15 de febrero de 2008 - Managua, Nicaragua


FotoEquipo de FIDEG

Entre 1998 y el 2006, la disponibilidad de fuerza de trabajo en Nicaragua se ha reducido drásticamente, fenómeno explicado mayormente por la reducción de la fuerza de trabajo de los hombres y un estancamiento de la fuerza de trabajo de las mujeres, lo que podría atribuirse a la agudización de los procesos migratorios registrados en el país, producto de la crisis económica que no logra retener la nueva fuerza de trabajo que emerge y que demanda empleos o mejores salarios.

Un elemento que anima a hacer esta afirmación es el incremento significativo que han experimentado las remesas en Nicaragua, que según el Banco Central de Nicaragua, pasaron de 200 millones de dólares en 1998 a 655.5 millones de dólares en 2006, mostrando un crecimiento de 227.8% en dicho período, lo que indica un crecimiento del número de nicaragüenses que salieron del país y están enviando remesas.

Otro de los cambios experimentados en el mercado laboral es la incorporación acelerada de las mujeres al mercado de trabajo, quienes representaban ya en el 2006, casi la mitad de la población económicamente activa del país, lo que está indicando que las mujeres son un soporte muy importante para el desarrollo de Nicaragua.

Por otro lado, la investigación de FIDEG mostró que según las mediciones tradicionales de empleo, la población ocupada en Nicaragua está por encima de del 90% y el desempleo por debajo del 5%. No obstante, la investigación también mostró que el verdadero problema que enfrenta la PEA nicaragüense es el desempleo encubierto, transformado en subempleo, que alcanza cifras del 77.8%.

La informalización del empleo


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El crecimiento acelerado del sector informal de la economía, es otro resultado interesante que observó la investigación.

Mientras en 1985 el sector informal proporcionaba el 52.1% de los empleos de la PEA ocupada, en 1998 ya constituía el 66.3% y para el año 2006 los empleos generados por este sector alcanzaban el 77.4%.

Estas cifras son reveladoras, en la medida que reflejan que Nicaragua es un país donde casi 8 de cada 10 nicaragüenses ha encontrado en el sector informal una alternativa de vida, un refugio de sobrevivencia, un lugar para abrir su propio empleo y de generar ingresos. Este sector, además de estar limitado de recursos económicos para dinamizar sus pequeños negocios, está desprovisto de todas las prestaciones sociales como pago de vacaciones, pago de treceavo mes, subsidios por enfermedad o embarazo y, principalmente, desprovisto de una pensión de jubilación, es decir, una seguridad para su vejez.

De hecho, la seguridad social cubre solamente al 14% del total de ocupados, estando en la indefensión total del resto de las personas que laboran y desarrollan actividades productivas, lo que se convierte un reto para Nicaragua, en la medida que en unos años existirán una gran cantidad de personas de la tercera edad sin ninguna seguridad social.

Por último es importante destacar que el problema de subempleo y de sub utilización de la fuerza laboral no solamente se presenta en la PEA que trabaja en el sector informal, sino también es aquella que se ubica en el sector formal de la economía. De hecho, en Nicaragua existe una fuerte y drástica sub utilización de la fuerza de trabajo con niveles universitarios, donde solamente el 58% está desarrollando una actividad que se corresponde con su calificación.

El acceso a recursos: una oportunidad para ambos


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Diversos patrones culturales han creado falsos esteriotipo que fomentan la idea que las actividades que desempeñan las mujeres no son de índole económica, situación que ha creado un sesgo a favor del hombre en el acceso a recursos, provocando que la mujer no tenga las mismas del hombre para alcanzar el desarrollo económico.

Entre los resultados arrojados por la investigación de FIDEG , destaca que el acceso a la tierra en manos de los hombres se ha incrementado en 9.1 puntos porcentuales entre 1998 y 2006, mientras que la mujer perdió participación como propietaria de la tierra en 7 puntos porcentuales en el mismo período. Aunque la titulación mancomunada aumentó en 5.7 puntos porcentuales, ésta se considera demasiado baja.

En el caso de las viviendas, los hogares liderados por mujeres son más reservados en poner la vivienda a nombre de la pareja, ya que por lo general, están compuestos por madres solteras.

Asimismo, los hogares con jefatura femenina presentaron mayores proporciones en poner la vivienda a nombre de los hijos. Se cree que este comportamiento es resultado del respaldo de las leyes hacia los hombres, obligando a la mujer a entregar los títulos a sus hijos para asegurar la herencia de la vivienda.

A pesar que hay mejoras en el acceso a capacitación de la mujer, se observa que las mismas se asignan según los roles laborales adjudicados a cada sexo. Por ejemplo, la capacitación en temas agrícolas, actividad que aunque realiza tanto la mujer como el hombre se ha adjudicado a este último, presenta una brecha de 32.1 puntos porcentuales a favor del hombre en el 2006, aunque vale señalar que éste es un valor menor al del año 1998, cuando correspondió a 39.7 puntos porcentuales.

Asimismo, la capacitación en actividades adjudicadas a la mujer, como labores artesanales, comerciales, de servicio, de género, entre otras, presentan una brecha a favor de la mujer. Lo interesante es que, aunque las brechas de género han disminuido en la mayoría de los temas a capacitar, éstas han disminuido más en las actividades asignadas a las mujeres.

En lo que corresponde al acceso al crédito, en el 2006 fue equitativo para ambos sexos, alcanzando una participación de 50% para cada uno. No obstante, los montos de créditos recibidos por hombres fueron mayor al de las mujeres en 33.5%.

Asimismo, aunque las mujeres recibieron créditos de las microfinancieras en 11 puntos porcentuales más que el hombre, los montos que otorgaron a las mismas son menores en 28 puntos porcentuales que los otorgados a hombres.


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