31 de diciembre de 2003 - Managua, Nicaragua


Arnoldo J. Martínez

El avance de las telecomunicaciones, el transporte y la transferencia de tecnología han impulsado un proceso irreversible de globalización de los mercados de productos y servicios. Asimismo, la consolidación de economías emergentes ha promovido un reacomodo del poderío económico de Occidente hacia Oriente. Como resultado, se han formado a nivel mundial bloques económicos que promueven —por un lado— la cooperación y el proteccionismo regional y —por otro lado— la competencia e interdependencia interregional. Ante estas palpables tendencias, los países que desean competir a nivel mundial demandan mayor productividad; los consumidores conscientes de sus derechos demandan productos y servicios de calidad; y los ciudadanos preocupados por su bienestar demandan de los sectores productivos mayor responsabilidad social.

Para poder desempeñar un papel de liderazgo en este mundo tan cambiante, interdependiente y demandante, los empresarios y altos ejecutivos exitosos no se han limitado simplemente a planificar, organizar, dirigir y controlar. Ahora, a un par de años del Siglo XXI, el empresariado de clase mundial ha desarrollado y adquirido nuevos conocimientos, habilidades y destrezas. Para poder lograr la productividad, calidad y responsabilidad social demandada por nuestras sociedades, los empresarios exitosos han tenido que convertirse en estrategas con una visión global para hacer negocios.

Los empresarios y ejecutivos exitosos a nivel internacional reconocen la interconexión entre los países, las culturas y las economías de nuestra comunidad mundial y son capaces de planificar y actuar consecuentemente; son capaces de tomar decisiones en ambientes sumamente inciertos y convertir
la incertidumbre en oportunidades; se sienten cómodos con la adopción y el manejo de avances tecnológicos para el bien de sus organizaciones; comprenden la complejidad de las regulaciones y legislaciones gubernamentales y son capaces de cumplir con éstas sin perjudicar los intereses de sus organizaciones; son capaces de atraer a personal altamente calificado
y crear un ambiente organizacional lleno de creatividad, entusiasmo y alto desempeño; y finalmente, son socialmente responsables. Estas destrezas han permitido a empresarios y altos ejecutivos enfrentar los retos de las grandes tendencias mundiales y convertirse en los principales forjadores de la modernización económica mundial.

Mito y realidad del liderazgo empresarial nicaragüense



De igual manera, los empresarios del país se consideran a sí mismos los principales forjadores de la modernización económica de Nicaragua. Sin embargo, su papel como tal ha sido seriamente afectado por el contexto en que se han desarrollado los negocios en los últimos cuarenta años y la idiosincrasia en sí de nuestros líderes empresariales. El desbalance histórico que ha habido entre el desarrollo económico, la estabilidad política y el bienestar social ha sido un factor limitante en el desempeño del liderazgo empresarial. Asimismo, la naturaleza hegemónica de los líderes empresariales ha impedido el fortalecimiento de sectores empresariales emergentes y obstaculizado la modernización e incorporación del sector privado en el dinámico mundo de los negocios internacionales.

Desde los años 50 hasta finales de los 70, los empresarios promovieron un crecimiento económico y un desarrollo tecnológico nunca antes visto en nuestra historia. No obstante, la clase política no fue capaz de impulsar los cambios sociales y políticos necesarios para fomentar y consolidar esta modernización económica. La incongruencia entre el progreso económico y el atraso socio-político generó un crecimiento económico excluyente y un desarrollo tecnológico disparejo, principalmente entre el sector agrícola exportador y el tradicional. Como resultado, la falta de movilidad social limitó la participación de personas talentosas en actividades empresariales y el dislocamiento tecnológico dio origen a una brecha de conocimientos y prácticas gerenciales y obstaculizó el desarrollo de las zonas rurales.

Sin embargo, con la revolución hubo un intento por modernizar el estado y aliviar la pobreza. No obstante, el aparato estatal se convirtió en un sector extenso, ineficiente, e intervencionista. La estatización de la economía desalentó el espíritu empresarial, causando así una fuga de capital. Esta fuga y el aislamiento de Nicaragua en la economía internacional produjeron a todo nivel un mayor retraso tecnológico, un rezago de conocimientos gerenciales y un deterioro de la infraestructura y productividad del país. Por otro lado, la inestabilidad política, los bajos niveles de educación y la censura limitaron el horizonte de planificación de los empresarios y actuaron en contra de la generación y transmisión de nuevas prácticas gerenciales.

Aunque el cambio de gobierno en 1990 simbolizó para muchos la búsqueda de un desarrollo balanceado, esta búsqueda se ha vuelto titánica. Aún persisten la concentración de poder, la corrupción y los conflictos políticos. Los problemas con la tenencia de la tierra y la inseguridad en el campo y la ciudad han aumentado y la dependencia en el capital externo es cada vez mayor.
Todo ésto ha obstaculizado la consolidación democrática y la reactivación económica del país e impedido una mejoría en el nivel de vida de los nicaragüenses. La inmersión del sector privado en este insalubre ambiente ha terminado de amoldar la identidad de los ya tradicionales líderes empresariales.


Gran parte del actual liderazgo empresarial se caracteriza por ser excluyente y conflictivo. Este sector se encuentra dividido en grupos familiares en los cuales prevalecen los intereses personales y políticos y no los organizacionales. La competencia entre estos empresarios es confrontativa
y desleal. Aunque estos empresarios son incapaces de trabajar en conjunto, si comparten una serie de actitudes distintivas y contradictorias a su supuesta naturaleza: son seguidores no emprendedores; tienen poca capacidad innovadora; cuentan con una visión corto placista; son resistentes al cambio; y dependen del tráfico de influencias.

La necesidad de un liderazgo empresarial ejemplar



Ante esta crisis existencial del liderazgo empresarial y la necesidad de reactivar la economía del país, es esencial que surjan empresarios ejemplares —grandes, medianos o pequeños— que inviertan en la constitución de empresas productivas cuyos valores organizacionales estén centrados alrededor de la iniciativa, la creatividad, la dedicación, la cooperación y la honestidad, independientemente de la incertidumbre y las adversas condiciones de nuestro país.

Nicaragua necesita a empresarios y altos ejecutivos que se preocupen por satisfacer las necesidades de los consumidores con productos y servicios de alta calidad; que se comprometan a promover el bienestar individual y organizacional de sus empresas y el de la sociedad en general; que transfieran sus conocimientos y experiencias a prometedores sectores emergentes; que participen activamente en la formulación de políticas económicas y sociales
a favor del bien común; y que puedan satisfacer exitosamente las exigencias de los mercados de un mundo cambiante y demandante.


Arriba     Imprimir     Enviar a un amigo     Comentar

Comentarios

Comentar
Nombre: *
Email: *
Comentarios: *
Verificación: *





 

  Blogs | El Observador (ver más)
Ante la cotidiana realidad de ser pobres
Gilda Charlotte Sánchez Padilla
Doble Motivo para Celebrar!!!
Juan Ignacio Martínez
¿Centellas de luz al final del túnel?
Alejandro Martínez Cuenca, PhD



Lo más escrito


Lo más leido Lo más comentado Lo más enviado