13 de abril de 2007 - Managua, Nicaragua


Ivonne Acevedo

El comercio mundial ha aumentado significativamente como representación inherente de la globalización, de manera que para octubre del 2006 la tasa de crecimiento del comercio mundial fue del 11%. Por lo tanto, los flujos de mercancías y la relación país de origen/destino han cobrado gran importancia en este siglo, y el transporte marítimo contin’ua siendo el medio más efectivo para trasladar grandes toneladas de mercancías.

Hoy día, el tráfico marítimo alcanza la cifra de 6,961 millones de toneladas y para el 2025 se estima que llegará a 12,572 millones de toneladas, lo que refleja el potencial de desarrollo que ofrece este nicho de mercado, pero ¿es América Latina capaz de aprovechar el alto potencial de ese mercado?. Panamá es el único país latinoamericano que cuenta con un canal que permite el intercambio mundial, y Nicaragua es el país que cuenta con el mayor potencial para construirlo, ¿podrán aprovechar la oportunidad?

Panamá y el referéndum



Panamá ya dio el primer paso. El 22 de octubre del 2006 la ciudadanía panameña aprobó el referéndum para la ampliación del famoso Canal de Panamá. Simultáneamente, Nicaragua rescata el sueño nacional de construir una ruta interoceánica y que data de más de 400 años. Dicho escenario ha generado un sinnúmero de especulaciones e hipótesis, sobretodo la posible competencia que se podría generar si llegasen a funcionar los dos canales.

A partir del 31 de diciembre de 1999, el funcionamiento del Canal de Panamá pasó del control de Estados Unidos al gobierno panameño, suscitando en ese entonces temores sobre la capacidad de Panamá de controlar la vía marítima sin contratiempos.

Seis años después, las autoridades panameñas no sólo han demostrado su capacidad de administrar, sino que han mejorado todos los indicadores de transporte marítimo para el 2006. El Canal de Panamá, para el año pasado, representa el 5% del intercambio marítimo mundial, US$ 1,477 millones en ingresos, 14,194 embarcaciones y 296.3 millones de toneladas transportadas.

La ampliación del Canal de Panamá es considerado uno de los proyectos claves para mejorar la infraestructura regional y brindarle mayor competitividad al continente. El proyecto está estimado en US$ 5,200 millones y empezará en el año 2008, finalizando probablemente para el año 2014. El proyecto consiste en la construcción de nuevas esclusas de tres cámaras para crear una tercera línea de tráfico con capacidad de permitir el tránsito de barcos de 120,000 toneladas aproximadamente; la capacidad actual es de 50,000 toneladas métricas.

El sueño de la ruta interoceánica



Por otro lado, en nuestro país la idea de construir un canal interoceánico data desde el tiempo de los colonizadores españoles, quienes consideraban a Nicaragua como el país con las mejores condiciones para construirlo, pero no llegaron a concretar sus intenciones; posteriormente, con la apertura del Canal de Suez, en 1869, nuevamente mostraron interés, en este caso fueron los estadounidenses, pero el proyecto seleccionado fue el de Panamá, el cual empezó a funcionar en 1914.

En los años ochenta los japoneses tomaron en cuenta la opción de construir un canal al nivel del mar, pero la situación política y económica del país no permitió que se llevara acabo. Finalmente en los años noventa, se creó la Fundación del Gran Canal de Nicaragua, con el objetivo de presentar un estudio de factibilidad que el gobierno pueda respaldar.

¿Iniciativa presidencial nació muerta?



Tantas intenciones se han materializado en un proyecto que el ex presidente Enrique Bolaños presentó el pasado 2 de octubre del 2006, a pocos meses de abandonar el poder, durante una Reunión Hemisférica de ministros de Defensa.

De acuerdo al proyecto presentado, los costos del Canal Interoceánico por Nicaragua se estiman en US$18,000 millones de dólares, 280 kilómetros de largo y un período de 12 años para terminarlo. De concretarse, permitiría el tránsito de barcos de 250,000 toneladas, el doble de lo que tendrá el Canal de Panamá tras su ampliación.

Sin embargo, los planes de Nicaragua han generado opiniones encontradas, tanto a nivel nacional como internacional. La principal interrogante es si la demanda sería suficiente para mantener el funcionamiento de dos canales en la región, lo que originará una fuerte competencia entre las dos naciones.

Asimismo, el ambicioso proyecto tiene otras complicaciones, entre ellas, el costo de la obra tendría que ser financiado con inversión extranjera y se llevaría a cabo mediante una licitación internacional, ya que un país pobre como Nicaragua no cuenta con la capacidad de costear una inversión equivalente a 13.5 veces el proyecto de Presupuesto de la República 2007.

De igual manera, el impacto ambiental es otro de los temas que genera gran controversia, ya que mientras un sector plantea que bastaría con reforestar determinadas áreas, otros sectores, entre ellos ambientalistas, consideraran que la construcción del canal sería perjudicial para el ecosistema, la población indígena y significaría talar una de las pocas zonas boscosas que quedan en el mundo. Al respecto, cabe apuntar que aún no se ha elaborado un estudio de impacto ambiental, por lo que los costos ambientales siguen siendo incalculables.

Otro factor importante es la voluntad política, no soóo del gobierno actual sino de los gobiernos subsiguientes, ya que el tiempo mínimo requerido para construirlo es de 12 años, lo que implica que este proyecto va más allá de la trascendencia de un período gubernamental, por lo tanto no es símbolo de un determinado partido o presidente, sino un proyecto que podría generar muchos beneficios para todos y todas los nicaragüenses.

Todos estos obstáculos, de múltiples facetas, nos lleva a pensar que el Canal de Nicaragua es una ilusión, pero hoy, es más factible que en otras épocas, porque el mundo ha evolucionado a tal grado que demanda más vías que eliminen barreras comerciales. En lo referente a la competencia entre las dos naciones, habría que analizar la capacidad de ambos proyectos de cubrir sus costos, y más que rivales serían medios para cubrir las altas demandas del mercado internacional.

Sin duda alguna la construcción del Canal de Nicaragua es un proyecto que debe considerarse en las agendas gubernamentales, pues hay muchas interrogantes, pero si se llegase a realizar no debe verse como la solución a los grandes problemas socioeconómicos del país, sino como herramienta para combatirlos. Lamentablemente la historia no está de nuestra parte, ya que todavía no está claro si su construcción es una visión o una fantasía.

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