 dólares.

• Sólo tres productos (café, azúcar y banano) concentran más del 50 por ciento de las exportaciones de origen agropecuario de Centroamérica y los tres actualmente están en crisis de precios.

• Las principales importaciones agroalimentarias de Centroamérica son los lácteos, el trigo, el maíz, la soya, el arroz y las grasas y aceites.

• El monto total de ayudas recibidas por los agricultores en países desarrollados pasó de 236.4 billones de dólares, como promedio en 1986-1988, a 257.6 billones en 1998-2000.

• En los países desarrollados, los productos que reciben mayor apoyo son arroz, azúcar, leche, trigo, carne bovina, maíz, cerdo, semillas oleaginosas, pollo y huevos.

mostrar comentarios [1]

Arriba     Imprimir     Enviar a un amigo     Comentar

Comentarios

Comentar
Nombre: *
Email: *
Comentarios: *
Verificación: *





 

  Blogs | El Observador (ver más)
Ante la cotidiana realidad de ser pobres
Gilda Charlotte Sánchez Padilla
Doble Motivo para Celebrar!!!
Juan Ignacio Martínez
¿Centellas de luz al final del túnel?
Alejandro Martínez Cuenca, PhD



Lo más escrito


Lo más leido Lo más comentado Lo más enviado