30 de noviembre de 2003 - Managua, Nicaragua


FotoJohn Daza


En un momento en que las fronteras entre los países se desvanecen y los turistas buscan nuevos destinos y nuevas formas de turismo, Ometepe por sus paisajes y su naturaleza, se erige como una de las alternativas turísticas para los que van en busca de aventura, playas y turismo ecológico.

Una mirada al mapa de Nicaragua resalta la presencia de dos enormes lagos, el Xolotlán y el Cocibolca. En este último, el más grande de Centroamérica y uno de los lagos de agua dulce de mayor tamaño, se encuentra ubicada la isla lacustre más grande del mundo, la verde y fértil Ometepe.

Ometepe se erigió desde el fondo del Cocibolca como producto de la actividad volcánica, que dieron origen a dos imponentes volcanes, el Concepción (1610 metros) y el Maderas (1394 metros), formando entre si una isla en forma de 8.

Para quienes aprecian la aventura, caminar o escalar volcanes, Ometepe es el lugar ideal, pues la isla les ofrece un volcán activo, el Concepción, con perfecta forma cónica, y un volcán muerto, el Maderas, con una laguna en su cráter y con cascadas de agua en sus laderas cubiertas de bosques frondosos en un ambiente de clima tropical húmedo.

Pero Ometepe no es solo volcanes, que a menudo se pierden en la espesura de las nubes, como si estuvieran buscando el azul del cielo.
La isla ofrece diversos microclimas, con naturalezas propias de éstos lugares, y diferentes tipos de playas de arena gris o negra, que no tienen nada que envidiarle a las playas del Pacífico o del Caribe. Es más, las playas de Ometepe tienen algo especial que las demás envidiarían. Son de un mar de agua dulce y el bañista no tiene que apresurarse a ducharse para lavarse la sal del cuerpo, después de una intensa tarde de sol y agua. Y a diferencia de la costa del Pacífico, no existe el peligro de las olas y las fuertes corrientes que son comunes en esas playas.

Atractivos



Según Julio Castillo, condueño del Hotel Castillo, ubicado en Altagracia, la ciudad más grande de la isla, Ometepe tiene tres grandes atractivos turísticos: sus volcanes, la naturaleza, manifestada en sus bosques y animales, y la aventura de cruzar el lago navegando.

En esto estuvo de acuerdo Hugo Navas, presidente de la Cámara de Turismo de Ometepe, al opinar que la isla tiene un gran potencial de turismo agrícola y ecológico. A Ometepe llegan muchos turistas de Estados Unidos y de Europa, aseguró Navas, quien recordó que un turista extranjero, en alguna ocasión, dijo que les gustaría “llegar a una finca que tuviera un albergue que les permitiera a elloss mismos ordeñar las vacas”. Otros, continuó Navas dicen que quieren “venir a cortar ese plátano que creíamos que era banana”. Con esto, Navas hizo hincapié en la posibilidad de integrar a los diferentes sectores de la isla en la producción turística, para que no solo sean unos pocos los beneficiados.

“La aventura de Ometepe comienza en realidad antes de llegar a la misma isla”, sugirió Castillo. En su opinión, comienza cuando el turista se embarca en Granada o en San Jorge en la lancha o en el pequeño ferry que transporta pasajeros y vehículos entre la isla y tierra firme. Desde San Jorge hasta Moyogalpa, en Ometepe, es casi una hora de sentirse marinero, mientras la isla con sus dos enormes picos se va haciendo cada vez más grande e imponente a medida que se cubren los doce kilómetros entre estos dos puertos.

Ya en Ometepe es imposible no dejarse impresionar y embrujar por la espectacular naturaleza de la isla, por sus senderos cubiertos de malinches, chilamates, madroños, jenízaros, jocotes y sus monumentales ceibas. Los manglares, al lado de las aguas verdosas del lago Charco Verde, cuyos alrededores están poblados de árboles de Nancite, entre otros, son una experiencia única. En estos árboles, de hasta 50 metros de altura, habitan los monos Congo, que son visibles desde los senderos cubiertos por las ramas de los árboles que rodean el pequeño lago, el cual está ubicado a solo unos cuantos metros de las playas de la isla.

La infraestructura como el talón de Aquiles



Mientras para Hugo Navas, uno de los grandes problemas que tiene la isla es el incipiente desarrollo de su infraestructura vial, para Julio Castillo el problema son los medios de transporte. En la isla las carreteras son angostas y de tierra y piedra, lo que hace el tráfico lento y costoso. De acuerdo a Castillo, lo que se necesita son mejores y más cómodos vehículos de transporte.

Navas, por su parte, dijo que el transporte lacustre es otra dificultad a vencer, pues está monopolizado, es caro y carente de espíritu de servicio.

Sin embargo, hay otras problemas para el turista en la era de las comunicaciones. El acceso a Internet se realiza solo a través de línea telefónica y los cortes del servicio de energía y teléfonos son frecuentes. Pero aún así, Ometepe ofrece al visitante grandes atractivos.

A pesar de esos problemas, a veces las dificultades se convierten en oportunidades.

Las carreteras angostas de piedra y tierra son uno de los atractivos del lugar, ya que no son solo un espacio de transporte sino también de recreo y socialización con la población y los animales de la isla. Es normal el cruce forzado con los ometepinos y extranjeros en sus travesías por la isla, así como el encuentro de turistas y habitantes locales pidiendo un aventón.

También es muy común toparse con cerdos, perros, vacas, caballos, bueyes, gallinas, patos y todo tipo de animales domésticos, no solo a los lados, sino también en la misma carretera. Y para un turista europeo o norteamericano, poco acostumbrado a toparse con animales en los caminos, esto se vuelve un atractivo especial.

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