31 de October de 2007 - Managua, Nicaragua


FotoIvonne Acevedo

El Día Mundial de la Alimentación se celebró el pasado 16 de octubre, bajo el lema central “Derecho a la alimentación”. En los últimos 15 años, Nicaragua muestra avances en este tema de vital importancia, sin embargo son logros muy discretos y aún insuficientes. Por ello, Nicaragua permanece en la lista de Países de Bajos Ingresos y con Déficit de Alimentos, elaborada por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, FAO, junto a otros 81 países del mundo.

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación (FAO), estima que existen 850 millones de personas en todo el mundo, que sufren de subnutrición y, a su vez, que alrededor de 55 millones de niños y niñas menores de 5 años registran un peso y una estatura por debajo del promedio a esa edad.

Para Nicaragua, estos datos corresponden a 1.5 millones de personas, formando así también parte de los 25 países en el mundo, que padecen de inseguridad alimentaria y nutricional. Y, en el caso del bajo peso, corresponde al 10% de los niños y niñas menores de cinco años.

La definición de Seguridad Alimentaria y Nutricional (SAN) se centra en la disponibilidad de los alimentos considerando el acceso y la existencia suficiente de éstos en forma sostenible. Esto quiere decir que para que un país posea SAN, tiene que garantizarle a cada uno de sus habitantes alimentos inocuos y de calidad todos los días por el resto de sus vidas. Por tanto, Nicaragua enfrenta un gran reto en materia de seguridad alimentaria, donde una serie de elementos y actores multisectoriales juegan un rol determinante en el combate contra el hambre.

Dimensión de la problemática



Para el economista Cirilo Otero, la SAN es un tema complejo. Por un lado, la ONU lo retoma a través del Programa Mundial de Alimentos como un componente humanitario relacionado con necesidades de emergencias más que con la sostenibilidad socioeconómica. Por otro lado, la seguridad alimentaria está directamente relacionada con el mercado, porque los alimentos son bienes que se transan de acuerdo con las leyes de la oferta y la demanda.

Según las estadísticas de la FAO, correspondientes al período 2001-2003, en Nicaragua el Consumo de energía alimentaria (kcal/persona/dia) aumentó ligeramente de 2,220 a 2,290 entre 1990-1992 y 2002-2004. Asimismo, el Consumo de Proteínas (g/persona/dia) mejoró de 55 a 65, en los períodos antes señalados.

Sin embargo, pese a la mejoría de ambos indicadores relacionados a Consumo de alimentos, el 27% de la población nicaragüense está en estado de subnutrición, siendo el índice más alto de Centroamérica, de acuerdo a las cifras de FAO. Esto significa que la ingesta de alimentos de 1.5 millones de nicaragüenses es insuficiente para satisfacer las necesidades de energía alimentaria de manera continua.

En cambio, Costa Rica reporta un índice de subnutrición del 5%, en ese mismo período 2001-2003, siendo el único país de la región que presenta un bajo grado de vulnerabilidad relacionado con la seguridad alimentaria.

Para el consultor de Alimentación y Nutrición de la FAO en Nicaragua, el especialista Anselmo Aburto, se califica como “inseguridad alimentaria” a aquella población que no logra llenar las necesidades alimentarias establecidas en la canasta básica de alimentos. Adicionalmente hay varios niveles de insuficiencia energética que afectan a gran proporción de la población.

De acuerdo con la Encuesta de Consumo del 2004, realizada por la FAO, el 73% de la población nicaragüense no logra cubrir el valor total de la canasta básica de alimentos, por tanto según la clasificación de este organismo, este porcentaje padece inseguridad alimentaria.

Además de esa proporción de la población que padece inseguridad alimentaria, un 49% de las familias nicaragüenses están en “situación crítica”, porque no cumplen con los requerimientos mínimos energéticos para realizar las actividades diarias.

Sin embargo las estadísticas, a pesar de ser reveladoras, no reflejan el verdadero drama de trasfondo y las implicaciones a futuro, para ese 73% de la población que sufre de inseguridad alimentaria. Para ejemplificar uno de los tantos escenarios de esta situación, una joven embarazada de 18 años, con un historial de mala nutrición, significa que no está recibiendo los nutrientes necesarios para desarrollarse y permitir el desarrollo del feto, aunque se alimente.

Además, finalizado el período de embarazo, el bebé no tendrá el peso ni la talla adecuada, situación que se prolongará por el resto de su vida, pues si la madre está en estado de subnutrición, la lactancia materna no cumplirá a plenitud los requerimientos energéticos.

De acuerdo con los estándares médicos, para que un niño posea una talla y peso adecuado tiene que recibir durante los primeros 7 años de su vida los nutrientes que le garanticen una vida saludable y activa. Si el escenario anterior se aplica al 73% de la población que padece inseguridad alimentaria y al 49% que está en situación crítica, lo que se produce es un círculo de desnutrición que se prolonga a futuras generaciones, dejando al país sin capital humano preparado para enfrentar los desafíos que demanda el mundo globalizado.

Producción insuficiente de alimentos



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De acuerdo con el especialista Otero, Nicaragua no es capaz de producir sus propios alimentos, por ende, es un país importador neto. Uno de los factores principales relacionados a esta realidad, es la falta de políticas públicas concretas encaminadas a transformar los procesos productivos, pues hay 200,000 familias campesinas productoras de granos básicos que carecen de capacidad productiva eficiente, canales de distribución, información de mercado, transferencias tecnológicas y sobre todo, financiamiento.

En este ámbito, en el perfil país de la FAO, publicado en su página web, se estima para el año 2004 que las importaciones de alimentos –en Nicaragua—alcanzan la cifra de US$ 301 millones, cifra que corresponde al 16 por ciento de las importaciones totales país. Estas provienen de Estados Unidos, Costa rica y Guatemala, especialmente, y corresponden a cereales, aceites vegetales, tubérculos y raíces y; leche en polvo.

Las principales causas de un estado nutricional deficiente son la falta de disponibilidad de alimentos, el insuficiente poder adquisitivo, la distribución inapropiada o el uso inadecuado de los alimentos en el hogar, las malas condiciones de la salud y el saneamiento y las prácticas de atención y alimentación inapropiadas, entre otras.

En lo referente a la falta de acceso económico, una de las principales causas de la inseguridad alimentaria, puede tener un origen físico como el aislamiento geográfico de la población, la falta de infraestructura como vías de transporte y comunicación que pueden conducir a la marginación social; o por la desigualdad en el acceso a los medios de producción lo que merma los ingresos y disminuye la capacidad de satisfacer las necesidades alimenticias al interior del hogar.

Adicionalmente, Aburto agrega que la cultura y los hábitos alimenticios juegan un papel determinante en la disponibilidad y acceso a los alimentos, pues hay familias que tienen los recursos para comprar alimentos, pero consumen aquellos que no son nutritivos y, por el contrario, están aquellas familias que no cuentan con los recursos económicos necesarios para adquirir alimentos del todo.

Esfuerzos con una merienda



El capital humano es el principal recurso con el que cuenta el país. El 24% de la población son niños y niñas de 0 a 12 años de edad que están en una etapa de crecimiento para formarse física y mentalmente. La ingesta de alimentos de calidad e inocuos determinará su capacidad de respuesta futura, por lo que acciones concretas como la iniciativa del Vaso de Leche y el Programa Integral de Nutrición Escolar (PINE), juegan un papel fundamental en el desarrollo del país.

El PINE lo ejecuta el Ministerio de Educación con financiamiento del Programa Mundial de Alimentos (PMA). Este programa proporciona beneficios alimentarios y aportes de micronutrientes a niños y niñas de 3 a 12 años de edad, que concurren a centros escolares y preescolares y primarios a nivel nacional, con el objetivo de contribuir a mejorar las condiciones de educación, salud y nutrición de los niños y niñas en pobreza extrema.

Según cifras oficiales el 70% de la población de 6 años y más matriculada en educación primaria recibió asistencia alimentaria, a través de algunos componentes que integran el PINE como el programa “Vaso de Leche”, “Galleta Nutritiva” y; la iniciativa “Educación para Todos”.

Para el especialista Aburto, este tipo de programas no garantizan la seguridad alimentaria y nutricional, sino que son paliativos contra el hambre. Resalta que una de las ventajas ha sido la vinculación entre la alimentación y la educación ya que disminuye la proporción de abandono y garantiza una mayor disposición para el aprendizaje.

De programas a la realidad



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El Ministerio Agropecuario y Forestal, Magfor, es la entidad gubernamental encargada de la Estrategia de Seguridad Alimentaria y Nutricional, cuya inversión proviene en gran parte de la Cooperación Internacional y de los recursos del Tesoro. Cabe indicar que existen una serie de programas e iniciativas dirigidas a combatir la inseguridad alimentaria y nutricional, pero que en la práctica no han tenido los resultados esperados.

Otero manifiesta que estos programas han fracasado porque no están elaborados de manera integral, ya que requieren de políticas públicas concretas y visión administrativa de los tomadores de decisiones. Ante esto, Aburto agrega que actualmente el país cuenta con una Política de Seguridad Alimentaria desde el 2001, pero que nadie la cumple porque no es una política de estado.

Ambos especialistas coinciden en que la Ley de Soberanía y Seguridad Alimentaria, cuyo dictamen está aprobado, no cumple con las expectativas pues no obliga a la sociedad y al gobierno a garantizar la SAN, al no estipular sanciones ni establecer tiempos para la ejecución de acciones concretas.

El gobierno actual ha elaborado un programa denominado “Hambre Cero” constituido por tres elementos, el Bono Productivo, el programa Hacia la Erradicación de la Desnutrición Crónica Infantil y; los programas de merienda escolar.

El Bono productivo está integrado por un paquete de bienes como vaca preñada, cerda cubierta, aves, materiales para la porqueriza y el gallinero, semillas, material vegetativo, entre otras; se espera beneficiar a 75,000 familias en un plazo de 5 años y la inversión alcanza los US$ 150 millones.

El segundo elemento pretende dar atención integral a la mujer y al niño menor de 5 años, fortalecer el programa de micronutrientes y brindar educación alimentaria y nutricional. Y finalmente los programas escolares retomando el vaso de leche y la galleta nutritiva.

Aburto valora que si el gobierno logra implementar de forma integral este programa para el año 2008, constituirá el primer paso para garantizar la SAN, pero deben de cambiar la forma de concepción pues hasta el momento no se concibe de forma holística, sino particularizada, lo que condenaría la iniciativa al fracaso.

Esto quiere decir que la concepción del gobierno es aplicar los tres elementos a distintos grupos metas, lo que no tendrá ningún impacto sobre la inseguridad alimentaria y nutricional, por lo que las recomendaciones y críticas van dirigidas a que las autoridades apliquen los tres elementos en un mismo grupo meta y se consolide como una política central del actual gobierno.

Nicaragua, en ocasión del Día Mundial de la Alimentación, enfrenta su principal obstáculo: una población mal alimentada que no cuenta con las energías necesarias ni suficientes para realizar actividades biológicas, reproductivas y productivas. Sin capital humano capacitado y sin una adecuada provisión de salud y energía, el país seguirá siendo uno de los más pobres del mundo y se deteriorará todavía más la calidad de vida de la población.

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