13 de March de 2007 - Managua, Nicaragua


Alejandro Martínez Cuenca, PhD

Hace diez años, el entonces Presidente Arnoldo Alemán decía que él no veía la necesidad de hacer ninguna concertación, pues para eso, había ganado las elecciones, y que la gente había votado por su propuesta de OBRAS Y NO PALABRAS.

Unos meses más tarde, comprendió que nada de éso sería posible sino dialogaba, y nunca quiso hacerlo con todos los sectores económicos y sociales, más bien, prefirió llamar a solas al hoy Presidente Ortega para negociar los contenidos de un Acuerdo (o Pacto) entre los dos partidos mayoritarios, que implicó repartición de espacios de influencia y poder en todo el andamiaje institucional del país, mientras la pobreza continuó creciendo, las desigualdades se ampliaron, y la corrupción se desbordó.

A escasos días de la toma de posesión del Presidente Ortega, nadie puede negar que existe un ambiente de mucha expectación, pero también, de incertidumbre. Tanto lo uno como lo otro, tienen sus riesgos para el futuro, no sólo para el nuevo gobierno sino también para el país en su conjunto. Nicaragua no necesita más de lo que ya se vivió con los acuerdos PLC-FSLN. Ahora lo que se necesita es un proceso de concertación nacional, que pueda liderar el Presidente Ortega, convocando a todas las fuerzas vivas para hablar de la propuesta de país que se pretende transformar.

Para ello, lo recomendable debe ser, “transparentar” esa propuesta de país, de manera que todos los nicaragüense podamos apoderarnos de ella, y con ese apoderamieto convertir en realidad las intenciones de transformación del nuevo gobierno, incluyendo su compromiso de reabrir las esperanzas y de reducir la pobreza, en un marco de estabilidad, paz integral, de progreso democrático; así como de un estricto apego a la institucionalidad y al reinado de la ley.

El antídoto de la incertidumbre es el diálogo, -la aclaración-, y por eso es tan necesario que particularmente en estos momentos, cuando las expectativas son mayores, estamos en una ocasión ideal para acudir a una gran concertación de voluntades, de manera que no perdamos tiempo para hacer de Nicaragua el país que todos deseamos, donde prive el progreso, la paz, y el bienestar para la mayoría.

Unos días después de las elecciones de Noviembre pasado, el entonces Presidente electo expresó, en más de una ocasión, su voluntad de iniciar un diálogo político amplio con todos los sectores del país. Si en aquella ocasión era válida tal iniciativa, hoy se convierte en necesaria, y casi obligatorio hacerlo. Se necesita no sólo un diálogo político entre líderes políticos, sobre el tipo de iniciativas de ley que se deberán considerar en la Asamblea, sino un diálogo amplio donde se aborde con la mayoría de los sectores económicos, sociales e institucionales la ruta que se pretende seguir en la actuación política, pero además se informe a la Nación los contenidos completos de los acuerdos que se han suscrito, y cómo se puede hacer para que todos ellos vengan a coadyuvar de manera favorable los intereses de todos los nicaragüenses. Un diálogo que concilie el pasado con el futuro, que se pretende construir.

Un diálogo que aclare el rol que le tocará jugar en esa nueva realidad a todos y cada uno de los ciudadanos. ¡Ese diálogo es para ayer!!!


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