19 de abril de 2007 - Managua, Nicaragua


FotoIvonne Acevedo


Nicaragua enfrenta grandes problemas, como el alto nivel de desempleo, la falta de empleos de calidad y bien remunerados, altos índices de pobreza, crisis energética, problemas estructurales, baja productividad y competitividad entre otros. Todos estos y más han sido factores determinantes para la crisis del modelo de seguridad social actual lo que ha llevado a varios especialistas a pensar que dentro de algunos años el INSS estará en quiebra y no podrá responder a las necesidades de la población.

El Estado de Bienestar constituye un modelo de la sociedad que surgió en la segunda mitad del siglo XX. Este concepto parte de la premisa de que el Estado debe ejecutar determinadas políticas sociales que garanticen y aseguren el bienestar de los ciudadanos, es decir que el Estado debe ser el garante de la seguridad social de los pobladores. Pero ¿qué implica este concepto de la seguridad social? La seguridad social está conformada por programas públicos que brindan ingresos y servicios a particulares, ya sea por jubilación, enfermedad, incapacidad, muerte o desempleo.

Pese a que la seguridad social es una herramienta utilizada para sufragar los niveles de pobreza y las desigualdades, su mantenimiento se ha convertido en una preocupación para los países desarrollados y en vías de desarrollo puesto que su financiamiento proviene del erario público aumenta en muchos casos las cargas fiscales y pudiendo limitar el crecimiento económico. El Observador Económico explora cual es el “problema” que algunos consideran enfrenta la seguridad social en Nicaragua, y cuales son sus perspectivas para el futuro.

Estado actual de la seguridad social en Nicaragua: ¿un futuro insostenible?



Actualmente la frágil situación de la seguridad social ha sido el resultado de los graves desequilibrios macroeconómicos que ha enfrentado nuestro país han ocasionado el incremento de las tasas de desempleo, la disminución del poder adquisitivo, aumento de la informalidad de los mercados de trabajo y de los niveles de pobreza.

El economista, catedrático del INCAE y miembro del Consejo Editorial de El Observador Económico Dr. Eduardo Montiel, considera que la seguridad social en Nicaragua enfrenta una situación dramática porque no hay correspondencia entre lo que se está depositando y las responsabilidades a futuro que se les hace a los cotizantes. El Dr. Montiel, expresó que “por el momento se tiene el colchón de las otras ramas que subsidian a la rama de pensiones, pero la pregunta es ¿hasta cuándo?, porque solo se está posponiendo un problema que eventualmente va a explotar”. El informe elaborado por una comisión técnica especial que se formó en el año 2005 muestra el comportamiento porcentual de las ramas del seguro social, y se refleja que para el año 2010 la rama de pensiones será deficitaria y el sistema colapsará.

Para el experto en seguridad social y actual Gerente General de Pensiones del INSS, Dr. Manuel Israel Ruiz, “si el seguro social continúa con la fuente de financiamiento actual sin elaborar ninguna modificación para el año 2021 podría colapsar”. El Dr. Ruiz califica de “equilibrada pero no saludable la gestión del seguro social” pues los ingresos son mayores que los egresos, como reflejan los informes de la institución o se están generando responsabilidades con todos los cotizantes que en el futuro se van a retirar y que no se podrán cumplir, por lo tanto se está gestando una crisis a mediano plazo.

Para analizar la viabilidad de todo sistema de seguridad social, más allá de analizar la evolución de la productividad, el indicador más relevante es la relación entre cotizantes y asegurados. Este aspecto es en el que nuestro país presenta señales alarmantes pues la raíz de la crisis radica en que no hay correspondencia entre lo que se cotiza y los compromisos futuros. La razón de asegurados-pensionados por vejez, invalidez y viudez pasó de 15.1 en 1984 a 7.5 en 1990 y a 4.84 cotizantes por pensionistas en el 2005 .

El número de afiliados al INSS aumentó a 409,000 personas durante el 2006. Todas las actividades aumentaron el número de afiliados pero sobresalen: la industria, servicios y comercios, así como establecimientos financieros y actividades agropecuarias. No obstante, el Dr. Ruiz mencionó un fenómeno interesante, y es que al final de cada año en promedio cerca del 70% de los nuevos afiliados se retiran, esta alta rotación es un elemento relevante que contribuye a la baja cobertura afectando al sistema ya que sólo las pensiones promedio de vejez han alcanzado un monto equivalente al 39.4% del salario promedio de los asegurados del INSS.


Envejecimiento poblacional y mercados laborales débiles: Amenazas a la seguridad social



En países desarrollados el envejecimiento de la población y la crisis financiera del sistema contributivo producto de la baja natalidad y mayor longevidad han llevado a muchos a pensar que en el futuro, éste será insostenible debido a que un reducido porcentaje de la población ocupada tendrá que costear las prestaciones de un porcentaje más alto de adultos mayores. Por lo tanto, se pronostica que los sistemas públicos no tendrán los recursos suficientes para sostener el sistema de pensiones. Aunque este contexto todavía no sea el que se vive en Nicaragua, la pirámide poblacional ha evolucionado, pues la esperanza de vida pasó de 57.6 años en 1976 a 70 años en el 2005, según datos de UNICEF.

Para el año 2005 el grupo de adultos mayor de 60 años representó el 11.8% y para el 2025 la CEPAL proyecta que se incrementará al 15.3% Por lo tanto en los próximos años la población vieja será mayor, aumento que podría acentuar la crisis del sistema actual. Este panorama lo viven de forma aún más aguda los países de América Latina, el déficit que han enfrentado son originados por el considerable número de pensiones que otorgan, no compensadas con las cotizaciones, recaudadas cada vez en menor número.

De igual manera, el tamaño del mercado laboral, así como la baja productividad y remuneración salarial, son factores que contribuyen a la crisis del sistema de pensiones, pues se estima que únicamente el 17% de la PEA cotiza. Asimismo, el salario mínimo nominal por mes se estima en US$ 93.4, siendo el más bajo de Centroamérica, el cual no es suficiente para mantener un sistema de seguridad social. El promedio salarial de los cotizantes a diciembre del año pasado fue de C$ 4,200 aproximadamente, pero el 70% de los cotizantes, según el Dr. Ruiz, ganan entre C$ 1,500 y C$ 3,000, lo que implica que lo que cotizan es una proporción mínima pero su pensión básica será de C$ 1,125.

Además de las consideraciones anteriores, existe otro factor determinante que acentúa la crisis, y es el sector informal en la economía, según datos de FIDEG el 59% de la población económicamente activa trabaja informalmente. Esto se traduce en que gran parte de la población no cuenta con un salario fijo y por lo tanto no cotizan.

El caso del sistema de pensiones español es digno de ilustración por ser uno de los más alarmantes, ya que podría entrar en déficit en torno al 2011, dentro de cuatro años solamente. El Ministerio de Trabajo calcula oficialmente que hay 2,56 trabajadores en activo por cada jubilado para el año 2000. Un estudio realizado por la Fundación de las Cajas de Ahorros, advierte que el fondo de reserva creado en el 2000 solo servirá para mitigar la situación durante 7 o 10 años más a partir de que se produzca dicho déficit, es decir, en el mejor de los casos hasta 2025. El sistema público de pensiones español es contributivo, el problema es que la natalidad de las personas nacidas durante los años 60-70 fue muy alta y no se ha vuelto a repetir. Por tanto cuando esa generación se jubile no habrá suficientes trabajadores activos para mantener el sistema de pensiones.

En el umbral de una crisis



Todo esto nos lleva a concluir que la seguridad social en muchos países está en el umbral de una crisis que está condenando a las instituciones a la quiebra. Esto responde a una serie de factores como el creciente mercado informal de trabajo, que aparta a muchas personas de los sistemas de protección social; la disminución sostenida de la proporción de trabajadores en activo respecto a los pensionados como consecuencia del aumento de la longevidad y el descanso de las tasas de natalidad entre otras.

La solución a este panorama para unos es la transición a un sistema de capitalización individual, donde cada trabajador aporte parte de su salario a un fondo de pensiones y reciba un monto en función de lo aportado y de la rentabilidad obtenida, sin embargo para otros, la crisis que se vislumbra únicamente está en función del factor demográfico y consideran que es posible que en el futuro una población económicamente activa menor pueda generar mayor riqueza pues la evolución del empleo está en función de las condiciones económicas.

Un intento fracasado



Para nuestro país esta premisa es muy difícil que se lleve acabo dado a las condiciones socioeconómicas, a las características estructurales, a la desigualdad en la distribución de la renta y al precario mercado de trabajo. Hace unos años el intento de privatizar la seguridad social fracasó logrando únicamente endeudar al país con ocho millones de dólares. El Dr. Montiel afirma que la principal causa del fracaso del modelo fue el elevado costo de transición, pues los organismos internacionales no calcularon adecuadamente la carga fiscal, que se estimaba entre el 1.2% - 3.7% del PIB entre el 2005-2025.

De igual manera, el Dr. Ruiz expresa que dicho fracaso radica en que este sistema requiere estabilidad laboral y tasas bajas de desempleo, US$ 300 como salario mínimo y un alto costo de transición. Desde su punto de vista más que soluciones, el INSS lo que enfrenta son retos, y que si logra cumplirlos podría sobrellevar la crisis que se avecina. Entre alguna de las medidas que propone está la ampliación de la cobertura hasta las zonas rurales, principalmente en la rama de invalidez, vejez y muerte (IVM). Asimismo propone la revisión de la tasa de cotización, y aquellas ramas superavitarias podrían dirigir determinado porcentaje a la rama de IVM.

Para el Dr. Montiel la reforma no debe hacerse esperar. Una de las posibles soluciones, propuesta por una comisión técnica creada para analizar la situación de la seguridad social, es establecer un sistema intermedio, es decir, entre el modelo chileno y el actual sistema de pensiones con el fin de “establecer una relación más cercana entre lo que se aporta y lo que se recibe”. Este modelo, llamado “Notional Defined Contribution”, se caracteriza por tener un costo de transición bajo, por permitir la indexación de las pensiones y podría ser manejado por el Estado. Junto a esta reforma se proponen algunas reformas paramétricas, como aumentar la edad de retiro de 60 a 62 años, y la tasa de cotización del 10% al 15%, incrementar el período de contribución de 15 años a 25 años.

Por lo tanto, la seguridad social es un tema relevante que debe considerarse en las agendas políticas y sociales sea cual sea la medida a tomar el objetivo debe ser ampliar la cobertura y hacer sostenible al modelo en el largo plazo. Sin duda alguna el costo político de implementar una reforma es alto, pero los costos de no hacer nada son más elevados. Hoy, el INSS puede responder a sus responsabilidades pero en el futuro no habrán recursos para responderle a la población, originando una injusticia, la cual viola el principio básico de la Seguridad Social: protección y combate contra la pobreza. Para Nicaragua, los inestabilidad política, económica y social han influido en la crisis pero otros países que han logrado mantener relativa estabilidad desde el siglo pasado también presentan serios problemas en materia de seguridad social. ¿Será que el sistema creado bajo el Modelo del Estado de Bienestar ya dio lo que tenía que dar y hay que pensar en otras alternativas? El debate está abierto.

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