10 de septiembre de 2007 - Managua, Nicaragua


FotoSonia Agurto y Alejandra Guido

En el año 2004, Save the Children Noruega, solicitó a FIDEG introducir en sus investigaciones indicadores que permitieran visibilizar las condiciones de vida de la niñez nicaragüense. Los resultados de este estudio fueron publicados y divulgados durante el 2005.

El año siguiente, esta misma organización se interesó en dar seguimiento a estos indicadores, a fin de auscultar los cambios surgidos entre el 2004 y el 2006, en la vida de la niñez y en el seno de sus hogares.

Estos cambios fueron medidos a través de indicadores cuantitativos, recopilados por medio de una encuesta tipo panel que levanta FIDEG todos los años desde 1995. Esta metodología panel, que consiste en visitar los mismos hogares año con año, permite tener una visión objetiva de los cambios que ocurren en los hogares que se visitan, ya que dicha metodología permite a los datos, reflejar de manera veraz y objetiva la situación de avance o deterioro en un mismo grupo poblacional, que es representativo de toda la población urbana y rural nicaragüense.

Los datos que a continuación se presentan están relacionados con el trabajo infantil, que es uno de los varios temas que se abordan en la investigación y que Save The Children Noruega presentará en el mes de octubre y; reflejan lo que ocurrió con el trabajo infantil de la niñez nicaragüense en el período 2004-2006.

El concepto de trabajo infantil



Generalmente es definido como el trabajo que priva a los niños de su infancia, su potencial y su dignidad, y que es nocivo para su desarrollo físico y mental. Es decir, es un trabajo que interfiere en su escolarización, privándolo de la oportunidad de ir a la escuela, obligándolo a abandonar prematuramente las aulas, o exigiendo que intente combinar la asistencia a la escuela con largar jornadas de trabajo pesado .

Otras visiones sobre el trabajo infantil lo definen como actividades y/o estrategias de supervivencia, remuneradas o no, realizadas por niños y niñas, menores de la edad mínima requerida por la legislación nacional vigente para incorporarse a un empleo. Se trata de actividades y estrategias visibles, invisibles u ocultas, donde el “sustento logrado” o el “beneficio” del servicio puede servir para sí mismo y/o contribuir al mantenimiento del grupo familiar de pertenencia y/o de la apropiación de terceros explotadores .

En Nicaragua, a pesar que el trabajo infantil está prohibido, es común encontrar a miles de niños y niñas trabajando de manera visible o de forma encubierta u oculta, ya sea devengando un salario o apoyando trabajos provenientes de pequeños negocios familiares de sobreviviencia.

Al igual que en muchos países en desarrollo, los niños y niñas nicaragüenses trabajan en la esfera productiva y reproductiva. En la primera devengando un salario o contribuyendo con su fuerza de trabajo como familiar no remunerado. En la segunda, aportando a la realización de diversas tareas doméstica.

Los hallazgos sobre el trabajo infantil que se presentan a continuación están referidos solamente al trabajo que realizan los niños y niñas de forma remunerada y no remunerada, quedando por fuera en esta presentación el aporte que hacen desde la casa con su trabajo doméstico.

Entre el 2004 y el 2006, el trabajo de la niñez se incrementó en 13.7 puntos porcentuales. Este incremento se registró tanto a nivel de las zonas urbanas como rurales, situación que refleja las condiciones de precariedad económica que están atravesando muchos de los hogares nicaragüenses, que para poder solventar sus necesidades se ven obligados a echar mano de la fuerza de trabajo infantil para salir adelante, en detrimento de restarles el tiempo que éstos deberían estar utilizando para estudiar, capacitarse y recrearse, en lugar de estar asumiendo responsabilidades que les corresponden a las personas adultas, como es garantizar los ingresos necesarios para la familia.

Los niños y niñas se insertan en el mercado laboral principalmente como familiares no remunerado y como asalariados. Los datos muestran que los niños que trabajan como familiares no remunerados, aumentaron su intervención pasando de 74% a 75.9; los que trabajan como asalariados disminuyeron, pasando de 22.8% a 20.4%; y los que trabajan como cuenta propia vieron elevada su participación de 2.9% a 3.4%. El peso que tienen los familiares no remunerados es un claro reflejo que para los negocios familiares, la mano de obra niñez es determinante.

Niños y niñas trabajan en un abanico de actividades que se desarrollan mayoritariamente en el sector informal de la economía y en las unidades de producción agropecuarias. Un porcentaje significativo de la niñez trabaja en pulperías, las que se caracterizan por ser establecimientos que pueden ir desde aquellos que solamente cuentan con un estante o mesa llena de ristras de meneitos, tostaditas, papitas, caramelos, chicles, etc, hasta aquellos que ofertan un mayor número de productos de consumo básico, ofrecidos al menudeo, como media libra de queso, medio litro de aceite, una libra de arroz, etc, oferta que se adecua a la demanda de sus clientes, que son los mismos habitantes de los barrios pobres donde se ubican estos establecimientos.

La investigación refleja que su hogar y otra vivienda son los lugares donde la niñez realiza sus trabajos mayoritariamente. No obstante, los cambios que más llaman la atención en el período estudiado, se manifiestan en que hay más niños y niñas entre 6 y 14 años trabajando en la vía pública, lo que demuestra dos cosas: por un lado, este grupo etáreo está apoyando los negocios familiares que necesitan comercializar sus productos en la calle, por ejemplo, la venta de tortillas, nacatamales, venta de pan, venta de productos varios, etc. Por otro lado, se puede afirmar que estos niños y niñas están expuestos a mayores situaciones de riesgo, sea de accidentes, maltrato físico, robo con violencia, acoso sexual y hasta violaciones.

El 77.4% de la PEA nicaragüense se encuentra trabajando en pequeños negocios abiertos por su propia cuenta en el sector informal, la mayoría de ellos necesitan mano de obra familiar no remunerada para poder funcionar. De ahí, la necesidad de los hogares de echar mano de la fuerza de trabajo familiar que tiene disponible y que aún no tiene la edad para buscar un trabajo asalariado, tan necesario para complementar los ingresos del hogar. Es aquí donde surge el trabajo infantil que apoya los negocios de la familia, insertándose en actividades que contribuyen a que los negocios funcionen y generen ingresos.

Los negocios familiares ubicados en el sector informal de la economía no pueden funcionar sin el apoyo del trabajo infantil. Aunque pareciera un planteamiento perverso y en contra de los derechos de la niñez, la realidad en Nicaragua es que son muy pocas las iniciativas públicas y privadas que apoyan mejorar las condiciones de estos negocios precarios, de rebusque, y de sobrevivencia, para que puedan alcanzar mayor productividad, mayores ganancias y generar empleo, y con ello liberar la mano de obra de sus hijos e hijas, para que disfruten de su niñez y adolescencia y alcancen un desarrollo humano que les permita en el futuro cercano insertarse laboralmente con ventajas en un mundo globalizado y; a nivel afectivo, puedan conformar familias a las que puedan trasmitirles valores, metas, ideales y estabilidad sicológica.

En el período de tiempo analizado, hay más niños y niñas asumiendo trabajo doméstico. Mientras en el 2004 el 21% de trabajo doméstico estaba siendo asumido por la niñez, en el 2006 este porcentaje se incrementa al 31.6%, siendo a las niñas a las que se les transfieren en mayores proporciones. Cualquier persona adulta podría debatir el argumento que el trabajo doméstico es parte del aprendizaje que deben tener niños y niñas para una educación integral. No obstante, en los hogares pobres nicaragüenses, con fuertes carencias económicas, el trabajo doméstico más que un aprendizaje para la vida, es una carga que las mujeres le transfieren a la niñez cuanto tienen que salir a trabajar, responsabilidad que asumen mayormente las niñas y que tienen que llevar en sus espaldas a costa de restarle el tiempo que necesitan para estudiar, recrearse, socializar, jugar, es decir, disfrutar de su niñez.

En el 2004 la niñez aportaba con su trabajo un 3.49% a los ingresos totales de sus hogares; en el 2006 lo hace con un 12%. Este aporte es diferente según el área geográfica donde habita la niñez. En las zonas rurales el aporte se incrementa en el período estudiado del 4.59% al 12.66% y, en el área urbana este incremento fue del 2.62% al 11.14%. Este acelerado crecimiento de la incorporación de la niñez al mercado de trabajo remunerado y no remunerado, para generar ingresos que se elevan en un período de solo dos años en un 8.51%, constituye un problema de grandes dimensiones sociales.
De manera visible y de manera oculta, hay miles de niños y niñas nicaragüenses que están siendo empujados a edad temprana a un mercado de trabajo, que aún para las personas adultas presenta serias inequidades y desigualdades., las que se exacerban en la niñez al no ser aplicadas las leyes laborales con todo su rigor.

De alguna manera, los gobiernos se “hacen de la vista gorda” ante esta problemática, al no reconocer que a la par de una pequeña empresa o de una pequeña unidad de producción, hay miles de niños y niñas trabajando. Tanto la mano de obra infantil como los pequeños negocios familiares donde ellos trabajan, han servido en los últimos años como mecanismo de ajuste del mercado laboral, evitando de esta manera que una economía en creciente estancamiento, incapaz de absorber la mano de obra que empuja año con año, por entrar al mercado de trabajo formal, obliga a abrir pequeños negocios familiares, que tienen que echar mano de sus propios hijos e hijas para funcionar con los mínimos costos y lograr sobrevivir.

En el 2004 los datos reflejaban que en el 20% de los hogares con ingresos más altos, el aporte de los niños y niñas era menor que en el 20% de hogares con ingresos más bajos (2.38% versus 3.78%), relación que se profundiza en el 2006 (2.7% versus 21.6%) respectivamente. La correspondencia de a menores ingresos de los hogares mayor trabajo de la niñez, permite inferir que entre el 2004 y el 2006 se ha dado una agudización de la crisis económica en muchos hogares, lo que ha propiciado un circulo perverso y cruel en la vida de la niñez y de los hogares nicaragüense con menores recursos, quienes tienen que pagar los costos de gobiernos que no priorizan la salud, la educación niñez y el empleo de sus progenitores.


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