19 de December de 2007 - Managua, Nicaragua


FotoSonia Agurto y Alejandra Guido


La evaluación de impacto que a continuación se presenta, es el resultado de una encuesta llevada a cabo en dos momentos en el tiempo, 2002 y 2006, con el fin de medir el impacto social del microcrédito en los negocios y en la vida de las personas y hogares que fueron beneficiados.

La evaluación fue solicitada a FIDEG por el Consejo Coordinador de Wisconsin con Nicaragua (WCCN) . Es importante hacer mención que en el 2006, la encuesta además del panel de 360 prestarios entrevistados en los dos períodos mencionados, incluyó una muestra representativa de los clientes de las microfinancieras asociadas en ASOMIF, datos que están publicados en un libro titulado “El Impacto Social de las Microfinanzas en Nicaragua”.

A continuación se muestran algunos de los principales hallazgos encontrados en cuanto al impacto social del microcrédito.

Satisfacción, aunque…



En el estudio se quiso profundizar sobre si el grupo seleccionado continuaría trabajando con créditos de microfinancieras, para lo cual se hizo la pregunta ¿solicitaría otro préstamos?, los datos evidencian una disminución en la intención de solicitar otro préstamo. Ciertamente, en el 2002 el 87.6% del grupo adujo que sí solicitaría otro préstamo, propósito que se redujo en el 2006 al 70%, porcentaje influenciado por hombres y mujeres, pero especialmente por estas últimas que muestran un porcentaje mayor de intención de reducción y de duda. De hecho, las mujeres que adujeron que no van a solicitar otro préstamo se incrementaron del 8.1% al 16.9% y las que aún no han decidido si lo harán pasaron del 4.4% al 15.4%.

La intención de los hombres de no sacar otro préstamo pasó del 12.2% al 9.8%, no obstante, la duda sobre si sacarán otro préstamo, se elevó del 0% en el 2002 al 12.2% en el 2006.

Las razones que expresaron hombres y mujeres para no sacar otro crédito cambiaron en el período analizado. En el 2002, en un 40 por ciento, los hombres manifestaron que “no les gustaba la atención al cliente”, mientras que en el 2006 sus razones se diversifican en: “no necesitan más dinero”; “no le gusta estar endeudado”; “los plazos son cortos y prestan poco”, cada respuesta con un 25% respectivamente.

Las mujeres, que en el 2002 señalaban “que los intereses eran muy altos” (17.6) y “no necesitaban más dinero” (17.6%), en el 2006 sus opiniones van por la línea de “los plazos son muy cortos”; “no necesita más dinero” y “no pudo pagar intereses y comisiones”, mostrando las tres razones porcentajes similares al 17%.

El tamaño de los negocios



Los datos relacionados al tamaño de los negocios, según número de trabajadores, manifiestan cambios significativos en tres direcciones: Reducción, estabilidad e incremento del número de trabajadores que laboran en dichos negocios.

Todos los negocios indistintamente de su tamaño expresan un incremento en el número de trabajadores, sin embargo son los de 3, 4, 5 y 6 y más trabajadores los que manifiestan los mayores porcentajes de crecimiento.

Efectivamente, del total de los negocios que en el año 2002 estaban constituidas por un trabajador, en el 2006, el 70% continúa en esa situación y el 30% incrementó el número de trabajadores.

En los negocios constituidos por 2 trabajadores, hay un 13.3% que reduce su tamaño a un trabajador; un 38.7% que se mantiene con 2 trabajadores y el restante 48% incrementó su tamaño.

En esta misma línea, los datos revelan que de los negocios que en el 2002 tenían 3 trabajadores, el 62.1% aumentó su tamaño, el 18.5% se mantiene con el mismo número y el 19.4% reduce su tamaño a un trabajador. Por su parte, los negocios de 4 ,5 y 6 trabajadores crecen en porcentajes del 60.8%, 77.7% y 61.3%, respectivamente.

El tamaño de los negocios, de acuerdo al número de trabajadores, es diferente según sean manejados por hombres o mujeres. Entre el 2002 y el 2006, los negocios de ambos expresan tendencias similares, sin embargo, las diferencias se hacen visibles en que los negocios de los hombres crecieron en mayores porcentajes que los negocios de las mujeres en dicho período.

El efecto en los ingresos y ahorros



El ingreso es un indicador que da cuenta de la mejoría o deterioro de las condiciones de vida de las personas y, en este caso particular, de los negocios de los y las prestatarias de crédito.

Según los datos del grupo estudiado, los ingresos promedios se incrementaron en un 14.27% entre el 2002 y el 2006. Sin embargo, el aumento de los ingresos muestra diferencias entre prestatarios hombres y mujeres. Justamente, hombres y mujeres reflejan ingresos diferentes y crecimiento de los ingresos también diferentes. En el 2002 los ingresos de las mujeres aparecían en un 52.19% por debajo de los ingresos de los hombres, brecha que se ha reducido en el 2006 al 30.44%, lo cual sin embargo, sigue mostrando persistencia durante el período estudiado.

Otro indicador que muestra mejores niveles de bienestar es la capacidad de ahorro que tiene una persona o una familia. Los datos reflejan que los hogares de los hombres tienen mayor capacidad de ahorro que los hogares de las mujeres. El porcentaje de hogares de los hombres que tenían ahorros pasó del 31.7% al 46.3% en el período de referencia. En cambio, los hogares de mujeres que ahorran disminuyeron del 37.5% en el 2002 al 34.6% en el 2006.

Foto

El impacto en los negocios y en la vida de los y las prestatarias



La percepción de los y las prestatarias sobre los cambios experimentados en sus negocios, se expresó en tres categorías de respuestas: su negocio ha mejorado, ha empeorado o continúa igual.

Los y las prestatarias que perciben que el crédito ha mejorado sus negocios era en el 2002 del 96.1%, reduciéndose esta percepción en el 2006 al 84.7%. Por su parte, los y las prestatarias con una opinión negativa expresada en que el crédito ha empeorado sus negocios, se mantiene en el 2006 a los mismos niveles del 2002, en un 4% y 3.9%.

Por otro lado, los que opinan que el crédito no ha influido en la marcha de sus negocios, reflejaron cambios notorios. Mientas en el 2002 ningún prestatario expresó esta situación, en el 2006 esta opinión alcanzó el 11.3%, siendo las mujeres (14%) más que los hombres (10.8%), las que presentan un mayor porcentaje de opinión al respecto.

Los y las prestatarias que citaron al crédito como un factor de cambio positivo en sus negocios, lo relacionan mayormente a que tienen mayores existencias y han podido diversificar los productos que ofrecen. Esta opinión es la que se incrementó en mayor porcentaje en el período estudiado. Consecuentemente, los datos del 2002 exponían que los que opinaban de esta forma eran el 41.4% y en el 2006 este porcentaje se elevó al 67.7%, siendo las mujeres (72%) más que los hombres (55.8%), las que expresan en mayores porcentajes esta opinión.

La percepción que tienen los y las prestatarias sobre si su negocio o parcela sería diferente si nunca hubiera recibido un préstamo, ha mejorado notablemente en el período estudiado. En el 2002 el porcentaje de prestatarios con esta opinión era del 69.2% y en el 2006 esta percepción se eleva al 89.3%, influido principalmente por la percepción de las mujeres que pasaron del 63.9% al 89.5%, mientras que la opinión de los hombres se mantuvo por encima del 80% en el período estudiado.

Cambios en la vida de los y las prestatarias



En el 2006 el 23.1% expresó que a partir del crédito mejoraron las condiciones de vida, el 22.4% percibe que tienen estabilidad laboral y económica y; el 21.2% que están más desahogados económicamente.

En contraste la apreciación de que el crédito empeoró sus vidas se redujo notablemente entre el 2002 y el 2006, pasando del 8.5% al 2.6%, lo cuál es congruente con la percepción del impacto positivo del crédito en sus vidas que expresaron los y las prestatarias.

Otro hecho a relevar es el sentimiento expresado por los y las prestatarias sobre el impacto positivo en la vida de sus hijos e hijas, es decir, que dicho impacto trasciende el negocio y se anida en un aspecto más afectivo como es que los hijos tengan mejores condiciones de vida y mayor acceso a educación. Ciertamente, los datos del 2002 reflejan que el 39.3% percibía que a partir del acceso al crédito sus hijos gozaban de mejores condiciones de vida, percepción que se elevó en el 2006 al 58.4%.

A manera de conclusión, los datos permiten afirmar que en el período estudiado se nota una percepción positiva entre los y las prestatarias en relación a que el crédito ha mejorado sus negocios y sus vidas, ya que el crédito les ha permitido consolidar sus negocios y solventar algunas necesidades de la familia y de su vivienda.


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