30 de November de 2003 - Managua, Nicaragua


FotoAna Victoria Portocarrero L.


En la carretera vieja a León, entre abundante vegetación y un clima fresco, que por un momento me hizo olvidar los calorones de Managua, encontré la casa de Patricia Ríos, copropietaria junto con María Amanda Lacayo, de los productos LaRiosa (Lacayo Ríos SA). Nos sentamos cómodamente las tres en las mecedoras de su terraza... y en una conversación en la que también participaron bullangueramente los loros y chocoyos que nos visitaban, me contaron como nació esta iniciativa: la comercialización de chileros y chimichurri.

Un inicio lleno de ilusión, fuerza y optimismo



El pasado octubre, LaRiosa cumplió sus primeros dos años de vida. María Amanda recuerda los meses de agosto y septiembre del 2001, cuando apenas se había trasladado a vivir con su mamá, “pasé agosto y septiembre así (y se pone la mano en la barbilla como quien está muy aburrida), Patricia también andaba como ansiosa de hacer algo productivo”... se le dibuja una sonrisa en la cara y me cuenta con ánimo alegre, “ese día estaba sentada con Patricia en el porche de la casa, y de repente le dije: ve Patricia, y porque no hacemos chileros y empezamos a venderlos”. “Automáticamente nos pusimos de pié, recuerda, y recogimos 50, 60, 80 pesos que teníamos. Nos fuimos al mercado a buscar qué comprar para hacer una docena de chileritos”.

Empezaron literalmente con 12 chileros. Estos, los fueron a vender a las pulperías cercanas y a familiares curiosos con el nuevo producto. Entonces, me dice Patricia “los 12 chileros volaron... se vendieron toditos, y nosotras alegrísimas en las calles”. Para María Amanda, esa fue la época de oro de los LaRiosa, por que empezaron con ilusión, con fuerza, con optimismo.

El inicio fue de manera artesanal, como ellas mismas describen, pero con el tiempo y el incremento en la demanda se les presentó el reto de saltar de las pulperías a los supermercados y tiendas, y con esto entrar a competir con productos tanto nacionales como internacionales. Este impulso, implicó revisar el producto y cambiar no solo la imagen del mismo, sino también incluir una serie de factores importantes como las etiquetas, registros sanitarios, códigos de barras, etc, a fin de volverlo más competitivo.

No todo es color de chile



Paradójicamente, los obstáculos que se han presentado no han tenido nada que ver con la calidad del producto, sino con la estructura que tiene el país actualmente, la que a juicio de las entrevistadas, no apoya las iniciativas de este tipo.

“Hemos trabajado sin capital, todo el capital ha sido propio. No nos ha financiado ninguna micro financiera ni ningún banco, porque es exageración todo lo que piden. Nos ha costado muchísimo impulsarnos para diversificar, que es lo que más necesitamos”, afirman.

Asimismo, “no hay apoyo para el producto nacional en los supermercados, hemos visto que ubican el producto escondido y apoyan más al extranjero. Tal vez esto tenga que ver con el negocio del supermercado, pero debería haber mayor apoyo a la producción nacional”.

Aún con los problemas de financiamiento y apoyo, LaRiosa ha logrado posicionarse en el mercado nacional, e incluso ha dado un salto tecnológico importante, puesto que la empresa acaba de reinvertir su capital acumulado en una máquina procesadora que hará más rápido el trabajo que hasta hace unos días hacían Patricia y María Amanda con el doble de esfuerzo y tiempo.

La inversión más importante que han hecho en LaRiosa, según sus propietarias, no es monetaria (aunque esta es importante), sino en esfuerzo y trabajo personal. La dedicación en términos de tiempo es lo que ha permitido que la iniciativa esté creciendo. Esta dedicación, es un costo que no se carga al precio del producto, puesto que la economía no permite que se venda el producto con un precio mayor, indican.

Empezar... de algún lado y como se pueda, pero empezar... esa es la lección de estas dos emprendedoras, quienes decidieron tomar en sus manos el proyecto y trabajar con ánimos y paciencia hasta ver florecer su idea.

Salí medio sorda por la algarabía de los loros... tuve que volver al calor de las rotondas, pero no me fui con las manos vacías... no se ustedes, pero yo sí disfrutaré del gallo pinto con cebollas encurtidas... o tal vez me de por cocinar un poco más y termine probando el chimichurri.

De doce en doce



Lo que hoy se conoce como LaRiosa y se puede obtener en diferentes supermercados del país, empezó con una producción de solamente doce chileros. Los mismos fueron distribuidos en pulperías cercanas y vendidos a familiares y amigos.

El producto inicial con el que LaRiosa salió al mercado es el chilero tradicional (cebollas encurtidas, con chile jalapeño y zanahorias. Para el mes de diciembre 2001, aprovechando las festividades navideñas, se introdujo a algunos supermercados de Managua (La Colonia y La Unión) el chilero de lujo, de mayor tamaño y con una presentación distinta.

Tras las festividades, con el objetivo de diversificar la oferta, se ofreció el chimichurri, que según las propietarias ha sido el de mayor aceptación en el mercado. Tras el chimichurri nace otra variedad, compuesta por cebollas y chiles picados, y próximamente (diciembre 2003) estarán ofreciendo la vinagreta LaRiosa. A la vez que aumentan los productos, también aumenta la producción y los puestos de distribución.

Actualmente se distribuyen sus productos en La Unión, La Colonia, Tienda Bavaria, Pastelería Margarita, el Figón Español, Farmart y el supermercado de la policía, entre otros, tanto en Managua como en Jinotepe, Granada y próximamente en León.

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